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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Extremismos salidos de Nicea

Hemos hablado de Dámaso, quien disputó encarnizadamente la posición de Ursino como obispo de Roma, pues bien, este se consideró uno de los mayores defensores de la ideología salida de Nicea. Posteriormente, cuando el arrianismo era considerado la ortodoxia, fue desterrado. Ahora volvía y su ansia de venganza lo llevó al extremo de querer hacer desaparecer al arrianismo y a todo el que se pusiera por delante llevando la contra. Salió absuelto de aquel turbio asunto con Ursino, por el apoyo del emperador Valetiniano, luego fue acusado de relaciones adulterinas, de las que fue exonerado, no sin dejar dudas sobre su conducta y sobre todo por sus ansias de poder. Durante su tiempo, hasta el emperador Valentiniano, tuvo que pararle los pies a el y a muchos obispos que viendo la tremenda influencia que ejercían entre el pueblo, cometían abusos, con respecto a enriquecimiento a costa de herencias y otras atribuciones que conseguían ejerciendo presión sobre la gente sencilla. El emperador Valentiniano tuvo que dirigirse a Dámaso según un decreto en los siguientes términos: " para que hiciera circular una ley en la que se prohibiera a los eclesiásticos y monjes dirigirse a viudas y huérfanos para persuadirlos con la intención de obtener de ellos regalos y herencias." Dámaso no tuvo mas remedio que aceptar la ley y hacer que se cumpliera, si no quería ver peligrar su posición privilegiada.
Se puede decir que fue el primer obispo romano en hacerse con poderes necesarios por encima de los demás. De hecho, luchó para que se considerara a Roma como la "Sede apostólica", es decir que igual que era capital del imperio, fuese considerada el centro neurálgico del imperio cristiano, desde donde se tomasen las decisiones sobre concilios, sínodos y nombramientos de representantes para estos, etc. Aunque todavía el uso del termino "papa", para referirse a este no era común por lo menos en occidente, en realidad en oriente se utilizaba el termino griego "popes" para referirse a todos los presbíteros, sobre todo en la zona de Alejandría, donde se dio comienzo a tal uso del termino, y en toda la zona oriental continuó siendo así por siglos, pero no fue hasta el siglo VI, que se empezó a utilizar solo para referirse a los obispos y hasta la llegada de Gregorio VII, que se utilizó solo para designar al de Roma.
Pero desde Dámaso en adelante, el ser obispo de Roma, cobró la importancia que hasta ese tiempo no había tenido. Con ese poder en sus manos, teniendo el apoyo de otro emperador, Graciano, hizo que el latín llegara a ser la lengua oficial y obligatoria de la Iglesia nicénica.
Pero ese poder y rigor en defensa de sus intereses, a veces le llevaba a tomar decisiones muy distintas según de quien se tratase. Por ejemplo, en el año 362, en un concilio celebrado en Alejandría en que de nuevo se aceptaban los preceptos nicenicos, se hizo el primer intento de añadir al Espíritu Santo en la dualidad establecida, de tal manera que llegara a ser considerado como del mismo rango, poder y origen que Dios y Cristo y por lo tanto llegaría a ser la tercera persona de una trinidad. No obstante el desacuerdo fue tal, que tampoco se tomaron posturas definitivas sobre este asunto, además se decidió, no expulsar a los arrianistas, incluso manteniendo a sus obispos, con la única condición de que aceptaran y compaginaran las ideas nicenicas con las suyas.
Por aquella época y debido a esa discusión sobre el Espíritu Santo, salió el apolinarismo, doctrina defendida por Apolinar de Laodicea, quien fue nombrado obispo de los nicenicos en su ciudad, amigo y firme defensor de las ideas de Atanasio. Su pensamiento ideológico lo llevó a dar una explicación un tanto peculiar de la persona de Jesús, en la que según entendía el, este simplemente era un cuerpo en el que habitaba internamente el logos, que por supuesto provenía y era a la vez Dios, por lo tanto carecía de independencia, no se trataba de un humano, sino del propio Dios.
