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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Origenes de la Romería del Rocío





A partir de ahora vamos a iniciar una serie de artículos relacionados con las peregrinaciones religiosas, sus orígenes, costumbres y leyendas. La primera de las multitudinarias peregrinaciones de la cristiandad en la que nos centraremos es la Romería del Rocío, un acontecimiento que si bien no es de los más conocidos a nivel internacional, si es llamativa por su vistosidad, un fervor inusitado y una contundente asistencia. Almonte es un municipio de Huelva, al sur de España, de larga tradición cristiana, aunque su nombre se lo debe a los árabes, sin embargo sus raíces se encuentran en las antiguas civilizaciones tartesas y fenicias.


Sobre la antigüedad almonteña y de casi toda la provincia de Huelva, se sabe de asentamientos fenicios y tartesos desde los siglo XVIII y VII AC. Las minas de hierro y cobre fenicias dieron lugar a ciudades y asentamientos estables y las marismas sirvieron como una buena manera de comunicación con el interior, desde el mar. En cuanto a religión, se sabe que hubo numerosos santuarios religiosos en honor a Astarté, ya que se atribuía a esta diosa el origen de los tartesos. Entre los restos arqueológicos encontrados en la zona, destaca un famoso bronce con una figura femenina y de la que salen unos protomos a modo de alas de ave y que se relacionan con la Astarté fenicia, diosa de la naturaleza, de la vida y la fertilidad, en el mundo oriental, en ocasiones se la mostraba con alas como paloma, rodeada de naturaleza, de bestias salvajes y otros animales del bosque.
Más tarde los griegos convirtieron a Artemis en Artemisa, la patrona de bosques y selvas, de la flora y la fauna. A esta diosa se la solía pasear en alegres procesiones y era común encontrar en todo el imperio griego, templos, santuarios y monumentos dedicados a ella. Posteriormente, la llegada de los romanos facilita la cristianización posterior de la zona, pues se conocen datos de la instalación del cristianismo ya en el siglo V. 


Por ejemplo, se han encontrado inscripciones de obispos onubenses nombrados desde el siglo V, y hay una famosa lápida en Almonte del año 495, de una niña cristiana llamada Domigratia. Después, con la llegada de los visigodos, cambia en parte el sentido religioso de la zona, sobre todo por el aumento del número de arrianos, opuestos al catolicismo trinitario. Posteriormente, la llegada de los árabes supuso una situación de oscuridad histórica para la zona, salvo por algunas leyendas de cristianos mártires por defender su fe ante el islam, se sabe poco de lo ocurrido allí. En el siglo XIII, la Taifa de Niebla, cae y Almonte y otras ciudades de Huelva, vuelven a formar parte del reino de Castilla, al ser echados los árabes, entonces se restablecen santuarios, iglesias y otros lugares de culto católico.


Existe una leyenda tradicionalmente aceptada,  que nos habla sobre el origen y la razón por la cual se construyó una ermita en aquel lugar tan apartado, en las marismas onubenses. Esta leyenda aparece en el libro de las reglas de la hermandad del Rocío: Entrado el siglo XV un hombre que apacentaba ganado, o había salido a cazar, hallándose en el término de Almonte en una zona que llamaban de la Rocina, una zona por cuyas incultas malezas le hacían impracticable a humanas plantas y sólo era accesible a las aves y silvestres fieras, advirtió por la vehemencia del ladrido de sus perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les llamaba la atención. Encontró ente la maleza y los espinos, una imagen intacta de la Virgen. La sagrada imagen de la Reina de los Ángeles, de tamaño natural, estaba colocada en el tronco de un árbol. Hallazgo tan preciado como no esperado, llenó a aquel hombre de gran gozo y quiso trasladarla a Almonte sobre sus hombros. Como estaba a tres leguas de distancia de dicha villa se paró a descansar y quedó dormido por el esfuerzo realizado. Al despertar comprobó que la imagen había desaparecido. Sintiéndose desdichado, decidió volver al lugar donde la encontró y entonces descubrió que la imagen estaba nuevamente en el tronco del árbol. Contó lo sucedido en Almonte y los habitantes de la villa, poseídos por una gran devoción, decidieron construir una pequeña ermita y un altar para colocar la imagen, adorándose en aquel sitio con el nombre de la “Virgen de Las Rocinas”. (Libro de reglas de la hermandad matriz, año 1757) 


No es la primera leyenda sobre la aparición de la virgen en un bosque, o en un árbol, y lo llamativo fue que un cazador la encontrara. Hay otras leyendas que identifican a aquel hombre con el nombre de Gregorio Medina, natural de Villamarrique de la Condesa. Suponiendo que la leyenda fuese certera, hay una incongruencia en el relato en cuanto a fechas, pues se menciona que fue en el siglo XV, posterior al 1400. En el libro de la montería, un libro de caza escrito por Alfonso XI en el siglo XIV, se describen lugares de la España reconquistada, y ya se menciona una ermita de Sancta María de las Rocinas, por la zona de Almonte, Hueva, y un caño de agua desviada en la zona de Brynes para aprovisionamiento y descanso en el bosque, de monteros, cazadores, pastores y viandantes del camino del condado.  


            Según algunos archivos, la ermita de la Roncinas y el Caño de Braynes fueron mandados a construir por Alfonso X el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII, después se tiene noticias de que en 1335 se determinó su construcción entre Niebla y Almonte. No es posible por tanto compaginar la leyenda con la historia real en cuanto a fechas. Tenemos que tener en cuenta que esta leyenda aparece en un libro realizado para fomentar la devoción hacia un nuevo santuario, reconstruido tras derribarse el antiguo, por el famoso terremoto de Lisboa de 1755. Es muy posible que se desconocieran los documentos que acreditan la orden de Alfonso X, y por eso durante siglos esa leyenda fue tomada como el verdadero origen de la ermita. Es difícil indicar por qué y desde cuando se rinde culto a María en aquel lugar, pero es fácil imaginar, que tal como se solía hacer siempre que el catolicismo llegaba a un lugar, se solían cristianizar sus centros de adoración, o los cultos o tradiciones ancestrales, en este caso las tradiciones tarteso-fenicias relacionadas con Astarté, por eso es interesante notar que la aparición de la virgen casi siempre suele ser en lugares boscosos, entre naturaleza, rodeada de flora y fauna salvaje.   


Por lo que se sabe, no existía aún para ese tiempo una aldea llamada del Rocío y pasaron muchos años en los que la ermita permanecía sola. En el diccionario Geográfico de Tomás López, escrito en 1785 todavía se hace mención del lugar como La Rocina y no parecía ser una zona donde hubiese algún núcleo de población, pues desde el santuario, hasta la siguiente ciudad, Almonte había unos 18 kilómetros de camino boscoso. En 1587 se funda una capellanía militar cercana a la ermita. Al parecer la zona era fronteriza entre el territorio del Duque de Sidonia y los concejos locales de Niebla y Almonte, razón por la cual sus respectivos gobiernos tomaban decisiones distintas sobre lo que se debía hacerse alrededor de aquella ermita y no eran pocos los conflictos que eso provocaba. Se construyeron caminos, uno de los principales fue conocido como Camino de Moguer, y allí se estableció una venta y más adelante algunas chozas para el descanso de arrieros y pastores. 


Desde poco antes del siglo XVII, se inician los traslados regulares de la imagen de la virgen desde la ermita hasta la ciudad de Almonte, esto ocurría a menudo cuando sucedían epidemias, guerras, sequías o hambrunas, y según cuentan las historias, en más de alguna ocasión parecían remitir los daños de dichos infortunios, eso hizo que la devoción hacia esta fuera en aumento, así en 1640 se forma la cofradía de nuestra señora de las Rocinas. El gobernador de Almonte, Juan Manuel Nuñez en 1653 proclama el patronazgo de la virgen del Rocío para todos los almonteños, iniciándose así una romería o peregrinación desde el pueblo hasta la ermita, para la época de finales del verano y principios del otoño, dirigida por la hermandad antes formada. Fue hacía 1669 que se cambia la fecha de la romería al tiempo del pentecostés, que coincide con las últimas semanas del mes de mayo. Curiosa es esta relación, pero se sabe de una liturgia empleada en las misas del pentecostés donde se repite la frase siguiente: Oh Señor, que la infusión del Espíritu Santo purifique y limpie nuestros corazones, y, penetrándolos hasta lo íntimo con su divino rocío, los haga fecundos. 


Esta referencia al espíritu santo se relaciona con el relato de la Biblia en el que el espíritu santo baja del cielo en forma de paloma, cuando Jesús estando en el río Jordán fue bautizado. Así que aquí vemos, agua, rocío, paloma y fecundidad. Con el tiempo se empezó a llamar a la virgen la Blanca Paloma y la señora de las Marismas. No deja de ser esto una aberración interpretativa, adjudicar a María la identificación con el espíritu santo, pues eso significaría atribuirle poderes o posiciones divinas, pero también posiblemente sin intención le otorgaran cualidades de ave, como al ancestral Astarté. 


Posteriormente el duque de Medina sidonia estableció que se celebrara una feria en 1747, para el tiempo de aquella romería. Eso le empezó a dar fama a aquella devoción, y ya en 1677, curiosamente se menciona otra hermandad llamada del Rocío en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Aunque posiblemente no estaba relacionada con la de las Rocinas en Almonte, pero por alguna razón se hermanaron ambas y por ello el cambio de nombre de esta última a Virgen del Rocío, en vez de Roncinas. Pero fue posteriormente a principios del siglo XVIII, cuando se establecen otras hermandades en poblaciones cercanas a la aldea, pocas a decir verdad. Durante el siglo XIX, surgen otras más, casi todas localizadas en las inmediaciones de Almonte. 


No fue hasta el siglo XX, más concretamente desde 1913, cuando la fama de aquella peregrinación cruza las frontera de Cádiz y Huelva y surgen otras en las provincias de Sevilla, Málaga y Córdoba. Y durante la transición democrática en España, y finales del siglo XX surge un nuevo boom de hermandades, en parte debido a los cambios en la manera de entender la religiosidad en España, donde las asociaciones en forma de hermandades de toda clase, y los eventos folclóricos y festivos de carácter religioso florecen, al tiempo que baja la asistencia a las iglesias y la religiosidad individual decae. Así, si a principios de siglo, apenas llegaba a la docena de hermandades, en el siglo XXI, existen más de un centenar y el número de peregrinos asistentes a la ermita supera el millón de devotos. 


