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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Arnaldo de Brescia : La busqueda de la pobreza original

Busto del insigne Arnaldo de Brescia, lider de los Pobres lombardos



A finales del siglo XI y principios del XII, la iglesia romana se había convertido definitivamente en un poder feudal mas. Durante siglos desde la caída del imperio romano, esta había sido auspiciada por los diferentes estados, principalmente los descendientes del sacro imperio carolingio, pero llegado este momento, debido a la disgregación del imperio y que las numerosas inestabilidades políticas, hacían peligrar sus recursos, quiso esta independizarse económicamente y recaudar el dinero en teoría de sus propios feligreses.
El problema era que el método seguido era una imposición en ocasiones tan cruel y despiadada como lo era el propio sistema feudal. Donde la iglesia dominaba, nadie podía evadir el pago de tributos obligatorios que significaban una gran carga para una mayoría de los campesinos, sin recibir protección como en el caso de los señores feudales.
La iglesia deseaba poder tener mas poder y no perder el que ya había conseguido, por ello, volcó todos sus esfuerzos en demostrar esa autoridad. Hasta el punto de incluso controlar un ejercito, el que obtuviera la primera victoria en las cruzadas contra los árabes en el 1096, una guerra por cierto apoyada, instigada, organizada por Otón de Ostia, mas conocido como el papa Urbano II.
La iglesia en si misma se había constituido en un poder, solo por debajo de la nobleza en sentido político, pero el primero en asuntos educativos, legislativo en algunos casos y hasta judicial en otros. Pues a menudo muchos considerados herejes ahora podían ser juzgados directamente por los obispos, cardenales y arzobispos, y condenados a penas que iban desde la cárcel en inmundas mazmorras, a muerte en hogueras o ahorcamiento. Con poder para enviar al destierro, destituirlos de sus trabajos y condenarlos al ostracismo. Apoderándose la iglesia de la tierras confiscadas a estos, con lo cual su poder económico fue creciendo en gran medida gracias a ese poder conferido por los estados, era un poder que cabalgaba sobre los gobiernos establecidos y los dominaba cada vez más.
Sin embargo en la propia Roma y en Italia, se estaba fraguando un movimiento político revolucionarios que pretendía implantar una república en el estado de Roma, como había sucedido en otros lugares, con un senado elegido por el pueblo, a la manera romana. Esto por supuesto no gustó al papa y le trajo no pocos problemas, la revuelta fue neutralizada pero el descontento general era grande.
En esas circunstancias surgieron muchos movimientos revolucionarios que quisieron oponerse a ese poder absolutista de la iglesia y la desmesurada usura de sus clérigos. Casi todos los movimientos disidentes cristianos surgidos entre los siglos XI al XIII, deseaban una vuelta a la sencillez, pobreza y acercamiento al pueblo base tan típico del cristianismo primitivo.
El primero en postularse en este sentido fue Arnaldo de Brescia, un discípulo del controvertido Pedro Abelardo. Nacido alrededor del año 1100, fue un joven muy talentoso y metódico en su enseñanza, tal fue así que uniendose a los monjes de la orden de los agustinos, pronto fue nombrado prior de su monasterio en Brescia (Italia). Aunque pronto tuvo sus enfrentamientos con el obispo de Brescia, sobre a raíz de cierta amonestación disciplinar dada a algunos clérigos de la zona por sus excesos materialistas. Arnaldo aprovechó para denunciar también al propio obispo de hacer lo mismo, quizás porque realmente observó que el obispo ambicionase las propiedades de los clérigos denunciados, era algo típico de aquellos tiempos. Se dice que reunió a un grupo de seguidores de su causa y los convocó contra el obispo y estos impidieron la entrada de este a su posición, aprovechando una salida temporal de este.
