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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Origenes del Camino de Santiago






La tradición de peregrinar por tierras gallegas se inicia en la edad media y toma fuerza, como otras tantas en el siglo XX. Esta idea se basa en la tradición de que el apóstol Santiago estuvo en España y tras morir como mártir en Judea, sus más allegados llevaron su cuerpo desde las costas de Palestina, hasta las tierras gallegas y siendo enterrado en una tumba en la zona que hoy comprende la ciudad de Compostela. El cambio de nombre del apóstol al que siempre se conocía como Jacobo en varios idiomas, (Iacobo en latín, James en inglés, Iago en galaico), surgió a raíz de la unión del término Sanct + Iago, de lo cual sale Santiago, de tal manera que en castellano aparezca ahora en la biblia así su nombre. Se dice que durante la reconquista se gritaba a menudo “Por Sanct Iago” y de ello derivó el actual Santiago.


La primera mención de la tradición sobre la estancia temporal del apóstol en España fue hecha por Isidoro de Sevilla, un peculiar historiador cristiano del siglo VI, muy enérgico en la lucha para erradicar el arrianismo de la Hispania visigoda, escribió en su tratado De ortu et Obitu sactorum Patrum, una especie de defensa de la tradición apostólica romana en Hispania, en este incluyó una frase de la que algunos extraen que Santiago estuvo en Hispania, al decir: Pedro recibió como parte Roma, Andrés Acaya y Santiago Hispania". También de manera más clara lo deja caer en sus “Etimologías” donde afirma lo siguiente: Santiago Predica el evangelio en Hispania y en los pueblos de las regiones occidentales donde lleva la luz de la prédica". (Etimologías – Isidoro de Sevilla) Sin embargo, Isidoro no hace referencia alguna a que al cuerpo del apóstol se le diera sepultura allí, ni que se peregrinara hacia su tumba, eso llegaría más tarde. Después a través de otros escritos medievales del siglo XI, como el Códice Calixtino se dice que Jacobo predicó en Muxia, en las proximidades del Finisterre, donde consiguió tan solo nueve discípulos, después desalentado por el escaso éxito de su predicación, se dirigió hacia el este y tuvo una aparición espectacular de María, la madre de Jesús, que le infundió ánimo. Se le apareció sobre un pilar de mármol, y en “carne mortal”, en la ciudad romana llamada Cesaraugusta, (conocida después como Zaragoza), al nordeste de la península. La leyenda dice que cuando ella partió, el pilar permaneció en su lugar y siglos más tarde se convirtió en un santuario para peregrinos. Posteriormente el apóstol regresó a Palestina y murió en Judea a manos de Herodes Agripa; después dos de sus discípulos, Atanasio y Teodosio, trasladaron su cuerpo a través de las rutas marítimas romanas en un barco que comerciaba piedras, hasta llegar a Galicia, donde milagrosamente salvaron a un noble que había caído accidentalmente al mar y este salió cubierto de conchas de vieiras y gracias a esto, que consideraron un milagro, abrazaron el cristianismo y llamaron santo al que portaban, pues milagrosamente había salvado al caballero, desde entonces se dispuso que todo aquel que fueran a venerar al apóstol debía llevar una concha de vieira. Al penetrar en tierras Galaicas pidieron a la reina Lupa, señora celta de las tierras romanas del Fin del Mundo, permiso para transportar el cadáver desde la costa. Pero esta para burlarse de ellos les dio dos toros bravos en vez de bueyes. Cuando los animales llegaron ante el sepulcro se amansaron como bueyes, y llevaron el cuerpo hasta donde se encuentra actualmente. Eso impresionó a la reina, que permitió el entierro. Después, al parecer también fueron enterrados en el mismo lugar los dos discípulos que le llevaron hasta allí. 
                                Tumbas o fosas descubiertas en Galicia


Para aclarar la certeza o no de algunas de estas tradiciones y penetrar en el fondo histórico de esta popular peregrinación, que atrae a miles de personas todos los años, vamos a remontarnos a siglos atrás en la Galicia celta, romana, sueva, y mozárabe, en donde encontraremos reminiscencias de muchas de estas culturas que dejaron su legado en el famoso camino.



Peregrinaciones previas



            La costumbre de peregrinar por aquellas tierras gallegas, se remonta a la oscuridad celta, donde las rutas al Finisterre eran muy conocidas y fueron establecidas, según se cree, porque se consideraba un punto espiritual muy especial, el extremo en el que los dioses no permitían al hombre pasar, el fin de la tierra. Si bien en Europa existen varios lugares a los que los romanos y griegos llamaron “Finis Terrrae”, (Cornualles en Inglaterra, Bretaña en Francia y el extremo norte de Galicia), si se sabe que había principalmente en el Finisterre gallego las conocidas como marchas “Ara solis”, que desde el mausoleo de Nerio, de alguna manera venían a celebrar la muerte del sol. Era común la costumbre galaica de los nerios, una de las primeras tribus celtas que habitaron aquellas tierras, darle importancia al momento de la muerte, por ello existen tumbas a lo largo de aquellas tierras en las que se aprovechaba para dar gloria a los dioses ancestrales. Un ejemplo de ello es la inscripción que aparece en una lápida del siglo V AC que entre otras cosas dice: "Invocando a los Lugos del pueblo Neri, en conmemoración a un noble de los kaaltee de Galtia, él descansa por siempre ahí dentro. Invocacamos a todos los héroes. La tumba de Taśiionos lo ha recibido". Al parecer, existía una ruta seguida por los druidas o sacerdotes celtas que realizaban junto a sus aprendices, llamada “Camino de las estrellas”, que llevaba desde Oviedo hasta Finisterre y pasaba por lugares considerados puntos sagrados estratégicos, como Lugo y la zona que hoy es Compostela, que en ese tiempo tan solo era un dolmen, como parada en el camino. Estos se guiaban por las estrellas que forman parte de la Vía Láctea y que en noche clara se podían seguir fácilmente.


