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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Tratado histórico sobre la muerte (parte 2)



Textos, mitos y leyendas sobre el origen de la vida y la muerte en la cuna de la civilización


     
           El escritor argentino Jorge Luis Borges dijo en una ocasión: “La muerte es una vida vivida y la vida, la muerte que viene”. Hay quienes afirman que la muerte es una transición necesaria a otra vida, y que la existencia en la tierra viene a ser como una especie de examen o prueba para el verdadero sentido de la vida que es el más allá. Otros la consideran un proceso forzoso al que no nos terminamos de acostumbrar, ya que es algo para lo que no estamos hechos. Por último, otros menos espirituales, simplemente la definen como un proceso natural para mantener el equilibrio ecológico, como algo que debe ocurrir si o si, para sostener la vida del lugar que habitamos. Por lo general nadie planea su muerte, ni la desea, salvo por algún desequilibrio emocional o personal y la consciencia nos muestra nuestra propia existencia como atemporal, como el espectador necesario de la vida, no nos imaginamos la no existencia.

            Como este blog tiene que ver con la historia de las enseñanzas religiosas, filosóficas y metafísicas, que a lo largo de los siglos se han extendido por todo el mundo, vamos a centrarnos en el origen y desarrollo de las creencias e ideas que tienen que ver con el origen de la vida, y el significado de la muerte y la vida más allá. 

            El tema de la muerte y sobre todo lo que hay al otro lado de esta es uno de los asuntos que más ha intrigado al hombre y sobre todo, más controversias y discusiones filosóficas, religiosas y metafísicas ha provocado. Y la religión está íntimamente ligada a ese misterioso hecho, pues los enterramientos y los rituales funerarios son, según los expertos, las primeras pruebas religiosas o del pensamiento en el más allá de que se tiene constancia.  

 Según los estudios de arqueólogos y paleontólogos, es entre los habitantes de oriente medio donde se han descubierto los primeros enterramientos con ofrendas funerarias que se conocen. Se trata de los yacimientos musterienses del paleolítico medio, en las zonas Skhul, (monte Carmelo) y Qafzeh (baja Galilea), en la zona de Palestina, si bien algunos pretenden alejar en cientos de miles de años la costumbre de hacer enterramientos y hay una competencia atroz para demostrar que, un puñado de huesos agrupados en cierta cueva, es un antiguo cementerio. Pero tumbas conmemorativas individuales con un claro sentido de enterramiento propiamente dicho, las antes mencionadas son las más antiguas. En cualquier caso, estamos seguros que, desde que el hombre tuvo consciencia de su muerte y de la desconexión de este con el mundo de los vivos, vio la necesidad de hacer volver a la tierra a quienes de la tierra salieron. En el mundo judeo-cristiano esta fue una de las razones para efectuar enterramientos. Pero en paralelo, las ideas sobre vidas más allá de la muerte, o la vida como un tránsito hacia otro lugar, parece tener sus raíces en los pueblos de alrededor, en la que Isaac Asimov llamó la media luna fértil. De estas antiguas civilizaciones de oriente medio, vamos a hablar en primer lugar, luego nos centraremos en otras más lejanas.

Mesopotamia: Sumer, Ur, Acadia, Babilonia y Caldea: primeros mitos
            En Mesopotamia, cuna de la civilización, surgieron varios mitos relacionados con la creación, el origen de la vida y la muerte, que es interesante considerar, pues de alguna manera albergan todas las ideologías y teorías que existen sobre la vida más allá de la muerte. Esta región se componía de varias ciudades estado, entre las más conocidas, Ur de los caldeos, Uruk, Lagash, como ciudades más importantes y antiguas, donde floreció una cultura y religiosidad muy influyente en todo oriente medio.

            Empezamos por dos famosos escritos mesopotámicos y babilónicos con los cuales se puede comprender gran parte del pensamiento religioso de la media luna fértil. Nos referimos al Poema de la Creación y la epopeya de Gilgamesh. El poema de la Creación es un escrito del segundo milenio AC. En este se muestra el origen de la vida en la tierra como resultado de la lucha entre diferentes deidades celestes y sus descendencias. Se menciona tres parejas de dioses, enfrentados entre sí, por la hegemonía, la primera y más importante es la de Apsu, que representa el agua dulce y Tiamat el mar, un ser bisexual, demoniaco. En otra parte del relato se nos habla de una relación entre los elementos superiores y los inferiores y como de la mezcla de estos surgen dos deidades: Anu, dios del cielo, como ser divino y Ea, hijo de este, que de alguna manera consigue encadenar a Apsu y matarle. En un momento dado en la lucha de dioses, surge la figura de Marduk, hijo de Ea y nieto de Anu. Tiamat en su pugna con Anu, creó a diferentes seres vivos, considerados monstruos o seres demoniacos, como la serpiente, el león y otros. Y a este se unió Kingú a quien convirtió en jefe de los demonios. Pero Marduk se encargó de matar a Tiamat y con sus órganos formar las estrellas y planetas y con otra parte, la tierra. 

            Después ató a Kingú, y los demás dioses decidieron que se le debía dar muerte. Con la sangre de este y la mezcla de la tierra, Ea modela al hombre, por tanto este nace de la muerte de un ser maquiavélico pero modelado por un dios benevolente. Es por otra parte, la representación o explicación de que la vida y la muerte están unidas trágicamente. En cuanto al por qué de la aparición del hombre, en un texto sobre la creación se menciona lo siguiente: Engendraré un primitivo humilde, “Hombre” será su nombre. Crearé un trabajador primitivo, él se hará cargo del servicio de los dioses, para que ellos puedan estar cómodos (Epopeya de la creación – Marduk). La influencia acadia se nota en ciertas tablillas babilónicas que tratan sobre la creación, que dan otra versión donde de nuevo dan la idea de que el hombre ha sido creado con la sangre de dioses. 

            Por otro lado, en la mitología mesopotámica se observa una manera de ver la muerte como algo inevitable y para lo que los humanos no tienen escapatoria, estos fueron hechos para servir a los dioses y con la muerte como destino. La epopeya de Gilgamesh muestra esta fatalidad al mostrar a un héroe luchando contra diferentes retos a fin de conseguir la ansiada inmortalidad, pero viéndose imposibilitado para conseguirla. 

       En la antigua Babilonia se hablaba de un lugar de ultratumba, interpretado como el infierno, donde una diosa llamada Ereshkigal fundó su reino, y se describe ese lugar, como un reino donde el sufrimiento era terrible y pocos deseaban vivir allí, pero los que están no pueden escapar, aunque se hallan relatos en los que cierto dios llamado Enlil fue confinado a pasar una temporada en aquel lugar, como castigo por una ofensa sexual contra Ninlil. Pero la propia Ninlil, enamorada de este le va a visitar al inframundo, surge otro encuentro sexual y de este nace Nergal. Eso indica que el concepto de infierno es como de un oscuro mundo paralelo en el que se hace vida similar a la de la tierra.  

 También otra leyenda babilónica cuenta como este mismo Nergal, convertido en un dios mensajero bajó hasta el inframundo en busca de información para los dioses, atravesando las siete puertas del infierno, llegó hasta donde reposaba el trono de Ereshkigal, ella se enamoró de él y le siguió, llegando a amenazar a los dioses con sacar a todos los habitantes de su reino a la tierra, hasta que estos superaran en número a los habitantes vivos, sino le entregaban a Nergal. Nergal volvió para destituirla de su reino y decapitarla, pero en el último momento ella lo enamoró y se casaron, vivieron juntos gobernando el mundo de los muertos. 

Sumerios y Asirios: mitologías antagonistas

            Encontramos en la mitología de la vecina Sumeria, dos escuelas teológicas, la de Eridú y la de Nippur. En la primera, lejos de mostrar odios y pugnas de dioses, nos encontramos con dioses como Abzu, el agua dulce y Tiamat el agua del mar. De su unión se formaron el cielo, la tierra y el agua, con estas se engendró a Enlil y Enki. Después nos habla de una sucesión de generaciones de dioses, hasta llegar a la producción de plantas y animales. 

