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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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El concilio de Nicea : La suplantación del cristianismo monoteísta


Corría el año 325, convocado a la limón por Constantino, Osio de Córdoba y algunos influyentes cabezas de la iglesia del siglo IV, se prepara uno de los concilios mas importantes, no por las cuestiones que se iban a tratar, nada nuevo, sino por los efectos que iban a tener las conclusiones de allí salidas.
Por un lado estaban los que yendo mas allá de los pensamientos modalistas o monarquianistas, empezaron a enseñar que el Logos, es decir Jesús, fue el mismo Dios en todo momento, ya no se trataba de desdoblarse ni como entendía el adopcionismo en el sentido ser convertido en Dios una vez ascendido al cielo. Estos entendían como los monarquianistas que Dios era el rey y Dios eterno. Por lo tanto cuando al logos en Juan 1:1 se le da el titulo de dios es igualando al Dios supremo y no como ser divino inferior, como sugirió Orígenes. Para explicar que el logos era eterno al igual que el creador, utilizan otro razonamiento platónico tambien de Orígenes, la llamada generación eterna, es decir sencillamente, si Jesus fue generado y no creado, sale por tanto del creador y es parte de el. Si sale de el, aunque las escrituras dijesen que provenía de Dios, tambien afirma que por el (Jesus), fueron creadas todas las cosas, por eso se le pueden atribuir propiedades de creador. Afirmaban que al ser el creador, es tambien eterno, este logos que proviene de la misma sustancia que el creador era por lo tanto coeterno. No obstante para diferenciarse de los modalistas, adopcionistas y otros, sugirieron la idea de que cuando actúan en la situación o posición sea como hijo, o como Padre, lo hacen individualmente siendo distintos, aunque iguales.
Para compaginar ese contradictorico razonamiento, reinterpretaron a Tertuliano utilizando la expresión "consubstancial" que el usó para referirse a la relación entre Dios y Cristo. Todo esto lógicamente no podía ser aceptado fácilmente por el hecho de acercarse a enseñanzas ya rechazadas por años, (modalismo, monarquianismo) por otro lado los textos de Tertuliano y los de Orígenes no eran aceptados de forma mayoritaria, uno por haber acabado en un grupo hereje desde el punto de vista de ellos y el otro por lo controvertido de sus comentarios.
Es curioso que la batalla dialéctica y religiosa mas importante, el concilio mas importante del siglo, tuviese como protagonistas a dos presbíteros relativamente jóvenes. Atanasio, de gran personalidad y fuerza dialéctica fue una pieza clave en el destino del famoso concilio. Este desplegó tal elocuencia y tal fuerza de persuasión que sus adversarios le temieron más que a ninguno de los otros defensores que no añadieron mucho más significativo al tema.
De niño había recibido una buena educación aunque embaduranada de filosofía y dialéctica platónica. Así había bebido de las enseñanzas de Panteno, Clemente y Orígenes, por lo que de alguna manera influyó en su lenguaje confuso y lleno de contradicciones difíciles de asimilar, pero que salidas de su boca parecían albergar un gran sentido y razón.
El otro protagonista de este controvertido asunto doctrinal fue Arrio. Arrio era un presbítero cuya personalidad, por lo mucho que en su contra se ha escrito está oscurecida y tergiversada, como alguien de duro carácter y excesivamente orgulloso y por lo tanto tenaz en sus posturas. Quizás si es verdad, como se afirma que era en cierto modo vanidoso, pero no se puede decir que no lo haya sido Atanasio, creyendose ambos poseedores de la razón. Sin embargo después de mucho leer sobre la personalidad de Arrio, podemos llegar a la conclusión de que era una persona de corte racional, quizás como Marción, pero mas apegado a las escrituras, su forma de enseñar dolía de cierta simplicidad, pero de mucho "sentido común" y lógica, cosa que en un principio atrajo mucho a las multitudes, máxime cuando era el que mantenía la verdadera ortodoxia, pues por largos años se habían atacado y luchado contra las ideas modalistas, monaquianistas adopcionistas etc, mientras lo que Atanasio proponía iba en linea con estos.
Por mucho que nos quieran hacer creer que Arrio saliera con nuevas ideas, mas bien lo que sucedía es que este quería poner punto y final a una controversia que se mantenía por años, sino observemos este reglón que ha sobrevivido de una carta escrita por Eusebio de Nicomedia a Arrio, poco antes del concilio : Tus sentimientos son buenos; ruega para que todos los adopten, porque es evidente para todos que lo que ha sido hecho no existía antes de su creación, sino que lo que vino a ser tiene un comienzo de existencia" (De syn. 17).