Estos inician desde su lugar de origen lo que conoce como “el camino”, por lo general usando carretas adornadas para la ocasión, donde destaca el “Simpecado”, una especie de estandarte con un medallón central donde la figura de la virgen es lo principal, por lo general estos estandartes llevan ornamentos de oro y plata y cada hermandad crea el suyo propio, de tal manera que las identifica. La alegría y el recogimiento van de la mano en esta celebración, pues son comunes las carretas con música folclórica andaluza, acompañada de baile y jolgorio. De hecho, gran parte de la música folclórica andaluza tiene connotaciones en temas relacionadas con el Rocío, el camino y la virgen. 



Hay muchas costumbres y tradiciones ligadas a esta romería que suelen despertar curiosidad, admiración, pero también recelos, protestas y críticas. Por lo general se acostumbra a utilizar bueyes, mulas y caballos para tirar de las carretas o llevar a los romeros para hacer el camino. Muchos animales mueren todos los años, se calcula que un promedio de más de veinte caballos, algunos caen exhaustos en el camino, otros a la llegada a la aldea y otros a su regreso. No siempre existe una buena concienciación del sufrimiento animal y no se les da la alimentación, ni el descanso necesario a los animales. En algunos casos, debido a la inexperiencia, pero las más, por causa de los excesos con el alcohol, que inhiben a los rocieros de preocuparse por sus animales. Por otro lado, al cruzar por zonas de gran valor natural, por el paraje conocido como Parque natural de Doñana, esto ha resultado en un efecto negativo sobre todo por el aumento continuo de feligreses que desean realizar el camino, los cuales producen toneladas de basuras y desperdicios a lo largo del trayecto y muchas especias de aves que anidan por la zona de Doñana sufren debido a los ruidos, fuegos artificiales, y la música fuerte y el canto durante todo el día y noche.


La parte final de la peregrinación, empieza el sábado, vísperas al Pentecostés, entonces cada una de las hermandades participantes se van presentando en orden de antigüedad ante las puertas del Santuario, donde una nutrida representación de la hermandad Matriz de Almonte las van recibiendo. Cada una de estas Hermandades se detiene brevemente con su Simpecado mirando a la puerta principal del Santuario, y entonces el grupo entona algún cántico dedicado a la Virgen. Todos los romeros sea a pie, a caballo o en carretas engalanadas y tiradas por mulos o bueyes van desfilando, culminando así el final del camino. Al día siguiente se realiza el oficio católico, el único dirigido por los representantes eclesiásticos. Y ya en la madrugada del lunes, se realiza una de las costumbres más llamativas del evento, el llamado salto a la reja, que surge a partir de las reformas del santuario en 1969, y al siguiente año, cuando debido a la impaciencia de los feligreses, algunos no esperaron a la apertura y se lanzaron en estampida saltando la valla que les separa de la imagen. Este hecho se repitió en los siguientes años, hasta que se convirtió en costumbre y parte del ritual hasta el día de hoy. Es común ver empujones violentos y golpes entre los miembros más fervorosos, todo por tocar o portar a la virgen; mientras a las hermandades ajenas a la raíz no se les permite entrar, tan sólo se reúnen rodeando a la principal, la de los almonteños. La tensión se palpa en el ambiente, y  en una hora imprevista de cada año, a principios de siglo era al medio día para después pasar a la mañana, la madrugada y actualmente se calcula entre las dos y las tres de la madrugada, se abre la verja y muchos saltan la reja. Se dice que rescatan a la Virgen y así se inicia la procesión; la impetuosidad del desfile asusta al no iniciado, y emociona al más devoto. Los estandartes decorados de plata y oro parecen navegar entre un mar de fervor y la imagen de la patrona se balancea peligrosamente, alguna vez hasta se ha caído. Toda la aldea se echa a la calle, las campanas enloquecidas no dejan de sonar y una algarabía de vivas y más vivas van vitoreándola entre pétalos de rosas y plegarias de flores. Así finaliza una de las festividades religiosas de mayor crecimiento y fervor de los últimos años.




Roger Bacon: Un monje inventor y visionario



Que en el año 1200, un monje franciscano se pusiera a diseñar, sobre el papel, un avión que transportase hombres y carga, no pasa por la imaginación de muchos. Que ese mismo hombre religioso hablase de barcos impulsados por máquinas mecánicas, de artilugios reducidos capaces de levantar cargas de gran peso, y si dijéramos que ese mismo hombre realizó estudios sobre la luz y su descomposición en colores, anticipándose en siglos a Newton, y que escribiese acerca de la realización de lentes cóncavas como sistema de mejorar la visión de las personas, adelantándose en trescientos años a Galileo, y que realizara un plano detallado de una galaxia, 550 años antes que William Parsons con sus observaciones lo descubriera.  Y no hablamos de Leonardo Da Vinci, que vino casi 250 años después. No, hablamos de un monje hoy casi desconocido pero con una mente abierta y que luchó hasta sus últimos días por unificar ciencia y religión y quiso compatibilizar evangelio con tecnología futura.

Aunque se considera a Tomás de Aquino como el mejor y mayor maestro que ha dado el cristianismo medieval, esa afirmación no es de ninguna manera justa, pues mejores o por lo menos a su altura hubo muchos tanto después como antes que él. La diferencia es que Aquino, no se salió de la regla católica, por miedo o por respeto, no introdujo nada nuevo, salvo dar una nueva y sutil explicación a lo aceptado como doctrina. Pedro Abelardo, Joaquin de Fiore, el propio Pedro Lombardo y muchos otros se dieron cuenta y fueron valientes al poner en tela de juicio doctrinas que claramente chocaban con la razón de las escrituras y por ello muchos de sus escritos magnificos, se han perdido para siempre, mientras que aquellos que tenían el consentimiento y el favor de la iglesia, como fue el caso de Tomás, tuvieron difusión a gran escala.

Un ejemplo de esto lo tenemos en este contemporáneo suyo, el inglés Roger Bacon, (1214-1292), quién estudió también en una importante universidad parisina, inicialmente aristotélico como Tomás, gran estudioso de las escrituras, este sin embargo criticó que los escolásticos y los estudiosos de las escrituras no aprendiesen griego, que era el idioma original del que provenían las escrituras, lo cual él hizo. Denunció los errores de traducción y tergiversaciones que se estaban realizando tanto en los tratados de Aristóteles, como de la propia Biblia.

Poco más sabemos sobre su vida y como acabó enclaustrado en una orden franciscana. Pero, posiblemente era el mejor camino para la investigación y el estudio, convertirse en monje. Estos disponían de buenas bibliotecas y mucho tiempo de estudio, tuvo la suerte además de proceder de una familia acomodada y eso jugó a su favor, pues le permitió no tener que preocupase por buscarse la vida, como la mayoría de la gente de su época. Pero no le evitó enfrentarse a otras dificultades que a la postre significaron su silencio final.

En sus escritos, Bacon exigía una reforma de los estudios teológicos. Proponía poner menos énfasis sobre cuestiones filosóficas menores y en su lugar, la Biblia volviera al centro de atención. Además urgió a todos los teólogos para estudiar intensamente todas las ciencias y añadirlas al curriculum universitario y a los hombres de ciencia a no limitarse a los antiguos sabios griegos.

Por otro lado, fue un hombre de justa visión, observaba la opulencia de su iglesia, por ello llegó a simpatizar con la linea de los franciscanos espirituales o fraticelli. Eso le trajo consecuencias negativas, pues fue denunciado por los propios conventuales, quienes le prohibieron hacer públicos sus escritos. También por leer y difundir importantes conocimientos de la aritmética y alquimia árabes, fue apartado de la vida pública y de la enseñanza durante casi diez años. Posteriormente por denunciar en sus escritos la ignorancia y la inmoralidad del clero fue acusado de brujería. Solo la amistad y protección de cierto cardenal, que más tarde se convirtió en el papa Clemente IV, le salvó de aquella penitencia. Clemente IV comprendió que Bacon no quería promover herejía ni brujería, pues ante todo se consideraba un científico racional y un teólogo que apreciaba a su iglesia, y que tan solo se daba cuenta de los errores que debía corregir para seguir considerando a esta como la verdadera iglesia cristiana. Su proyecto era escribir una enciclopedia del conocimiento teológico y científico, pues pensaba que ambas eran totalmente indispensables para entender la sabiduría de Dios.
Roger Bacon llegó a ser un maestro de una inteligencia y lucidez fuera de lugar en su tiempo, no solo por ser teólogo, sino científico, y muy adelantado a su época.


                                                     Diseño de ópticas para la visión astronómica 


Diseñó como ya mencionamos al principio, sobre el papel esquemas de aeronaves voladoras que transportaban pasajeros, barcos propulsados por maquinas mecánicas, y sistemas minúsculos capaces de elevar enormes cargas, dando a todos esos vislumbres tecnológicos la seguridad de que aplicando las leyes divinas de la física se conseguirían en un futuro maquinas como estas. Así, este visionario estaba convencido de que la ciencia era otra forma de llegar a Dios y que al final del milenio en el que el creía a la manera de Joaquín de Fiore pensaba que la ciencia iba a servir para robustecer la fe y ese conocimiento iba a ser utilizado para vencer con la razón al anticristo que según él ya estaba en la tierra. Para Bacon, la ciencia dada por Dios iba a ser el motor de un despertar cristiano, consiguiendo con esta cumplir las promesas de larga vida, donde la longevidad y la salud iban a ser conseguidos. De alguna manera, pensando en textos como Isaías 11:9 donde se dice: No harán ningún daño, ni causarán ninguna ruina, porque la tierra estará llena del conocimiento de Jah, como las aguas cubren el mismisimo mar.

Para Bacon, ese momento estaba cerca y él deseoso de aportar esa ciencia o conocimiento que según entendía solo podía provenir del creador e inventor de las leyes físicas. Cuando la biblia decía que los ojos de los ciegos verían, que los cojos andarían, él estaba seguro que era a través de esa ciencia como se conseguiría. Su mensaje no podía calar en la sociedad medieval, por estár esta sociedad impregnada de superstición de un miedo atróz a salirse de los canones de la iglesia. Por eso, algunos de sus teorías científicas, metafísicas sobre astronomía o alquimia permanecieron escondidas durante siglos.