En ese camino o ruta se solían construir dólmenes coralinos, conocidos por el nombre celta de “Nevet Mough”, que literalmente se puede traducir como “Piedra de Vida”. Se trataba de una especie de monumento a los muertos en una forma que se conocía como Navot, o cámara del renacimiento, pues se pensaba que los muertos morían, pero nacerían en otro lugar, al igual que lo hacía el astro sol. Lugo era el asentamiento principal de la zona y uno de los dioses más extendidos en la península antes de su romanización, Lug, de allí su nombre. Sobresale entre las deidades romanizadas el dios Mercurio, que es visto como el creador de todas las artes, a este se le relaciona con Lug, al que posiblemente sustituyó y al que se consideraba protector de aventureros, caminantes y comerciantes. Existía otro mito en Cornualles, en Bretaña y entre los celtas atlánticos sobre barcas de piedra, o “ártabros”, quizás en referencia a los primeros barcos tartesos cargados de rocas de minerales que arribaban a las costas, aunque no se sabe muy bien de dónde procede esta tradición. Pero se pensaba que las grandes piedras eran expresión del espíritu, de la perdurabilidad, y que tenían ciertas propiedades mágico-terapéuticas. Otros expertos afirman que aquellos barcos de piedra, emulaban el mito universal del último viaje, el habitáculo idóneo para la navegación de las almas por las temidas aguas que se extendían más allá del fin de la tierra, hacia la isla de la eternidad, más allá del poniente.



En cualquier caso, coincide esto con diferentes tradiciones en esos lugares en los que ciertos santos, como San Juan de Misarela, La virgen da Barba de Muxía, viajaron en barcos de piedra, también existe una tradición medieval en la que se decía que el cuerpo de Santiago llegó a las costas gallegas, desde Palestina, en un barco de piedra. En algunos de estos ártabros celtas, aparecen símbolos de conchas, que representaban la prosperidad, en algunos casos era dibujada como una especie de espiral que representaban la eternidad o el ciclo sin fin de renacimiento del sol. Pero también utilizaban la Vieira, un símbolo sexual de fertilidad que recordaba a la diosa Venus. Hasta aquí lo relacionado con los antiguos caminos celtas que pasaban por los mismos lugares del actual Camino de Santiago, pero ¿qué podemos decir de la ciudad de Compostela? ¿Era también celta? ¿Tenía algún significado especial para estos?



Historia de Compostela



En realidad, como antes mencionamos los celtas no tenían ninguna población estable en aquel lugar, era más bien un punto estratégico, un sencillo dolmen o Navot era lo que allí había. Fueron los romanos quienes establecieron en el siglo I un asentamiento conocido como Assegonión, que existió hasta el siglo V, y fue una pequeña población en la parte donde hoy se encuadra la zona de la catedral compostelana, al parecer fue una ciudad de paso, así aparece en la tablilla IV del conocido como Itinerario de Barro, una guía de caminos o vías romanas del noroeste peninsular, la conocida comoVia Lucu Augusti ad Iria”. Pero tras la caída y desintegración del imperio romano de occidente, allá por el siglo V, la ciudad cayó en el abandono más absoluto. No obstante, por alguna razón desconocida siguió habiendo enterramientos en la zona sepulcral de la ciudad, probablemente proveniente de las ciudades circunvecinas. Aquí es donde toma importancia un personaje que algunos señalan como el que verdaderamente reposa en la tumba asignada tradicionalmente al apóstol Santiago. Después hablaremos de ello.



Apóstol Santiago



Pero antes de eso, vamos a profundizar en la figura de Santiago el mayor, el apóstol que supuestamente fue enterrado en aquella pequeña ciudad gallega. Santiago era según la biblia, hijo de Zebedeo y de Salomé, por tanto hermano del también apóstol Juan, quien fuera el más longevo de entre los doce. Sin embargo, en el caso de Santiago, este pasaba de los treinta años cuando conoció a Jesús y su vida no fue tan larga como la de su hermano. Al parecer, era una persona de carácter enérgico, fogoso y entusiástico. En una ocasión, por ejemplo, cuando ciertos samaritanos no mostraron hospitalidad a Jesús y rechazaron su mensaje, Santiago, solicitó a su maestro que se hiciera bajar fuego del cielo para aniquilarlos. Aunque el relato menciona también a Juan en este incidente, sin embargo tal vez este fuera influido por el carácter más agresivo de su hermano, en cualquier caso a ambos se le puso el sobrenombre “Boanerges”, que significa hijos del trueno, en relación a ese carácter impulsivo. En más de alguna ocasión, Santiago hubo de ser corregido por su maestro, como cuando junto con su hermano, pidió a Salomé su madre que hablara con Jesús y le pidiera una posición a la derecha y otra a la izquierda en su reino. No sabemos si pensaban en un reino humano, pues algunos todavía en el año 33, opinaban que Jesús establecería un Reino en Jerusalén y se liberaría a Israel del yugo romano. En cualquier caso, la actitud de Santiago y Juan, indignó a sus compañeros, y el maestro les dijo en aquella ocasión: Vosotros sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas.  No debe ser así entre vosotros; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre vosotros tiene que ser ministro vuestro,  y el que quiera ser el primero entre vosotros tiene que ser esclavo vuestro. Así como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y dar su vida por los demás. (Cita de Mateo 20:25,26). Esta recriminación y otras de similar calado, tuvieron que hacer efecto en Santiago, quien a partir de entonces, apenas es mencionado, y acompaño a Jesús en sus últimos momentos con vida. Pero después fueron otros los que tomaron las riendas de la iglesia cristiana, que se sepa, Santiago no escribió libro, carta o ni evangelio en los once años que formó parte de la congregación cristiana. 


