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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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La extraña conversión de Constantino

Busto de Constantino el Grande, el emperador que instituyó la iglesia cristiana como religión estatal. Pero ¿Que iglesia?



La llegada del emperador Constantino y su apoyo incondicional al cristianismo fue fundamental para sentar las bases de lo que hoy se conoce como la Iglesia católica. Pues su idea de hacer un cristianismo estatal, en el que toda persona nacida en el imperio debía ser convertido en cristiano y se impusiera esta religión a los territorios conquistados, iba a ser identificativo de gran parte del cristianismo de los siglos futuros. Lo curioso de todo esto, es que el propio emperador no llegó a bautizarse como tal, hasta en su lecho de muerte. No se sabe si fue por las dudas con respecto a que facción era la más fidedigna o creíble o para mantener contentos a todos tal vez quiso mantener una actitud neutral, o que razones le llevaron a posponer una decisión tan vital como esa.

En primer lugar nos interesa saber qué hay de cierto con respecto a la conversión de Constantino, pues aunque parece un episodio histórico bien atestiguado, hay algunas lagunas en los relatos. La versión tradicional de la iglesia católica dice que Constantino en una batalla crucial vio la señal de la cruz en el oriente y un ángel diciendo: Por esta vencerás". Aunque esta es solo una de las diferentes versiones que se cuentan sobre este episodio de la vida de Constantino, en este caso, fue la que escribió Rufino a finales del siglo IV al traducir lo contado por Eusebio de Cesárea, con algunos añadidos personales.  



                 Grabado del pintor Rafael, haciendo referencia a la visión de Constantino y la cruz

Pero existen por lo menos otras cuatro versiones más sobre esta conversión. Una de ellas, escrita un tiempo más próximo al propio Constantino y por alguien más cercano a él, cuenta detalles interesantes pero muy distintos a la versión oficial. Quizás esta sea más parecida a la que pudiera expresar alguien con poca idea de lo que era el cristianismo como lo fue Constantino. Según parece, la relató el propio Constantino a un apologista cristiano, llamado Lactancio, quien fuera maestro de latín de uno de los hijos de este. Lactancio puso por escrito esa confesión de Constantino en su libro, De mortibus persecutorum, (Sobre las muertes de los perseguidores), escrita en la Galia en el 318, poco después del triunfo del cristianismo. En el tratado, se muestra una espeluznante descripción de los sucesivos destinos de los emperadores que persiguieron a los cristianos, para demostrar que estos eran castigados por Dios, por perseguir a sus siervos. Según afirma Lactancio, Constantino le habló sobre unos sueños que tuvo poco tiempo antes de los enfrentamientos directos contra Majencio, allá por el año 312. En estos sueños, se le indicaba que debía poner el símbolo de Dios o de Cristo, que al parecer él entendió que era una cruz, en los escudos y con este símbolo vencería. Pero una vez en la batalla, la lucha fue encarnizada y sin un vencedor claro. Temeroso por el devenir de la guerra al parecer, consultó los Libros Sibilinos, que no eran otra cosa que libros mitológicos y de oráculos de la antigua Roma que los emperadores gustaban de consultar antes de batallar. En ellos los asesores y consejeros le aseguraban que Majencio moriría. Y eso lo animó aún más a continuar la batalla y posteriormente conseguir la victoria.

Eusebio en su "Historia Eclesiástica, allá por el año 315 escribió una versión previa antes de tener contacto con Constantino, en la que, eliminó el detalle de la consulta de los libros sibilinos y simplemente dice que Constantino oró al Dios de los cristianos y pidió la ayuda de Cristo, y gracias a eso, después fue y venció milagrosamente a los ejércitos de Majencio. Pero posteriormente ya en el 324, el mismo Eusebio, escribió "La vida de Constantino", en la que cuenta otra versión más similar a la que contó Lactancio, pero ya no habla de un sueño sino de una visión de la Cruz, y no hacia el oriente, sino más bien al occidente pues habla de la puesta del sol. En ese relato menciona que vio una gran cruz superpuesta al sol y una frase que ponía "por esta vencerás". Después menciona lo de los sueños en el que se le aparecía Cristo con un símbolo parecido al que vio y ordenando que fabricara un símbolo como el que vio en el cielo y se sirviera de este como bastión.

