Obra protegida por derechos de autor

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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Los Donatistas : Primeras victimas de la Cristiandad

Además de introducir costumbres ajenas al cristianismo, sin que nadie pusiera el grito en el cielo, Constantino también de alguna manera catapultó a los obispos de Roma a la categoría de superioridad sobre los demás. Principalmente porque sus miras eran políticas y no teocráticas. El, de alguna manera llegó a pensar que su deber era hacer una iglesia unida en todo su extenso territorio para mantener la unidad de ese imperio que cada vez iba perdiendo mas fuelle y del cual, mas grietas surgían. Al principio de alguna manera empezó a intervenir en las disputas surgidas entre las diferentes tendencias aún integradas en el grupo mayoritario, no solo porque el estuviera interesado en hacerlo, que lo estaba por los motivos antes expuestos, sino también porque de alguna manera algunos obispos empezaron a utilizarlo como autoridad por encima de la propia iglesia.
Hasta tal grado fue esto así, que algunos destacados escritores cristianos de la época, entre ellos Osio de Córdoba, quien llegó a ser intimo amigo de Constantino y nombrado por este como su consejero en materia religiosa. También los diferentes obispos de Roma entre ellos Milciades, quién recibió de Constantino privilegios especiales de dirección, nunca tenidas anteriormente. Marcos, fue otro Obispo que llegó a tal posición posiblemente sugerido por Constantino. Capitulo aparte tiene Eusebio de Cesarea, quien llegó a ser apóstol de la Teología imperial, al defender el nombramiento y advenimiento de Constantino como una obra de Dios.
En cualquier caso Constantino, quiso utilizar al cristianismo para sus propio interes, que no era otro que establecer una unidad imperial con una forma de religión en la que descubrió que podía hacer a su forma e imagen. Los líderes de la iglesia triunfante querían que este se convirtiese en el juez y arbitro y se dejaron llevar por la sinuosidad del emperador y embriagados por los privilegios que este poco a poco iba dando, casi lo consideraron como líder espiritual y juez en sus disputas y divisiones internas.
Tenemos un ejemplo claro de esto por lo ocurrido alrededor del año 314, en la controversia con Donato y sus partidarios, quienes al parecer compartían muchas formas y enseñanzas con las tesis de Montano, pero sin integrarse, ni identificarse con en el movimiento montanista. Surgió la disputa por la autoridad de la Iglesia de Cartago y del norte de África.
La pugna surgió a raíz de los hechos acaecidos durante la última ola de persecución del anterior emperador Diocleciano. Muchos cristianos que habían sufrido cárcel y torturas por mantener integridad, fueron considerados mártires aún sobreviviendo a estas, en algunos casos obtenían una distinción especial a la hora de ser nombrados obispos o acceder a otros cargos dentro de las iglesias. Y aquellos que habían muerto siendo martirizados, en algunos casos se les llegaba casi a venerar de forma desmesurada. Los escritos, entre ellos copias de cartas apostólicas, evangelios, las escrituras del antiguo testamento y otras cartas eras un bien muy atesorado en aquella época en la que conseguir dichas copias no era tarea fácil. Se consideraba de un valor tanto económico como sentimental incalculable y daban su vida por protegerlas, a los que así lo hacían se consideraba doblemente mártires y santos. Por otro lado, muchos cristianos africanos no habiendo soportado la dura persecución, entregaron algunos de esos escritos, con la promesa de las autoridades de no sufrir mas ataques, o que su familia sería protegida, entregaban los escritos que poseían para salvar su vida o la de su familia, a estos se les llegó a denominar como "traditores". Entre ellos muchos obispos, diáconos, o presbíteros, bajo presión cedieron y entregaron también las escrituras a las autoridades, otros incluso quemaron incienso al emperador con tal de salvarse de la prisión, razonando que si ellos desaparecían ¿Quien iba cuidar del rebaño? Otros después de acabar el brote de persecución mostraban arrepentimiento, pero pretendiendo ser colocados de nuevo en sus anteriores puestos de dirección.
Por ello, Donato obispo de Casas Negras afirmaba que todos los ministros sospechosos de traición a la fe durante las persecuciones, en las que se obligaba a los cristianos a abjurar de su religión o elegir el martirio, eran indignos de acceder a puestos superiores de enseñanza y dirigir oficios religiosos.