Para ese tiempo se discutía sobre el asunto de si Jesús tenía alma humana o no, pues si aceptaban que si, entonces de alguna manera parecía desprenderse de esto, la idea de que Jesús era independiente del padre, por lo menos mientras permanecía en carne, o, rebajaría a Dios al necesitar este de un alma humana para ser una persona. Por otro lado el rechazar la idea que Jesús careciera de alma humana y solo contendiese la esencia del logos o el espíritu del logos, entonces realmente según el entendimiento de la época, carecería de lo básico del humano y por lo tanto difícilmente podría haber sido el humano perfecto que salvara a la humanidad para compensar la perdida del humano perfecto Adán, salvo que Adán tuviese también algo divino interior, idea imposible de aceptar. A algunos la solución aportada por Apolinar parecía gustar, pues eso explicaría como Jesús podría permanecer perfecto siendo humano y naciendo de un humano, pero fue rechazado por los nicenicos por acercarse a los modalistas, y por hacer incompleto a Cristo al carecer de algo tan humano como el alma, pareciendo que Jesús fuese una simple marioneta manipulada por Dios. Así, hasta Atanasio se opuso a las doctrinas de Apolinar y muchos de los atanasianos también se opusieron, hasta el conflictivo e interesado Dámaso se opuso y los condenó en el 377 , lo cual provocó que Apolinar cayese en el ostracismo, sus escritos fueran defenestrados, y mas aún a partir del 381, cuando su enseñanza se declaró herética.
Pese a todo, Apolinar tuvo sus defensores quienes se mantuvieron activos, aunque no por mucho tiempo, se sabe de ciertas comunidades apolinaristas en Constantinopla y Siria. Pero a la muerte de este acaecida en el 390 o 392, al poco tiempo muchos abandonaron el movimiento para volver a las fauces del catolicismo y otros se acercaron a lo que se llamó monofisismo alrededor de las primeras décadas del siglo V.
Por otro lado en Constantinopla donde tomaron fuerza por un tiempo los seguidores de Apolinar, existieron movimientos que siendo nicenicos y opuestos a los apolinaristas, que también llegaron a ser apartados pero por otro aspecto de la doctrina que se empezó a desarrollar para ese tiempo. Esa cuestión consistía en determinar qué naturaleza tenía el Espíritu Santo y cuál era la dignidad que se le debía. Dado que se hablaba de bautismo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, algunos atanasianos o nicenicos, concluyeron que si el Padre y el Hijo eran de la misma sustancia y por lo tanto eran iguales, la posición del Espíritu Santo debía por lo tanto ser igual, surgiendo así la idea de una completa trinidad. Claro esto chocó de frente con lo que hasta ese tiempo se aceptaba sobre la naturaleza del Espíritu como «fuerza divina», así era entendido también el asunto por los judíos y el Antiguo Testamento, dificultaba sobre todo el que la Biblia mencionara derramamiento del espíritu o llenarse de espíritu, pues ¿Cómo podía llenarse alguien de una persona? Y ¿Cómo se pudiera utilizar la expresión derramar al referirse a Dios?. Eran esos los principales escollos y contradicciones a las que se enfrentaban los nicenicos.
Para los arrianistas, sin embargo no había mayor dificultad para entender esto último, ya que entendían simplemente que el Espíritu era la fuerza que emanaba de Dios, pero sin atributos de persona.
Basilio de Cesarea, discípulo de Eustacio de Sabaste, uno de los originadores del cristianismo monacal, fue uno de los impulsores de la idea de personificación e igualación del Espíritu Santo con Dios y Cristo, afirmó sin tapujos que el Espíritu Santo es Dios y «tiene que ser colocado y glorificado junto al Padre y el Hijo. En realidad, sus tesis se basaron en el razonamiento que ya defendió a Sabelio un siglo antes y por el que fue expulsado al considerarlo hereje. Sabelio, acusado de modalismo, entendía la divinidad como una unidad que se manifestaba en tres operaciones distintas: Padre en el Antiguo Testamento, Hijo en la encarnación, Espíritu Santo en el pentecostés.