                    El manuscrito Voynich, atribuido a Roger Bacon es un esquema detallado del plano de una galaxia

Su principal obra Opus Majus, Minus y Tertium, encierra el discurso sobre la importancia del conocimiento experimental, es donde ya hace sus pinitos en la ciencia teórica. Aunque su gran proyecto fue una Enciclopedia que englobara todo el conocimiento universal, y que iba a servir para iluminar a toda la humanidad que aún no era cristiana y que debía ser atraída de alguna u otra forma.
En ese intervalo de tiempo escribe varias obras, una de ellas: "Communia" o principios generales sobre filosofía natural y otro tratado sobre matemática. También, para ese tiempo concluyó su Compendio de Teología, sus dos gramáticas, una del hebreo bíblico y otra del griego. Pero también escribe sobre alquimia, sobre la curación de la vejez. y un libro que se le atribuye a él, "Descubrimiento de los milagros de arte, Naturaleza y Magia", pero cuya aparición pública no se hace hasta el siglo XVI y XVII. 

Estatua de Roger Bacon en el museo de la universidad de Oxford.

Pero con la muerte de su protector secreto, a Bacon se le acabaron las oportunidades de acabar su enciclopedia y fue de nuevo oscurecido y silenciado. Con 66 años hubo de comparecer en una asamblea especial de los franciscanos, bajo el superior Jeronimo de Ascoli, quien se convertiría mas tarde en el papa Nicolás IV, este decretó prisión perpetua para Bacon, bajo la falsa acusación de brujería y relación con los fraticelli, recientemente considerados herejes.

Durante su encierro, se le prohibe recibir cualquier tipo de lectura y con la orden expresa de no dejarle escribir

 Al morir Nicolás IV, recobró la libertad, solo para morir poco tiempo después, agotado por los sufrimientos, que su pasión por unificar ciencia, razón y religión, le brindaron. Se fue, sin ninguna clase de distinción por su obra, sin seguidores, o discípulos y fue rápidamente olvidado durante mucho tiempo. A diferencia de Tomás de Aquino, sus escritos prácticamente desaparecieron y solo han sido recobradas algunas pocas obras y fragmentos de ellos.

Situaciones como estas se han dado en multitud de ocasiones, sobre todo en esa época en la que ser considerado un sabio maestro o gran téologo, no dependía tanto del conocimiento ni de su espiritualidad o grandes cualidades, sino del sometimiento.
A eso se le llama el castigo del silencio a los que quisieron iluminar sin temor a enfrentarse al poder clerical y premio al sometimiento de los que callaron y justificaron a ese mismo clero, como fue el caso de Tomás de Aquino.

Exorcismos y expulsión de demonios: ¿Realidad o ficción?


Un tema escabroso donde los haya es el que a continuación vamos a considerar, tiene que ver con algunas acciones relacionadas con la creencia en un ser maligno, el inicuo, el diablo, Satanás, Belzebub, Lucifer, Ángel caído y cuantos nombres se le hayan incorporado. Esta criatura invisible forma parte de las creencias de prácticamente todas las confesiones cristianas, con algunas excepciones, como los desaparecidos muggletonianos, quienes pensaban que era el mal interior, o los cristadelfianos, que enseñan que es la simbolización del mal pero que no representa a ningún ser espiritual. Por cuestiones distintas, rosacruces, Unity, cienciología y algunas órdenes masónicas también rechazan su existencia. Y luego tenemos al movimiento Creciendo en Gracia, quienes afirman que el diablo ha muerto y por tanto ya no existe. 

En cualquier caso, las escrituras si hablan de la figura del demonio, como un ser contrapuesto a Dios y el ángel rebelde que extravió a la primera pareja según comparamos el relato del Génesis 3, con el capítulo 12 del Apocalipsis. También se dice que tiene huestes o fieles a los que llama demonios. Los judíos tenían presente a este ser y en algunas tradiciones se le llama Lucifer, como si junto a Jesús fuesen las estrellas de la mañana mencionadas en el libro de Job.

Orígenes se hizo eco de algunas de estas creencias y enseñó que el Diablo fue un ángel caído. A partir de esa idea se forjó la enseñanza de que es el príncipe de los infiernos, el que se encarga de dar castigo a los pecadores que son enviados allí, tras morir. Es posible que una posterior interpretación de la mención del ángel que caé del cielo y al cual se le entrega la llave del abismo mencionado en el Apocalipsis 9:1 y 11, o la idea expresada en ese mismo libro, cuando dice que el diablo será abismado, sea la razón por la cual se le asigna esa posición del demonio. Pero no está claro que aquel ángel del abismo, llamado Abadón o Apollion, en Apocalipsis 9:1 y 11 sea el mismo Demonio, por una razón clara, pues se dice lo siguiente en el mismo libro de Apocalipsis: Y vi a un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano.  Y prendió al dragón, la serpiente original, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años.  Y lo arrojó al abismo, y lo cerró y selló sobre él, para que no extraviara más a las naciones hasta que se terminaran los mil años (Apocalipsis 20:1-3). Está claro que el Diablo no se va a abismar a si mismo, este personaje que portaba la llave del abismo, por tanto, tiene que ser un ser espiritual diferente, todo señala a la figura de Cristo, de quien se dice que aplastará la cabeza de la serpiente.

Por tanto, no tiene cabida en la Biblia, la idea de un demonio que viva en los infiernos y se encargue de hacer un servicio a Dios, al castigar a los malos. Fue en el apócrifo evangelio de Nicodemo, un texto gnóstico, donde aparece esa equivocada idea por primera vez, alli se narra la historia de que una vez el Diablo quiso llevarse a Cristo a los infiernos, pero una vez ahí, Cristo consiguió rescatar a las almas atrapadas y burlarse del Demonio.
Tampoco aparecen en los escritos cristianos primitivos, ni judíos, la figura de un demonio con alguna determinada forma, cuernos, cuerpo de color rojo, patas de cabra, etc. Estas connotaciones fueron figuaraciones medievales, introducidas a raíz de tradiciones externas. Los primeros cristianos no enseñaron tal idea, más bien fue a partir del siglo VI, al mismo tiempo que se le fue representando en dibujos artísticos con cola, cuernos, etc. Fue Jerónimo de Estridón quien asemejó a este ser con los antiguas figuras de sátiros, como el mitológico dios Pan, identificándola con la figura misma del demonio. Y si bien durante siglos se le representó de color negro, con el tiempo, coincidiendo con la representación de este en los infiernos de fuego se le pintó de color rojo.  

A lo largo de la historia, diferentes grupos religiosos, incluso alejados del judaísmo creían en la existencia de un ser maligno o seres espirituales malos, los cuales en ocasiones ocupaban el alma de un individuo y lo poseían, por ello surgieron amuletos, rezos y otro tipo de rituales, en la mayoría de los casos supersticiosos al respecto, con tal de alejar a los malos espíritus.  Según algunos historiadores, la figura del diablo en las religiones monoteístas, tuvo su origen en el mazdeísmo persa, y esta creencia pasó al judaísmo durante el periodo del exilio. Pero algunos escritos, como el de Job, la conexión de Génesis 3 con Apocalipsis, indica que de alguna manera, si aceptaban su existencia desde mucho antes.

Por ejemplo entre los judíos se solían pronunciar nombres y oraciones, y otro tipo de formulaciones, que afirmaban provenían de Salomón, a fin de expulsar los malos espíritus. Se debía hacer mención de nombres de ángeles buenos, que solos o en combinación con el nombre de Dios, ejercían el suficiente poder para espantar a los demonios. Esto se había convertido en tiempos de Jesús en una especie de superstición, pues se confiaba en la sola invocación de nombres, y se consideraba vital que se usaran los nombres apropiados, que variaban para diferentes tiempos y ocasiones. 

En el caso de los cristianos, se menciona en el primer siglo que Jesús otorgó a sus apóstoles el poder para expulsar demonios. Este poder fue pasado a otros discípulos, pero parece que no a todos. Y se da a entender que estos eran parte de los dones espirituales, obras poderosas con el fin de que la gente pusiera fe, pero que conforme el cristianismo iba madurando, serían innecesarios para ejercer fe, pues el conocimiento y la palabra se haría suficientemente poderosa. Por ejemplo, en la carta de Santiago se anima a lo siguiente: sujetaos por tanto a Dios; pero oponeos al Diablo, y el huirá de vosotros. (Santiago 4:7)

Mostrando con esto que la actitud mental del individuo, bien orientada, podía ser suficiente para ahuyentar al diablo y sus demonios. También se citan las palabras registradas en la carta de Pablo a los efesios, cuando habla de seguir adquiriendo poder en el Señor y en la potencia de su fuerza. Para después explicar lo de  ponerse la armadura simbólica, para estar firmes contra las maquinaciones del Diablo. La predicación de los cristianos, ya no era tanto hacer ostentaciones de poder milagros, sino, razonando con las escrituras, invitaban a los nuevos creyentes a hacer cambios en sus vidas, que los alejaban del contacto con los demonios. 

Por ejemplo, se dice que aquellos que llegaron a ser cristianos en la antigua Éfeso hicieron lo siguiente: “Buen número de los que habían practicado artes mágicas juntaron sus libros y los quemaron delante de todos.” (Hechos apóstoles 19:18, 19) Aquella ciudad tenía fama por el uso de las conocidas como “letras efesias,” que consistían en ciertas combinaciones de letras o palabras, las cuales, al ser pronunciadas con ciertas entonaciones de la voz, supuestamente servían para curar ciertas enfermedades, o expulsar espíritus malignos. Claro que los que abrazaban el cristianismo en la antigua Éfeso evitaron tener que ver con estas “letras efesias”. No se menciona, sin embargo, que los apóstoles hicieran una masiva expulsión de demonios. 

Pero a medida que el cristianismo fue resquebrajándose y surgiendo otros movimientos cristianos de distinto signo, algunos vieron necesario demostrar que eran los verdaderos por medio de la realización de milagros u obras poderosas, junto con esto la supuesta expulsión de demonios como parte de sus cultos, eso ocurrió sobre todo entre los montanistas del siglo II. Y en eso cometieron un error, pues la expulsión de demonios no se aplicaba a los mismos cristianos, sino a la gente de fuera. En el siglo III, se dice que los novacianos aún tenían entre sus diferentes ministros religiosos a alguno con titulación de exorcista, probablemente para situaciones de demonismo en los posibles nuevos conversos.

Otras iglesias o ramas del cristianismo dejaron con el tiempo la costumbre de hacer exorcismos, sea porque abandonaron la predicación, o porque entendieron que el sólo conocimiento de Jesús, y recibir el bautismo con la fórmula adecuada, ya era suficiente poder para ahuyentar cualquier posesión demoniaca.