            Pero en otra versión se muestra a Enki, el agua dulce y Ninkhursag, la tierra, que se enamoran y fruto de esa pasión surge la flora que puebla toda la tierra, a cada planta y árbol frutal van asignando utilidad y función, luego de una serie de relaciones  incestuosas, va surgiendo otro tipo de vida terrestre. Una falta cometida por Enki, al tomar de cierta planta a la que no se había dado una función, le cuesta la vida, y aunque volvió a revivir, esto indicaba la naturaleza mortal de sus dioses. Para explicar el origen del hombre hay cuatro versiones distintas. En la primera, el hombre brotó de la tierra, casi espontáneamente. La segunda, más llamativa cuenta que varios obreros divinos, (llamados en otro texto, los Anunnaki), modelaron al hombre de la arcilla, otro hijo de un dios llamado Mammu, le dio la forma e imagen y por último Enki le dio la vida. Así lo cuenta una de estas las instrucciones que Enki da, suponemos a Mammu para formar servidores humanos para los dioses: Mezcla a un corazón la arcilla, del fundamento de la tierra, y dale la forma de un corazón. Yo proporcionaré buenos e inteligentes dioses jóvenes que llevarán esa arcilla hasta el estado adecuado. 
Una tercera versión, nos habla de una diosa madre creadora, y con referencia a esta se encuentra un poema babilónico de la época, que se hace eco de este mito: ¡Yo he creado! ¡Mis manos lo han hecho! En la arcilla, el dios y el hombre se atarán, a la unidad llevados juntos, de manera que, hasta el final de los días, la carne y el alama que un dios ha madurado, esa alma en un parentesco de sangre será atada; como su señal la vida proclamará. De manera que esto no se olvide. (La creación del hombre por la diosa madre). Y una cuarta versión, se ve influida también por el mito mesopotámico de que los hombres fueron formados con la sangre de los dioses, aunque en este caso se trataba de los Lamga, que entregaron su vida voluntariamente a fin de que se creara a los seres humanos. 

            Los sumerios insisten en que el propósito de los hombres es servir a los dioses. Aunque lo suavizan mostrando que en realidad no eran esclavos de los dioses, sino colaboradores e imitadores en la creación. Al dedicarse a labrar la tierra, a construir ciudades y obras, colaboran con los dioses en el trabajo de la tierra. 
Se habla de un grupo de obreros, celestiales llamados Anunnaki, que fueron los mismos que formaron a los hombres, que después bajaron a la tierra y ayudaron a estos en la fundación de ciudades, al proporcionarles planos y esquemas de construcción. Estos seres han despertado en algunos especuladores su fantasía imaginativa e intentan dar una explicación extraterrestre al asunto, asegurando que se trataba realmente de civilizaciones lejanas que llegaron a la tierra, y que mostraban un conocimiento sin igual, ayudando a la edificación de los zigurats, las pirámides y otras mega construcciones antiguas. También se les relaciona con los Néfilim bíblicos, pues en algún escrito se dice que eran de gran tamaño y que desparecieron durante el diluvio, aunque esos mismos escritos mencionan que luego volvieron tras este. Sin embargo en todos estos textos, claramente se les define como dioses, tal como los clásicos y bajo las órdenes del supremo. Lo que sí es curioso es que entre las divinidades sumerias sea tan común encontrar que algunos dioses mueren y luego resucitan, en parte tal vez por comparar a las deidades con la vegetación, que muere y vuelve a salir en los distintos periodos agrícolas.  

            Otro imperio que se distinguió por ser casi monoteísta, aunque no haya sido así, fue la gran Asiria. Allí se habla de Asur, como dios principal y a los demás se le considera meros dioses del pueblo. Al parecer Asur era venerado por la aristocracia y los monarcas se consideraban vicarios de Asur. El significado de este nombre parece estar identificado con la unión de dos términos: As, que significa dios y Shar o Shur, una expresión relacionada con el infinito. Así Asur era el dios infinito, o dios de la eternidad, Rey de los dioses y Dios de los reyes. Alentaba la idea de que el tiempo limitado solo estaba asignado a los hombres. 

            Aunque la religiosidad asiria guarda mucha relación con la sumeria, babilonia y acadia, sin embargo, dicha religiosidad está dirigida en gran parte hacia la guerra. Se consideraba que el país era propiedad de un dios guerrero, Asur, para el cual los gobernantes eran instrumentos terrenales de este, y en cuyas manos se había consignado la cruel arma de Asur, que debía reducir al mundo entero en su poder. Eso explicaría que Asiria se convirtiera en uno de los primeros imperios conquistadores que se conocen. Solo con el tiempo se dieron a la adoración de otros dioses, como Marduk, Nabu. Incluso triadas de dioses, como Anu-Enlil-Ea o diosas como Innana-Ishtar. Para los adoradores de Asur, esa fue la causa de su caída en desgracia, un imperio de casi dos mil años caía por la invasión de otros dioses y el abandono de su dios protector.

Oráculos y consulta a los muertos
            De asirios, sumerios y babilonios surgieron los primeros oráculos o adivinadores, estos pensaban que las estrellas eran la guía de los dioses, también tenían por costumbre examinar el hígado de ciertos animales y el vuelo de las aves para pronosticar el futuro. En ocasiones a Asur se le representa como un gran árbol, cuya sombra cubre toda la tierra y da cobijo a toda ave del cielo. También se le representa como un disco solar alado. En cualquier caso, no hay escritos o tradiciones sobre la forma o manera cómo surgió la vida, de hecho, solo se ha encontrado una versión asiria de los poemas de la creación sumeria o de la epopeya de Gilgamesh. No parece que se conociera la idea de la inmortalidad, salvo en los dioses.  La distancia entre dios y los hombres es insalvable en el caso asirio, no concebían la idea de ascender al cielo y convertirse en dioses, tan solo vislumbraban un acercamiento a estos por medio de la construcción de torres escalonadas, llamadas Zigurats. 

            Las primeras construcciones de Zigurats, indicaban también ese propósito de dominación, pero también de un acercamiento al cielo. A una de esas estructuras, de las más antiguas, se le dio el nombre de Etemenanki, que significa: fundación del cielo y la tierra. En su base se han encontrado restos de zigurats más antiguas. A algunas se les consideraba la morada de los dioses, otras como el terraplén primitivo del cual se creó el universo, el puente entre el cielo y la tierra, en definitiva, eran claramente construcciones tipo templo.
            Por el contrario, la idea de que la muerte no es el final de todo, sino solo un paso a un más allá desconocido, en otros lugares si dejó una profunda huella. Dando lugar a temores supersticiosos, ofrendas y demás rituales para el viaje a esa otra vida. 

Egipto: La muerte no existe

            Hablemos ahora de otra civilización tan antigua o más que la asiria, Egipto. Los egipcios llevaron el tema de la inmortalidad más lejos, sobre todo en los enterramientos de sus grandes reyes o faraones, pues consideraban la muerte como un viaje. Solían poner objetos de valor, incluso alimentos para el camino a ese destino, y algo que sorprende aún más, desde el faraón Unis de la V dinastía, (2300AEC), se empezaron a colocar libros y escritos, que incluían hechizos e instrucciones mágicas para el camino a ese más allá. Al principio solo era la realeza, luego los altos funcionarios, pero cuando esto se popularizó, surgió el llamado libro de los muertos, que algunos aseguran que es el libro religioso más antiguo, aunque no es así realmente. Pero interesante es entender que lo que ahora conocemos como “Libro de los muertos”, literalmente no significa eso. En realidad, bien traducido debería ser: “Libro de la salida al día” o “Enunciados de la emergencia a la luz”. Indicando que el proceso de morir era como un camino a la luz o al verdadero día y que eran necesarias unas últimas instrucciones para llegar hasta esa luz. Según ciertos relatos encontrados en las tumbas de faraones, al llegar al infierno se pone en la balanza a la persona frente a sus atributos, trabajo, victorias militares, etc y según diga la balanza, evitaría la entrada o no. En un lado se colocaba el corazón del difunto A Osiris se le consideraba rey de los muertos, así que una buena relación con este dios, supondría un buen paso por el infierno y el ascenso seguro a la morada de los dioses, para ser convertido en una estrella en el firmamento o un pájaro, los demás quedaban presos en la ultratumba. Pero el camino de paso hacia la salida, que se hacía en una barca, no estaba exento de peligros y de aterradoras visiones o encuentros monstruosos, era todo un reto de difícil consecución.

            Por otro lado, algunos expertos afirman que en Egipto no existía una clara separación entre los conceptos humanos y divinos, es decir, estos creían en la existencia de muchos dioses, casi representando a todo ser o fenómeno natural que hubiese en la tierra, pero entendían una sola naturaleza, no hacían distinción entre lo humano y lo espiritual y pensaban que todo estaba íntimamente conectado. Quizás eso explique el que se consideraran a ciertos faraones como dioses y a sus hijos descendencia de los dioses.  
       
            Una vez iniciado el proceso de creación, este no era ordenado, es decir se fueron creando seres o animales al mismo tiempo que dioses. De hecho la cosmología egipcia nos habla de una especie de lago inicial, de donde surgieron la tierra, la vida y la conciencia. También en los “Textos de los Sarcófagos” se hace referencia a un “huevo primordial”, sobre el que reposa el sol primigenio o la serpiente original, Atum. Este dios es el que al parecer creo la primera pareja de dioses Shu (la atmósfera), y Tefnet que a su vez formó a Geb (la tierra), y a la diosa Nut (el cielo). A este Atum también se le conoce como el demiurgo creador. En un pasaje de Textos de los sarcófagos se dice lo siguiente: “Yo soy Atum el creador. Yo he creado a Shu, el que ha traído al mundo a Tefnet. En otro texto se habla, ya no de un huevo primordial, sino de un lago en la zona de Hermópolis de donde un grupo de dioses llamados la Ogdóada, junto a un dios llamado P´ta formaron los gérmenes de los demás dioses y al mismo tiempo, tomando arcilla se formó a los hombres. Pero hay muchas más versiones del origen de la humanidad, en realidad los mitos egipcios relacionados con la creación no son nada claros y se contradicen. El más popular es el que describe que los humanos surgieron de la lágrima del dios solar Ra, que si bien es un dios un tanto ocioso y despreocupado, si parece más interesado que otros en los humanos. En cualquier caso, no tienen una explicación para la muerte pues para ellos es simplemente una continuación de la vida, simplemente en otro estado. 