En el caso de Basilio de Cesarea, la única modificación o diferencia con respecto a Sabelio, era que lo expuso desde la óptica nicenica, es decir que no era exactamente que Dios se manifestara en forma de Espíritu Santo, sino que al igual que el hijo era persona independiente y a la vez parte de la divinidad y por tanto Dios, lo mismo podía decirse del Espíritu Santo. Pese a que siglos atrás se había condenado a Sabelio por aplicar el dogma modelista al Espíritu Santo, ahora se ven con buenos ojos las conjeturas de Basilio, quizás por tener buena prensa y amistad con los llamados padres capadocios, Gregorio de Nacianzo y su hermano Gregorio de Nisa, además del apoyo incondicional de Juan el llamado Crisostomo o boca de oro. Con ese espléndido apoyo, la enseñanza trinitaria defendida por Atanasio tomó el relevo de la mano de Basilio y este desarrollo su dogma.
Pero toda la argumentación de estos estaba atada con unos hilos muy finos, en realidad simplemente se podía entender en términos filosóficos y no bíblicos, por ello las discusiones entre los propios nicenicos sobre palabras y significados de ciertos términos provocaban no pocas distensiones. El propio maestro de Basilio, Eustacio de Sabeste, en el año 360 protagonizó una controversia terminológica con Melecio de Antioquía, que acabó en su destitución. Pero el motivo de la disputa y las diferencias de entendimiento era tan tenues que no se explica realmente tan cruda discusión. Sencillamente se trataba de la forma de aplicar una terminología a la nueva creencia surgida en Nicea; mientras Eustacio entendía la expresión hypóstasis como sustancia, diciendo, por tanto, que en Dios existe una sola hypóstasis pero dos personas distintas con diferentes personalidades y propósitos. Mientras los melecianos la entienden, como una sola persona, afirmando, en consecuencia, que en Dios existen dos hypóstasis, aunque son una sola persona. En realidad todo venía a decir mas o menos lo mismo, era una mera discusión provocada por la cantidad de contradicciones que hizo surgir la aceptación del lenguaje filosófico platonico-helenico introducido desde Atanasio.
Fue tal la discordia que parecía imposible consolidar ambas ideas entre los nicenicos, de hecho, Eustacio fue depuesto, aunque esto fue mas por su critica a la opulencia eclesiástica, pues el abogaba por el ascetismo y crear una religión dirigida a los pobres, justo lo opuesto a lo que se estaba desarrollando desde la llegada de Dámaso al poder eclesial de Roma. En cualquier caso esto provocó que se creara otro cisma más en el que otro aliado de Eustacio, un tal Paulino, fue el mas ferviente opositor a Melecio cuando este llegó a ostentar la posición de Obispo de Antioquía. Es posible que de este u otro apoyador de Eustacio provenga un texto encontrado con el titulo : Refutación de la hipocresía de los amigos de Melecio. y de Eusebio de Samosata sobre el homotisios. Pero el mismo Melecio, también tuvo sus mas y sus menos, fue sustituido por causa de los arrianos en el mismo año 361, pero encontró seguidores para su causa entre algunos importantes miembros de aquella zona y época, entre ellos a Diodoro de Tarso y Flaviano y del propio Basilio de Cesarea. Vuelve de nuevo, pero otra vez es destituido en el 365 y otra vez lo intenta en el 367 y 371, se ve que el insistía en tener ese puesto para poder diseminar sus ideas. Cuando por fin en el 378 a la muerte de Valente el último emperador romano que apoyaría a los arrianos y ahora es obligado a firmar la aceptación de las ideas nicenicas para pode tener el apoyo del extremista Dámaso.
Pero la pugna con los eustasianos y los recelos contra los demás nicenicos no concluyeron, pese a los esfuerzos incluso por parte de Basilio amigo de ambos, no se pudo llegar a un acuerdo creando dos cismas, el meleciano y el de los eustacianos, disputa que se prolongó hasta el año 413 en el que los residuos de estos últimos terminaron siendo absorbidos de nuevo por los nicenicos.