Jesús no puso en duda la existencia del diablo, habló de él como si fuera el gobernante del mundo, y describe a sus demonios como seres capaces de poseer a un ser humano. Se dijo que de María Magdalena al hacerse cristiana, salieron siete demonios. Y esto es lo que llama poderosamente la atención, ¿qué significaba estar poseído o tener demonio dentro? En aquellos tiempos, se decía que ciertas personas sufrían de manera terrible los efectos de la posesión demoniaca. Dichos efectos tenían que ver con espasmos, algunos quedaban mudos, padecían ceguera repentina, o actuaban como si estuviesen locos, demostrando también una fuerza extraordinaria. Todos solían ser maltratados de diversas formas, no parece, de ningún modo que estos fueran felices. A menudo se relatan casos de personas a los que con solo unas palabras, por lo general, un mandato, les eran retirados los espíritus demoniacos y quedaban sanos, volvían a ser personas normales. 

Algunos expertos intentan explicar los casos de posesión demoniaca mencionados en la Biblia, alegando que en muchos casos, simplemente se trataba de ataques repentinos, típicos de la epilepsia, pues en algunos relatos, los síntomas parecen coincidir. Es verdad que probablemente muchos de los enfermos con ese mal, la gente lo interpretaba como posesión, sin embargo, los evangelios hacen distinción entre estos y otros, así por ejemplo el evangelio de Mateo 4:24 se dice que le llevaron endemoniados y epilépticos. En Mateo 17:14-20 se describe un curioso caso, en el que según el relato paralelo de Marcos 9:14-29, los padres atribuían a un demonio mudo, los repentinos espasmos, espumarajos y decaimientos de su hijo. Se dice que tras realizar unas preguntas a los padres, Jesús curó al joven, algo que sus discípulos no pudieron hacer, repitiendo la típica fórmula que habían aprendido de su maestro: “En el nombre de Jesús Demonio te ordeno que salgas”. Posiblemente en esa ocasión porque se trataba realmente de una enfermedad. Podemos afirmar que las escrituras hacen una clara distinción de cuando se trataba de la posesión demoniaca de una persona y cuando no. 

 Sin embargo, en tiempos de Israel se relatan casos de posesión espiritual que se identificaba como proveniente de Dios, indicando que era actuar como profetas. Al parecer los profetas de Israel a menudo entraban en trance, actuaban extrañamente ante los ojos de los demás, hasta se convulsionaban, pero la diferencia es que recobraban la cordura y después pronosticaban acertadamente los mensajes divinos. Pero en otros casos, se dice que se enviaba el espíritu de Dios y les hacía actuar de forma extraña, esto se pudo observar en el relato de 1 Samuel 19:18-20, donde se registra la curiosa situación de los enviados del rey Saúl, cuando pretendía prender a David. Se dice que estos al llegar a cierto lugar se ponían a actuar como profetas, incluso Saúl llegó a sufrir ese llamativo efecto, con convulsiones, aturdimientos, desnudez y otras extrañas conductas, y atribuidas al espíritu de Dios. Pero no era porque se convirtieran en verdaderos profetas, sino fue para impedir que llegaran hasta David, y librar a este del peligro. 

Y esto es interesante, pues a menudo es fácil confundir recibir espíritu santo con la posesión demoniaca, pues en algunos casos la descripción de los efectos guarda cierta similitud. De la misma manera el que los poseídos hablen cosas verídicas, o alaben a Dios, no es prueba de que su posesión sea por espíritu santo, pues puede ser demoniaca. Y recibir la energía de un ser espiritual, sea buena o mala, tiene unos efectos contundentes en un simple ser humano.

Tenemos el caso de dos extraños casos registrados en la Biblia. El primero fue protagonizado por una muchacha, que según el relato estaba poseída por un espíritu de adivinación, y era fuente de negocio para su familia, el relato dice: Y aconteció que, yendo nosotros al lugar de oración, nos encontró cierta sirvienta que tenía un espíritu, un demonio de adivinación. Ella proporcionaba mucha ganancia a sus amos practicando el arte de la predicción.  Esta [muchacha] seguía detrás de Pablo y de nosotros y gritaba, usando estas palabras: “Estos hombres son esclavos del Dios Altísimo, los cuales les están publicando el camino de la salvación”.  Esto lo siguió haciendo por muchos días. Por fin Pablo se cansó de ello y se volvió y dijo al espíritu: “Te ordeno en el nombre de Jesucristo que salgas de ella”. (Hechos apóstoles 16:16-18)

En este caso, el espíritu le hacía dar alabanza a Dios o alabar la obra que los cristianos estaban efectuando. Pero se consideró que no era apropiado recibir publicidad de su parte, pues eso significaría confusión para la gente que atendiera el mensaje de los cristianos, por ello Pablo expulsó el demonio, la chica recobró la normalidad, pero perdió ese supuesto don profético. 

En el otro caso la situación fue más extraña aún, pues supuestos espiritistas de Éfeso, alegaban expulsar demonios, y sucedió lo siguiente: ciertos individuos de los judíos ambulantes que practicaban la expulsión de demonios también intentaron nombrar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus inicuos, diciendo: “Les ordeno solemnemente por Jesús a quien Pablo predica”.  Ahora bien, había siete hijos de cierto Esceva, sacerdote principal judío, que hacían esto.  Pero, en respuesta, el espíritu inicuo les dijo: “Conozco a Jesús, y sé quién es Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son?”.  Con eso, el hombre en quien estaba el espíritu inicuo se echó sobre ellos de un salto, logró el dominio de uno tras otro, y prevaleció contra ellos, de modo que huyeron de aquella casa, desnudos y heridos. (Hechos apóstoles 19:12-16)

 Es interesante que se relatara este caso, pues venía a aclarar las palabras de Jesús que dijo: Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios y ejecutamos muchas obras poderosas?’ Y sin embargo, entonces les confesaré: ¡Nunca los conocí!

Algunos no comprenden cómo es posible que se rechazara a quienes supuestamente expulsaran demonios, pero lógicamente la idea indica que muchos pretenderían hacer eso, cuando en realidad eran falsos. Estas palabras aparentemente venían a contradecir la discusión que tuvo contra los fariseos, los cuales acusaron a Jesús de expulsar a los demonios por medio de Belzebub, y él respondió lo siguiente: “Todo reino dividido contra sí mismo viene a parar en desolación, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá en pie.  Así mismo, si Satanás expulsa a Satanás, ha llegado a estar dividido contra sí mismo; entonces, ¿cómo podrá estar en pie su reino?  Además, si yo expulso a los demonios por medio de Beelzebub, ¿por medio de quién los expulsan los hijos de ustedes? Por eso, ellos serán sus jueces.  Pero si es por medio del espíritu de Dios como yo expulso a los demonios, el reino de Dios verdaderamente los ha alcanzado.  O ¿cómo puede alguien invadir la casa de un hombre fuerte y arrebatar sus bienes muebles, a menos que primero ate al fuerte? Y entonces saqueará su casa.  El que no está de parte mía, contra mí está; y el que no recoge conmigo, desparrama. (Mateo 12:25-30) 

¿Cómo armonizar esto? ¿Significa que no es posible expulsar demonios por medio del mismo diablo? Entonces, ¿todas las supuestas expulsiones son verdaderas? En realidad en este caso, más bien debemos preguntar: ¿Son realmente expulsiones de demonios todas las que se realizan en el nombre de Jesús, en las diferentes iglesias contrapuestas? Si Jesús dice que les dirá a algunos que supuestamente afirman realizar esa labor que no los reconoce, es porque posiblemente, aun creyendo que efectúan tal obra, no es realmente así. De la misma manera que cuando se decía que algunos actuaban como profetas, realmente no lo eran. En el caso de Jesús, frente a los fariseos, estaba claro que ellos no lo hacían, por mucho que estos lo afirmaran realizar esos exorcismos, al igual que los que se registra en Hechos 19, y cuando se toparon con la realidad, probaron de su propia medicina.  
Lo que sí está claro es que difícilmente se puede identificar una expulsión de demonios provenientes de tan distintas y opuestas fuentes. Pentecostales y evangelistas de diferentes signos o ramas, bautistas, metodistas, católicos, ortodoxos, y otras confesiones, todos afirman haber realizado exorcismos o expulsión de demonios. Jesús afirmó que sus discípulos lo harían, pero ¿cómo? ¿Bajo qué fórmula o ritual?   

Es digno de notar que no fue hasta la edad media que surgió, de nuevo con fuerza, la costumbre del exorcismo en la iglesia católica. El primer libro con fórmulas de exorcismo es el Statua Ecclesiae Latinae, escrito en el año 500. Este fue sustituido por el Malleus Maleficrum, escrito en 1486 a raíz de la inquisición y la obsesiva persecución conocida como la caza de brujas. Se decía que con ese tipo de formulaciones, se podía detectar a una bruja, y también aliviar los maleficios que estas podían enviar contra alguien y por supuesto las posesiones demoniacas. Con el tiempo se prepararon especialistas entre ciertos sacerdotes, bajo la autorización del vaticano. Por último el Flagellum Daemonum de 1606, recopilado por Gerónimo Mengo, que es el manual que se utilizó hasta muy entrado el siglo XX, junto con el Rituale Romanum de 1614, utilizando hasta ahora, pues aunque el papa Juan Pablo II, quiso establecer otro, los curas que recibían el poder de exorcizar lo rechazaron. Son llamativos y controvertidos los casos de exorcismos católicos, algunos llevados a las pantallas. En el caso de las iglesias anglicanas, también existe la figura del exorcista, quien en su formulación incluye salmodias y oraciones para expulsar a los demonios. 

 Tras la llegada de Lutero y su reforma, la utilización de fórmulas mágicas para expulsar demonios cesó, al menos en la iglesia luterana, calvinista, congregacionista, bautista y presbiteriana. Tan solo haciendo uso de la oración, por parte del pastor era suficiente para efectuar alguno, si era necesario. Pero a raíz de la eclosión de las miles de iglesias de signo carismático, surgieron por doquier las demostraciones grandilocuentes de supuestas expulsiones de demonios, en muchos casos, dentro de las mismas iglesias y efectuadas a los miembros de su iglesia. Esto es algo inaudito y fuera de lugar, inconcebible para el cristianismo original, pues se supone que si alguien asiste al templo, es porque de alguna manera cree, tiene fe, ha sido predicado y por tanto los demonios no pueden poseer a un cristiano  convertido, ni revelarse entre los creyentes. Al menos es así como lo ven algunos detractores de este fenómeno, que hoy se da tanto en las iglesias pentecostales, algunas de la teología de la prosperidad, así como en iglesias evangélicas carismáticas. 