El libro bíblico conocido como “Carta de Santiago”, fue escrita alrededor del año 62, por un pariente de Jesús, llamado Santiago el justo, posiblemente uno de sus hermanos, que pronto tomó relevancia en el cristianismo, pues a menudo se le relaciona con la sede de los apóstoles, pero nada que ver con el de Compostela. De Santiago, del que estamos hablando en este estudio, se dice que corrió peor suerte, pues ocurrió lo siguiente con él: Por aquel mismo tiempo, Herodes el rey extendió las manos para maltratar a algunos de la congregación.  Con la espada eliminó a Santiago hermano de Juan. Como vio que esto fue del agrado de los judíos, prosiguió a arrestar también a Pedro. (Sucedió que eran aquellos los días de las tortas no fermentadas) (Hechos de los Apóstoles 12:1-3) Este suceso se puede fechar alrededor del año 44 o antes, pues el relato afirma que Herodes murió el mismo año en el que ejecutó a Santiago y encarceló a Pedro. No se sabe si María, la madre de Jesús vivía o no para ese tiempo, pero poco probable es que se le apareciera esta y no el propio Jesús. Ahora bien ¿Pudo darle tiempo a Santiago a viajar y a evangelizar las distantes tierras de Galaica y llegar al Finisterre?

Difícilmente se puede defender esa tesis, primero porque existen pruebas que indican que los territorios gallegos no fueron oficialmente romanos hasta el año 74, cuando se les concedió a aquellas tierras el “Ius Latii” o el derecho latino. Antes de esa fecha era un territorio en guerra contra los celtas o Iberos y territorio hostil a cualquier penetración extranjera, por muy pacífica que fuera. Por tanto, sería difícil que un grupo de cristianos llegara para cristianizar la zona en época anterior. Tampoco los viajes en aquellos tiempos eran fáciles, y se dice que los apóstoles mantuvieron la sede en Jerusalén, de la cual no salieron ni en los peores momentos de persecución, y se mantuvieron dirigiendo la iglesia desde allí durante varios años, al menos hasta el 49, cuando se celebró un sínodo o concilio cristiano, el primero del que se tiene constancia en aquella ciudad. Solamente años después se les puede ver fuera de Jerusalén, lo cual no significa que no hayan realizado viajes puntuales, pero no para evangelización, para eso mandaban misioneros, ellos sólo salían para visitar y estimular a cristianos en lugares con iglesias establecidas. 


No fue hasta la aparición de los primeros misioneros que el cristianismo se extendió fuera de Palestina, como por la obra de Felipe en el norte de África y sobre todo de Pablo, que en el año 36 empezó a extenderse más allá de las fronteras de Judea y Samaria, formando comunidades incluso en Roma. La primera mención de España la tenemos cuando el apóstol Pablo escribió una carta a los cristianos de Roma en el año 56 y allí menciona que pensaba realizar un viaje a España pasando por Roma, indicando la ruta que le llevaría hasta allí. Según los datos históricos, los principales puertos marítimos de las rutas comerciales en el siglo I, eran Cartago Nova y Gades, (la actual Cadiz) o Tarragona. Y en el extremo occidental no fue hasta muy avanzado el siglo I que se construyó el puerto de Brigantium, en Finisterre, cuyo faro terminado en el siglo II. Difícilmente sería ese el puerto al que llegaría Pablo de haber realizado dicho viaje. Por otro lado, ni en el libro de Hechos, ni en ninguna otra carta se indica que llegara a realizar tal viaje. Alguna tradición habla de su llegada al puerto de Tarragona donde consiguió algunos discípulos. En el caso de haber llegar a Hispania, esto solo pudo haber sido posible hasta el año 63, no antes, por tanto lejos quedaba la formación de un núcleo cristiano antes de esa época. Las primeras iglesias mencionadas en Hispania fueron las de Mérida o Astorga. De lo que no hay rastro, ni mención es de la presencia de Santiago en tierras hispánicas, en los primeros cinco siglos de establecimiento cristiano en la península.