Por otro lado Sócrates, historiador que en el año 380, escribiera su Historia Eclesíastica, una extensa obra en siete volúmenes, menciona ciertas cartas escritas por Atanasio antes del concilio de Nicea, en las que se lamenta de sus sufrimientos por causa de sus ideas, que eran atacadas por otros obispos, sobre todo menciona a Eusebio, pero no a Arrio, y muestra que algunos de sus destierros ocurrieron antes del concilio. En ningún caso se habla de presiones o difcultades contra Arrio por sus ideas, previamente al concilio, lo cual demuestra hasta cierto grado quien tenía el favor de la ortodoxia, hasta la llegada de Nicea.
De hecho, es muy posible que Atanasio haya sido acusado por Eusebio otros encumbrados obispos, acusandole de modalismo u otras ideas semejantes, pero se sientiese apoyado por otros que desde el silencio estaban esperando su momento. Quiizás porque los apoyadores de estas ideas pretrinitarias realmente nunca habían sido suficientemente callados, bien es verdad que antaño, habían sido ya expulsados, Teódoto, Pablo de Samosata y Sabelio por esta causa, pero todavía había muchos otros "maestros", que seguían albergando creencias parecidas. Ahora con Atanasio a la cabeza ya no tenían pudor en presentarlas y diseminarlas, con algunas nuevas connotaciones, pero fundamentalmente lo mismo. Eso estaba ocurriendo en Alejandría, pues allí el Obispo y algunos presbíteros importantes, confabulados con Atanasio, empezaron a diseminar esas ideas y las estaban esparciendo a otras ciudades importantes, gracias a su influencia. Era la lucha por mantener la ideología monoteísta, pero entendiendola de diferentes maneras.
Arrio también tenía la elocuencia necesaria y el poder de convicción suficiente para que aún siendo aparentemente derrotado por votación en el famoso concilio, sus posturas en un principio salieran reforzadas, sobre todo porque el camino al que se veía abocado el cristianismo que saldría del famoso credo de Atanasio, era el de una filosofía difícil de explicar y lleno de dudas serias con respecto a cuantos dioses había.
Arrio, era un hombre de buena posición, nacido probablemente de Cirenaica, (actual Libia) aunque se decía que era alejandrino, por los muchos años que vivió en Alejandría. En el año 318 presidía la Iglesia de Bucalis, en Alejandría, y gozaba del favor del obispo de la ciudad, Alejandro. Pero poco después mantuvo controversia con el citado obispo, pues como mostramos antes este empezó a albergar y diseminar ideas modalistas o sabelianistas modificadas, en cualquier caso ideas rechazadas y consideradas heréticas relacionadas con la identidad de Cristo. Arrio sentía que los comentarios de Alejandro apoyaban una visión herética de Dios, que enseñaba que el Hijo era meramente un modo distinto del Padre, más que una persona diferente. Arrio estaba en posición de inferioridad, esto conllevó a que de alguna manera fuera acusado por Alejandro de rebeldía y fue destituido y se le hizo la vida imposible. Arrio no tuvo mas remedio que dejar su apreciada Alejandría y pasó a Cesarea, en Palestina, defendiendo con celo sus ya conocidas ideas unitarias y racionalizadoras. En aquella región influida por el judaísmo monoteísta la mayoría de los obispos concordaban con él. Es verdad que dos de los principales obispados sirios, los de Antioquía y Jerusalén, no se postularon a su favor, pues Alejandro y otros de su linea empezaban a utilizar su renombre e influencia para diseminar su enseñanza. Lo que si parece claro es que la controversia parecía en principio afectar a la parte oriental, en occidente no parecía preocupar el asunto en exceso. Mas bien era otra cosa la que estaba dividiendo a occidente de Oriente, un tema largamente tratado por muchos años, era el asunto de la pascua, que como ya mencionamos antes, algún edicto de Constantino vino a revolver de nuevo el asunto.
Por un lado según algunas fuentes fue el propio Arrio quien fue el impulsor del famoso concilio, aunque en realidad es más posible que fuera por sugerencia de Osio, quien también estaba involucrado como parte de la polémica, era amigo de Alejandro y en principio se dejó convencer por este. Lo que si está claro es que el hecho de que fuera Constantino quien convocara dicho concilio, como si fuese la cabeza de la congregación, prueba evidente de que hasta ese entonces el cristianismo mayoritario realmente había carecido de una clara cabeza dirigente y por ello se buscaba al emperador como intermediario para resolver estas dificultades. Asuntos que por otro lado al emperador no le interesaban en exceso, pues realmente le era difícil entender el lenguaje filosofico-doctrinal de los asuntos a tratar. Sin embargo fue el quien presidió el concilio, incluso dejo expuestas unas palabras de apertura, que Eusebio de Cesaréa, el máximo defensor de la teología imperial, y adulador en extremo de la figura de Constantino, cataloga casi como divinas.