Los pastores, tras un emotivo discurso, y con el fin de demostrar el recibimiento del espíritu santo, hacen llamar a alguien, y entonces una persona de entre el público se acerca a la plataforma. De repente, aquella persona antes tranquila, se muestra poseída, según ellos, el demonio que lo ocupa sale a relucir al oír el mensaje y se revela, se muestra inquieta y violenta, grita, lanza voces y frases inconexas. Entonces un grupo de ayudantes del pastor sujetan al individuo, pues en ocasiones la persona empieza a poseer una fuerza descomunal, que pudiera ser utilizada contra el pastor. Entonces a empujones, golpes en la cabeza y los hombros, el pastor gritando fuerte, empujando con fuerza, soplando, chillando y dando saltos alrededor, hace que el supuesto endemoniado caiga al suelo, debilitado. Algunos dicen que utilizan ciertos amuletos, ropas, mantos u otros utensilios para realizar la expulsión demoniaca. Nada que ver con la sencilla formulación utilizada por Jesús, nunca se dice que gritara o golpeara al afectado, ni que el demonio tuviera más poder que él, o que tuviesen que sujetar al individuo mientras realizaba el acto de la expulsión. Tampoco se vio esto entre las expulsiones que efectuaron sus discípulos. Por otro lado, algunas iglesias al amparo de la ignorancia, tan solo buscan alardes de poder, a fin de captar  inocentes, entre personas de baja cultura, que luego se vuelcan ciegamente a las órdenes del pastor, del cual aceptarán cualquier cosa que les diga. Como pronosticaba el apóstol Pablo, bajo una forma de devoción piadosa, resultaran falsos a su poder.

Pues por muchas supuestas obras milagrosas, expulsiones de demonios, habla en lengua y demás obras, si no conducen a las personas a ser más honradas, trabajadoras, pacíficas y limpias moral y espiritualmente, no sirve de nada. Es como Jesús ilustró con aquel del cual salió un demonio, pero luego el espíritu vuelve a ese cuerpo que echa de menos, “su casa”, y que la encuentra preparada para él, este además, aprovecha y toma a siete espíritus más malignos y terminan morando con este. (Mateo 12:43-45). Peor el remedio que la enfermedad. Y quizá se les diga al final: ¡Nunca los conocí! Apártense de mí, obradores del desafuero.

Tratado histórico sobre la muerte (parte 2)



Textos, mitos y leyendas sobre el origen de la vida y la muerte en la cuna de la civilización


     
           El escritor argentino Jorge Luis Borges dijo en una ocasión: “La muerte es una vida vivida y la vida, la muerte que viene”. Hay quienes afirman que la muerte es una transición necesaria a otra vida, y que la existencia en la tierra viene a ser como una especie de examen o prueba para el verdadero sentido de la vida que es el más allá. Otros la consideran un proceso forzoso al que no nos terminamos de acostumbrar, ya que es algo para lo que no estamos hechos. Por último, otros menos espirituales, simplemente la definen como un proceso natural para mantener el equilibrio ecológico, como algo que debe ocurrir si o si, para sostener la vida del lugar que habitamos. Por lo general nadie planea su muerte, ni la desea, salvo por algún desequilibrio emocional o personal y la consciencia nos muestra nuestra propia existencia como atemporal, como el espectador necesario de la vida, no nos imaginamos la no existencia.

            Como este blog tiene que ver con la historia de las enseñanzas religiosas, filosóficas y metafísicas, que a lo largo de los siglos se han extendido por todo el mundo, vamos a centrarnos en el origen y desarrollo de las creencias e ideas que tienen que ver con el origen de la vida, y el significado de la muerte y la vida más allá. 

            El tema de la muerte y sobre todo lo que hay al otro lado de esta es uno de los asuntos que más ha intrigado al hombre y sobre todo, más controversias y discusiones filosóficas, religiosas y metafísicas ha provocado. Y la religión está íntimamente ligada a ese misterioso hecho, pues los enterramientos y los rituales funerarios son, según los expertos, las primeras pruebas religiosas o del pensamiento en el más allá de que se tiene constancia.  

 Según los estudios de arqueólogos y paleontólogos, es entre los habitantes de oriente medio donde se han descubierto los primeros enterramientos con ofrendas funerarias que se conocen. Se trata de los yacimientos musterienses del paleolítico medio, en las zonas Skhul, (monte Carmelo) y Qafzeh (baja Galilea), en la zona de Palestina, si bien algunos pretenden alejar en cientos de miles de años la costumbre de hacer enterramientos y hay una competencia atroz para demostrar que, un puñado de huesos agrupados en cierta cueva, es un antiguo cementerio. Pero tumbas conmemorativas individuales con un claro sentido de enterramiento propiamente dicho, las antes mencionadas son las más antiguas. En cualquier caso, estamos seguros que, desde que el hombre tuvo consciencia de su muerte y de la desconexión de este con el mundo de los vivos, vio la necesidad de hacer volver a la tierra a quienes de la tierra salieron. En el mundo judeo-cristiano esta fue una de las razones para efectuar enterramientos. Pero en paralelo, las ideas sobre vidas más allá de la muerte, o la vida como un tránsito hacia otro lugar, parece tener sus raíces en los pueblos de alrededor, en la que Isaac Asimov llamó la media luna fértil. De estas antiguas civilizaciones de oriente medio, vamos a hablar en primer lugar, luego nos centraremos en otras más lejanas.

Mesopotamia: Sumer, Ur, Acadia, Babilonia y Caldea: primeros mitos
            En Mesopotamia, cuna de la civilización, surgieron varios mitos relacionados con la creación, el origen de la vida y la muerte, que es interesante considerar, pues de alguna manera albergan todas las ideologías y teorías que existen sobre la vida más allá de la muerte. Esta región se componía de varias ciudades estado, entre las más conocidas, Ur de los caldeos, Uruk, Lagash, como ciudades más importantes y antiguas, donde floreció una cultura y religiosidad muy influyente en todo oriente medio.

            Empezamos por dos famosos escritos mesopotámicos y babilónicos con los cuales se puede comprender gran parte del pensamiento religioso de la media luna fértil. Nos referimos al Poema de la Creación y la epopeya de Gilgamesh. El poema de la Creación es un escrito del segundo milenio AC. En este se muestra el origen de la vida en la tierra como resultado de la lucha entre diferentes deidades celestes y sus descendencias. Se menciona tres parejas de dioses, enfrentados entre sí, por la hegemonía, la primera y más importante es la de Apsu, que representa el agua dulce y Tiamat el mar, un ser bisexual, demoniaco. En otra parte del relato se nos habla de una relación entre los elementos superiores y los inferiores y como de la mezcla de estos surgen dos deidades: Anu, dios del cielo, como ser divino y Ea, hijo de este, que de alguna manera consigue encadenar a Apsu y matarle. En un momento dado en la lucha de dioses, surge la figura de Marduk, hijo de Ea y nieto de Anu. Tiamat en su pugna con Anu, creó a diferentes seres vivos, considerados monstruos o seres demoniacos, como la serpiente, el león y otros. Y a este se unió Kingú a quien convirtió en jefe de los demonios. Pero Marduk se encargó de matar a Tiamat y con sus órganos formar las estrellas y planetas y con otra parte, la tierra. 

            Después ató a Kingú, y los demás dioses decidieron que se le debía dar muerte. Con la sangre de este y la mezcla de la tierra, Ea modela al hombre, por tanto este nace de la muerte de un ser maquiavélico pero modelado por un dios benevolente. Es por otra parte, la representación o explicación de que la vida y la muerte están unidas trágicamente. En cuanto al por qué de la aparición del hombre, en un texto sobre la creación se menciona lo siguiente: Engendraré un primitivo humilde, “Hombre” será su nombre. Crearé un trabajador primitivo, él se hará cargo del servicio de los dioses, para que ellos puedan estar cómodos (Epopeya de la creación – Marduk). La influencia acadia se nota en ciertas tablillas babilónicas que tratan sobre la creación, que dan otra versión donde de nuevo dan la idea de que el hombre ha sido creado con la sangre de dioses. 

            Por otro lado, en la mitología mesopotámica se observa una manera de ver la muerte como algo inevitable y para lo que los humanos no tienen escapatoria, estos fueron hechos para servir a los dioses y con la muerte como destino. La epopeya de Gilgamesh muestra esta fatalidad al mostrar a un héroe luchando contra diferentes retos a fin de conseguir la ansiada inmortalidad, pero viéndose imposibilitado para conseguirla. 

       En la antigua Babilonia se hablaba de un lugar de ultratumba, interpretado como el infierno, donde una diosa llamada Ereshkigal fundó su reino, y se describe ese lugar, como un reino donde el sufrimiento era terrible y pocos deseaban vivir allí, pero los que están no pueden escapar, aunque se hallan relatos en los que cierto dios llamado Enlil fue confinado a pasar una temporada en aquel lugar, como castigo por una ofensa sexual contra Ninlil. Pero la propia Ninlil, enamorada de este le va a visitar al inframundo, surge otro encuentro sexual y de este nace Nergal. Eso indica que el concepto de infierno es como de un oscuro mundo paralelo en el que se hace vida similar a la de la tierra.  

 También otra leyenda babilónica cuenta como este mismo Nergal, convertido en un dios mensajero bajó hasta el inframundo en busca de información para los dioses, atravesando las siete puertas del infierno, llegó hasta donde reposaba el trono de Ereshkigal, ella se enamoró de él y le siguió, llegando a amenazar a los dioses con sacar a todos los habitantes de su reino a la tierra, hasta que estos superaran en número a los habitantes vivos, sino le entregaban a Nergal. Nergal volvió para destituirla de su reino y decapitarla, pero en el último momento ella lo enamoró y se casaron, vivieron juntos gobernando el mundo de los muertos. 

Sumerios y Asirios: mitologías antagonistas

            Encontramos en la mitología de la vecina Sumeria, dos escuelas teológicas, la de Eridú y la de Nippur. En la primera, lejos de mostrar odios y pugnas de dioses, nos encontramos con dioses como Abzu, el agua dulce y Tiamat el agua del mar. De su unión se formaron el cielo, la tierra y el agua, con estas se engendró a Enlil y Enki. Después nos habla de una sucesión de generaciones de dioses, hasta llegar a la producción de plantas y animales. 