De aquellas complejas discusiones y revuelos, cabe resaltar a uno de los apoyadores de Melecio, Diodoro de Tarso, un importante maestro, escritor de numerosos documentos, de los que apenas han sobrevivido restos, ya que con el tiempo se le anatemizó. La razón, al parecer la encontramos en el hecho de que su ideología fue mas allá de las ideas de Melecio; así mientras este último solo discutió el asunto de las naturalezas, las personas o las hypostasis, Diodoro quiso mostrar que en realidad estando Dios en el cielo era una sola persona, pero al bajar a la tierra, se desdobló en la forma de Cristo, de tal manera que aún siendo la misma persona, se formó de diferente sustancia, la humana, teniendo su propia personalidad y sentimientos, mientras arriba en el cielo seguí siendo Dios. De esa manera trataba de explicar la manera de entender que Cristo muriera, sin que Dios muriera y se explicarían las palabras de Jesús: vuelvo a mi Dios y Dios de ustedes, y el hecho de que se dijera que a Cristo lo resucitó Dios, es decir, levantó de nuevo a esa parte de su sustancia que hizo bajar a la tierra. También esto explicaría la compleja diabtría de aplicar a Dios un nacimiento en la tierra, proviniendo de una de sus creaciones, en realidad, el papel de María sería el de madre, de parte de la sustancia de Dios encarnada, y no de el completamente. Diodoro se opuso contundentemente a Apolonio, quien para ese entonces se había hecho fuerte en algunas iglesias de oriente aunque todavía no se había separado definitivamente de la iglesia nicenica, pues como ya explicamos anteriormente simplemente predicaba otra variante del nicenismo, afirmando que Cristo como hombre era una mera marioneta de Dios, quien de alguna manera poseía el cuerpo, sustituyendo su alma por su Espíritu Santo y de esa manera era el mismo Dios, pero con forma humana. María en este caso sería madre de Cristo y de Dios pero solo de manera cuasia-doptiva. El apoyo mayoritario en la iglesia nicenica fue a parar temporalmente a las tesis de Diodoro en el caso de la dualidad Dios-Cristo y para Basilio en el caso de los atributos divinos para el Espíritu Santo.
Sin embargo para el año 438 se acusó a Diodoro de ser el responsable de una doctrina herética que se conoció como el nestorianismo, del que trataremos mas en profundidad. Fue esa misma acusación la que condujo a su condena final en un sínodo de Constantinopla el año 499, cien años después de su muerte. Antes de eso uno de sus grandes defensores y seguidores de sus tesis llegó a definir su ideología de la siguiente confusa y contradictoria manera : No fue sólo Dios ni sólo hombre, sino que es, en verdad, por naturaleza, "en los dos," Dios y también hombre. Es Dios Verbo el que asumió, pero es nombre el que fue asumido. Y el que es forma de Dios asumió la de esclavo, y la forma de esclavo no es la forma de Dios. En la forma de Dios es el que por naturaleza es Dios, el que asumió la forma de esclavo; pero la forma de esclavo es el que por naturaleza es hombre, que fue asumido por nuestra salvación. Por consiguiente, el que asumió no era el mismo que fue asumido, ni el que fue asumido era el mismo que asumió, sino que el que asumió es Dios, mientras que el asumido es hombre. Y el que asumió es por naturaleza lo mismo que Dios Padre, porque es Dios con Dios, y es lo que es Aquel con quien El estaba. Mas el que fue asumido es por naturaleza lo mismo que eran David y Abrahán, cuyo hijo y de cuya descendencia es. (Adversus Apollinarium Hom. cat. 8,1)
Parece que la moda de usar un vocabulario lleno de complejas atribuciones y de imposible entendimiento para los fieles de a pie, propició el paulatino alejamiento de las clases comunes, del pueblo en general, de los feligreses, contra una cada vez mas altiva clase clerical, preocupada mas por las controversias verbales y filosóficas de las doctrinas que se desarrollaban que por la verdadera necesidad espiritual de los legos.
Otros contemporáneos nicenicos en esta convulsa dialéctica como Macedonio de Constantinopla, no podían aceptar los preceptos de Basilio con respecto a la tercera persona de la ahora llamada trinidad y lucharon para combatirlo, sobre todo basandose en la idea de que el Espíritu Santo no era persona sino la fuerza impulsora de Dios y que provenía tanto del Dios-Padre como del Dios-hijo. Los partidarios de este fueron denominados por sus adversarios «pneumatómacos», los que «matan al Espíritu». Macedonio, basandose en el hecho de que el Espíritu Santo no aparece en el Nuevo Testamento como creador o causa primera, sino más bien como ente primario o fuerza creadora proveniente de lo divino, lo define como espíritu servidor, en el cual se halla la vida en primer término, pero de ninguna manera lo puede identificar como persona de Dios. Era nicenico por el hecho de reconocer la divinidad del Hijo y su consustancialidad con el Padre, pero la rechaza esto mismo en el Espíritu Santo, por considerarlo criatura supra angelical, procedente exclusivamente del Hijo y subordinado al Padre y al Hijo.