Por otro lado la actitud casi fanática de algunos, de los que según cuenta Mensurio obispo de Cartago en una misiva a Segundo de Tigisi (Numidia): se habían entregado voluntariamente o presumían ante las autoridades de poseer copias de las Escrituras que no entregarían. De tal manera que eran apresados rápidamente, y con ellos también las escrituras que escondían, si estas no eran encontradas provocaba la ira de los perseguidores y que en muchos casos se hiciera registro en casa de otros con los que se relacionaba a los falsos mártires. Con esa actitud dejaban en evidencia a aquellos que por alguna causa ajena a ellos mismos se habían librado de tal persecución, esto llegó a que Mensurio se opusiera a que se diera honra de mártires a aquellos que se hubiesen entregado voluntariamente. Pero por su forma de ver el asunto, el escaso afecto del obispo de Cartago hacia los que habían sufrido martirio y por otro lado la excesiva comprensión hacia los arrepentidos traditores, creaban la sospechas sobre Mensurio y su actitud durante las persecuciones.
Según las actas donatistas donde se hace mención de 49 mártires de Abitene, éstos habían roto su relación con Mensurio debido a la actitud de este hacia ellos, acusandoles de ser voluntariosos a la hora de entregarse y echarse ellos mismos a los torturadores. En esas mismas actas el propio Mensurio sale mal parado, pues se dice de el, que fue un traidor por su propia confesión y que el diácono Ceciliano, aplicando la norma estipulada por Mensurio maltrataba con más rabia a los mártires que los mismos perseguidores. De hecho literalmente se dice :.... Este Ceciliano colocabase ante la puerta de la cárcel con hombres armados con látigos para impedir que fueran socorridos y la comida que le traían por piedad los cristianos era arrojada a los perros por esos rufianes, desparramando por la calle la bebida que les traían, de manera que los mártires cuya condena había diferido el comprensivo procónsul morían en prisión de hambre y sed. (Actas de los mártires de Abitene)
Parece ser que no fue un hecho excepcional, ya que fueron varios los episodios de exceso de celo, tanto de parte de los que hicieron caso a las sugerencias aparentemente moderadas, pero a la vez críticas de Mensurio, contra el martirio, llamado a la cautela para evitar lo más posible arriesgar la vida innecesariamente, y también de parte de los que consideraban esa actitud poco valiente y opinaban que un verdadero cristiano, no debía usar la astucia para evadir su destino. Existen una actas, citadas por el propio Agustín, en las que se muestran casos de los que entregaron escritos, algunos alegaban en su defensa que engañaban a las autoridades echando al fuego supuestos libros religiosos que en realidad eran de medicina o de cualesquier otra materia, para salvar la vida, y algunos que incluso de forma indirecta delataban a compañeros que sabían dispuestos a dar la vida, para salvar la suya, mientras otros por el contrario hasta habían dado muerte a algunos que consideraban traidores. Y eso que algunos veían como traición a la verdad, otros sencillamente como la única opción para mantener al cristianismo activo.
La disputa surgió a raíz del nombramiento como Obispo de Cartago del famoso Ceciliano, que se hizo bajo circunstancias anómalas y con la oposición de algunos miembros de las congregaciones o iglesias. Los donatistas protestaron porque iba contra las costumbres el haber nombrado a Ceciliano en ausencia de algunos de los obispos de la comarca, quizás los que se hubiesen opuesto a tal nombramiento, entre ellos, los obispos de Numidia. También acusó a Ceciliano de ser consagrando por Félix de Aptunga, que por lo antes expuesto, había sido un traidor. Así, pues, se reunió en Cartago un sínodo convocado por Donato al que asistieron 70 obispos de Numidia con su primado Segundo de Tigisi,(la actual Tánger). Citaron a Ceciliano para juzgarle, pero éste se negó a comparecer. Aún así instruyeron su causa, y declararon nula su consagración y lo depusieron eligiendo y nombrando en su lugar a un tal Mayorino.