            Pero en otra versión se muestra a Enki, el agua dulce y Ninkhursag, la tierra, que se enamoran y fruto de esa pasión surge la flora que puebla toda la tierra, a cada planta y árbol frutal van asignando utilidad y función, luego de una serie de relaciones  incestuosas, va surgiendo otro tipo de vida terrestre. Una falta cometida por Enki, al tomar de cierta planta a la que no se había dado una función, le cuesta la vida, y aunque volvió a revivir, esto indicaba la naturaleza mortal de sus dioses. Para explicar el origen del hombre hay cuatro versiones distintas. En la primera, el hombre brotó de la tierra, casi espontáneamente. La segunda, más llamativa cuenta que varios obreros divinos, (llamados en otro texto, los Anunnaki), modelaron al hombre de la arcilla, otro hijo de un dios llamado Mammu, le dio la forma e imagen y por último Enki le dio la vida. Así lo cuenta una de estas las instrucciones que Enki da, suponemos a Mammu para formar servidores humanos para los dioses: Mezcla a un corazón la arcilla, del fundamento de la tierra, y dale la forma de un corazón. Yo proporcionaré buenos e inteligentes dioses jóvenes que llevarán esa arcilla hasta el estado adecuado. 
Una tercera versión, nos habla de una diosa madre creadora, y con referencia a esta se encuentra un poema babilónico de la época, que se hace eco de este mito: ¡Yo he creado! ¡Mis manos lo han hecho! En la arcilla, el dios y el hombre se atarán, a la unidad llevados juntos, de manera que, hasta el final de los días, la carne y el alama que un dios ha madurado, esa alma en un parentesco de sangre será atada; como su señal la vida proclamará. De manera que esto no se olvide. (La creación del hombre por la diosa madre). Y una cuarta versión, se ve influida también por el mito mesopotámico de que los hombres fueron formados con la sangre de los dioses, aunque en este caso se trataba de los Lamga, que entregaron su vida voluntariamente a fin de que se creara a los seres humanos. 

            Los sumerios insisten en que el propósito de los hombres es servir a los dioses. Aunque lo suavizan mostrando que en realidad no eran esclavos de los dioses, sino colaboradores e imitadores en la creación. Al dedicarse a labrar la tierra, a construir ciudades y obras, colaboran con los dioses en el trabajo de la tierra. 
Se habla de un grupo de obreros, celestiales llamados Anunnaki, que fueron los mismos que formaron a los hombres, que después bajaron a la tierra y ayudaron a estos en la fundación de ciudades, al proporcionarles planos y esquemas de construcción. Estos seres han despertado en algunos especuladores su fantasía imaginativa e intentan dar una explicación extraterrestre al asunto, asegurando que se trataba realmente de civilizaciones lejanas que llegaron a la tierra, y que mostraban un conocimiento sin igual, ayudando a la edificación de los zigurats, las pirámides y otras mega construcciones antiguas. También se les relaciona con los Néfilim bíblicos, pues en algún escrito se dice que eran de gran tamaño y que desparecieron durante el diluvio, aunque esos mismos escritos mencionan que luego volvieron tras este. Sin embargo en todos estos textos, claramente se les define como dioses, tal como los clásicos y bajo las órdenes del supremo. Lo que sí es curioso es que entre las divinidades sumerias sea tan común encontrar que algunos dioses mueren y luego resucitan, en parte tal vez por comparar a las deidades con la vegetación, que muere y vuelve a salir en los distintos periodos agrícolas.  

            Otro imperio que se distinguió por ser casi monoteísta, aunque no haya sido así, fue la gran Asiria. Allí se habla de Asur, como dios principal y a los demás se le considera meros dioses del pueblo. Al parecer Asur era venerado por la aristocracia y los monarcas se consideraban vicarios de Asur. El significado de este nombre parece estar identificado con la unión de dos términos: As, que significa dios y Shar o Shur, una expresión relacionada con el infinito. Así Asur era el dios infinito, o dios de la eternidad, Rey de los dioses y Dios de los reyes. Alentaba la idea de que el tiempo limitado solo estaba asignado a los hombres. 

            Aunque la religiosidad asiria guarda mucha relación con la sumeria, babilonia y acadia, sin embargo, dicha religiosidad está dirigida en gran parte hacia la guerra. Se consideraba que el país era propiedad de un dios guerrero, Asur, para el cual los gobernantes eran instrumentos terrenales de este, y en cuyas manos se había consignado la cruel arma de Asur, que debía reducir al mundo entero en su poder. Eso explicaría que Asiria se convirtiera en uno de los primeros imperios conquistadores que se conocen. Solo con el tiempo se dieron a la adoración de otros dioses, como Marduk, Nabu. Incluso triadas de dioses, como Anu-Enlil-Ea o diosas como Innana-Ishtar. Para los adoradores de Asur, esa fue la causa de su caída en desgracia, un imperio de casi dos mil años caía por la invasión de otros dioses y el abandono de su dios protector.

Oráculos y consulta a los muertos
            De asirios, sumerios y babilonios surgieron los primeros oráculos o adivinadores, estos pensaban que las estrellas eran la guía de los dioses, también tenían por costumbre examinar el hígado de ciertos animales y el vuelo de las aves para pronosticar el futuro. En ocasiones a Asur se le representa como un gran árbol, cuya sombra cubre toda la tierra y da cobijo a toda ave del cielo. También se le representa como un disco solar alado. En cualquier caso, no hay escritos o tradiciones sobre la forma o manera cómo surgió la vida, de hecho, solo se ha encontrado una versión asiria de los poemas de la creación sumeria o de la epopeya de Gilgamesh. No parece que se conociera la idea de la inmortalidad, salvo en los dioses.  La distancia entre dios y los hombres es insalvable en el caso asirio, no concebían la idea de ascender al cielo y convertirse en dioses, tan solo vislumbraban un acercamiento a estos por medio de la construcción de torres escalonadas, llamadas Zigurats. 

            Las primeras construcciones de Zigurats, indicaban también ese propósito de dominación, pero también de un acercamiento al cielo. A una de esas estructuras, de las más antiguas, se le dio el nombre de Etemenanki, que significa: fundación del cielo y la tierra. En su base se han encontrado restos de zigurats más antiguas. A algunas se les consideraba la morada de los dioses, otras como el terraplén primitivo del cual se creó el universo, el puente entre el cielo y la tierra, en definitiva, eran claramente construcciones tipo templo.
            Por el contrario, la idea de que la muerte no es el final de todo, sino solo un paso a un más allá desconocido, en otros lugares si dejó una profunda huella. Dando lugar a temores supersticiosos, ofrendas y demás rituales para el viaje a esa otra vida. 

Egipto: La muerte no existe

            Hablemos ahora de otra civilización tan antigua o más que la asiria, Egipto. Los egipcios llevaron el tema de la inmortalidad más lejos, sobre todo en los enterramientos de sus grandes reyes o faraones, pues consideraban la muerte como un viaje. Solían poner objetos de valor, incluso alimentos para el camino a ese destino, y algo que sorprende aún más, desde el faraón Unis de la V dinastía, (2300AEC), se empezaron a colocar libros y escritos, que incluían hechizos e instrucciones mágicas para el camino a ese más allá. Al principio solo era la realeza, luego los altos funcionarios, pero cuando esto se popularizó, surgió el llamado libro de los muertos, que algunos aseguran que es el libro religioso más antiguo, aunque no es así realmente. Pero interesante es entender que lo que ahora conocemos como “Libro de los muertos”, literalmente no significa eso. En realidad, bien traducido debería ser: “Libro de la salida al día” o “Enunciados de la emergencia a la luz”. Indicando que el proceso de morir era como un camino a la luz o al verdadero día y que eran necesarias unas últimas instrucciones para llegar hasta esa luz. Según ciertos relatos encontrados en las tumbas de faraones, al llegar al infierno se pone en la balanza a la persona frente a sus atributos, trabajo, victorias militares, etc y según diga la balanza, evitaría la entrada o no. En un lado se colocaba el corazón del difunto A Osiris se le consideraba rey de los muertos, así que una buena relación con este dios, supondría un buen paso por el infierno y el ascenso seguro a la morada de los dioses, para ser convertido en una estrella en el firmamento o un pájaro, los demás quedaban presos en la ultratumba. Pero el camino de paso hacia la salida, que se hacía en una barca, no estaba exento de peligros y de aterradoras visiones o encuentros monstruosos, era todo un reto de difícil consecución.

            Por otro lado, algunos expertos afirman que en Egipto no existía una clara separación entre los conceptos humanos y divinos, es decir, estos creían en la existencia de muchos dioses, casi representando a todo ser o fenómeno natural que hubiese en la tierra, pero entendían una sola naturaleza, no hacían distinción entre lo humano y lo espiritual y pensaban que todo estaba íntimamente conectado. Quizás eso explique el que se consideraran a ciertos faraones como dioses y a sus hijos descendencia de los dioses.  
       
            Una vez iniciado el proceso de creación, este no era ordenado, es decir se fueron creando seres o animales al mismo tiempo que dioses. De hecho la cosmología egipcia nos habla de una especie de lago inicial, de donde surgieron la tierra, la vida y la conciencia. También en los “Textos de los Sarcófagos” se hace referencia a un “huevo primordial”, sobre el que reposa el sol primigenio o la serpiente original, Atum. Este dios es el que al parecer creo la primera pareja de dioses Shu (la atmósfera), y Tefnet que a su vez formó a Geb (la tierra), y a la diosa Nut (el cielo). A este Atum también se le conoce como el demiurgo creador. En un pasaje de Textos de los sarcófagos se dice lo siguiente: “Yo soy Atum el creador. Yo he creado a Shu, el que ha traído al mundo a Tefnet. En otro texto se habla, ya no de un huevo primordial, sino de un lago en la zona de Hermópolis de donde un grupo de dioses llamados la Ogdóada, junto a un dios llamado P´ta formaron los gérmenes de los demás dioses y al mismo tiempo, tomando arcilla se formó a los hombres. Pero hay muchas más versiones del origen de la humanidad, en realidad los mitos egipcios relacionados con la creación no son nada claros y se contradicen. El más popular es el que describe que los humanos surgieron de la lágrima del dios solar Ra, que si bien es un dios un tanto ocioso y despreocupado, si parece más interesado que otros en los humanos. En cualquier caso, no tienen una explicación para la muerte pues para ellos es simplemente una continuación de la vida, simplemente en otro estado. 

 El reino hitita, Fenicia y Ugarit: Tres maneras de ver la vida y la muerte

            Una importante civilización de Asia menor, fue la que ocupaba la península de Anatolia, gran parte de la actual Turquía, nos referimos a los hititas. En el imperio Hitita, no se encuentran textos que traten de explicar el origen de la vida, sencillamente absorbieron la mitología sumeria y mesopotámica y la adaptaron a su manera, aportando poco más que una especie de dioses que aparecían y desaparecían en periodos específicos, y que conducían a catástrofes. Pero no hallamos una explicación al origen ni a la muerte. 