Su popularidad subió entre las masas pobres y los campesinos del lugar, sobre todo cuando empezó a predicar contra las riquezas y poder de la iglesia. Básicamente su enseñanza se resume en estos preceptos : la renuncia de la iglesia a la riqueza y la vuelta a la austeridad de los primeros cristianos; el abandono del poder temporal; la no validez de los sacramentos administrados por clérigos indignos; la predicación que debería ser efectuada no solo por sacerdotes nombrados sino por laicos, además de la confesión practicada entre fieles sin la necesidad de sacerdotes.
En 1139, esto llegó a oídos del Papa Inocencio II, quien luchaba precisamente contra los revolucionarios de Giordano Pierleoni, un judío converso al catolicismo, que instaba a crear un estado republicano y en cierto modo controlado por el pueblo, por ello ordenó que Arnaldo fuese expulsado de Italia. Algunos por este hecho ello confunden la enseñanza y labor de Arnaldo mezclandola con la de Giordano Pierlioni. Pero este último era realmente más político que religioso, de hecho sus postulados iban dirigido a los nobles, a fin de convencerles para apoderarse del gobierno de Roma, fomentaba en los moradores de la ciudad los recuerdos de la antigua República, cuando Roma era gobernada por sus patricios y elegido por su pueblo y no por autócratas, cuando llegó a convertirse en la primera nación del mundo antiguo. Su labor fue encaminado a volver a ese estado de cosas, recordando las glorias del antiguo Senado Romano y señalando el contraste de ese esplendor glorioso de tiempos de la República, con el estado de postración en que se encontraba en el siglo XII.
En el caso de Arnaldo, su llamada y predicación estaba mas bien centrada en lo que la iglesia debería hacer, los cambios que se necesitaban para volver a los orígenes, pero no solo en el sentido moral y espiritual, sino también en lo que tenía que ver con la enseñanza. Habían calado en el las discrepancias de Pedro Abelardo sobre ciertas doctrinas, entre ellas la trinidad, por ello también se tuvo que enfrentar a Bernardo de Claraval cuando llegó a Francia, mas concreto a París cerca de su maestro Abelardo. Allí Bernardo, un convencido defensor del marianismo (veneración a María), y de la doctrina nicenica trinitaria sostuvo una dura lucha dialéctica, consiguiendo este último una victoria , pero no con la razón sino por el poder que este tenía, le hizo la vida imposible, hasta que tras el concilio de Sans en 1140, en el que se condenó a su maestro Abelardo, no tuvo mas remedio que refugiarse en Alemania.
Desde allí siguió predicando, pero debido a las dificultades que iba sufriendo y animado por alguien que le tendió la mano, el Cardenal Guido, decidió volver a la iglesia, quizás pensó que era más fácil luchar por sus ideales dentro que fuera, por ello hizo un juramento de retractación de sus ideas, quizás pensando en las doctrinales, pero no en las morales. En su periplo en Francia, es posible que escuchase el mensaje de Enrique de Lausana, el nuevo lider de los petrobrusianos, un mensaje similar en cuanto a sencillez, pero no deseaba Arnaldo crear un nuevo grupo como lo habían hecho estos sino luchar desede dentro como lo hiciera años atrás Gregorio VII, quería darle una nueva oportunidad a su iglesia, a la que ahora volvía.
En 1143, volvió a Italia, donde fue recibido por el papa Eugenio III, al que previamente convenció de haber vuelto al redil de la iglesia. Pero al año siguiente, de nuevo se le veía predicando contra los abusos de la iglesia y contra el poder económico con estas duras palabras: "Sean condenados los sacerdotes enriquecidos, los obispos que tiene feudos, y los frailes que acumulan propiedades"
Denuncio además que la llamada "Donación costantiniana", la que se supone legitimaba a la iglesia para tener dominios territoriales para garantizar su mantenimiento económico era una falsificación. Según este documento, Constantino, además de reconocer la superioridad de la iglesia de Roma sobre todos los patriarcados y obispados del orbe, daba a los obispos romanos «la ciudad y todas las provincias, las localidades y las ciudades tanto de Italia entera como de todas las regiones occidentales, como parte de su patrimonio al que podían reclamar en el momento que precisasen. Los que falsificaron dicho documento, con el nombre original de Constitutum Constantini, intentaron demostrar que en realidad el Papado reclamaba mucho menos de aquello a lo que tenía derecho.