Pero esto no solucionó la disputa, pues parece ser que Ceciliano se negó a dimitir, lo que podía provocar un cisma. Sin embargo, también de manera anómala, los donatistas recurrieron al emperador para que interviniera en la disputa. Pero lo hicieron, no para que este mediara en asuntos religiosos, sino porque tenía visos de apropiación indebida de bienes. Al principio presentaron sus quejas en contra de Ceciliano al negarse este a abandonar la sede obispal impidiendo así que las cosas funcionaran con normalidad, esto lo hicieron dirigiendose a los oficiales imperiales de la zona. Pero en vista de que éstos no prestaron excesivo interés viendole simplemente como disputas religiosas, elevaron su protesta a Constantino mismo para que el juzgará. Rogaron al emperador que se dignase nombrar entre los jueces a algunos obispos de la Galia. Pero la decisión de Constantino al respecto, indica cierta posición previamente influida por alguien opuesto a los donatistas, que por cierto eran mayoría en todo el norte de África y tenían muchos apoyos en Hispania y sur de la Galia. Quizás esa posición parcial de Constantino podría haber sido bajo la influencia de Osio, es difícil de precisar, pero muestra como de alguna manera impuso sus criterios con respecto a organización eclesiástica, sin ni siquiera ser un cristiano bautizado.
Constantino hizo que de alguna manera se le diera prioridad al Obispo de Roma por encima de los demás. : "Constantino Augusto a Milcíades, obispo de la ciudad de Roma y a Marcos. El muy esclarecido varón Anulino, procónsul de África, me ha enviado varios libelos en los cuales se contiene que Ceciliano, obispo de la ciudad de Cartago, es acusado de muchas cosas por algunos de sus colegas establecidos en Asia. Me parece sumamente molesto que la plebe se degenere dividida en dos partidos y que los obispos disientan entre sí en esas provincias que la divina Providencia ha donado... Ha sido de mi agrado que el mismo Ceciliano con diez obispos que parecen acusarlo y con otros tantos que él considere necesarios para su causa, navegue a Roma; para que allí, en vuestra presencia y en presencia de Reticio, Materno y Marino, colegas vuestros, a quienes por esa causa he mandado ir a Roma, pueda ser escuchado, como tú sabes muy bien conviene a la santísima ley. no quiero hallar entre vosotros en ninguna parte ningún cisma o desavenencia"
Ni que decir tiene que esa orden se llevó a a cabo prontamente y así fue como se reunió un sínodo en Arlés, Roma, en el que salieron perdiendo Donato y sus partidarios, siendo prohibidos y cerrados sus lugares de reunión. Decepcionados por las resoluciones acordadas, y por la intervención de Constantino, ejercieron su protesta contra la iglesia que antes los acogiera, acusandola de inmoralidad espiritual, ellos decían : «¿Qué tiene que ver el emperador con la Iglesia?» (Optato 1,22) Claro, aunque tenían razón, sin embargo ellos mismos habían ido al emperador, lo que les significó sufrir las consecuencias de la unión iglesia-estado, y ser considerados herejes injustamente por sus anteriores compañeros.
Pero lo mas triste y penoso de todo este incidente fue que ahora no solo las fuerzas de la ley persiguieron a los donatistas, sino que los demás cristianos se unieron en la persecución, denunciandoles y traicionandoles. Eso ya ocurría en el año 314. Es curioso que tan solo 7 años atrás, estaban sufriendo vituperio y crueles vejaciones juntos y ahora los perseguidos se convertían también en perseguidores. Se dice que el uso de la fuerza en contra de los donatistas fue particularmente duro en el norte de África hasta el año 321, en el que se Constantino de nuevo les otorga cierta libertad.
Los donatistas que se hacían llamar "La iglesia de los Mártires", o "los puros" se mantuvieron activos durante muchos años, es posible que sus creencias se fueran puliendo y alejando más de la iglesia mayoritaria, sobre todo porque el distanciamiento hizo que no fueran afectados por las ideas trinitarias iniciadas décadas después, sobre todo a partir del concilio de Nicea, para ese entonces el movimiento donatista se había consolidado y hecho fuerte no solo en África, sino en una gran extensión del occidente y consideraban a la iglesia como una apostaría o herejía. Por esta razón hay razones para creer que estuvieron más cerca de los postulados arrianos, previos a Nicea, y en cuanto a esperanzas futuras, se acercaban más a los montanistas. Parmeniano fue después de Donato, su líder espiritual o por lo menos quien encabezó el movimiento durante mucho tiempo.
Hubo un grupo al que se suele asociar con los donatistas, los circunceliones, de quienes se dice de forma muy contradictoria por un lado que llegaron al extremo del uso de la violencia y de atentar contra los intereses de la iglesia que los expulsó, o como extremistas que hacían lo que sea, incluso herirse o matarse, para ser considerados mártires. Quizás lo que hacían era llamar la atención o provocar con su actitud a las autoridades o a los católicos para ser atacados.