            En nuestro viaje a aquellas ciudades-estado del primero y segundo milenio antes de Cristo, nos  situamos en Ugarit, una ciudad costera al norte de Siria, al sur de los hititas. Su importancia en aquellos tiempos tuvo que ver con la escritura y la introducción de rituales funerarios. Aunque hay numerosos documentos escritos, en forma de losas o tablillas, poco se sabe sobre las creencias acerca del origen del hombre en aquella ciudad-estado. Sin embargo, en cuanto a la muerte, es abundante la información que aportan esos documentos y los restos arqueológicos encontrados. La religión era algo que se suscribía mayormente al ámbito familiar, y tal como ocurre en la religiosidad cananea, se centran en los orígenes de los dioses, pasando de puntillas sobre la creación humana. Al igual que los cananeos sus escritos nos hablan de una primera pareja de dioses Ilu y Atiratu, de esa pareja dimanan las siguientes generaciones de dioses, se habla a menudo de los hijos de Ilu o los setenta, hijos de Atiratu, (como número mágico). Por otro lado tenían un gran panteón de dioses, alcanzando la cifra de 240, teniendo monumentos o altares en diferentes lugares para cada uno de ellos, destacando los santuarios a Balu, y Dagán-Ilu. Se detallan multitud de ofrendas y sacrificios, con sus fechas específicas para realizarlas, también se llevaban a cabo procesiones ceremoniales en los que se procedía al traslado de imágenes de deidades que eran llevados de un santuario a otro, llevados por porteadores y eran los reyes quienes llevaban la delantera en esto.  

            Interesantes eran los rituales que tenían que ver con los enterramientos y el significado que para ellos tenía el mundo inferior, el reino de los muertos o infierno, muy distinta su concepción a la de otras mitologías. Hasta el grado que se decía que todos, tanto reyes, como el pueblo en general iban a descansar al “infierno”, al morir. Por supuesto, no era lugar de tormento, es más, se decía que en los infiernos el rey muerto recibía los poderes divinos de Balu y la llegada de un monarca o persona importante a ese lugar, se celebraba durante tres días y tres noches. En ese periodo se supone que se divinizaba al muerto y este ascendía a la morada de los dioses. Era por tanto un lugar de tránsito, en cierto escrito se leen oraciones y plegarias que le hacen a la diosa Sapsu a favor de los muertos, de los que la diosa al parecer es protectora  y acompañante en los infiernos. También se encuentran prácticas relacionadas con la adivinación, la prevención o corrección del futuro. Un extraño método adivinatorio conocido como “teratomancia”, consistía en la interpretación de las configuraciones o deformidades en fetos, o niños que nacían muertos. Así, la muerte podía dar una guía a la vida. 

            Pero si hubo otro pueblo influyente tanto en oriente como en occidente, estos fueron los fenicios. El pueblo fenicio, conocido por el dominio de mares y del comercio internacional, mantuvo buenas relaciones con sus vecinos, tanto en el norte con Ugarit, como con Siria al norte y este y al sur, con las naciones cananeas, incluyendo a los recién llegados israelitas. Por otro lado ideológicamente, compartían deidades con los cananeos, pero con diferentes concepciones sobre estas. Por ejemplo, para ellos su principal dios era El, el padre de todos los dioses del panteón fenicio, se le relacionaba con el sol y era a la vez el señor del tiempo, que controlaba el paso de los días, meses y años. Baal, dios de la lluvia, del trueno y la guerra, que se consideraba el señor de los dioses al haber conquistado su puesto de manos de El, algo similar al mito cananeo. A Anat, la consideraban hija de Baal, que daba vida a los dioses al ser la que aceptaba los sacrificios. Luego tenían a Melkat un hijo de El, que era rey del inframundo, o dios de los muertos. Por último, Astarté diosa madre y diosa de la fertilidad, se acostumbraba a hacer procesiones con su imagen. 

            Su mitología sobre la creación u origen no nos ha llegado muy clara. A través de una obra del sacerdote fenicio Sanjuantión, de la cual nos ha llegado solo fragmentos de una recopilación que hizo el historiador Filón de Biblos y de estos tan solo los que tradujo Eusebio de Cesarea. Y es tan enrevesada y compleja que necesitaría mucha imaginación para ser sintetizada y que resultara en algo entendible. Pero, si sabemos por algunas de sus costumbres funerarias y algunas inscripciones en ciertas tumbas reales, de la idea de que reyes y grandes generales, tras su muerte se reunirían con los dioses. Tenemos por ejemplo, el caso del sarcófago del rey Ahiram de Tiro, disfrutando de un banquete, donde una diosa sirve alimentos acompañada de músicos.   

            En muchos pueblos de oriente medio, se introdujo una costumbre de los pueblos indoeuropeos, la incineración de los cadáveres, para luego en el panteón o cementerio, colocar sus cenizas. Se podría pensar que podía ser la destrucción del cuerpo para que llegase antes al polvo, pero según algunos expertos, más bien se identifica con cierto concepto de divinización del difunto. El humo hacía ascender el espíritu o alma que habita el cuerpo y se reúne con los dioses. A mi modo de ver, puesto que ni entre fenicios, ni cananeos está documentado un culto a los muertos, me inclino a pensar que la incineración, más que un símbolo de divinización de los muertos, era para el escape del alma hacia estos. 

Los dioses en pugna y el orígen del hombre

            Luego tenemos a las numerosas naciones cananeas que coexistían antes de la llegada de los hebreos. En estos pueblos encontramos diversos mitos sobre la usurpación de un Dios, Baal contra otro, El. Se supone a El, como el dios creador de la tierra y el universo, padre de los dioses y de los hombres, todopoderoso y Rey soberano de los años, aparte de poseer todas las buenas cualidades humanas y divinas, como sapientísimo, santo y misericordioso. De nuevo se habla de dioses que se casan, en este caso, El, tuvo dos esposas, Anat y Asherat, que fueron creadas por él mismo y de las que nacieron, el lucero del alba y el lucero de la tarde (el sol y la luna). También se conoce a Asherat, (la Astoret fenicia, Ianna, sumeria, Astarté/Afrodita griega, Venus romana), se convirtió en la favorita de El, por lo cual, de esta nacieron prácticamente la totalidad de las deidades.

            Pero en un momento dado, uno de sus hijos, Baal, (probablemente hijo de Anat), se rebela y logra dominar a El, castrándolo, en una pugna por la soberanía sobre la tierra. Se dice que El, humillado, se refugió en las profundidades de los abismos, y entonces pidió ayuda a otros dioses. Su hijo más querido, Yam, acude a su auxilio. Aunque a este hijo se le pinta como un monstruo acuático, un dragón de siete cabezas y que es derrotado por Baal y gracias a esta derrota, se conforma el mundo. Pero la lucha por la soberanía no acaba allí, pues de nuevo Baal se enfrenta a otra hija de El, Mot, la llamada diosa de la muerte que reinaba sobre el mundo subterráneo, el de los infiernos. Baal quería dominar el mundo de los muertos, pero es derrotado por Mot. 

            Anat, recoge el cuerpo inerte de Baal y hace un sacrificio fúnebre para revivirle, lo logra y este más tarde infringe una derrota a Mot, convirtiéndose en soberano universal y eterno. Aunque la lucha al parecer continúa, pues algunos de estos dioses que mueren, reviven y por eso según algunos estudiosos, era una analogía simbólica que muestra los ciclos de lluvia y sequía, abundancia y escasez y de alguna manera, la inmortalidad. Pero eso es simplificar demasiado, esta idea de ciclo de vida y muerte y vuelta a la vida les hacía pensar que al igual que sus dioses, los humanos también gozábamos de esa oportunidad. 

Ebla: La mitología de la tolerancia

             Aparte de los israelitas, pocas naciones de aquellos tiempos se podían considerar monoteístas, una de ellas fue la que habitó la actual región de la actual Siria. Nos vamos a centrar en la idea religiosa de la ciudad estado de Ebla, que se asentaba al sur de Alepo, y que algunos expertos catalogan como la primera ciudad con un gobierno laico de aquella región. Eso se debe a que allí se logró separar el poder político del religioso, no se otorgaba divinidad al rey, ni siquiera eran investidos por la gracia de ningún dios. Si bien se dice que eran monoteístas, esto no es del todo cierto, pues eran conocidos por su abierta religiosidad y la aceptación de otras deidades de naciones aledañas. 

Aceptaban en su panteón a dioses de diversas procedencias, entre otros a Ishtar, asiria, al Baal cananeo, o Hadad ugarítico. Se podría decir que vivían bajo una tolerancia religiosa poco común en aquellos tiempos. Aunque en realidad tenían un dios principal, Dagán, cuyo significado era “semilla”, refiriéndose a su cualidad como originador de todo, del cual salieron todos los demás dioses, incluso los de otras naciones, por tanto estas deidades eran inferiores. Al parecer Dagán para los eblaítas era más bien un título, pues no le daban un nombre ya que creían que el nombre de dios no podía pronunciarse. Ellos hacían referencia a este como el señor todopoderoso, que se podía sintetizar en múltiples manifestaciones, por ello, podía ser identificado con El, de Mesopotamia, o con Anu de Sumeria, el Elohim hebreo, etc. A menudo aparecen los llamados banquetes sagrados, donde los reyes comparten comida con los dioses de manera simbólica. Y los antepasados de los reyes se pierden entre los dioses, como si de alguna manera quisieran mostrar que los hombres provenían de antiguos dioses. Pero poco se conoce sobre sus creencias con respecto al origen, ni tampoco sobre la muerte. 