 El reino hitita, Fenicia y Ugarit: Tres maneras de ver la vida y la muerte

            Una importante civilización de Asia menor, fue la que ocupaba la península de Anatolia, gran parte de la actual Turquía, nos referimos a los hititas. En el imperio Hitita, no se encuentran textos que traten de explicar el origen de la vida, sencillamente absorbieron la mitología sumeria y mesopotámica y la adaptaron a su manera, aportando poco más que una especie de dioses que aparecían y desaparecían en periodos específicos, y que conducían a catástrofes. Pero no hallamos una explicación al origen ni a la muerte. 

            En nuestro viaje a aquellas ciudades-estado del primero y segundo milenio antes de Cristo, nos  situamos en Ugarit, una ciudad costera al norte de Siria, al sur de los hititas. Su importancia en aquellos tiempos tuvo que ver con la escritura y la introducción de rituales funerarios. Aunque hay numerosos documentos escritos, en forma de losas o tablillas, poco se sabe sobre las creencias acerca del origen del hombre en aquella ciudad-estado. Sin embargo, en cuanto a la muerte, es abundante la información que aportan esos documentos y los restos arqueológicos encontrados. La religión era algo que se suscribía mayormente al ámbito familiar, y tal como ocurre en la religiosidad cananea, se centran en los orígenes de los dioses, pasando de puntillas sobre la creación humana. Al igual que los cananeos sus escritos nos hablan de una primera pareja de dioses Ilu y Atiratu, de esa pareja dimanan las siguientes generaciones de dioses, se habla a menudo de los hijos de Ilu o los setenta, hijos de Atiratu, (como número mágico). Por otro lado tenían un gran panteón de dioses, alcanzando la cifra de 240, teniendo monumentos o altares en diferentes lugares para cada uno de ellos, destacando los santuarios a Balu, y Dagán-Ilu. Se detallan multitud de ofrendas y sacrificios, con sus fechas específicas para realizarlas, también se llevaban a cabo procesiones ceremoniales en los que se procedía al traslado de imágenes de deidades que eran llevados de un santuario a otro, llevados por porteadores y eran los reyes quienes llevaban la delantera en esto.  

            Interesantes eran los rituales que tenían que ver con los enterramientos y el significado que para ellos tenía el mundo inferior, el reino de los muertos o infierno, muy distinta su concepción a la de otras mitologías. Hasta el grado que se decía que todos, tanto reyes, como el pueblo en general iban a descansar al “infierno”, al morir. Por supuesto, no era lugar de tormento, es más, se decía que en los infiernos el rey muerto recibía los poderes divinos de Balu y la llegada de un monarca o persona importante a ese lugar, se celebraba durante tres días y tres noches. En ese periodo se supone que se divinizaba al muerto y este ascendía a la morada de los dioses. Era por tanto un lugar de tránsito, en cierto escrito se leen oraciones y plegarias que le hacen a la diosa Sapsu a favor de los muertos, de los que la diosa al parecer es protectora  y acompañante en los infiernos. También se encuentran prácticas relacionadas con la adivinación, la prevención o corrección del futuro. Un extraño método adivinatorio conocido como “teratomancia”, consistía en la interpretación de las configuraciones o deformidades en fetos, o niños que nacían muertos. Así, la muerte podía dar una guía a la vida. 

            Pero si hubo otro pueblo influyente tanto en oriente como en occidente, estos fueron los fenicios. El pueblo fenicio, conocido por el dominio de mares y del comercio internacional, mantuvo buenas relaciones con sus vecinos, tanto en el norte con Ugarit, como con Siria al norte y este y al sur, con las naciones cananeas, incluyendo a los recién llegados israelitas. Por otro lado ideológicamente, compartían deidades con los cananeos, pero con diferentes concepciones sobre estas. Por ejemplo, para ellos su principal dios era El, el padre de todos los dioses del panteón fenicio, se le relacionaba con el sol y era a la vez el señor del tiempo, que controlaba el paso de los días, meses y años. Baal, dios de la lluvia, del trueno y la guerra, que se consideraba el señor de los dioses al haber conquistado su puesto de manos de El, algo similar al mito cananeo. A Anat, la consideraban hija de Baal, que daba vida a los dioses al ser la que aceptaba los sacrificios. Luego tenían a Melkat un hijo de El, que era rey del inframundo, o dios de los muertos. Por último, Astarté diosa madre y diosa de la fertilidad, se acostumbraba a hacer procesiones con su imagen. 

            Su mitología sobre la creación u origen no nos ha llegado muy clara. A través de una obra del sacerdote fenicio Sanjuantión, de la cual nos ha llegado solo fragmentos de una recopilación que hizo el historiador Filón de Biblos y de estos tan solo los que tradujo Eusebio de Cesarea. Y es tan enrevesada y compleja que necesitaría mucha imaginación para ser sintetizada y que resultara en algo entendible. Pero, si sabemos por algunas de sus costumbres funerarias y algunas inscripciones en ciertas tumbas reales, de la idea de que reyes y grandes generales, tras su muerte se reunirían con los dioses. Tenemos por ejemplo, el caso del sarcófago del rey Ahiram de Tiro, disfrutando de un banquete, donde una diosa sirve alimentos acompañada de músicos.   

            En muchos pueblos de oriente medio, se introdujo una costumbre de los pueblos indoeuropeos, la incineración de los cadáveres, para luego en el panteón o cementerio, colocar sus cenizas. Se podría pensar que podía ser la destrucción del cuerpo para que llegase antes al polvo, pero según algunos expertos, más bien se identifica con cierto concepto de divinización del difunto. El humo hacía ascender el espíritu o alma que habita el cuerpo y se reúne con los dioses. A mi modo de ver, puesto que ni entre fenicios, ni cananeos está documentado un culto a los muertos, me inclino a pensar que la incineración, más que un símbolo de divinización de los muertos, era para el escape del alma hacia estos. 

Los dioses en pugna y el orígen del hombre

            Luego tenemos a las numerosas naciones cananeas que coexistían antes de la llegada de los hebreos. En estos pueblos encontramos diversos mitos sobre la usurpación de un Dios, Baal contra otro, El. Se supone a El, como el dios creador de la tierra y el universo, padre de los dioses y de los hombres, todopoderoso y Rey soberano de los años, aparte de poseer todas las buenas cualidades humanas y divinas, como sapientísimo, santo y misericordioso. De nuevo se habla de dioses que se casan, en este caso, El, tuvo dos esposas, Anat y Asherat, que fueron creadas por él mismo y de las que nacieron, el lucero del alba y el lucero de la tarde (el sol y la luna). También se conoce a Asherat, (la Astoret fenicia, Ianna, sumeria, Astarté/Afrodita griega, Venus romana), se convirtió en la favorita de El, por lo cual, de esta nacieron prácticamente la totalidad de las deidades.

            Pero en un momento dado, uno de sus hijos, Baal, (probablemente hijo de Anat), se rebela y logra dominar a El, castrándolo, en una pugna por la soberanía sobre la tierra. Se dice que El, humillado, se refugió en las profundidades de los abismos, y entonces pidió ayuda a otros dioses. Su hijo más querido, Yam, acude a su auxilio. Aunque a este hijo se le pinta como un monstruo acuático, un dragón de siete cabezas y que es derrotado por Baal y gracias a esta derrota, se conforma el mundo. Pero la lucha por la soberanía no acaba allí, pues de nuevo Baal se enfrenta a otra hija de El, Mot, la llamada diosa de la muerte que reinaba sobre el mundo subterráneo, el de los infiernos. Baal quería dominar el mundo de los muertos, pero es derrotado por Mot. 

            Anat, recoge el cuerpo inerte de Baal y hace un sacrificio fúnebre para revivirle, lo logra y este más tarde infringe una derrota a Mot, convirtiéndose en soberano universal y eterno. Aunque la lucha al parecer continúa, pues algunos de estos dioses que mueren, reviven y por eso según algunos estudiosos, era una analogía simbólica que muestra los ciclos de lluvia y sequía, abundancia y escasez y de alguna manera, la inmortalidad. Pero eso es simplificar demasiado, esta idea de ciclo de vida y muerte y vuelta a la vida les hacía pensar que al igual que sus dioses, los humanos también gozábamos de esa oportunidad. 