El termino Circun-cellas fue utilizado por Agustín de Hipona, para hacer referencia a un grupo de incultos, según Agustín, que en su habitual merodear y asaltaban los caseríos rurales, de allí el nombre. En algunos casos se dice que era un grupo armado que atacaba las iglesias, sobre todo las más indefensas, con el fin de llamar la atención de las autoridades y que se les diera muerte, en algunos casos decía también Agustín, que se lanzaban desde precipicios, pero siempre a vista de otros para atestiguaran su muerte. Hasta tal grado llegaron que cuenta Agustín la siguiente anécdota en plan burlesca : Un grupo de esos fanáticos, engordados como faisanes, se encontraron un joven y le ofrecieron una espada desnuda para que se la clavara, amenazándole con matarle si no lo hacía. El muchacho pretendió temer que una vez que hubiera matado a unos cuantos, el resto cambiara de opinión y vengara las muertes de sus amigos e insistió que todos debían estar atados. Ellos estuvieron de acuerdo y cuando estaban indefensos, el joven les dio a cada uno una buena paliza y se escapó. (Haer. Fab., IV, 6)
Esa era la visión que de esto llegó de la mano de Agustín, que se convirtió en el principal azote intelectual contra estos, pidiendo y animando a las autoridades del imperio incluso la muerte de los donatistas, a fin de acabar con ellos, fue la primera mención directa de una condena no solo en el sentido doctrinal o con el uso de la razón, la palabra, el convencimiento o la advertencia y señalamiento de los creyentes contra una herejía, como hasta ese tiempo se había hecho, ahora se pedía la destrucción física, vislumbrando el peligroso poder que la iglesia iba a tomar en breve.
Según algunos expertos, Agustín de Hipona pide que se de muerte a todos los donatistas, por causa de la violencia de los circunceliones, lo hizo poco después de un incidente en el año 403 en el que varios circunceliones infiltrados en una reunión de este y otros obispos nicenicos con los donatistas para acercar posturas, actuaron según el cuenta violentamente contra ellos, hiriendo de gravedad a varios obispos y al propio Agustín.
Pero si algo identificaba a los donatistas era el excesivo celo por aplicar los principios de ser mártires y no castigadores, por ello no portaban armas, en alusión a las palabras de Jesús a Pedro, guarda la espada en su vaina. Ellos interpretaban eso como la prohibición directa de usar espadas. Por ello los circunceliones, nunca iban armados, y si lo iban era con palos. Quizás en realidad algunos exaltados de entre los donatistas reunidos con los obispos nicenicos, crearon escandalo, lo que provocó una trifulca entre unos y otros.
Por ello la opinión de Agustín, no la podemos considerar objetiva, mas aún maliciosamente trata de aplicar términos de violencia y centra las miras de todos en los circunceliones que eran una minoría entre los donatistas. Es posible que algunos de este movimiento saliesen de las filas de los donatistas, pero fueron reprobados por ellos mismos, y salvo raras excepciones no buscaban los intereses donatistas, sino mas bien protestar violentamente contra la opulencia y el abuso de poder por parte de la iglesia africana, que se hacía notable desde el inicio de la represión contra los seguidores de Donato. Esto fue utilizado como arma contra estos y así fue como fueron prohibidos de nuevo hacia el 348.
Pormeniano, posterior sucesor de Donato, escribió una apología de la Iglesia de los mártires en la que entre otras cosas muestra como la iglesia católica es cismática, ha roto la unidad de la verdadera Iglesia al ser estos culpables de las violencias cometidas en la zona, y de perseguir a los donatistas hasta hacerlos mártires; los católicos, en pecado por el cisma, no pueden agradar a Dios y todos los sacramentos que confieren son necesariamente inválidos. Indica también la invalidez de los bautismos por la iglesia nicenica y que era necesario para llegar a un acercamiento el que estos volviesen a ser bautizados..
Fue durante el gobierno del emperador Juliano, mal llamado el apostata, como consiguen de nuevo notoriedad, logran la vuelta de los desterrados, la restitución de bienes, y la tolerancia como en los últimos días de Constantino. Pero al mismo tiempo, también sufren ciertas disidencias, grupos como los Urbanitas, Claudianistas, Rogatistas, Maximianistas, forman facciones que disienten de Parmeniano y se separan del donatismo, sin acercarse ni a la iglesia nicenica ni a la arriana, sencillamente buscan vías alternativas, pero de muy corta duración. Algunas de las cuestiones que dividieron a los donatistas, precisamente venía a raíz del bautismo, pues algunos no aceptaban el que antiguos católicos formaran parte de ellos, mientas no fueran bautizados de nuevo, pues rechazaban el bautismo católico, esta controversia originó algunos de los antes mencionados cismas y obligó a que celebraron un gran concilio en Cartago en el que asisten unos 270 obispos, lo cual indica su gran prosperidad, en ella se discutieron y pulieron algunas de sus doctrinas, entre ellas la del bautismo..