Prisciliano de Compostela



           
Sin embargo, si prosperaron algunos movimientos cristianos considerados heréticos por los católicos, allí echó raíces el montanismo, el donatismo, el arrianismo y algunas corrientes maniquéas. Pero entre estos grupos de disidentes, cabe destacar el liderado por un gallego de Aseconia, llamado Prisciliano, que se convirtió en obispo de Ávila, y cuya predicación efectuada en el siglo IV, dio inicio a un movimiento casi asceta que logró gran éxito allá por el año 375, en especial entre ciertas clases alejadas del poder eclesiástico. Su forma de ver el cristianismo atrajo la atención del pueblo, que lo veían como un iluminado de Dios. El trato flexible y comprensivo hacia los más humildes, incluso para con las mujeres, entre las que fomentó una participación más activa en la iglesia, también habló de cosas tan lejanas para ese tiempo, como la abolición de la esclavitud, eso hizo que pronto alcanzara gran notoriedad y muchos de entre la capas más humildes se le unieran. 


No tardaron algunos líderes católicos en verter duras acusaciones contra estos. Entre otras cosas se decía que los seguidores de Prisciliano predicaban rituales mágicos que incluían danzas nocturnas, peregrinaciones descalzos y la práctica de la astrología cabalística. Algunos quizás confundiendo a estos con ciertos grupos gnósticos, afirmaban que sus enseñanzas, aderezadas con connotaciones romanizadas, se mezclaban con el paganismo celta y maniquéo. Se decía que estipulaban el ayuno los domingos, el retiro a las montañas y la búsqueda de la espiritualidad interna, que hablaban de los poderes del cosmos y su influencia en las almas, usando el zodíaco como referencia. Que realizaban danzas y oraciones públicas donde los asistentes estaban desnudos y cosas por el estilo. Tras muchos intentos fallidos, fue juzgado en Tréveris y condenado a ser decapitado, por el emperador Máximo a instancias de dos influyentes obispos católicos, Hidacio e Itacio. Junto a él otros dos de sus más afamados discípulos, Silvano e Instancio, fueron ajusticiados ese mismo día y sus cuerpos fueron enterrados allí.  


Pero como si una maldición recayera sobre los que martirizaran a Prisciliano, poco a poco sus enemigos fueron cayendo. En el año 388, Máximo es depuesto y condenado a muerte por su sucesor, Teodosio. Itacio también es excomulgado por falsas acusaciones en el juicio contra Prisciliano y acaba sus días, desterrado.  Mientras el movimiento iniciado por aquel prospera, se sabe por la mención en los documentos del concilio de Toledo que para el año 400, la mayoría de los obispos de Galicia eran priscilianos. Incluso por los escritos de Sulpicio Severo se sabe que varios de los discípulos viajan hasta Tréveris, con el permiso del emperador para exhumar el cuerpo del mártir y trasladarlo hasta su ciudad natal, Aseconia, como se conocía para ese tiempo la aldea Gallega, algunos afirman que junto a él también llevaron los cuerpos de los otros dos mártires priscilianos. Un grupo de sus discípulos continúo su obra durante al menos dos siglos más, la caída de Roma y la llegada de los suevos a la zona de Galicia, los protege de alguna manera de las persecuciones de la iglesia. Por ello, es posible que fueran sus seguidores quienes mantuvieran el cementerio de aquella ciudad, entonces abandonada, pero cuyas tumbas fueron creciendo, posiblemente el lugar de reposo de su líder se convirtiese en punto de encuentro y de peregrinación prisciliana. Con respecto a los suevos, poca influencia tuvieron en las tradiciones religiosas gallegas, si bien importaron la adoración a Nerthus, la tierra madre pronto, cuando el empuje visigodo obligó a aceptar e estos el cristianismo arriano, es decir opuesto al católico en cuanto a la doctrina de la trinidad. 


            Esto fue así hasta el año 589, cuando Recaredo el rey visigodo se convirtió al catolicismo romano y forzó a la nación a seguirle, convirtiendo a España en país católico. Fue entonces cuando se aplastó definitivamente a las minorías priscilianas, prohibiendo sus rituales y peregrinaciones. La oscuridad a la que se sometió a la península durante los siglos siguientes, sobre todo tras las guerras contra los árabes, fue la puntilla para esconder aún más la tradición de peregrinar a Finisterre, aunque no del todo.  


            Con la llegada de los árabes, muchas comunidades judías se establecieron en la diáspora del imperio musulmán. En la zona ya repoblada que corresponde a Compostela, había un importante barrio judío, curiosamente dos calles detrás de la famosa catedral compostelana, llevan el ancestral nombre judío, Algalia de Arriba y Algalia de Abajo, que al parecer según algunos estudios, proviene del nombre “alcabala”, que era el nombre arabizado de la Cábala, pues al parecer grandes maestros místicos judíos eran visitados allí.



Surge la leyenda


            Fue precisamente en el siglo IX cuando se cambió el nombre a la ciudadela, coincidiendo con el hallazgo del supuesto sepulcro y con la llegada al reino astur de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, y que buscaban poder practicar sus creencias religiosas libres de la presión musulmana, que recelaba de la idolatría y por tanto privaba a estos de venerar sus imágenes de santos y vírgenes libremente. Todo sucedió de manera poco precisa, faltan muchos datos fiables y existen ciertas contradicciones. Al parecer, el descubrimiento de la tumba de Jacobo fue entre los años 820-830, en el reinado de Alfonso II y cuando era obispo de Iria Flavia Teodomiro. La tradición cuenta que unos personajes de notoria presencia narraron a Teodomiro cómo veían de noche unas luminarias en el bosque y éste, acercándose al lugar, descubrió entre la maleza una casita que contenía en su interior una tumba de mármol, la de Santiago Zebedeo. Se lo notificó inmediatamente al rey Alfonso el Casto y restauraron la Iglesia en honor de tan gran apóstol. Teodomiro trasladó la sede episcopal desde Iria Flavia a este lugar. 