Aparte de las evidentes contradicciones en los detalles contados, existe un asunto que no puede pasarse por alto. ¿Por qué supuestamente se le aparece un símbolo de la cruz? Es llamativo este detalle, pues este símbolo jamás había aparecido entre los cristianos en los siglos pasados, ni para ese tiempo los cristianos utilizaban ese símbolo como representación de Jesús, más bien por los indicios arqueológicos, en cualquier caso, utilizaban como clave la figura de un pez. Tampoco la cruz ni ninguna otra figura de Cristo formaba parte de su adoración, la propia enciclopedia católica así lo reconoce al decir: "En el arte simbólico de los primeros siglos del cristianismo no se encuentra la representación de la muerte redentora de Jesús en el Gólgota. Los cristianos primitivos, bajo la influencia del Antiguo Testamento, que prohibía las imágenes esculpidas, no estaban dispuestos a representar gráficamente ni siquiera el instrumento de la Pasión del Señor" (EC 1967, tomo IV, pág. 486).)



  Arriba, algunos símbolos aparecidos en las catacumbas de finales de silo III, puede observarse el pez, el ancla y las iniciales de Cristo en griego X y P cruzadas. 

Por otro lado, no hay pruebas definitivas para indicar tan siquiera que fuera una cruz tal como lo entendemos ahora, el instrumento de tormento de Cristo. Sobre todo porque la palabra griegas "Stauros" utilizada en los escritos sagrados, simplemente indican la idea de madero o palo, nada de palos cruzados. Por otro lado, su equivalente latina "Crux" se traduce literalmente: suplicio, patíbulo, palo del tormento, horca, picota". Instrumento torturador, pero no necesariamente forma de palo atravesado. Es verdad que tanto el empalamiento en un palo vertical, como la posición en forma de T o X fueron métodos utilizados en las diferentes torturas romanas, pero ya que la expresión en sí, utilizada por los escritores cristianos, no define exactamente la forma, y no existen ni tan siquiera dibujos o imágenes que muestren el método exacto de tortura utilizada en su caso, todo se queda en mera especulación. En cualquier caso, era inconcebible para los cristianos el uso de la Cruz para representar a Cristo, sobre todo por el horror que suponía para cualquier romano mostrar a un dios salvador ajusticiado como el más vil de los criminales. En el caso de los cristianos, el exponer eso en sus templos o iglesias era poco menos que un sacrilegio o un insulto.

La única expresión en forma de símbolo que si utilizaron algunos cristianos, fue la que simbolizó la expresión: Ixthys, que significaba pez, al parecer eran las iniciales que condensaban las creencias cristianas sobre su líder. En esta terminología, las letras de la palabra "Ixthys” representan las iniciales de la frase: Iesous Xristos Theou Yios Soter, cuya traducción literal sería: Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador. En ocasiones se podía ver superpuesta la X(Ch en griego) y la “P” (r, en griego), como las iniciales de Cristo. El símbolo del pez, las iniciales superpuestas y el críptico "Ixthys" fueron adoptados por los cristianos del siglo II y III para representar a Jesucristo y manifestar su adhesión a la fe. Y estos símbolos si  aparecen numerosas veces en las catacumbas de finales de siglo III. Esa era la única representación que parecía en forma de clave para representar a Jesús, por aquello del milagro de los peces y la común alusión a la pesca de hombres que él hizo y las iniciales en griego superpuestas para no ser fácilmente identificados por los romanos. Pero lo que sí está claro, es que ninguno de esos símbolos se utilizaban como amuleto o parte de la adoración, sino una con una señal de aceptación de una enseñanza o recordatorio. 


Con respecto al monograma  o las iniciales de Cristo en griego, existe una curiosa coincidencia con un símbolo etrusco relacionado con el dios solar Ianos. Este dios ancestral, que pasó a ser parte del panteón romano desde sus inicios, recibía tres nombres, el sacerdotal o sagrado, “Jano”, el público o profano “Quirinus” y el oculto “Arcanus”. Este era mencionado desde el siglo I, como “el dios de los dioses”.
 El símbolo de este dios, conocido como el Tetragrama de Arkjo-Jano-Quirino es el símbolo de piedra más repetido en los caminos romanos en toda Europa. Casualmente, la similitud con el monograma o iniciales de Cristo aparecidos en algunas catacumbas, es tal, que algunos piensas que los cristianos lo utilizaron para despistar a los perseguidores romanos, aunque dudamos que todos lo utilizaran, y difícilmente copiarían los cristianos un símbolo de un dios pagano para representar a Cristo. En cualquier caso, para Constantino sería fácil tomar este símbolo, común e introducirlo en el cristianismo con el pretexto de la visión de Cristo. 