Ebla: La mitología de la tolerancia

             Aparte de los israelitas, pocas naciones de aquellos tiempos se podían considerar monoteístas, una de ellas fue la que habitó la actual región de la actual Siria. Nos vamos a centrar en la idea religiosa de la ciudad estado de Ebla, que se asentaba al sur de Alepo, y que algunos expertos catalogan como la primera ciudad con un gobierno laico de aquella región. Eso se debe a que allí se logró separar el poder político del religioso, no se otorgaba divinidad al rey, ni siquiera eran investidos por la gracia de ningún dios. Si bien se dice que eran monoteístas, esto no es del todo cierto, pues eran conocidos por su abierta religiosidad y la aceptación de otras deidades de naciones aledañas. 

Aceptaban en su panteón a dioses de diversas procedencias, entre otros a Ishtar, asiria, al Baal cananeo, o Hadad ugarítico. Se podría decir que vivían bajo una tolerancia religiosa poco común en aquellos tiempos. Aunque en realidad tenían un dios principal, Dagán, cuyo significado era “semilla”, refiriéndose a su cualidad como originador de todo, del cual salieron todos los demás dioses, incluso los de otras naciones, por tanto estas deidades eran inferiores. Al parecer Dagán para los eblaítas era más bien un título, pues no le daban un nombre ya que creían que el nombre de dios no podía pronunciarse. Ellos hacían referencia a este como el señor todopoderoso, que se podía sintetizar en múltiples manifestaciones, por ello, podía ser identificado con El, de Mesopotamia, o con Anu de Sumeria, el Elohim hebreo, etc. A menudo aparecen los llamados banquetes sagrados, donde los reyes comparten comida con los dioses de manera simbólica. Y los antepasados de los reyes se pierden entre los dioses, como si de alguna manera quisieran mostrar que los hombres provenían de antiguos dioses. Pero poco se conoce sobre sus creencias con respecto al origen, ni tampoco sobre la muerte. 

Israel: Un mundo aparte 

            Ahora vamos a detenernos en el pueblo de Israel, una nación relativamente pequeña y poco importante en aquel conglomerado de naciones y potencias, sin embargo, su religiosidad, su enseñanza sobre el origen del hombre, su único Dios y el por qué de la muerte nos ha llegado hasta nosotros y es en gran parte la base de las creencias que el cristianismo ha heredado. Si nos remitimos a los textos hebreos, estos son muy escuetos en comparación con los textos sumerios acadios o mesopotámicos, pero a la vez claros al hablar del origen de la vida y la razón de la muerte. En realidad podríamos decir que son muy cercanos al sentido natural y menos trascendental de lo que mucha gente piensa. En el Génesis, se describe la creación como un proceso por pasos, se ilustra en forma de días creativos, si bien la misma palabra hebrea para día, podía abarcar un espacio indeterminado de tiempo, como un periodo. En cada uno de esos periodos, se fueron formando y apareciendo las aguas primero, luego las plantas, los seres marinos, las aves, los animales que habitan la tierra y por último el hombre. Se pueden sacar algunas conclusiones al leer sobre el momento de la creación del hombre según lo expone el Génesis cuando se lee: Y pasó Dios a decir: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y gobierne él sobre los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y sobre toda la tierra y sobre todo animal que se mueve sobre toda la tierra”. Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creo, macho y hembra los creó. Además los bendijo y les dijo Dios: Sed fructíferos y multiplicaos y llenad la tierra y gobernadla 

         Sin entrar en consideraciones de cómo se produjo esto, ni cuándo, estas sencillas frases envuelven mucho más de la simpleza que aparentan, primero porque se alejan de la mitología circundante en aquellos tiempos. Nada menciona de lágrimas o sangre de algún dios enfrentado a otro que formara a la humanidad casualmente, ni relaciones sexuales entre dioses y diosas que formasen la tierra o que por la muerte de otro se creara a los hombres, tal como el tipo de relatos comunes en Sumeria, Mesopotamia, y en las civilizaciones hititas y cananeas. Pero en las creencias hebreas, que al fin y al cabo son las que han influido en el cristianismo, tan solo se menciona esto, luego en el segundo capítulo del Génesis se explica de manera más detallada como se creó al hombre del suelo, se le insufló espíritu de vida y llegó a ser alma o ser animado y se le dio ciertas normas básicas. 

          Pero centrándonos en el primer relato de la creación, observamos que el sentido de la vida, era que un creador quiso hacer seres a su imagen y semejanza, ¿en qué sentido? ¿En la naturaleza espiritual de estos? Esto no podría ser, pues los creo en un ambiente material, físico, en la tierra. ¿Semejantes en poder? Quizás, aunque lógicamente serían inferiores al creador por su propia naturaleza, incluso menos fuertes físicamente que otros seres vivos que habitan la tierra. ¿En cualidades internas o inteligencia? Es muy posible, y muchos defienden esta hipótesis como la más plausible, pues a diferencia de otras criaturas, los humanos tenemos cualidades y virtudes, aparte de la inteligencia, que nos diferencian del resto de criaturas, como son el amor incondicional, la caridad, el deseo de crear, la búsqueda constante de superación y otras más que, para bien o para mal, nos alejan de cualquier otro ser con el que compartimos planeta. 

            Queda también la opción de la eternidad. ¿Serían seres en semejanza de vitalidad o perspectiva de permanencia? Los humanos somos los únicos seres vivos que nos planteamos las cuestiones que aquí estamos tratando, en cuanto al significado, origen y final de la vida, incluso nuestra consciencia de nuestra propia existencia nos hace sentir eternos, se hace difícil entender la inexistencia. Un dicho hebreo decía: Aún el tiempo indefinido ha puesto en el corazón de ellos (de los humanos).   
 
            Sin embargo el relato del Génesis nos explica que por causa de una rebeldía, alguien, (Satán), llegó e indicó a los humanos que el creador les mentía y que realmente no morirían sino que al desobedecer a aquel mandato llegarían a ser como dioses, tanto en poder de decisión como en largura de vida. Entonces llega el castigo del creador a la traición: la muerte. Y la muerte, como ya hemos considerado, para los hebreos era la inconsciencia absoluta. 

            Efectivamente, en el relato del Génesis, se dice que como castigo al hombre por pecar se le dijo: Polvo eres y al polvo volverás. Traducido científicamente: Has sido sacado de la materia contenida en la tierra y en eso te convertirás al morir. Es decir, la muerte se consideraba como un castigo, esa era la idea que albergaba el judaísmo durante siglos. “He puesto delante de ti la Vida y la muerte y tienes que escoger la vida para mantenerte vivo”, fue una de las últimas proclamas de Moisés al pueblo. Se decía también que toda alma que pecare, esa moriría. En definitiva, la muerte constituía para los israelitas y para el judaísmo temprano el fin que tenían todos por pecar, y no había escapatoria del lugar de los muertos. 

            Pero, entonces, ¿cuál era la alternativa? En el relato bíblico de la creación, con similitudes, pero también grandes distancias entre otros relatos relacionados de la época, como el de los sumerios, babilonios o acadios, se muestra a una pareja de humanos en un mundo paradisiaco, con perfecta armonía entre estos y la naturaleza. Al principio, nada se hablaba de vida en el cielo o en un más allá en un contexto espiritual o material. Y si nos detenemos en la perspectiva que según el Génesis se le dio a esta primera pareja antes de hacerse desobediente, ¿qué les esperaba si hubiesen sido obedientes? Aparentemente no se menciona específicamente nada en particular, es decir no se dice que el creador les expusiera ninguna perspectiva de vida más allá de su vida en la tierra, no les ofrecía un premio especifico que no haya sido su continuidad en aquel mundo idílico. 

            Se relacionaba la vida con la sangre, en más de alguna ocasión, incluso se identifica el concepto de alma con la sangre, esto se observa en el siguiente mandato: Todo animal moviente que está vivo puede serviros de alimento. Como el caso de la vegetación verde, os la doy. Solo carne con su alma, (o vida), que es su sangre, no debéis comer. (Génesis 9:4). La sangre de los animales que cazaban o mataban para comer debía ser derramada sobre el suelo y la de los que sacrificaban, la escurrían en la base del altar. Todo esto tenía un significado claro, si la sangre representaba la vida y el alma, esta debía volver al suelo.  

            Otro detalle de la religiosidad judía es que pese a estar rodeados de naciones politeístas, no se vieron influidos por estos. Eran únicos en su concepto de Dios único, pues para ellos los demás dioses de otras naciones eran vanos, no existían. Para ellos este Dios, llamado Jehová (o Yaveh, según la traducción), un nombre cuyo significado viene a ser: “yo llegaré a ser lo que yo quiera”. Algo similar a la idea de Dagán de Ebla, al ser adaptable y manifestarse de diversas formas, aunque nada que ver con el concepto de un Dios que aceptase ritos ajenos. Más bien parecía tener que ver con que a este se le podía ver como creador, todopoderoso, amoroso, misericordioso, dios protector, vengador, justo juez y sabio consejero. 