La base histórica y doctrinal de los donatistas la supo Agustín por los escritos de Optato, Obispo de Milevis, quien publicó su obra "De schismate Donatistarum" en respuesta a la del obispo donatista de Cartago Parmeniano, bajo Valentiniano y Velente 364-375, era una obra que en parte muestra un espíritu conciliador, aunque también vehemente al criticar sin piedad todo lo relacionado con sus costumbres. Sin embargo llama a Parmeniano "hermano" y quiere tratar a los donatistas como hermanos, puesto que en realidad no los considera herejes. Como algunos otros Padres, sostiene que solo los paganos y los herejes van al infierno; los cismáticos y los católicos serán salvados después de un purgatorio necesario. Era de las primeras menciones de este termino en la iglesia.
También se sabe que llegaron a tener una estructura organizativa jerarquizada, tenían ordenes, y grupos de misioneros o predicadores especializados. Entre las diferentes categorías estaban los spectabiles, los sacerdotales, los clarissimi, principales, los decuriones, plebeii, y los circumceliones.
Se dice que llegaron hasta España y en Roma, donde se les conoció como "montenses", lo cual ha creado confusión al acercarlos a los montanistas. También se les relacionó con el arrianismo, por lo menos Jeronimo hace mención de varios escritos de estos entre ellos un tratado sobre El Espíritu Santo. Hay un escrito atribuido a un tal Cipríanico "De singularitate clericorum". Agustín de Hipona expone de forma malintencionada y tergiversada la idea de esperanza de los donatistas al citar las palabras de Ticonio en su tratado "De Septem regulis" se puede extraer lo siguiente : y vio la Iglesia de Dios extendida por todo el mundo, como ha sido previsto y predicho hace mucho tiempo por los corazones y bocas de los santos. Y viendo esto, se dedicó a demostrar ningún pecado del hombre, por más villano y monstruoso que sea, puede interferir en las promesas de Dios, ni puede la impiedad de ninguna persona dentro de la Iglesia hacer que la palabra de Dios sea inútil sobre la existencia y difusión de la Iglesia hasta los confines de la tierra, como fue prometido" Curiosamente este comentario sobre el Apocalipsis, también fue utilizado incluso por los católicos durante mucho tiempo.
Se sabe que en le año 405, por instancias de la Iglesia nicenica, se instauró una aguda represión contra estos y fueron reprimidos duramente, se dice que algunas comunidades de circunceliones reaccionaron en su defensa, pero fueron aplastados, cual enemigo militarmente.
Los intentos por atraer de nuevo hacia la cristiandad a los seguidores de Donato continuó, en junio de 411 tuvo lugar una especie de concilio en Cartago, en presencia de 279 obispos donatistas y 286 nicenicos. Entre los donatistas estaban Petiliano de Constantinopla, Primiano de Cartago, y Emeritus de Cesárea; los oradores católicos eran Aurelio y Agustín, pero el acercamiento fue imposible, pues de nuevo un ministro político el procónsul Marcelino en nombre del emperador sería quien diera la razón a los de Roma en contra del movimiento donatista. Esto fue seguido por una nueva denuncia como herejía, y de una persecución violenta por parte del estado romano. El 30 de enero de 412, Honorio emitió una ley final contra los donatistas, renovando viejas leyes y añadiendo una escala de multas para el clero donatista y para los laicos y sus esposas: los ilustres debían pagar 50 libras de oro, que después se convirtió en 200; Los esclavos tenían que ser reprobados por sus dueños, los predicadores y misioneros donatistas debían ser contenidos con golpes repetidos. Todos los obispos y clérigos fueron enviados al exilio fuera de África
Pero pese a la dura y temprana oposición, los seguidores de Donato continuaron en África hasta la llegada de los vándalos, siendo absorbidos por los arrianos y llegando a su casi desaparición tras la conquista mahometana, varios siglos después. Aún así, su enseñanza y base doctrinal pasó a otros grupos que mas tarde florecerían en la baja edad media, el uso del termino "Puros", los relaciona con un importante movimiento del sur de Francia del que trataremos en capitulos posteriores.

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