Por otro lado hay que decir que no hubo ningún movimiento o grupo cristiano que hiciera uso de algo parecido a palos cruzados o cruz como ahora la entendemos. Salvo una excepción, había un grupo de cristianos gnósticos que si es posible que utilizaran algo similar o incluso lo que parecería una cruz. Estos fueron los seguidores de Basílides, este grupo de cristianos gnósticos, que proliferaron en Alejandría y por todo Egipto, también algunos en Roma, incluso en el extremo occidental, más concretamente en la península ibérica, tenían predilección por los símbolos visuales, por ello admitían imágenes en la adoración. Como ya indicamos en el capítulo correspondiente a estos, acostumbraban a hacer uso de amuletos con símbolos extraños. Por ejemplo, solían utilizar unos objetos llamados "Piedras Abraxas" con ciertos símbolos, entre ellos destacaba uno con la mezcla de las letras griegas para Jesús Cristo IX, (I de Iesus, X de Xristos), pero mezcladas de tal manera que la I atravesara la X y parecerá una extraña  forma de cruz, similar al tetragrama de Arjos-Jano y al utilizado por los cristianos en las catacumbas. 

Pero se sabe que estos también hicieron uso de otros amuletos con símbolos originarios del Egipto antiguo, por lo que es muy posible que también utilizaran la cruz egipcia. Es curioso como en el famoso balneario romano conocido como El Palatino, se ha encontrado un grafiti o caricatura burlesca, hecho por un romano del siglo II el cual representa a un hombre con los brazos en cruz y cabeza de burro. Bajo este desconcertante dibujo burlesco, se puede leer una inscripción que dice: Alexámeno adorando a su Dios. Es muy posible que dicha imagen haga alusión a la práctica religiosa gnóstica de Basílides, por el uso del símbolo de la cruz o las letras de Jesucristo cruzadas. Recordemos que los romanos no distinguían entre cristianos de una u otra rama, ya sean gnósticos, marcionistas o montanistas, para ellos eran lo mismo.  

Esto nos conduciría a otra conclusión curiosa sobre qué clase de cristianismo fue el que dio a conocer ese símbolo a Constantino. Y aquí es donde encaja otra versión de su conversión que nos ha venido a través de Zósimo, un historiador no cristiano de principios del siglo V, que, citando de otro historiador anterior llamado Eunapio, contó ciertos detalles sobre esta circunstancia. Según explica: para Constantino era común consultar a los adivinos y oráculos, (nótese que coincide esto con el uso de los libros Sabilinos, mencionados por Lactancio). Una vez que todo el poder había quedado en manos de Constantino solamente.., este comenzó a actuar sin disimulos en su maldad. Celebraba todavía las prácticas religiosas tradicionales. Debido a ciertas conductas poco ejemplares con respecto a unas intrigas familiares, llegó a matar a uno de sus hijos, Crispo y a la madre de este Fausta..., (en realidad nada extraño por otro lado, pues eran cosas típicas de los emperadores romanos.) (...)Constantino, se sintió perturbado y no halló consuelo ni alivio, ni posibilidad de expiación por parte de los consejeros ni sacerdotes de sus diferentes deidades. Pero en cierta ocasión tuvo un encuentro con un egipcio, que había venido de España a Roma, y que se había familiarizado con las mujeres del Palacio. Este le habló del cristianismo, asegurando que esta religión concedía perdón a todo pecado y prometía a los impíos la exculpación de toda clase de falta. Esto hizo que Constantino escuchara las enseñanzas e informaciones del egipcio, quién le animo a dejar sus antiguas creencias y sobre todo las que tenían que ver con la adivinación. (Zósimo, Historia nueva 2,29)