            Algunos aluden al título Elohim, hebreo para relacionarlo con el dios “El”, de los fenicios o cananeos. Aunque en realidad “El” es solo una forma de decir Dios en los idiomas locales, por tanto según que contexto no hacían referencia a un dios específico. Otros afirman que posiblemente en los orígenes los judíos tenían más de un dios. El mismo relato de Génesis al decir: “hagamos al hombre” y utilizar el titulo Elohim, que es una forma de “El” en plural, parece confirmar que es así, sin embargo, ese mismo término se usa acompañado de formas del verbo y artículos en singular, con los cual no deja dudas con respecto a que se utilizaba el plural mayéstico, que denota excelencia.  

            Es verdad que se le menciona acompañado de cientos de miles de ángeles, clasificados en arcángeles, serafines, querubines y ángeles mensajeros, a los que se suele llamar como hijos del propio Dios, pero ninguno con autoridad suficiente para merecer ser adorado. Por otro lado, creían en la existencia de un mal, Satanás, que tenía consigo a otras huestes a los que en ocasiones se llama demonios, cuyo propósito era enseñar a los hombres lo opuesto al creador, es como si dijeran: No necesitáis la guía de Dios, seréis libres y sabios por vosotros mismos, buscad el poder, tened vuestros propios gobernantes, la muerte no existe. Hay un relato sobre este personaje, en el libro de Job, de los pocos que describen claramente al diablo y exponen a este como un ser espiritual, con gran poder e influencia, un ser capaz de desafiar al mismo Jehová, (o Yaveh), presumiendo que él sería capaz de extraviar a todo hijo de la humanidad. Pero no se le relaciona con la muerte, ni se le mencionaba como gobernante del infierno,(seol). ¿Quién era este ser maligno? ¿Tendría alguna relación con el Baal cananeo que consiguió desafiar y usurpar el poder de su padre? Algunos encuentran en ambos personajes cierta similitud, pero en realidad en el relato cananeo, no se le atribuye maldad a la actitud de Baal, ni se le reprocha como un dios rebelde o malo, todo lo contrario, era el Señor de la tierra, las cosas de los cielos poca influencia tenían en la tierra. 

            El pentateuco, y los libros del Antiguo testamento, dan poca información sobre el origen de este ser, salvo por una parábola o comparación profética posterior que dio Isaias, cuando hablaba de cierto querubín que se rebeló, haciendo alusión probablemente al origen de este ser. 

            En el pentateuco tenían claramente prohibida la adoración a los demás seres espirituales y de los ángeles caídos y por supuesto a Satán, posiblemente porque consideraban que todo lo que no viniera de su Dios, Jehová, era del enemigo de este. No debían copiar a las demás naciones, ni buscar alianzas matrimoniales con sus habitantes, no debían tener reyes, como las demás potencias, pues Dios, (Jehová, Yavéh), era su rey, tampoco debían dar adoración a animales, personas o cosas. Prohibido absolutamente hacerse imágenes o estatuas, incluso del mismo Dios creador, ya que se les decía: no te harás imágenes talladas, ni forma semejante a cosa alguna que esté sobre los cielos arriba, ni que esté debajo en la tierra, ni en la aguas debajo de la tierra.  Tampoco debían intentar comunicarse con los muertos, pues era algo abominable y un engaño. Su vida estaba en manos de su Dios y tras la muerte solo él podía hacerles volver, si era su deseo. Evitaban el contacto cercano con las demás naciones para no contaminar su santidad y cualquiera que quisiera vivir entre ellos lo podía hacer, pero debía conocer y aplicar su religión. 

            El sentido de la vida del israelita, era por tanto, obedecer los preceptos, y como decía un proverbio, posicionarse ante Dios: Se sabio hijo mío, regocija mi corazón, para que pueda dar respuesta al que me está desafiando con escarnio. Este proverbio hacía una clara alusión al que se pinta como adversario del creador Satán. 

            Algunos pretenden encontrar paralelismos, quizá en vez de dioses, se habla de ángeles, en vez de infierno se habla de Seol, en vez de dios rebelde se habla de Satán, o donde otros dicen, seres divinos que bajan a la tierra, los judíos hablan de ángeles rebeldes de los que nacieron los Nefilim, en vez de dios del infierno, se habla de Diablo. En cualquier caso, esas correspondencias, son muy subjetivas, pero son más las diferencias que las similitudes. Queda claro que la religión de los hebreos, aunque se le puedan encontrar paralelismos a otras más antiguas o poderosas, está a años luz de la idea mesopotámica y de todas las ideologías que le rodeaban.

             Sin embargo, ese sentido religioso del judaísmo de antes del siglo VI AC, se vio modificado por otras influencias de las que en el siguiente capítulo trataremos.

Tratado histórico sobre la muerte (1a Parte)





Que es la muerte

            El proceso de la muerte es uno de grandes abismos a los que se enfrenta la humanidad, ha sido motivo de estudios, consideraciones y discusiones a lo largo de los siglos, y si bien sabemos que todos estamos abocados a ello y tarde o temprano nos llega ese fatídico momento, no siempre hay acuerdo sobre en qué preciso instante se puede decir que alguien está irreversiblemente muerto. En el mundo religioso cristiano, prácticamente en el 99% de las religiones tienen en común la opinión, de que la muerte se produce en el momento cuando el alma abandona el cuerpo inerte y este deja de ser un ser vivo. La mayoría de iglesias protestantes y la católica asumen como suya la idea clásica de un ente espiritual que habita el cuerpo, que guarda nuestros pensamientos y personalidad y que asciende al cielo o desciende a los infiernos, dependiendo de la clase de vida que haya tenido. Aparte están los que aceptan la transmigración de las almas a través de otros cuerpos, una especie de teoría de la reencarnación, pero sin el sentido dado por los vedas o por el budismo. Pero ¿Qué es exactamente el alma? 

            La definición de alma que hace la Biblia no se corresponde mucho con la doctrina común entre las diferentes tendencias cristianas. Por ejemplo en el antiguo testamento, se utiliza el término hebreo “Nefesh”, que se aplicaba a la vida misma, sea humana o animal, a la sangre de un ser vivo, sea humana o animal. Pero también se habla de la muerte del alma.(Números 6:6; Ezequiel 18:4; 1Reyes 19:4) Por otro lado, en un salmo cantado por los judíos de la antigüedad se decía lo siguiente: no cifres confianza en los príncipes, ni el hijo del hombre, porque no hay en él salvación, sale su espíritu, vuelve al suelo, en ese día perecen sus pensamientos. Este poema, cargado de realidad ante la corta existencia, muestra otro término, en este caso “espíritu” (en hebreo “ruaj”). Este término, distinto de “nefesh” parece significar aire, aliento, respiración y es muy posible que se refiera al aliento de vida que se afirma en el Génesis que el creador insufló en el primer hombre para que llegara ser alma,(nefesh), viviente. Suena lógico, pues se habla de un “espíritu” que sale de hombre al morir, y lo deja al mismo tiempo sin pensamientos, pues estos perecen con la persona, no parece referirse por tanto a un ente con personalidad o mente.

En otro poema hebreo, en este caso en el libro de Job, de nuevo se hace mención de ese espíritu (ruaj), cuando dice:
Si (Dios) fija su corazón en cualquiera,
si el espíritu y aliento de aquel él lo recogiera para si,
toda carne expiraría junta
y el hombre terrestre volvería al mismísimo polvo.
(Job 34:14,15)

            Esto viene a ratificar la idea de que la muerte para el judaísmo, al menos anterior al exilio, era la inactividad absoluta, el único sostenedor de la vida podía arrebatarla tomando ese espíritu que no era inteligente, pero si capaz de mantener con vida a la persona a través de la respiración. Incluso tenían un término común a otras civilizaciones de alrededor la palabra, “seol” para referirse al lugar donde se resguardaban los muertos y no hay mención de vida en el cielo o de actividad más allá: Todo lo que tu mano halle que hacer, hazlo con tus propias fuerzas, pues no hay trabajo, ni formación de proyectos, ni sabiduría en el sepulcro (seol), al lugar donde tú estás yendo. (Eclesiastés 9:10) Por muy obvio que suene esto hoy día, adquiere un significado llamativo, pues en todas las naciones y todas las religiones de alrededor tenían una idea distinta del lugar de los muertos. Tanto las culturas mesopotámicas, así como los sumerios, hititas, fenicios, cananeos, incluso egipcios; todos los que podrían influir en el pensamiento religioso hebreo, tenían en sus escritos religiosos o en su mitología, la idea de un infierno, que si bien, no siempre era un lugar de tormento, si lo pintaban como un espacio oscuro de lúgubres tinieblas donde no hay descanso. En las tradiciones cananeas y mesopotámicas se habla de un guardián o jefe, incluso una jefa de ese lugar, (Ereshkigal de los sumerios), que no dejaba salir a quien entraba. En Egipto, el descenso al mundo inferior, era como una especie de viaje donde atravesar diferentes pruebas y vicisitudes para alcanzar la luz de la morada de los dioses, así al menos tenían escapatoria de aquel lugar, pero también la persona podía acabar siendo arrojado a las fauces de un monstruo (Leviatán), con cabeza de cocodrilo si no lograba superar la prueba. 

