Obra protegida por derechos de autor

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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Siglo V: La triunfante y desunida Iglesia de Roma

El siglo V, significó la ratificación de la iglesia de Roma como la iglesia católica y el titulo de papa aunque sin llegar aún a la autoridad que ahora tienen, pero el derrumbe del imperio y el hecho de que la iglesia se mantuviese intacta pese a ello, propicio que este quisiese heredar la gloria de Roma, a nivel político y religioso. Cosa que consiguieron en este siglo, incluso se instituyó una Biblia oficial, que sería la utilizada a partir de entonces por toda la comunidad católica, la Vulgata de Jeronimo, concluida en el año 400. Pero continuaron todavía las luchas internas en esta ya muy contaminada cristiandad, luchas sobre todo por terminología, y la posición nueva que algunos personajes bíblicos y no bíblicos iban recibiendo, así se empezaba a hablar de María como madre de Dios, en oriente se habla de imágenes o templos dedicados a mártires cristianos, ¡Si Epifanio levantase la cabeza!, cuando tan solo décadas atrás atacaba la idolatría como lo hicieron los cristinos desde los comienzos (1 Juan 5:21).
También este siglo mostrará las luchas internas en una iglesia nicenica trinitaria muy dividida, sobre todo en su parte oriental. Camino distinto tomaba la iglesia arriana, que de alguna manera en enseñanza se mantenía cohesionada, aunque no política o radicalmente, ya que las zonas que dominaban estaban en pugna una con otras. Así los godos, visigodos , vándalos y suevos, siendo tribus enemigas y en constante guerra, tenían en común que eran mayoritariamente arrianos y pese a todo la iglesia arriana gozaba de una unidad doctrinal absoluta, pues para ellos las distinción entre Dios y Cristo, no conllevaba ninguna confusión filosófica o dialéctica interpretativa, era simple, sencilla y clara. Desde tiempos de Ulfilas, el principal impulsor del arrianismo en las norteñas tierras de los godos, este había arraigado y se había convertido en la religión en los diferentes estados, así como en una manera de cultura propia.
No obstante, el principal error de los arrianos fue confabularse con el poder, con los gobernantes para poder diseminar su enseñanza, o mas bien imponerla, fue por ello que cuando las tribus godas germánicas llegaron del norte al sur de Europa, sobre todo a España, impusieron las doctrinas arrianas, pero estos realmente carecían de una base religiosa firme y apenas ganaron súbditos por predica, lejos quedaba el espíritu misionero de Ulfilas. Esto supuso que en pocos siglos desaparecieran, fruto de las intrigas de los gobernantes y de los intereses políticos mas que por el convencimiento del pueblo.
Otros movimientos que tuvieron éxito en occidente, manteniendo la cohesión doctrinal, fue el caso de los novacianos y los priscilianos, estos últimos muy minoritariamente, debido a las duras persecuciones que no cesaron con la instauración del cristianismo como religión del estado. El caso de los montanistas con mas calado en el norte de África, sufrieron también la dureza de las persecuciones cada vez mas directas de la iglesia mayoritaria, pero de alguna manera cayeron víctimas de sus propias expectativas, muchos viendo que el ansiado milenio prometido no llegaba, se desanimaron, otros fueron atraídos al novacianismo y en Hispania se acercaron al priscilianismo, surgieron algunas disidencias, pero todos estos se mantuvieron aún en el silencio de la historia. Los siguientes siglos significaron para todos estos grupos el instigamiento violento por la prepotencia de la iglesia romana o por la llegada de otros movimientos religiosos muy poderosos, que casi borraron su huella, aunque a pesar de ello, siempre se mantuvo un hilo sucesor.
En definitiva como hemos querido mostrar en los anteriores capítulos de esta obra, el cristianismo ha ido en necesaria evolución en sus inicios y en forzada corrupción y división en las siguientes etapas, hasta el siglo III, se podía decir que si bien se observa un sin fin de grupos en apariencia independientes pero respondiendo ideológicamente a un solo pensamiento, dando un vuelco a principios del siglo III para convertirse en un sin fin de corrientes ideológicas en constante ebullición, hasta explotar y convertirse en un cristianismo dividido en sectas enfrentadas y en pugna por la verdad, casi todas en busca del origen perdido, y con un grupo al que se adjudica el troncal de las ideas, presumiendo de ortodoxia, pero que en realidad convertida en la tendencia más alejada del cristianismo primitivo. En medio de todo ello, el original trigo sembrado por Jesús y hecho espiga por sus apóstoles, se encontraba ahogado en la maraña de creencias, influencias, tendencias y doctrinas, que constituían la mala hierba.

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