               Otro relato menciona por nombre a un ermitaño llamado Pelayo o Paio, como el que tuvo la experiencia del encuentro. En este caso se habla del año 812, cuando Pelayo afirmó haber visto o una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, en las cercanías de Padrón. Cuando fueron allí, descubrieron en la espesura una antigua capilla, donde había un cementerio, que por alguna razón concluyeron que era de la época romana. En cualquier caso se empezó a hablar del lugar al que hasta ese tiempo llamaban Liberum Donum, y empezaron a conocerlo como Arcis Marmoricis, (Arca Marmorica), por el encuentro del cementerio y de las lápidas hechas de mármol, donde no encontraron textos que indicasen que fueran las tumbas de Jacobo, Teodosio y Atanasio, al menos los nombres escritos hubiesen sido pruebas irrefutables. En cualquier caso, al poco tiempo se estableció una comunidad eclesiástica que se quedó al cuidado de los restos funerarios. Pasando a ser conocido el lugar como Campus Stellae, que significa Campo de estrellas, refiriéndose a la leyenda de la visión de la estrella que llevó hasta el apóstol y cuyo nombre que evolucionó a la actual “Compostela”. 


            Poco a poco, se fue formando una población civil, sobre todo a raíz del mandato de Ordoño II, quien en el año 915 hizo el llamamiento a todo aquel que permanecía más de cuarenta días en la zona se le daba la ciudadanía de Compostela. El primero en conseguirlo fue el francés Bretenaldo Franco en el año 955. Se construyó una catedral en el centro de la población. Y posteriormente ya en el año 969 se fortificó en defensa de las incursiones árabes. De poco sirvieron los gritos en invocación a Santiago, pues en el año 997, Almanzor destruyó la ciudad y se llevó las campanas de la iglesia para la construcción de la mezquita de Córdoba. 


            Una vez recuperada de las manos árabes, se construyó la catedral románica y se instituyó el llamado Camino de peregrinación a Santiago, que atrajo el interés de cientos de europeos de la alta sociedad. El primero de ellos fue Alfonso II el Casto, rey de Asturias, quien viajó con su corte al lugar, alrededor del año 840. Pero tras el llamamiento de Ordoño, se popularizó la ruta. Se establecieron albergues, pozos, avituallamientos para los peregrinos. La aparición del Códice Calixtino, que era una especie de guía del peregrino, lo convierte en un camino sagrado cargado de  espiritualidad y devoción. La ruta jacobea gozó de esplendor en los siguientes siglos, hasta el XIV. Las guerras contra los árabes incentivaron en los católicos medievales realizar el supersticioso ritual para que el Santo les diera la victoria, conseguida esta Santiago se convirtió, según la tradición en el Santo de la España cristiana.



Caída y auge del camino



Pero coincidiendo con el cisma de occidente en el año 1378 divide a la cristiandad y el entusiasmo por esta ruta decae. Hasta el grado que en el siglo XV, las guerras, la peste negra y otros acontecimientos acaban por ahogarlo en el olvido. Incluso el libro de guía, el códice Calixtino perdió interés, se descuidó, algunas de sus páginas desaparecieron o fueron arrancadas y se le perdió el rastro. Apenas algunos pocos se preocupan por seguir la tradición de peregrinar por el camino, de tal manera que el último de los albergues históricos fue cerrado en ruinas poco después de la guerra civil española.  


Aunque parezca extraño, no fue hasta muy avanzado el siglo XX que se recuperó la llamada peregrinación a Santiago. Uno de los primeros primeros intentos de revitalización se produjo en 1962 cuando se anunció que se iba a señalizar el camino original. Así, el 29 de marzo de este año, la prensa publicó que 14 maestros estaban peregrinando desde Roncesvalles con el objetivo de "actualizar la antigua marcha de los peregrinos por el camino jacobeo". Aunque estas primeras iniciativas apenas tuvieron éxito. Ya a finales del siglo XX se establecieron años jacobeos, y días especiales, como el 25 de Julio, y cuando esta fecha cae en domingo se dice que es año jacobeo y se lleva a cabo una fiesta especial, eso se hace en periodos de una serie de 6-5-6-11 y esto fue desde 1993 fue dando más ímpetu, hasta el día de hoy.



Notas finales:



            Curiosamente en 1885 el erudito Georg Schepss encontró un códice datado en el siglo V, que reproduce algunas de las enseñanzas de Prisciliano, y sorprendentemente se encontró en su enseñanza detalles mucho más cercanos a la ortodoxia contradiciendo todo lo que sobre él se dijo en el momento de su martirio. Si bien no es seguro el lugar de su sepultura, si hay testimonios que fuera en la zona llamada Os Martiros, como al parecer se hacían llamar los priscilianos, Los mártires. 