En cualquier caso, siempre había actividad o vida después de la muerte para aquellas culturas que rodeaban a Israel. Pero eso no entraba en el pensamiento de los judíos, previos al exilio, quienes entendían el seol como lugar de de los muertos, símbolo de inactividad y vuelta al polvo. No fue sino hasta después de su relación con el imperio persa, cuando se introdujeron cambios y empezaron a teorizar sobre el más allá aceptando la idea dualista de la vida y la muerte: En inmortalidad el alma del justo gozará para siempre de felicidad, pero en tormento el alma del mentiroso sin duda estará. Y estas leyes ha decretado Ahura-Mazda. (Gathas- Zaratustra). Así fue como en el judaísmo posterior al exilio ya se conocían escribas o maestros que enseñaban cierto dualismo entre el mal y el bien, el cielo y el infierno, y por tanto la idea de la muerte tuvo otro sentido. 

            Pero fue sobre todo cuando este se encontró bajo el mundo helénico que todo cambió. Precisamente tras las guerras de los macabeos del siglo II AC, surgieron multitud de sectas o escisiones en el judaísmo, entre las más conocidas estuvieron los esenios, que se separaron por controversias con los macabeos por usurpar los puestos de sacerdotes. Estos fueron partidarios de la esperanza mesiánica, si bien hicieron mención de un antro tempestuoso y lúgubre lleno de castigo (seol, infierno), también hablaban de una vida más allá del oceáno, un lugar jamás afligido por la nieve, la tempestad ni por el calor intenso, un lugar calmo, fresco, donde habitarían los justos, un paraíso, pero en la tierra.  Por otro lado surgieron los fariseos o hasidim, estudiosos que dieron una nueva interpretación a los escritos antiguos, y que para el año 100 habían aceptado muchos preceptos helénicos, como la inmortalidad del alma, la enseñanza del castigo y la recompensa eternos, pero a la vez anunciaban una resurrección en el último día en el que las almas de los buenos recibirían nuevos cuerpos, pero no cuerpos humanos mortales sino un cuerpo inmortal, sin explicar de qué materia y dónde habitarían. Por último, los saduceos, un grupo elitista que decían descender de la línea sacerdotal, pero muy politizados, estos rechazaban la inmortalidad del alma, la predestinación y la resurrección, tan solo se basaban en la ideología original de la muerte como final mencionado en el Pentateuco. 

            Para los primeros cristianos debió haber una idea de la muerte intermedia entre la que enseñaban saduceos, fariseos y esenios. Si bien en el nuevo testamento se suaviza el concepto de inactividad de la muerte al hablar de vida en el cielo, la introducción de términos como “Gehena”, “Lago de fuego”, para los no salvados y “Hades” para todos los demás, por otro lado, se habla de una recompensa de rescate a la vida para los justos. Aunque es digno de notar que lograron compaginar muy bien la enseñanza de la resurrección con la idea de vida en el cielo en forma espiritual. Por eso mencionaron la resurrección en cuerpo espiritual, el apóstol Pablo hablando de la muerte y la resurrección lo describe así: “se siembra cuerpo físico, se resucita cuerpo espiritual, asi como hay un cuerpo natural, también lo hay espiritual” (1 Corintios 15:44). Pero prueba de que no se refería a algo automático, ni que ese cuerpo espiritual habitara el carnal y saliese de este al morir, es que al hablar de esa resurrección la entendía para un futuro, en las cartas apostólicas se daba la idea de una resurrección en el juicio final. De hecho, el mismo Pablo denunció a aquellos que pretendían enseñar que la resurrección ya había acontecido, (2 Timoteo 2:17-19). La enseñanza de un alma inmortal no entraba en los preceptos cristianos, seguían entendiendo la muerte como un estado de inactividad, aunque el Hades (seol en hebreo, inferno en latín), era un lugar del que se podía salir. Cuando se hace mención de Gehena, lago de fuego, o Tártaro, estos nombres venían a simbolizar la destrucción completa y encierro eterno en la muerte, que algunos iban a recibir. Solo el paso del tiempo hizo cambiar los conceptos.

            La filosofía griega siempre ha aceptado la idea de un ente llamado psykjé, o alma que sobrevivía a la muerte del hombre, como afirmaba Pitágoras, que migraba de un cuerpo a otro. Tales de Mileto, quizás el filósofo más antiguo del que se tiene información aseguraba que no solo los humanos tenían alma, sino los animales, plantas, incluso los objetos o minerales tales como la magnetita por aquello de ejercer esa fuerza de atracción hacia otros metales, demostraba tener un alma. Pero fue Platón de los primeros en definir el “alma”, o psykjé en griego (nefesh en hebreo), como un ente espiritual inteligente e independiente, al decir: El alma, ese ente que se separa pura, sin arrastrar nada del cuerpo, se va hacia lo que es semejante a ella, lo invisible, lo divino, inmortal y sabio, y al llegar allí está a su alcance ser feliz, apartada de errores, insensateces, terrores, y de todos los demás males humanos, para pasar de verdad el resto del tiempo en compañía de los dioses”.  

Un ferviente seguidor de Platón fue el judío Filón de Alejandría, este desarrolló la idea de la psykje, adaptándola al lenguaje del Antiguo Testamento. Pero para ello tuvo que renunciar a la interpretación tradicional judía y mezclar las expresiones nefesh y ruaj, como si de un mismo elemento se tratara. Así lo expresa en su libro De opificio Mundi: ¿Qué es el hombre? El hombre sensible e individual es un compuesto de cuerpo y alma, es mortal por naturaleza, es hombre o mujer. Una combinación de substancia terrestre y de soplo divino…. Pero el alma no viene de nada creado: es soplo divino que ha salido de la naturaleza bienaventurada… De manera que el hombre en lo visible es mortal y en lo invisible, según el pensamiento es inmortal. (De OpificioMundi –Filón de Alejandría p24).  Para compaginar la idea de muerte del alma de la que se hace mención en la Biblia, aludía a una muerte simbólica. De esa manera nefesh y ruaj llegarían por tanto a tener el valor de la psykje griega. 

            Y fue a partir de Orígenes en el siglo III, quien teorizó sobre la trasmigración de las almas y sobre todo desde Agustín de Hipona en el siglo IV, cuando la idea platónica del alma, como ente espiritual pensante, entra a formar parte de la enseñanza cristiana. También posterior al segundo siglo se fueron filtrando otras nociones, como la del infierno de fuego. Si bien hubo complejas discusiones al respecto, algunos no tuvieron reparos en absorber ancestrales enseñanzas sobre el lugar de los muertos. Por ejemplo, Clemente de Alejandría, influido por la idea del Hades helénico ya se postuló sobre un infierno de fuego, donde los espíritus de difuntos injustos sufrirían. Orígenes trató de dar al infierno un giro menos trágico al afirmar que los pecadores que estuvieran en el infierno serían salvos con el tiempo. En esta idea lo siguieron a mayor o menor grado, Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nisa. Agustín puso fin a esos puntos de vista conciliadores sobre el infierno y de manera rotunda se instauró la idea que hasta ahora mantiene la iglesia católica y la gran mayoría de iglesias protestantes.

            También a lo largo de la historia ha habido otros que se han atrevido a tratar de esclarecer el significado del alma. El filósofo judío Spinoza la definió como la substancia divina que habita nuestro cuerpo. Otros, más racionalistas como Descartes la define como cosa pensante, frente al cuerpo que solo siente. Nietzsche, como la voluntad interna del hombre que siempre busca el poder. Freud, la definió como la diferencia entre el yo y el “super yo”, aplicando el término alma a esto último, como un ente que está por encima de nosotros mismos y del cual no siempre estamos conscientes, solo cuando logramos vernos desde fuera. Hubo algunos como Hubbard, fundador de la cienciología que llegó a asegurar que podría lograr descubrir el centro donde habita el alma, tocarla, medirla y conocerla a fondo. Otros, como el divulgador científico Eduardo Punset, jugando con las palabras, tituló su último libro: "El Alma está en el Cerebro". Una idea que seguro que a muchos gustaría creer, si bien el escritor de ninguna manera intenta convencernos de un espíritu inmortal dentro de nuestra mente. 