Al igual que en los relatos de Lactancio y Eusebio, hay ciertos datos un tanto contradictorios en este texto. Se sabe que alrededor del año 320 fueron abolidos y prohibidos algunos ritos relacionados con la adivinación. Sin embargo no casa en las fechas, las intrigas familiares que menciona, pues al parecer este suceso de la muerte de Crispo y Fausta no pudo haber sucedido antes del 324, año en el que consolidó su poder absoluto sobre todo el imperio, por lo tanto no encaja con la decisión de abolir los rituales. Menciona a un egipcio venido de España, puede hacer referencia al Obispo Osio de Córdoba, quien al parecer tuvo contactos con Constantino y fue uno de los principales inspiradores de los decretos sobre religión dictados por el emperador. Pero según los datos aportados, este contacto lo tuvo desde aproximadamente el año 313, y no existe ninguna evidencia de que Osio haya sido egipcio de nacimiento o ni siquiera haya estado allí, lo cual complica aún más las cosas. Por otro lado, menciona que todo lo expuesto ocurrió cuando Constantino había conseguido el poder absoluto y único, cosa que no sucedió hasta la derrota de Licinio en el 324 con la ayuda de Crispo. 

Es muy posible que Zósimo o Eunapio, hayan confundido a dos personajes diferentes y dos momentos distintos y separados, pero ambos relacionados con Constantino. Primero, al mencionar a un egipcio, quizás hayan hecho referencia a alguien que le dio por primera vez información sobre el cristianismo, las características sobre su manera de entrar en contacto con este egipcio, casi por casualidad y, ¿un hombre relacionado con las mujeres del palacio? Esos detalles no encajan con la manera en que se inicio la relación con Osio, pues fue a petición de Constantino, quien solicitó reunirse con algún representante cristiano, y se eligió para ese menester al obispo de Córdoba, quien además parece que se ganó la confianza del emperador, por lo tanto no fue un encuentro casual.

Algo que tampoco encajaría con Osio, es la manera como continúa el relato de Zósimo, en el cual se dice: en cierta ocasión, con motivo de la fiesta tradicional en la que el ejercito debía ascender al Capitolio y cumplir allí los ritos habituales, él lo hizo, pero, recibió por parte del egipcio un presagio en el que reprochaba subir al Capitolio y tomar parte en los ritos religiosos que allí se hacían. Zósimo no explica que quiso decir con lo del presagio, pero lo que sí parece claro es que, de alguna manera, este detalle pudo haber sucedido mucho antes, pues desde la muerte de Crispo y Fausta, Roma no le perdonó y por ello él no se solía presentar en festividades o celebraciones en Roma, para no ser abucheado, es más, poco tiempo después de los asesinatos, fundó Constantinopla y allí pasaba largas temporadas.

Otro detalle a tener en cuenta es que Constantino al parecer no abrazó definitivamente el cristianismo, es decir no se bautizó hasta alrededor del año 330, poco tiempo después de los hechos mencionados por Zósimo. Según unas actas de dudosa procedencia, basados en un romancero que cuenta la vida de Silvestre, un obispo de Roma, contemporáneo de Constantino, nos hablan de una leyenda, pero que da ciertos datos curiosos que de alguna manera corroboran parte de lo aportado por Zósimo sobre la conversión del emperador romano. En este documento se dice que Silvestre tuvo que ver en cierto modo con la conversión total de Constantino: Cuando vuelve Constantino, se encuentra de manos con una tragedia dentro de su misma familia, pues nada menos que a Crispo, su hijo y heredero, se le acusaba de haber cometido adulterio con su segunda mujer, Fausta. Llevado de la cólera, el emperador manda darle muerte: pero es castigado de improviso con una repugnante lepra, que le cubre todo el cuerpo. En seguida acuden a palacio los médicos más renombrados, que se ven impotentes en procurarle remedio, y como última solución, y para aplacar la ira de los dioses, le proponen bañe su cuerpo en la sangre todavía caliente de una multitud de niños sacrificados con este fin. Cuando se van a hacer los preparativos y ya el cortejo imperial iba a subir las gradas del Capitolio, Constantino se conmueve ante los gemidos de las madres de los inocentes, que piden misericordia, y ordena se retire inmediatamente el sacrificio. Aquella misma noche se le aparecen en sueños dos venerables ancianos, Pedro y Pablo, que le recomiendan busque al obispo Silvestre, que está escondido, el cual les mostrará el verdadero baño de salvación que le curara. A la mañana siguiente aparece por las calles de Roma, y conducido con toda pompa por la guardia pretoriana, Silvestre, el perseguido. El encuentro con el emperador es benévolo. Entablan un dialogo de pura formación cristiana, y al fin el Pontífice le increpa con toda solemnidad: "Si así es, ¡oh príncipe!, humillaos en la ceniza y en las lágrimas, y durante ocho días deponed la corona imperial, y en el retiro de vuestro palacio confesad vuestros pecados, mandad que cesen los sacrificios de los ídolos, devolved la libertad a los cristianos que gimen en los calabozos y en las minas, repartid abundantes limosnas, y veréis cumplidos vuestros deseos".