Pero la discusión continúa, pues cierto catedrático de letras, el profesor Enrique Alarcón, de la universidad de Navarra, asegura que encontró interpolado en la supuesta tumba de Santiago, entre la expresión Atanasio Martyr en griego, le pareció ver las letras que forman el nombre de Jacobo en hebreo, no cabe duda que se trata de una interpretación de lo más curiosa y subjetiva que tiene además muchos detractores, la datación de los huesos aportaría más luz, pero es algo a lo que la iglesia se niega. Cada vez más historiadores dan por hecho que el cadáver que podría estar dentro del ataúd bien podría ser el de Prisciliano o de cualquier otro. Esto ha hecho que en los discursos más recientes, se ha eliminado la palabra tumba de Santiago, sobre todo a partir de los últimos papas, desde Juan Pablo II, que habló del «memorial del santo Santiago», sin usar la palabra «reliquias», y de Benedicto XVI que dijo simplemente que la catedral de Santiago de Compostela: está vinculada a la memoria de Santiago. 


El interés cultural y espiritual que esta ruta está teniendo en los últimos años hace que se haya despertado la ambición de muchos comerciantes, políticos y de la misma Iglesia la cual mueve millones en recaudaciones directas, limosnas y explotación de los centros de interés. Ni a políticos, comerciantes, ni a religiosos, interesa esclarecer si en realidad están o no los restos del apóstol en aquel lugar, ni si realmente lo que se conoce como las diferentes vías o caminos son realmente las que tomaron los primeros peregrinos medievales, o incluso si eran realmente las rutas que los druidas celtas establecieron para ir al finisterre a venerar a sus muertos.



Origenes de la Romería del Rocío





A partir de ahora vamos a iniciar una serie de artículos relacionados con las peregrinaciones religiosas, sus orígenes, costumbres y leyendas. La primera de las multitudinarias peregrinaciones de la cristiandad en la que nos centraremos es la Romería del Rocío, un acontecimiento que si bien no es de los más conocidos a nivel internacional, si es llamativa por su vistosidad, un fervor inusitado y una contundente asistencia. Almonte es un municipio de Huelva, al sur de España, de larga tradición cristiana, aunque su nombre se lo debe a los árabes, sin embargo sus raíces se encuentran en las antiguas civilizaciones tartesas y fenicias.


Sobre la antigüedad almonteña y de casi toda la provincia de Huelva, se sabe de asentamientos fenicios y tartesos desde los siglo XVIII y VII AC. Las minas de hierro y cobre fenicias dieron lugar a ciudades y asentamientos estables y las marismas sirvieron como una buena manera de comunicación con el interior, desde el mar. En cuanto a religión, se sabe que hubo numerosos santuarios religiosos en honor a Astarté, ya que se atribuía a esta diosa el origen de los tartesos. Entre los restos arqueológicos encontrados en la zona, destaca un famoso bronce con una figura femenina y de la que salen unos protomos a modo de alas de ave y que se relacionan con la Astarté fenicia, diosa de la naturaleza, de la vida y la fertilidad, en el mundo oriental, en ocasiones se la mostraba con alas como paloma, rodeada de naturaleza, de bestias salvajes y otros animales del bosque.
Más tarde los griegos convirtieron a Artemis en Artemisa, la patrona de bosques y selvas, de la flora y la fauna. A esta diosa se la solía pasear en alegres procesiones y era común encontrar en todo el imperio griego, templos, santuarios y monumentos dedicados a ella. Posteriormente, la llegada de los romanos facilita la cristianización posterior de la zona, pues se conocen datos de la instalación del cristianismo ya en el siglo V. 


Por ejemplo, se han encontrado inscripciones de obispos onubenses nombrados desde el siglo V, y hay una famosa lápida en Almonte del año 495, de una niña cristiana llamada Domigratia. Después, con la llegada de los visigodos, cambia en parte el sentido religioso de la zona, sobre todo por el aumento del número de arrianos, opuestos al catolicismo trinitario. Posteriormente, la llegada de los árabes supuso una situación de oscuridad histórica para la zona, salvo por algunas leyendas de cristianos mártires por defender su fe ante el islam, se sabe poco de lo ocurrido allí. En el siglo XIII, la Taifa de Niebla, cae y Almonte y otras ciudades de Huelva, vuelven a formar parte del reino de Castilla, al ser echados los árabes, entonces se restablecen santuarios, iglesias y otros lugares de culto católico.


Existe una leyenda tradicionalmente aceptada,  que nos habla sobre el origen y la razón por la cual se construyó una ermita en aquel lugar tan apartado, en las marismas onubenses. Esta leyenda aparece en el libro de las reglas de la hermandad del Rocío: Entrado el siglo XV un hombre que apacentaba ganado, o había salido a cazar, hallándose en el término de Almonte en una zona que llamaban de la Rocina, una zona por cuyas incultas malezas le hacían impracticable a humanas plantas y sólo era accesible a las aves y silvestres fieras, advirtió por la vehemencia del ladrido de sus perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les llamaba la atención. Encontró ente la maleza y los espinos, una imagen intacta de la Virgen. La sagrada imagen de la Reina de los Ángeles, de tamaño natural, estaba colocada en el tronco de un árbol. Hallazgo tan preciado como no esperado, llenó a aquel hombre de gran gozo y quiso trasladarla a Almonte sobre sus hombros. Como estaba a tres leguas de distancia de dicha villa se paró a descansar y quedó dormido por el esfuerzo realizado. Al despertar comprobó que la imagen había desaparecido. Sintiéndose desdichado, decidió volver al lugar donde la encontró y entonces descubrió que la imagen estaba nuevamente en el tronco del árbol. Contó lo sucedido en Almonte y los habitantes de la villa, poseídos por una gran devoción, decidieron construir una pequeña ermita y un altar para colocar la imagen, adorándose en aquel sitio con el nombre de la “Virgen de Las Rocinas”. (Libro de reglas de la hermandad matriz, año 1757) 