Pero lejos de eso, la única intención de Constantino era que una vez se había apoderado de la sección oriental del imperio tras arrebatar su territorio a su ex-amigo Licinio, ahora se trataba de buscar la unificación religiosa por medio de hacer que se llegue a un acuerdo unánime que logre la unidad del cristianismo y por ende, de su imperio.
En la reunión estuvieron representantes de diversas ciudades, pero en su mayoría de oriente, entre los mas destacables fueron el Obispo de Córdoba y amigo de Constantino Osio, quien se postulaba a favor de Alejandro y Atanasio, además de Eusebio de Cesárea, quien es posible que no tuviese las ideas claras y solo acataría lo que el emperador aceptara, Eustasio de Antioquía y Macario de Jerusalén. Todos estos por el lado igualitario o pretrinitario; y por parte de Arrio, estaban entre otros, el propio Arrio, Eusebio de Nicomedia, Nicolás de Myra Luciano de Antioquía, (a quien se relaciona con las tesis de Pablo de Samosata y precursor del adopcionismo, aunque esto haya que ponerlo en duda), y otros obispos menos conocidos. Por otro lado algunos que eran meros oyentes de ambas tesis y que debían decidir su postura allí, entre ellos Cecilio de Cartago, Marcos de Calabria, Nicasio de Dijon, Dono de Estridón, en Panonia, y los dos presbíteros de Roma, Víctor y Vincentius, en representación del Obispo. Este detalle no deja de ser Curiosamente llamativo, el que se ausentara el que según la iglesia dirigía como supuesto papa, el obispo de Roma, Silvestre, quien o no fue convocado o no pudo ir. En cualquier caso no fue imprescindible su presencia, pues quien presidía el evento era el propio emperador, aunque Osio, la mano derecha de Constantino en su nueva posición de emperador también de la iglesia, hizo de moderador y dirigió las sesiones.
Ese era el primer escollo que Arrio debía salvar, pues el mismo que moderaba el debate, era a su vez parte importante y podía desequilibrar el asunto. La importancia que este obispo tenía por aquel entonces no se ha dado a conocer adecuadamente, por la obstinación de los historiadores católicos a defender la posición de los obispos de Roma por encima de los demás cuando la realidad era muy distinta.
La defensa de las tesis de Arrio se basaba en el hecho bien aceptado tradicionalmente que sostenía el punto de vista de que Jesús estaba subordinado al Padre. Pero Arrio mostraba que esto era así, no solo cuando estuvo en la tierra, sino también en el Cielo. Además afirmaba que Cristo, el logos aun saliendo de Dios, era inferior metafísicamente, pues decía que realmente era de otra sustancia, tal como todo el universo y la materia, que aún saliendo de Dios era de distinta materia y por ello era imposible que fuera igual a El. Arrio sentía que la única forma de asegurar la divinidad de Cristo era colocarlo en el escalón inmediatamente inferior al Padre, quien permanecía más allá de toda comprensión". Pero que la adoración solo se le debía al único Dios que era el mismo al que Cristo se dirigió como su Padre y su Dios.
Quizás el único punto flaco de su formulación era la forma de negar que fueran de la misma sustancia, pues según explica el, Dios no lo había hecho de su propia energía o de su propio ser : decimos que el Hijo tiene comienzo, pero que Dios es sin comienzo. , asimismo, decimos que es de la nada. Y esto lo decimos porque El no es ni parte de Dios ni (está hecho) de otra materia subyacente.
Esto hacía surgir la cuestión : ¿De donde pues podría provenir? Pues si el único ser eterno era Dios, no podría haber mas materia ni elementos contemporáneos a El de donde sacara o formara al Logos. Aunque quizás Arrio hiciera esa afirmación con el propósito de que no se jugara con las palabras en el sentido de que si es de su misma sustancia es por lo tanto el mismo. Hoy día sería mas fácil entender a Arrio, si sencillamente se aferrara a la ley de la energía, la cual como expresó Einstein, ni se crea ni se destruye solo se transforma y si Dios es la fuente de la energía todo ha salido de el, primero su hijo de forma directa y después todo lo demás a partir de el, lo cual no significa que todo lo creado sea igual a Dios, sino inferior, por ser solo parte de El.