En la actualidad, tan solo unos pocos grupos religiosos cristianos, (vease cristadelfianos y testigos de Jehová), rechazan la idea de la inmortalidad del alma, aceptando tan solo la existencia de un espíritu de vida no pensante que mantiene en funcionamiento el sistema celular y el funcionamiento del cuerpo sosteniéndose mediante la respiración y que esto es lo que sale cuando llega la muerte. Explican además que de alguna manera los datos mentales y cualidades de cada uno, son guardados por Dios en su memoria. Para entenderlo de alguna manera, volviendo al símil informático, es como cuando hoy día, un PC remoto puede guardar copia de seguridad de nuestros archivos y datos en lo que se llama “la nube, que no es otra cosa que miles de servidores con discos duros físicos en lugares estratégicos. Y estos pueden ser recuperados para ser transferidos a cualquier otra computadora, así en un futuro Dios puede volver a atraer a la vida a alguien si o desea con la misma personalidad. De esa manera enseñan que al hablar de “alma” se hace referencia a la vida de la persona, representando de alguna manera con la unión del cuerpo y el espíritu de vida y asegurando que esta es mortal. La muerte es tan solo un periodo de inactividad absoluta e insisten en una vuelta a la vida en un futuro nuevo mundo. 

            Así si aceptamos la idea del alma, tal como la entendió Platón, habría que determinar en qué momento esta abandona el cuerpo, por otro lado si tan solo se trata de un aliento de vida, también. En realidad desde el punto de vista científico es difícil indicar cuando ocurre ese hecho tan misterioso de la salida de un espíritu o ente llamado alma para no volver a ser parte de ese cuerpo. Antiguamente ocurría que debido a los escasos medios para diagnosticar la muerte, sencillamente el médico se centraba en la respiración o en las pulsaciones. Así, cuando durante varios segundos la persona no expulsaba aire de su nariz, o cuando no era patente el pulso en la garganta o en la muñeca, se consideraba que la muerte había llegado, por tanto en ese momento todos entendían que el alma había abandonado aquel cuerpo. 

            Pero hoy día hay técnicas de resucitación, incluso cuando la persona ha dejado de respirar y el corazón ha dejado de palpitar, realizando ciertas compresiones toráxicas regulares y alternándolas con respiración boca a boca, se puede hacer que la persona despierte de la inconsciencia y vuelva a respirar y su corazón a latir. ¿Significa eso que el hombre con una técnica de compresiones toráxicas es capaz de hacer que el alma vuelva al cuerpo?  También en la antigüedad resultaba que en ocasiones la persona muerta revivía y se despertaba repentinamente cuando sus familiares aun lloraban durante su funeral, en la mayoría de los casos no recordaba nada y por supuesto ninguno pudo alegar haber estado en un cielo o un infierno en esas horas, supuestamente muerto. Existen las famosas leyendas urbanas contadas por enterradores, que al exhumar tumbas antiguas se encontraban con ataúdes arañados y los cuerpos esqueléticos contorsionados en posición de angustia. estaban muertas desde el punto de vista clínico, pero sus células corporales todavía estaban vivas y por tanto podían revivir espontáneamente en cualquier momento.
Todo esto hoy día es un mito, pues en nuestros tiempos se toman medidas más exactas para certificar la muerte. Pero en cualquier caso, esta no siempre es tan repentina como parece. Eso sí, pone en duda la muerte de alguien por el abandono del alma, y parece indicar que más bien todo esto está más relacionado con el conocido síndrome de muerte aparente, es decir personas que

            ¿Cuándo sucede entonces la muerte? Los tres órganos claves que marcan el apagón de una vida son por este orden: el cerebro, el corazón y los pulmones; es verdad que otros órganos vitales también pueden provocar la muerte, pero no de manera instantánea, como la de los anteriores. Alguien puede tener un fallo renal, o que el páncreas o el hígado dejen de funcionar y eso lógicamente de no ser sustituidos, provocarían la muerte, aunque pueden transcurrir horas o días para que esto ocurra. Pero no es así en el caso de una disfunción respiratoria, o que el corazón se detenga o el cerebro entre en encefalograma plano, la muerte en esos casos es prácticamente immediata. Ahora bien, tenemos que puntualizar, hemos hablado de ocasiones en las que el corazón o los pulmones dejan de funcionar y no obstante aún se puede revivir a esa persona, y hoy día con los sistemas de respiración asistida es común alargar la agonía de un moribundo. De hecho, se sabe que los pulmones pueden reactivarse tras cincuenta y cinco minutos parados, el corazón hasta una hora y media después, por ello estos han dejado de ser irremediables elementos para diagnosticar la muerte de alguien. También ha ayudado eso el hecho de que hoy día se puedan realizar trasplantes de estos órganos con éxito y hacer que una persona siga viviendo con los órganos de otra persona. Sin embargo, algo muy distinto podemos decir del cerebro, un órgano intransferible, intrasplantable por la propia idiosincrasia de contener la persona en sí. Añadimos a eso que en menos de diez minutos sin oxigeno, este vital dueño de nuestra persona, deja de funcionar y parece que es imposible superar un encefalograma plano. Por tanto, cuando se habla de muerte cerebral, se puede decir con prácticamente total seguridad que se ha producido la muerte y el cuerpo aun teniendo el corazón latiendo y manteniendo los pulmones en funcionamiento, este ya no podría ser considerado ser vivo, sino un vegetal, que respira y late, pero sus pensamientos han perecido y por tanto, la entidad como persona deja de tener sentido. 

            Claro, dicho así suena duro y todavía es difícil convencer a una persona de que su ser querido ha muerto cuando nota esa vida aún en su cuerpo. Algunos podrían concluir que el alma por tanto habita en alguna parte del cerebro y hasta que esta no abandone dicho lugar no se puede certificar la muerte. Vuelve de nuevo la pregunta ¿Dónde está el límite entre la vida y la muerte? Máxime cuando se conocen casos extraordinarios de personas diagnosticadas en “coma profundo” que han despertado. 
   
Por supuesto hay que puntualizar que existen al menos cuatro estados distintos que se tienden a confundir: coma, estado vegetativo, síndrome de cautiverio y muerte cerebral. De tres de ellos se puede salir hasta cierto grado y dependiendo del tiempo de permanencia en ese estado, puede suceder que la persona siga después siga siendo la que era. Por ejemplo, una persona en coma, permanece profundamente dormido, sin responder a ningún estimulo, pero controla su respiración y en ocasiones ciertos movimientos, puede durar en ese estado, unos pocos días o en casos extremos años, y dependiendo del tiempo, eso siempre deja alguna secuela. Una persona en estado vegetativo, no reacciona a los estímulos externos, debido a algún daño en el centro de comunicación, o en la estructura del cerebro que se comunica con el exterior, sin embargo puede abrir y cerrar boca y ojos, pero no se expresa y probablemente ni siquiera vea, es difícil determinar los daños cognitivos de ese cerebro y la consciencia de la persona. De mantenerse en ese estado por más de un año, la experiencia indica que no saldrá nunca de ahí. En cambio, en el síndrome de cautiverio, o seudocoma, la persona puede ser perfectamente consciente de lo que sucede a su alrededor, algunos oyen, incluso ven, pero son incapaces de hablar, si la situación se debe a interrupción de las vías que conducen las señales del cerebro a la medula espinal, el enfermo solo podrá mover los ojos y los párpados, mientras conserva todo su intelecto y otras funciones cerebrales, pero apenas podrá demostrar que está vivo. Son muchos los casos diagnosticados como de estado de coma y sin embargo tratarse de una persona en esa trágica situación y solo el movimiento vertical de ojos y el parpadeo determinan su estado de consciencia. 


            Se registran casos en los que personas despiertan de estas tres situaciones anteriores, o se recuperan de su encierro mental, pero nunca lo harán de una muerte cerebral, por tanto, cuando a alguien se le diagnostica esa situación, se puede decir a las claras que esa persona ha muerto. Pero, ¿Quién determina el momento en el que alguien que lleva años en estado vegetativo, en coma profundo o en seudocoma debe morir? ¿Cuándo se podría decir que de forma natural el “alma” ha salido de ese cuerpo cuando la persona no es capaz de mostrar “señales de vida”? Hay que tener en cuenta que bajo los efectos de algunos medicamentos o en casos de hipotermia, pueden darse medidas de encefalograma plano sin haber muerte cerebral, para ello los médicos realizan otro tipo de comprobaciones, pero no siempre tan efectivas. En algunos países, Japón y otros de extremo oriente, por propio condicionamiento religioso o cultural no se permiten extracción de órganos en ciertos casos de aparente muerte cerebral. Y ciertos estudios realizados por la Universidad de Montreal, afirman haber logrado identificar actividad cerebral más allá de esa linea plana, que identifican como señal "ny" y puede cuestionar los criterios actuales para diagnosticar la muerte cerebral y la situación de las personas en coma profundo.

            Algunas iglesias se oponen a la desconexión de enfermos terminales o en coma profundo, la llamada eutanasia pasiva, incluso cuando la ciencia médica diagnostica muerte cerebral, por entender que hasta que el alma no quiera salir o no salga por el deseo de Dios, nadie tiene el derecho de tomar esa decisión. La llamada eutanasia, (literalmente significa buena muerte), es decir la desconexión del soporte vital artificial del paciente para que de manera natural y paulatina este llegue a la muerte, es hoy día una salida en ocasiones necesaria, para lograr que el enfermo desahuciado o con nulas esperanzas de salir adelante por sí mismo, tenga una muerte digna y no una vida prolongada artificialmente. 