No es la primera leyenda sobre la aparición de la virgen en un bosque, o en un árbol, y lo llamativo fue que un cazador la encontrara. Hay otras leyendas que identifican a aquel hombre con el nombre de Gregorio Medina, natural de Villamarrique de la Condesa. Suponiendo que la leyenda fuese certera, hay una incongruencia en el relato en cuanto a fechas, pues se menciona que fue en el siglo XV, posterior al 1400. En el libro de la montería, un libro de caza escrito por Alfonso XI en el siglo XIV, se describen lugares de la España reconquistada, y ya se menciona una ermita de Sancta María de las Rocinas, por la zona de Almonte, Hueva, y un caño de agua desviada en la zona de Brynes para aprovisionamiento y descanso en el bosque, de monteros, cazadores, pastores y viandantes del camino del condado.  


            Según algunos archivos, la ermita de la Roncinas y el Caño de Braynes fueron mandados a construir por Alfonso X el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII, después se tiene noticias de que en 1335 se determinó su construcción entre Niebla y Almonte. No es posible por tanto compaginar la leyenda con la historia real en cuanto a fechas. Tenemos que tener en cuenta que esta leyenda aparece en un libro realizado para fomentar la devoción hacia un nuevo santuario, reconstruido tras derribarse el antiguo, por el famoso terremoto de Lisboa de 1755. Es muy posible que se desconocieran los documentos que acreditan la orden de Alfonso X, y por eso durante siglos esa leyenda fue tomada como el verdadero origen de la ermita. Es difícil indicar por qué y desde cuando se rinde culto a María en aquel lugar, pero es fácil imaginar, que tal como se solía hacer siempre que el catolicismo llegaba a un lugar, se solían cristianizar sus centros de adoración, o los cultos o tradiciones ancestrales, en este caso las tradiciones tarteso-fenicias relacionadas con Astarté, por eso es interesante notar que la aparición de la virgen casi siempre suele ser en lugares boscosos, entre naturaleza, rodeada de flora y fauna salvaje.   


Por lo que se sabe, no existía aún para ese tiempo una aldea llamada del Rocío y pasaron muchos años en los que la ermita permanecía sola. En el diccionario Geográfico de Tomás López, escrito en 1785 todavía se hace mención del lugar como La Rocina y no parecía ser una zona donde hubiese algún núcleo de población, pues desde el santuario, hasta la siguiente ciudad, Almonte había unos 18 kilómetros de camino boscoso. En 1587 se funda una capellanía militar cercana a la ermita. Al parecer la zona era fronteriza entre el territorio del Duque de Sidonia y los concejos locales de Niebla y Almonte, razón por la cual sus respectivos gobiernos tomaban decisiones distintas sobre lo que se debía hacerse alrededor de aquella ermita y no eran pocos los conflictos que eso provocaba. Se construyeron caminos, uno de los principales fue conocido como Camino de Moguer, y allí se estableció una venta y más adelante algunas chozas para el descanso de arrieros y pastores. 


Desde poco antes del siglo XVII, se inician los traslados regulares de la imagen de la virgen desde la ermita hasta la ciudad de Almonte, esto ocurría a menudo cuando sucedían epidemias, guerras, sequías o hambrunas, y según cuentan las historias, en más de alguna ocasión parecían remitir los daños de dichos infortunios, eso hizo que la devoción hacia esta fuera en aumento, así en 1640 se forma la cofradía de nuestra señora de las Rocinas. El gobernador de Almonte, Juan Manuel Nuñez en 1653 proclama el patronazgo de la virgen del Rocío para todos los almonteños, iniciándose así una romería o peregrinación desde el pueblo hasta la ermita, para la época de finales del verano y principios del otoño, dirigida por la hermandad antes formada. Fue hacía 1669 que se cambia la fecha de la romería al tiempo del pentecostés, que coincide con las últimas semanas del mes de mayo. Curiosa es esta relación, pero se sabe de una liturgia empleada en las misas del pentecostés donde se repite la frase siguiente: Oh Señor, que la infusión del Espíritu Santo purifique y limpie nuestros corazones, y, penetrándolos hasta lo íntimo con su divino rocío, los haga fecundos. 


Esta referencia al espíritu santo se relaciona con el relato de la Biblia en el que el espíritu santo baja del cielo en forma de paloma, cuando Jesús estando en el río Jordán fue bautizado. Así que aquí vemos, agua, rocío, paloma y fecundidad. Con el tiempo se empezó a llamar a la virgen la Blanca Paloma y la señora de las Marismas. No deja de ser esto una aberración interpretativa, adjudicar a María la identificación con el espíritu santo, pues eso significaría atribuirle poderes o posiciones divinas, pero también posiblemente sin intención le otorgaran cualidades de ave, como al ancestral Astarté. 