Posteriormente en su escrito llamado El Banquete (La Thalía), expresa la idea clara : el mismo Dios, en su propia naturaleza, es inefable para todos los hombres. Sólo El no tiene nadie que le sea igual o parecido o de igual gloria. Le llamamos ingénito a causa de Aquel que es engendrado por naturaleza. Le ensalzamos como a quien no tiene origen y le adoramos como eterno por razón de Aquel que empezó a existir en el tiempo. El que no tiene comienzo hizo al Hijo, comienzo de las cosas creadas, y se lo ofreció a Sí mismo como Hijo y lo adoptó. Nada tiene propio de Dios según su propia subsistencia, ya que no es igual ni consubstancial con El… Hay, pues, una Trinidad, pero no con glorias iguales; sus subsistencias no se entremezclan; una es infinitamente más gloriosa que la otra. El Padre, por no tener origen, es, en cuanto a esencia, ajeno al Hijo.
En cierto modo se vislumbra un acercamiento al pensamiento de Tertuliano, quien utilizó el termino trinidad, pero no en el mismo sentido que hoy se tiene de ese termino, ni como la tenían los propios apoyadores de la doctrina trinitaria de aquellos tiempos, simplemente es un termino que se usa para hacer referencia a las cosas divinas : Dios, Jesús y el Espíritu Santo, al que por cierto para ese entonces todavía no se había incluido en las discusiones. Algunos alegan que también se acercaba al adopcionismo de Teódoto, pero nada más lejos, pues la expresión adopción para Arrio, no significaba que Cristo se convertía en Dios, como explicaba Teódoto, sino en el sentido de la forma de entender y aplicar la expresión ser hijo de Dios, como criatura engendrada pero no a la manera humana y por ello hijo en adopción.
Pero Atanasio, expone ante Arrio dos interrogantes que consideraba fundamentales: "Si el Verbo fue creado, ¿Cómo es que Dios que lo ha creado no podía crear el mundo? Si el mundo no ha sido creado por el Verbo, ¿Por qué no podía haber sido creado por Dios? Cuestiones a las que Arrio no supo o no pudo dar una respuesta que satisficiera o convenciera a los opositores.
Finalmente Atanasio quien fuera el principal defensor de la tesis igualitaria, definió la siguiente formula: "el "Verbo es consustancial al Padre". Y luego se desarrolló sobre esto, la siguiente idea : Asimismo el Padre está en el Hijo, porque el Hijo es lo que es propio del Padre, a la manera como el sol está en su resplandor, la mente está en la palabra, y la fuente en el arroyo.
Tampoco era nada nuevo el razonamiento sobre el Sol y su resplandor, Orígenes, y otros habían tratado esta ilustración, pero curiosamente para mostrar lo contrario, que era posible que los rayos o resplandor del sol sea distinto o inferior al sol saliendo de el. Hoy día quizás se le podría cuestionar esa ilustración, si hablamos de que la luz son partículas, etc. Pero también esas maneras de ejemplificarlo, eran guiños para relacionar al Sol, al que los romanos consideraban el principal Dios, con el Dios de la cristiandad. También un guiño a los platónicos por la relación de la mente y la palabra, en definitiva, Atanasio, con su elocuencia y el manejo de las palabras era engañosamente convincente. Pero a la misma vez, Atanasio para apartarse del modalismo clásico, mostró que el ser consustancial, no impedía que de una manera se pudiera decir a la vez que eran personas distintas, no distintas maneras de representación de un mismo ser, sino distintos en propósito y labor, pero iguales en "origen", por no tener inicio y en ser. Para explicar el hecho de que la Biblia hable de un inicio en el caso de Jesús, el recalca que la expresión adecuada era ser engendrado, no era necesariamente creado, sino que surgía del mismo ser que ya era.
Se dice que de el salió el siguiente y famoso credo : Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero. engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó y se hizo hombre; padeció y resucitó al tercer día, y subió al cielo y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos. Existen serias dudas sobre la autenticidad de este dogma, algunos alegan que fue Constantino quien lo elaboró, pero dudamos aún más de eso, pues el mismo no tenía claro el concepto. Por otro lado según ciertas fuentes, data del siglo V o posterior, además contiene posteriores añadidos relacionados con el Espíritu Santo, al que no se incluyó en las discusiones de Nicea, probablemente solo la primera parte haya sido expuesto por Atanasio, luego en el 381 se añadiera algo más, para ya en el siglo V, se completara el famoso credo.