            Antiguamente, lo normal era que la persona enferma terminal acabara en cama, se le dejaba de administrar alimento en espera de su paso al silencio de la muerte. Fue a partir de la edad media que hubo un cambio en la posición de la iglesia con respecto al suicidio, el aborto y la eutanasia. Estas prácticas se consideraron pecados con el mismo peso y condenados con contundencia. Se entendía que la persona no podía disponer libremente sobre su vida, que al ser dada por Dios es sagrada. Se habla del arte de la muerte, como parte del arte de la vida, es decir, que quien aprecia la vida, debe también aceptar la muerte. Esta solo se consideraba buena, si se producía en su cama, rodeado de los suyos y despidiéndose de estos, y además recibiendo la extremaunción. Algo similar al “consolamentum” de los cátaros, solo que en estos representaba el bautismo y la ordenación como buen hombre o cátaro, preparado para abandonar el cuerpo carnal. En el caso de la iglesia católica, la ortodoxa y la anglicana, sencillamente era una manera de dar una gracia especial al enfermo o moribundo, a fin de fortalecerlo para su viaje al cielo. La primera mención de este sacramento fue en el año 416 y fue el obispo Inocencio I de Roma en una carta al obispo de Umbría, citando un pasaje de la Carta de Santiago en la que insta a quien esté enfermo que llame a los presbíteros y estos oren por él lo unten con ungüento… y si hubiere cometido pecados le serán perdonados (Santiago 5:14,15). Al principio era de aplicación solo a los enfermos fieles, pero después se incluyó a los penitentes. Posteriormente se convirtió en normativa sacramental en el concilio de Worms en el año 868. Por eso, la muerte debía ser lenta y si era así se consideraba como buena muerte en contraste con “Mala mors” o muerte repentina.  


            
            Por otro lado, se dan circunstancias que complican aún más la idea de la muerte por el abandono del alma, sobre todo cuando en ocasiones durante la agonía, personas que han vuelto a recuperarse tras una muerte aparente, afirman haber visto visiones y tener una especie de sueños de gratos encuentros con amigos o familiares muertos, o las victimas ven una especie de luz atrayente, una sensación de llamada y en algunos casos, hasta se alega una breve escapada espiritual desde donde se puede observar su propio cuerpo abandonado en la camilla. Estas experiencias documentadas y contadas por personas que estuvieron al borde de la muerte, han sido tema para llenar libros y a lo que muchos se acogen para afirmar que un ente espiritual abandona el cuerpo a la hora de la muerte. 


Sin embargo, hay una explicación científica al respecto, y resta importancia a estas visiones: Cuando la mente presiente la muerte, se activa en nuestro cerebro un mecanismo que relaja al individuo y lo prepara para ese final. También se sabe que bajo determinados estados de anestesia, o un fuerte shock, el sistema nervioso segrega unas sustancias llamadas, neurohormonas y catecolaminas, estas son liberadas y derramadas en cantidad incontrolable, lo que provoca alucinaciones y una sensación de flotación. Así, en los últimos instantes, la mente produce una serie de visiones y sueños para suavizar ese duro proceso, como si nuestro cerebro nos preparase para una muerte dulce, y hacer que esta no llegue de forma agónica ni cruel. Es interesante notar que esos sueños realmente se producen en cuestión de breves segundos, aunque las personas que han estado al borde de la muerte recuerden largas charlas o conversaciones relajadas con familiares muertos o una lentitud a la hora de despedirse del cuerpo y tomar el camino hacia la luz. Estas visiones suceden tal como los sueños normales, los de la última vigilia, los que se recuerdan. Estos por lo general suceden en cuestión de segundos antes de despertarse, pese a que para contarlos nos tomemos varios minutos y los acontecimientos soñados abarquen largos periodos.  

            Algunos científicos, a fin de quitar significado espiritual a la muerte, sencillamente se niegan a determinar un momento específico. Y nos hablan de la muerte del cerebro como parte del proceso, el principal, pero solo el inicial. Si consideramos el cerebro como sede de nuestros pensamientos, nuestra personalidad, conciencia y consciencia de nosotros mismos, si los circuitos cognitivos y neuronales dejan de recibir oxígeno, como ya dijimos por un periodo de más de diez minutos, estos circuitos se colapsan, deja de haber actividad bioeléctrica y perecen los pensamientos, recuerdos y datos que este almacena. Sucede de la misma manera que en un circuito de memoria RAM, donde los datos se almacenan eléctricamente, (no nos referimos a un disco duro clásico, en el que la escritura de datos se hace en un soporte físico o disco magnético donde en forma cifrada se marcan los datos), a base de unión química de silicio, circuitos integrados o transistores, en estos caso al cabo de un determinado tiempo sin energía, esos datos se van perdiendo y quedan borrados o dañados irreversiblemente, ya puedan ser imágenes, textos, programas o aplicaciones, sistemas operativos o cuanto esta memoria contenga. De la misma manera las conexiones neuronales de nuestro cerebro se desconectan y sencillamente se degradan o borran. La muerte del cerebro puede hacer que el sistema cardiovascular deje de funcionar por si solo y entonces llega la muerte total. 

            A partir de ese momento, si no se fuerza el funcionamiento cardiovascular con maquinaria externa, el cadáver se torna pálido, la temperatura del cuerpo desciende a niveles incluso inferiores a la ambiental. Los músculos al principio flácidos en pocas horas se tornan rígidos y endurecidos, en algunos casos surgen contracciones, que pueden causar confusión en los que observan el efecto, de allí que en ocasiones los enterradores encuentran cadáveres en posiciones extrañas. Sin embargo es cuando llega esta rigidez, el momento en el que se puede dar por perdida toda esperanza de que ese cuerpo se pueda reanimar aun sin actividad cerebral y con seguridad ya no pueden volver a funcionar sus órganos principales. Agentes químicos contenidos en el cuerpo empiezan a destruir las paredes protectoras de los órganos y así se da via libre a los microorganismos que se encargarán de devorar a estos. Cierto microorganismo llamado Clostridium Welchii, se encarga de destruir los componentes básicos de la sangre y entonces bacterias como la Scherichia coli, Proteus vulgaris y otras, contenidas normalmente en el cuerpo, pero siempre bajo control, ahora campan a sus anchas y fermentan los líquidos corporales para después morir asfixiadas por el propio proceso que ellas provocan. Esa fermentación provoca convulsiones o espeluznantes movimientos del cadáver, haciendo que en algunos casos estos se levanten o tomen posturas contraídas. La masa encefálica para ese momento se ha convertido en una pasta amorfa, verde grisácea y de aspecto viscoso. Los gases producidos por los agentes químicos y la acción de las bacterias antes mencionadas, provocan hinchazones que explotan y resultan en llagas abiertas por donde se introducen otras bacterias, hongos e insectos necrófagos que se encargan de dar cuenta del resto.

 Se puede decir que la muerte produce una explosión de vida que se encarga poco a poco de convertir con el tiempo, el cuerpo de un ser humano en mero polvo. Se sabe, no obstante, que ciertas partes del cuerpo se resisten más que otras a desaparecer, entre ellas el pelo y la uñas, que en ocasiones se ha constatado que crecen, y los huesos y dientes, que en determinadas condiciones, pueden permanecer por años intactos. En cualquier caso tarde o temprano la tendencia es a desaparecer, no dejar huella. Es el hombre con sus costumbres y rituales los que alargan el proceso, intentando mantener el cuerpo intacto, como en el caso de la momificación. O al menos intentan mantener vivo el recuerdo de aquella persona, haciendo que sus restos descansen, ya sea encerrados en un ataúd de piedra, de madera recubierta de zinc, o en la misma tierra sobre la cual poner una lápida, en definitiva una tumba conmemorativa. Solo últimamente en occidente se está poniendo de moda la costumbre de incinerar al difunto, algo que ciertas civilizaciones orientales como la hindú, tenían por milenaria.

            En definitiva, la ciencia de la muerte, solo ha podido constatar que la falta de oxígeno en el cerebro y en las células es determinante para la muerte y este se produce en forma de proceso gradual, aunque irreversible. Por supuesto la discusión sobre que sale del cuerpo al morir, si un alma inteligente, una espíritu de vida o simplemente la falta de energía, continuará , en este tratado tan solo nos hacemos eco de las diferentes ideas que sobre este tema hay. Aunque nuestro deseo de atemporalidad es inmenso, para muchos la idea de un espíritu de vida que sale y deja un cuerpo que gradualmente tiene la tendencia a volver al suelo, de donde salió, parece más plausible. Pero para otros, piensan no se puede acabar todo allí, debe haber algo más allá. 

            En un próximo capítulo trataremos la historia de las diferentes ideas sobre el origen, finalidad y final de la vida.