Este escrito también incurre en varios errores quizás intencionados, o con el propósito de apoyar una determinada tesis. El principal, que según los datos más fiables y aceptados, es que no fue Silvestre, sino un arriano llamado Eusebio de Nicomedia, quien efectúo el bautismo de Constantino, poco antes de su muerte, y precisamente en esa misma ciudad. Pero lógicamente, en este escrito se cambió de personaje por Silvestre, para dar a entender la legitimidad de su bautismo por un católico afín y trinitario y no por alguien a quien posteriormente se consideró un hereje. Si hubiese triunfado el arrianismo, las cosas serían muy distintas. Otro error, fue que no explica como se le podía llamar perseguido a Silvestre, cuando hacía décadas que el cristianismo se había convertido en la religión del imperio, salvo que fuese en el breve periodo en que el arrianismo triunfó alrededor del 360, pero no coincide en las fechas.

Salvando las distancias, por los personajes envueltos, se observa similitud entre las razones que llevaron a su bautismo entre el escrito de Zósimo y del romancero, aunque en el primero se habla de un egipcio, en el otro se menciona a un Romano. Zósimo al mencionar el episodio del Capitolio, habla de fiesta tradicional, quizás para evitar mencionar un sacrificio cruel aconsejado por los sabios y consejeros paganos y las actas de Silvestre hablan de una crueldad, evitada por una visión del propio Constantino. También se habla de un posterior encuentro con Silvestre, en similares circunstancias a las mencionadas por Zósimo, en las que le anima a desechar dichas prácticas y buscar el cristianismo.

No parece que al mencionar al egipcio, haya hecho referencia a Silvestre, pues aparte de no ser egipcio, a este ya lo conocía tiempo antes, pues era el obispo de Roma cuando convocó el famoso concilio de Nicea. Tampoco parece probable que Osio se dedicase a dar presagios o adivinaciones, ni parece que la referencia a su procedencia egipcia aplicase a este. Así, en todos los relatos aparecen muchas discrepancias, contradicciones, fábulas, manipulaciones, pero quizás bajo todo eso se esconde una realidad que nos daría la clave descubrir la verdad de todo esto.

Si encajamos todas las versiones sobre su conversión, podemos tener un cuadro completo y quizás más cercano a la realidad del repentino acercamiento de Constantino al cristianismo, y el uso del símbolo de la cruz que posteriormente fue adoptado por el cristianismo post-nicenico. El uso del misterioso símbolo en sus distintas formas, era cosa común entre muchas creencias ancestrales etruscas, como ya vimos. También como ya se mencionó antes, fue introducido entre ciertas sectas gnósticas, sobre todo los que abundaban en Egipto. Pero, ¿sería posible que quien le diera las primeras nociones del cristianismo fuese un gnóstico egipcio de la rama de Basílides y por ello lo del símbolo? No lo podemos confirmar, pero podría ser, también es posible que el egipcio solo tuviese una ligera idea de cristianismo contaminada con ideas y costumbres gnósticas.