Pero por mucho que se quiera exponer como diferentes y contrarias a esto, las enseñanzas de los monarquinistas o de los modalistas de Praxéas o el sabelianismo de Pablo de Samosata o las enseñanzas de Teódoto, quienes siempre defendían la igualdad entre Dios y Cristo, y la definición de Cristo como una manifestación de Dios, era eso lo que se expuso en Nicea, solo que con diferentes terminos. Es difícil distinguir y no confundir esas ideas no entendidas un siglo antes con lo que pretendía hacer creer Atanasio. En realidad la esencia de su credo radica en esas ideas previas formuladas por personajes criticados y en algunos casos considerados en su día como herejes expulsados. Pero para Atanasio y otros, que temían que toda terminología que degradara la divinidad de Cristo podría poner en tela de juicio su papel como Salvador y Señor, era necesaria formularla así.
La única diferencia con respecto a los modalistas era que Atanasio hablaba de una especie de desdoblamiento de la personalidad de Dios, por el hecho de que en el momento de estar en la tierra, Cristo era el hijo, y solo es Dios en el momento de estar en el cielo.
En ambos casos se hizo uso de las escrituras, Arrio y los suyos para apoyar la posición inferior de Cristo ante Dios, aunque superlativa para el hombre. Y Atanasio y los suyos, quienes probablemente hayan buscado dar interpretación de algunas expresiones o títulos que en las escrituras se daban tanto a Dios como a Cristo. Sin embargo se tuvo que reconocer que estos últimos en realidad tuvieron mas dificultad para demostrar con las escrituras sus tesis, pues de forma clara directa y sencilla, no hay ninguna frase que mencione que Dios es Jesús, esto no aparece en ningún escrito apostólico ni en ningún evangelio. Para ello sin embargo tuvieron que echar mano de la dialéctica y de términos extraídos de la filosofía griega para aplicarlos a la relación Dios-Jesus. No era la primera vez que esto se hacía, pero nunca de forma tan descarada y desesperada. La propia enciclopedia católica reconoce lo siguiente : "Su repentina y, en cierto sentido, casi impremeditada adopción de un término casi filosófico y no perteneciente a las Escrituras como es "homoousion" para expresar el carácter de creencia ortodoxa en la Persona del Cristo histórico, al definirlo como idéntico en sustancia, o coesencial, con el Padre, junto con su confiado llamamiento al emperador para prestar la sanción de su autoridad a los decretos y pronunciamientos, mediante la cual esperaba salvaguardar esta más explícita profesión de la antigua Fe, tuvieron consecuencias de la más grave importancia,"
Arrio, posiblemente se aferrara a la lógica y al rechazo de la filosofía como base de las enseñanzas, y por ello su argumentación estaba limitada por ese rechazo. Pero la gran mayoría de los participantes en el sínodo, albergaban simpatía por la teología basada y expresada en términos mas elocuentes y espirituales, como lo eran los filosóficos, como ya había estimulado a hacer Clemente de Alejandría en su tiempo. Es posible que si Arrio, hubiese utilizado sus mismas armas, incluso citando a Orígenes, hubiese ganado la partida. O si otros de sus apoyadores como Eusebio de Nicomedia, hubiesen expuesto o debatido mas enérgicamente, quizás las cosas hubiesen sido distintas.
Así, por extraño que parezca, las tesis incomprensibles y los juegos de palabras de Atanasio, fueron las que ganaron, aparentemente. Y decimos aparentemente porque en realidad, no se zanjó el asunto de forma consensuada y definitiva, sino mas bien de forma arbitraria. Se decretó que Arrio y los suyos no tenían razón y a partir de entonces se aceptaban como correctas las tesis de Atanasio, cuando en realidad lo defendido por Arrio era lo que siempre se había aceptado tradicionalmente. Por supuesto el peso de alguien tan influyente como Osio y posiblemente los representantes de Roma, tuvieron mucho que ver en la resolución, en cierto modo porque a estos se les concedió previamente la aceptación de la celebración de la pascua según sus criterios, de tal manera que a partir de entonces siempre sería el domingo, ganando así, su apoyo en la otra cuestión a tratar.
No podemos quitar méritos a la elocuencia y poder de convicción de Atanasio, quien a partir de entonces empezó ser mas valorado. Pero eso no acalló al convencido y tenaz Arrio, pues siguió firme en su postura y esto hizo que se ganara adeptos a su causa en todas partes, incluso en el feudo de Osio, en la península hispánica, donde con el tiempo llegó a mantenerse como la ideología oficial así como en las tierras norteñas de Germania y entre los godos, y por supuesto en Asia menor. Se daba comienzo entonces a uno de los episodios mas vigorosamente conflictivos de los primeros siglos de cristianismo y que se mantendría durante el resto de siglo.

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