Posteriormente el duque de Medina sidonia estableció que se celebrara una feria en 1747, para el tiempo de aquella romería. Eso le empezó a dar fama a aquella devoción, y ya en 1677, curiosamente se menciona otra hermandad llamada del Rocío en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Aunque posiblemente no estaba relacionada con la de las Rocinas en Almonte, pero por alguna razón se hermanaron ambas y por ello el cambio de nombre de esta última a Virgen del Rocío, en vez de Roncinas. Pero fue posteriormente a principios del siglo XVIII, cuando se establecen otras hermandades en poblaciones cercanas a la aldea, pocas a decir verdad. Durante el siglo XIX, surgen otras más, casi todas localizadas en las inmediaciones de Almonte. 


No fue hasta el siglo XX, más concretamente desde 1913, cuando la fama de aquella peregrinación cruza las frontera de Cádiz y Huelva y surgen otras en las provincias de Sevilla, Málaga y Córdoba. Y durante la transición democrática en España, y finales del siglo XX surge un nuevo boom de hermandades, en parte debido a los cambios en la manera de entender la religiosidad en España, donde las asociaciones en forma de hermandades de toda clase, y los eventos folclóricos y festivos de carácter religioso florecen, al tiempo que baja la asistencia a las iglesias y la religiosidad individual decae. Así, si a principios de siglo, apenas llegaba a la docena de hermandades, en el siglo XXI, existen más de un centenar y el número de peregrinos asistentes a la ermita supera el millón de devotos. 


Estos inician desde su lugar de origen lo que conoce como “el camino”, por lo general usando carretas adornadas para la ocasión, donde destaca el “Simpecado”, una especie de estandarte con un medallón central donde la figura de la virgen es lo principal, por lo general estos estandartes llevan ornamentos de oro y plata y cada hermandad crea el suyo propio, de tal manera que las identifica. La alegría y el recogimiento van de la mano en esta celebración, pues son comunes las carretas con música folclórica andaluza, acompañada de baile y jolgorio. De hecho, gran parte de la música folclórica andaluza tiene connotaciones en temas relacionadas con el Rocío, el camino y la virgen. 



Hay muchas costumbres y tradiciones ligadas a esta romería que suelen despertar curiosidad, admiración, pero también recelos, protestas y críticas. Por lo general se acostumbra a utilizar bueyes, mulas y caballos para tirar de las carretas o llevar a los romeros para hacer el camino. Muchos animales mueren todos los años, se calcula que un promedio de más de veinte caballos, algunos caen exhaustos en el camino, otros a la llegada a la aldea y otros a su regreso. No siempre existe una buena concienciación del sufrimiento animal y no se les da la alimentación, ni el descanso necesario a los animales. En algunos casos, debido a la inexperiencia, pero las más, por causa de los excesos con el alcohol, que inhiben a los rocieros de preocuparse por sus animales. Por otro lado, al cruzar por zonas de gran valor natural, por el paraje conocido como Parque natural de Doñana, esto ha resultado en un efecto negativo sobre todo por el aumento continuo de feligreses que desean realizar el camino, los cuales producen toneladas de basuras y desperdicios a lo largo del trayecto y muchas especias de aves que anidan por la zona de Doñana sufren debido a los ruidos, fuegos artificiales, y la música fuerte y el canto durante todo el día y noche.


La parte final de la peregrinación, empieza el sábado, vísperas al Pentecostés, entonces cada una de las hermandades participantes se van presentando en orden de antigüedad ante las puertas del Santuario, donde una nutrida representación de la hermandad Matriz de Almonte las van recibiendo. Cada una de estas Hermandades se detiene brevemente con su Simpecado mirando a la puerta principal del Santuario, y entonces el grupo entona algún cántico dedicado a la Virgen. Todos los romeros sea a pie, a caballo o en carretas engalanadas y tiradas por mulos o bueyes van desfilando, culminando así el final del camino. Al día siguiente se realiza el oficio católico, el único dirigido por los representantes eclesiásticos. Y ya en la madrugada del lunes, se realiza una de las costumbres más llamativas del evento, el llamado salto a la reja, que surge a partir de las reformas del santuario en 1969, y al siguiente año, cuando debido a la impaciencia de los feligreses, algunos no esperaron a la apertura y se lanzaron en estampida saltando la valla que les separa de la imagen. Este hecho se repitió en los siguientes años, hasta que se convirtió en costumbre y parte del ritual hasta el día de hoy. Es común ver empujones violentos y golpes entre los miembros más fervorosos, todo por tocar o portar a la virgen; mientras a las hermandades ajenas a la raíz no se les permite entrar, tan sólo se reúnen rodeando a la principal, la de los almonteños. La tensión se palpa en el ambiente, y  en una hora imprevista de cada año, a principios de siglo era al medio día para después pasar a la mañana, la madrugada y actualmente se calcula entre las dos y las tres de la madrugada, se abre la verja y muchos saltan la reja. Se dice que rescatan a la Virgen y así se inicia la procesión; la impetuosidad del desfile asusta al no iniciado, y emociona al más devoto. Los estandartes decorados de plata y oro parecen navegar entre un mar de fervor y la imagen de la patrona se balancea peligrosamente, alguna vez hasta se ha caído. Toda la aldea se echa a la calle, las campanas enloquecidas no dejan de sonar y una algarabía de vivas y más vivas van vitoreándola entre pétalos de rosas y plegarias de flores. Así finaliza una de las festividades religiosas de mayor crecimiento y fervor de los últimos años.