Podría ser que las palabras de aquel misterioso hombre calaran en una mente supersticiosa como la de Constantino, de ser así, este contacto podría haber ocurrido alrededor del 311, cuando se produjo el primer acercamiento al cristianismo, por parte del futuro emperador, cuando Galerio redactó el edicto de libertad religiosa. Por otro lado, como romano necesitaba de símbolos o amuletos para sentirse protegido por las deidades y tener así la seguridad para vencer. Y ya que este no podía distinguir entre herejías y cristianismo, para él era todo igual, aquel egipcio, probablemente le enseñase su propia versión sobre el cristianismo. Posteriormente sus contactos con Osio de Córdoba, le llevaron a inventarse la historia que contó a Lactancio sobre su visión de la Cruz como símbolo de Cristo y probablemente explicada por este de forma más adornada y adaptada a los cánones cristianos, eliminando los conceptos "erróneos" de su historia. Adornada la historia aún más por Eusebio de Cesárea y convertida en oficial, esta falsa historia se pone como muestra del propósito divino, la venida de Constantino.

Lo que si podemos asegurar sin equivocarnos es que Constantino fue el introductor del símbolo de la Cruz en el cristianismo mayoritario, hacia el año 330 el Obispo de Roma, Silvestre, empezó a llevar ciertos ornamentos como una corona férrea con un supuesto clavo de la cruz como símbolo. Más tarde otro obispo romano, Marcos, de forma más descarada, utilizó el símbolo que Constantino popularizó y cristianizó, en sus ropas de gala. Y por supuesto que todo esto fue rechazado por otros cristianismos, como los montanistas, donatistas o novacianos, y por otros movimientos que salieron posteriormente, pero no por todos, pues la cruz a día de hoy, es parte común en muchas iglesias de signo católico, ortodoxo, anglicano, y protestante. 


Pero Constantino no fue solo el introductor de este símbolo, también promovió ciertas costumbres paganas y trató de mezclarlas con la de los cristianos. Por ejemplo, quiso instituir el día del Sol, el domingo como día sagrado, eso queda atestiguado por ciertas cartas enviadas a un tal Helpidio, que según se dice era otro importante obispo de Roma. En ellas indica que el Día del sol queda consagrado a la veneración y por lo tanto quedaba fuera de la ley realizar pleitos y disputas en los tribunales. Gracias a Constantino el día del Sol pasó a ser el Dies Dominicus o día del Señor. Esto no cabe duda que dio apoyo oficial a las costumbres de los obispos romanos de celebrar los oficios de la pascua o celebración de la Cena del Señor, de forma definitiva los domingos y no según la tradición oriental.

No quedando allí todo, para el año 325, posiblemente a raíz de Nicea, se dio inicio un festejo, por supuesto de forma muy distinto a como se hace hoy día, el día del nacimiento de Cristo. Este se fijó la fecha del 25 de Diciembre para hacerla coincidir con las saturnales dedicadas al Sol. Esto fue el 25 del décimo mes romano, para esa época, era el día del solsticio de invierno, festividad del Solis Invictus o Sol Invicto. De esa manera no alteraba el calendario de fiestas romanas, sencillamente las cristianizaba. Así muy posiblemente por sugerencia de Constantino, los obispos más importantes del momento entre ellos Osio de Córdoba, el adulador Eusebio de Cesárea y Silvestre de Roma, les pareció adecuado instaurar el día del Sol, anual y hacerlo coincidir con el nacimiento de Jesús, que al ser fecha desconocida, podía ser impuesta a gusto y criterio de los dirigentes de la iglesia, como así fue.

Como ya mencionamos antes, era común para los romanos celebrar los días de nacimiento o fechas claves para sus diferentes dioses, pero a partir de este edicto, el nacimiento del que además algunos empezaban a considerar como Dios y celebrar de alguna manera, su cumpleaños se convirtió en norma para la cristiandad imperial. Es curioso que solo un siglo antes, era inconcebible para el cristianismo ese tipo de celebraciones, sino, recordemos las palabras escritas por Orígenes: "de ninguna, entre todas las personas santas mencionadas en las Escrituras, hay el registro de que haya observado un [...] cumpleaños. Solo pecadores (como Faraón y Herodes) hacían ocasiones de gran regocijo del día en que habían nacido". Por ello, a muchos les chocó que ahora se empezara a celebrar algo que Jesús en su vida no hizo, ni siquiera mandó a hacerlo, ni sus discípulos más cercanos lo hicieron. Pero eran otros tiempos y era otro cristianismo.

                                       Abajo, bautismo de Constantino en el lecho de muerte.




2 comentarios:

  1. gftqrfsdhsrreg ggst

    xp

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  2. me agrado el texto cuestiona los origenes de la iglesia con mucha objetividad saludo

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