Israel: Un mundo aparte 

            Ahora vamos a detenernos en el pueblo de Israel, una nación relativamente pequeña y poco importante en aquel conglomerado de naciones y potencias, sin embargo, su religiosidad, su enseñanza sobre el origen del hombre, su único Dios y el por qué de la muerte nos ha llegado hasta nosotros y es en gran parte la base de las creencias que el cristianismo ha heredado. Si nos remitimos a los textos hebreos, estos son muy escuetos en comparación con los textos sumerios acadios o mesopotámicos, pero a la vez claros al hablar del origen de la vida y la razón de la muerte. En realidad podríamos decir que son muy cercanos al sentido natural y menos trascendental de lo que mucha gente piensa. En el Génesis, se describe la creación como un proceso por pasos, se ilustra en forma de días creativos, si bien la misma palabra hebrea para día, podía abarcar un espacio indeterminado de tiempo, como un periodo. En cada uno de esos periodos, se fueron formando y apareciendo las aguas primero, luego las plantas, los seres marinos, las aves, los animales que habitan la tierra y por último el hombre. Se pueden sacar algunas conclusiones al leer sobre el momento de la creación del hombre según lo expone el Génesis cuando se lee: Y pasó Dios a decir: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y gobierne él sobre los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y sobre toda la tierra y sobre todo animal que se mueve sobre toda la tierra”. Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creo, macho y hembra los creó. Además los bendijo y les dijo Dios: Sed fructíferos y multiplicaos y llenad la tierra y gobernadla 

         Sin entrar en consideraciones de cómo se produjo esto, ni cuándo, estas sencillas frases envuelven mucho más de la simpleza que aparentan, primero porque se alejan de la mitología circundante en aquellos tiempos. Nada menciona de lágrimas o sangre de algún dios enfrentado a otro que formara a la humanidad casualmente, ni relaciones sexuales entre dioses y diosas que formasen la tierra o que por la muerte de otro se creara a los hombres, tal como el tipo de relatos comunes en Sumeria, Mesopotamia, y en las civilizaciones hititas y cananeas. Pero en las creencias hebreas, que al fin y al cabo son las que han influido en el cristianismo, tan solo se menciona esto, luego en el segundo capítulo del Génesis se explica de manera más detallada como se creó al hombre del suelo, se le insufló espíritu de vida y llegó a ser alma o ser animado y se le dio ciertas normas básicas. 

          Pero centrándonos en el primer relato de la creación, observamos que el sentido de la vida, era que un creador quiso hacer seres a su imagen y semejanza, ¿en qué sentido? ¿En la naturaleza espiritual de estos? Esto no podría ser, pues los creo en un ambiente material, físico, en la tierra. ¿Semejantes en poder? Quizás, aunque lógicamente serían inferiores al creador por su propia naturaleza, incluso menos fuertes físicamente que otros seres vivos que habitan la tierra. ¿En cualidades internas o inteligencia? Es muy posible, y muchos defienden esta hipótesis como la más plausible, pues a diferencia de otras criaturas, los humanos tenemos cualidades y virtudes, aparte de la inteligencia, que nos diferencian del resto de criaturas, como son el amor incondicional, la caridad, el deseo de crear, la búsqueda constante de superación y otras más que, para bien o para mal, nos alejan de cualquier otro ser con el que compartimos planeta. 

            Queda también la opción de la eternidad. ¿Serían seres en semejanza de vitalidad o perspectiva de permanencia? Los humanos somos los únicos seres vivos que nos planteamos las cuestiones que aquí estamos tratando, en cuanto al significado, origen y final de la vida, incluso nuestra consciencia de nuestra propia existencia nos hace sentir eternos, se hace difícil entender la inexistencia. Un dicho hebreo decía: Aún el tiempo indefinido ha puesto en el corazón de ellos (de los humanos).   
 
            Sin embargo el relato del Génesis nos explica que por causa de una rebeldía, alguien, (Satán), llegó e indicó a los humanos que el creador les mentía y que realmente no morirían sino que al desobedecer a aquel mandato llegarían a ser como dioses, tanto en poder de decisión como en largura de vida. Entonces llega el castigo del creador a la traición: la muerte. Y la muerte, como ya hemos considerado, para los hebreos era la inconsciencia absoluta. 

            Efectivamente, en el relato del Génesis, se dice que como castigo al hombre por pecar se le dijo: Polvo eres y al polvo volverás. Traducido científicamente: Has sido sacado de la materia contenida en la tierra y en eso te convertirás al morir. Es decir, la muerte se consideraba como un castigo, esa era la idea que albergaba el judaísmo durante siglos. “He puesto delante de ti la Vida y la muerte y tienes que escoger la vida para mantenerte vivo”, fue una de las últimas proclamas de Moisés al pueblo. Se decía también que toda alma que pecare, esa moriría. En definitiva, la muerte constituía para los israelitas y para el judaísmo temprano el fin que tenían todos por pecar, y no había escapatoria del lugar de los muertos. 

            Pero, entonces, ¿cuál era la alternativa? En el relato bíblico de la creación, con similitudes, pero también grandes distancias entre otros relatos relacionados de la época, como el de los sumerios, babilonios o acadios, se muestra a una pareja de humanos en un mundo paradisiaco, con perfecta armonía entre estos y la naturaleza. Al principio, nada se hablaba de vida en el cielo o en un más allá en un contexto espiritual o material. Y si nos detenemos en la perspectiva que según el Génesis se le dio a esta primera pareja antes de hacerse desobediente, ¿qué les esperaba si hubiesen sido obedientes? Aparentemente no se menciona específicamente nada en particular, es decir no se dice que el creador les expusiera ninguna perspectiva de vida más allá de su vida en la tierra, no les ofrecía un premio especifico que no haya sido su continuidad en aquel mundo idílico. 

            Se relacionaba la vida con la sangre, en más de alguna ocasión, incluso se identifica el concepto de alma con la sangre, esto se observa en el siguiente mandato: Todo animal moviente que está vivo puede serviros de alimento. Como el caso de la vegetación verde, os la doy. Solo carne con su alma, (o vida), que es su sangre, no debéis comer. (Génesis 9:4). La sangre de los animales que cazaban o mataban para comer debía ser derramada sobre el suelo y la de los que sacrificaban, la escurrían en la base del altar. Todo esto tenía un significado claro, si la sangre representaba la vida y el alma, esta debía volver al suelo.  

            Otro detalle de la religiosidad judía es que pese a estar rodeados de naciones politeístas, no se vieron influidos por estos. Eran únicos en su concepto de Dios único, pues para ellos los demás dioses de otras naciones eran vanos, no existían. Para ellos este Dios, llamado Jehová (o Yaveh, según la traducción), un nombre cuyo significado viene a ser: “yo llegaré a ser lo que yo quiera”. Algo similar a la idea de Dagán de Ebla, al ser adaptable y manifestarse de diversas formas, aunque nada que ver con el concepto de un Dios que aceptase ritos ajenos. Más bien parecía tener que ver con que a este se le podía ver como creador, todopoderoso, amoroso, misericordioso, dios protector, vengador, justo juez y sabio consejero. 

            Algunos aluden al título Elohim, hebreo para relacionarlo con el dios “El”, de los fenicios o cananeos. Aunque en realidad “El” es solo una forma de decir Dios en los idiomas locales, por tanto según que contexto no hacían referencia a un dios específico. Otros afirman que posiblemente en los orígenes los judíos tenían más de un dios. El mismo relato de Génesis al decir: “hagamos al hombre” y utilizar el titulo Elohim, que es una forma de “El” en plural, parece confirmar que es así, sin embargo, ese mismo término se usa acompañado de formas del verbo y artículos en singular, con los cual no deja dudas con respecto a que se utilizaba el plural mayéstico, que denota excelencia.  

            Es verdad que se le menciona acompañado de cientos de miles de ángeles, clasificados en arcángeles, serafines, querubines y ángeles mensajeros, a los que se suele llamar como hijos del propio Dios, pero ninguno con autoridad suficiente para merecer ser adorado. Por otro lado, creían en la existencia de un mal, Satanás, que tenía consigo a otras huestes a los que en ocasiones se llama demonios, cuyo propósito era enseñar a los hombres lo opuesto al creador, es como si dijeran: No necesitáis la guía de Dios, seréis libres y sabios por vosotros mismos, buscad el poder, tened vuestros propios gobernantes, la muerte no existe. Hay un relato sobre este personaje, en el libro de Job, de los pocos que describen claramente al diablo y exponen a este como un ser espiritual, con gran poder e influencia, un ser capaz de desafiar al mismo Jehová, (o Yaveh), presumiendo que él sería capaz de extraviar a todo hijo de la humanidad. Pero no se le relaciona con la muerte, ni se le mencionaba como gobernante del infierno,(seol). ¿Quién era este ser maligno? ¿Tendría alguna relación con el Baal cananeo que consiguió desafiar y usurpar el poder de su padre? Algunos encuentran en ambos personajes cierta similitud, pero en realidad en el relato cananeo, no se le atribuye maldad a la actitud de Baal, ni se le reprocha como un dios rebelde o malo, todo lo contrario, era el Señor de la tierra, las cosas de los cielos poca influencia tenían en la tierra. 

            El pentateuco, y los libros del Antiguo testamento, dan poca información sobre el origen de este ser, salvo por una parábola o comparación profética posterior que dio Isaias, cuando hablaba de cierto querubín que se rebeló, haciendo alusión probablemente al origen de este ser. 

            En el pentateuco tenían claramente prohibida la adoración a los demás seres espirituales y de los ángeles caídos y por supuesto a Satán, posiblemente porque consideraban que todo lo que no viniera de su Dios, Jehová, era del enemigo de este. No debían copiar a las demás naciones, ni buscar alianzas matrimoniales con sus habitantes, no debían tener reyes, como las demás potencias, pues Dios, (Jehová, Yavéh), era su rey, tampoco debían dar adoración a animales, personas o cosas. Prohibido absolutamente hacerse imágenes o estatuas, incluso del mismo Dios creador, ya que se les decía: no te harás imágenes talladas, ni forma semejante a cosa alguna que esté sobre los cielos arriba, ni que esté debajo en la tierra, ni en la aguas debajo de la tierra.  Tampoco debían intentar comunicarse con los muertos, pues era algo abominable y un engaño. Su vida estaba en manos de su Dios y tras la muerte solo él podía hacerles volver, si era su deseo. Evitaban el contacto cercano con las demás naciones para no contaminar su santidad y cualquiera que quisiera vivir entre ellos lo podía hacer, pero debía conocer y aplicar su religión. 

            El sentido de la vida del israelita, era por tanto, obedecer los preceptos, y como decía un proverbio, posicionarse ante Dios: Se sabio hijo mío, regocija mi corazón, para que pueda dar respuesta al que me está desafiando con escarnio. Este proverbio hacía una clara alusión al que se pinta como adversario del creador Satán. 

            Algunos pretenden encontrar paralelismos, quizá en vez de dioses, se habla de ángeles, en vez de infierno se habla de Seol, en vez de dios rebelde se habla de Satán, o donde otros dicen, seres divinos que bajan a la tierra, los judíos hablan de ángeles rebeldes de los que nacieron los Nefilim, en vez de dios del infierno, se habla de Diablo. En cualquier caso, esas correspondencias, son muy subjetivas, pero son más las diferencias que las similitudes. Queda claro que la religión de los hebreos, aunque se le puedan encontrar paralelismos a otras más antiguas o poderosas, está a años luz de la idea mesopotámica y de todas las ideologías que le rodeaban.

             Sin embargo, ese sentido religioso del judaísmo de antes del siglo VI AC, se vio modificado por otras influencias de las que en el siguiente capítulo trataremos.