No se condenaron sus enseñanzas hasta después de su muerte, pues aunque fue destituido de su puesto como obispo de Constantinopla en el 359, este hecho fue mas bien por ciertos excesos en el trato contra arrianos y novacianos y un escándalo relacionado con el sepulcro de cierto emperador.
Lucifero de Cagliari, natural de Cerdeña y quien al parecer fue representante del obispo de Roma en el concilio de Milán en el 355, cuando se condenaron como heréticas las doctrinas de Atanasio y se aceptaron las de Arrio. Este se había opuesto a toda aceptación de los arrianistas, por ello, el había sufrido el exilio unos años atrás junto con Dámaso y otros. Tiempo después, cuando el Lucifer afirmaba que la herejía no difiere de la apostasía y entraña la pérdida del poder de orden, por ello, abogaba por la negación de toda oportunidad de vuelta para los arrianos, en esto de nuevo se ve ansias de venganza por los sufrimientos de su exilio.
Por otro lado el tuvo que tomar de su propia medicina, fue uno de los que se opuso a la introducción del Espíritu Santo en la dualidad divina. Pero su postura bien argumentada y defendida no le bastó, debido a que entre los nicenicos, gran parte estaba a favor de las ideas aportadas en esa linea por parte de Basilio de Cesarea, ahora se encontraba en minoría. Pero ahora había decidido ir mas allá y fundó un movimiento en el que solo aceptaba a Cristo y Dios en la igualdad, pero se negaba a aceptar al espíritu santo como un ser, sino mas bien una fuerza de Dios. Con el tiempo dio origen a un movimiento, que si bien no fue duradero, volvió a sacar nuevamente la idea tertuliana de la transmisión del alma, además de la ya explicada oposición a la trinidad que incluya al Espíritu Santo
Dámaso, pese a que años atrás había compartido las ideas nicenicas con este, y también el exilio y la deshonra por culpa de los arrianos, ahora por la pugna con Ursino, quien al parecer había adoptado la enseñanzas luciferinas, atacó a este y consideró su movimiento como herético. Hasta el tiempo del emperador Juliano en el 370, tuvo que estar exiliado, pero este lo hizo volver a su Cagliari natal, donde murió, incluso hasta el día de hoy lo consideran un santo local. Dámaso se opuso a su vuelta y trató por todos lo medios de defenestrarlo de nuevo, aunque al parecer no lo logró. En ese contexto el movimiento originado por Lucifero se convirtió en cismático simplemente por la ambición de poder por parte de Dámaso. Al parecer Lucifero escribió varios manuscritos pero con poca base teológica, mas bien parecían artículos de opinión de extrema critica hacia los arrianos, pero llenos de infamias y poco contenido.
A veces las luchas entre facciones entre los divididos nicenicos, no era por cuestiones doctrinales, sino mas bien por ambiciones personales, como sucediera en el caso de Antioquía. En el año 331, fue depuesto por los arrianos como obispo de la ciudad Eutanasio, y en su lugar fue instaurado Melesio, quien con posterioridad traicionó a los arrianos y aceptó las ideas nicenicas. Pero con el paso del tiempo ya en el 360 los seguidores de Eustasio buscaron la manera de volver a su anterior posición a Eustasio a alguien cercano a sus tesis, acudiendo en su ayuda Lucifero, quien para ese entonces, buscaba adeptos a su causa y quien de alguna manera nombró a Paulino en sustitución de Melesio, forzando a crearse ahora un grupo afín a Melesio, llamado los melesianos, quienes protagonizaron enfrentamientos duros no solo en Antioquía, sino en Alejandría y otras provincias orientales.
Pero algunos de estos grupos o grupúsculos, subsistieron y simplemente fueron tendencias mas o menos aceptadas en el seno de los divididos nicenicos. Dámaso, quien lideraba ese grupo permitía mas o menos estas contiendas y tendencias sin llegar en todos los casos a expulsar o considerarlas herejías, con el fin de no dividir mas su ya deteriorada y resquebrajada cristiandad.

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