Obra protegida por derechos de autor

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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Siglo IV : El triunfo de la cristiandad sobre el cristianismo

Constantino entregando el poder a la iglesia. Detalle del siglo XIII en la Iglesia de los Cuatro Santos, Roma.


A decir verdad el siglo IV se inició casi como el III, bajo una intensa persecución hacia todo movimiento monoteísta que oliera a cristiano. En el año 284 Diocleciano sube al poder e inicia de nuevo como ya lo intentase antes Decio, una lucha para recuperar la añorada gloria de Roma, y por la lógica romana, la vuelta a sus tradiciones religiosas que con tantos movimientos cristianos, parecía abocada a la desaparición.
Pero este como ya vimos en el capitulo referente a la desaparición de documentos montanistas, precisamente se caracterizó ya no tanto por el ataque personal y la matanza de cristianos que por supuesto efectuó a gran escala, pero mas lo hizo hacia los objetos que pensaba que los cristianos consideraban sagrados. Así en los pocos lugares que tenían iglesias o templos, estos fueron saqueados y destruidos. Y buscaba sobre todo los libros o escritos que los cristianos guardaban con tanto celo, fue así como en su años de gobierno desaparecieron multitud de documentos cristianos, cartas, libros y muchos textos de los grandes escritores, apologistas y sobre todo los de las minorías, que no tenían la facilidad para esconder todo su bien escrito.
Pero aquella dura pagina pasó y dio lugar a un cambio radical en la percepción de los gobernantes sobre que hacer con los cristianos. A Diocleciano, aún vivo y por propio arreglo de este, le sucedió Galerio, quien quizás pensara que si era imposible luchar contra tantos cristianos, mejor sería ganarlos para el imperio. Por lo cual decretó en el año 311, un edicto de libertad religiosa, digno de cualquier democracia actual, en la que tenía cabida todo movimiento pacifico que no alterase el orden establecido.
Aunque la gloria de todo esto se le dio a otro a la postre emperador, que no hizo otra cosa que ratificar dos años después el edicto de Galerio, Constantino. Dado que en el caso de Galerio, poco tiempo le quedó para que se hiciese cumplir plenamente su edicto. Constantino basándose en ese edicto del 311, y en reunión consensual entre el y otro de los tretrarcas romanos en pugna, Licinio, decidieron entre ambos poner en practica una política de libertad religiosa que pensaban podía ser beneficiosa para el imperio, así nació el famoso edicto de Milán del año 313. Es en ese momento cuando se le devuelven los templos a las diferentes iglesias y grupos cristianos y parecía todo un despertar y un salir de las catacumbas y de la clandestinidad. Al parecer no se les unió a dicha decisión otro de los tetaras con los que disputaba el poder absoluto de Roma, Majencio, a quien después Constantino derrotaría.
Pero si bien la paz hizo prosperar a los diferentes grupos cristianos, la unidad dentro de este distaba mucho de ser lo que había sido. Los de la iglesia mayoritaria por un lado, los novacianos, por otro, los montanistas en el sur y occidente, los pablicianos, marcionistas y otros grupos de corte gnóstica en Egipto y palestina, todo dibujaba un cristianismo que lejos distaba de la solidez de siglos atrás. Además incluso dentro de la iglesia mayoritaria saldrían a flote las diferentes tendencias que había, creando mas división aún. Todavía habría miembros descontentos con la relajación moral y espiritual de gran parte de las congregaciones. En estas condiciones surgió el donatismo, los atanasianos, el arrianismo, luciferinos y otras corrientes menos exitosas, pero tendentes a crear confusión en un deteriorado ambiente de división ideológica.
Pero la gran diferencia ahora era que Constantino no se conformó con haber dictado libertad para el cristianismo, sino que quería hacerlo la religión oficial del imperio. Pero se encontró con el dilema de cual cristianismo eligiría para ello. El desarrollo de los acontecimientos, intereses políticos y otra demagogia hicieron que se tomara una decisión que resultó en apoyar la parte mas corrompida de este.

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