Por supuesto que no fue difícil que las enseñanzas de Arnaldo calaran en gran parte del pueblo romano y sobre todo en los que albergaban la posibilidad de instaurar una república a la manera de Pierlioni. No se sabe porqué, pero la predicación de Arnaldo se hizo cada vez mas dura contra el papado y sus representantes, algunos dicen que iba de plaza en plaza acusando a los cardenales de avaros, soberbios, enriquecidos a costa de los sudores del pueblo y al Papa de ser un ente sanguinario, verdugo de las iglesias, cuyo arte consistía en llenar de dinero sus bolsillos y vaciar los ajenos, diciendo también que la Santa Iglesia, lejos de ser tal, era una cueva de ladrones. Es posible que se haya exagerado algunas de estas sentencias, en cualquier caso, puede que algunas de las propuesta por parte de los revolucionarios de Pierlioni haya llagado a oídos de Arnaldo y eso haya encendido en el de nuevo su ideal y pensar sobre el asunto, de tal manera que ahora se uniera a estos por lo menos en la dialéctica y movido más por lo espiritual y moral que por lo político.
Pero esto a su vez motivó a ciertos agitadores a ir mas allá de las palabras y enfrentarse violentamente contra los clérigos, cosa que por supuesto no era el propósito de Arnaldo. Pero el asunto se le fue de la manos y en 1146 los revolucionarios fueron mas allá, según la dice la Enciclopedia Católica en la biografía de Eugenio III : Los palacios de los cardenales y los de la nobleza que apoyaban al Papa fueron destruidos hasta los cimientos; iglesias y monasterios fueron saqueados; la iglesia de San Pedro fue convertida en arsenal y los devotos peregrinos fueron asaltados y maltratados.
El papa tuvo que aceptar la república con su democrático sistema de elección , pero a cambio de permanecer el como cabeza y autoridad paralela en la ciudad. Expulsaron al Papa Eugenio III de la ciudad y por varios intentos que hizo no pudo volver. Este obtuvo refugio en Francia, desde donde quiso desquitarse de su fracaso y convocó una nueva cruzada contra los sarracenos, organizada por su mano derecha, Bernardo de Claraval, pero esta fue un estrepitoso fracaso, era la época gloriosa de los árabes y estos derrotaron a los cruzados de manera total. Además en el ínterin habían salido también otros disidentes que promulgaban la pobreza, la sencillez, la vuelta a los orígenes, tanto doctrinal como moralmente. En ese mar de derrotas murió en el exilio de la ciudad de Tívoli.
Al amparo de esta nueva situación Arnaldo encontró respaldo para su mensaje y un buen número de seguidores, con los que de alguna manera fundó una nueva iglesia, recogiendo su influencia otros importantes maestros y monjes, como veremos mas adelante..
Pero relativamente pocos años duraron esos momentos de gloria, aproximadamente ocho, pues en 1154, ascendió al papado Adriano IV, quien buscó alianzas políticas para poder expulsar a los republicanos que gobernaban Roma. Encontró un aliado en el temible emperador alemán Federico I , mas conocido como Barbarroja y con sus huestes reconquistó la ciudad. Lógicamente este fue un varapalo no solo para los republicanos que gobernaban la ciudad sino para Arnaldo y sus seguidores.
Al año siguiente, en 1155, a raíz de un atentado mortal contra un importante e influyente cardenal, posiblemente a manos de unos de los revolucionarios de Pierlioni, el papa dio una especie de golpe de estado, en el sentido que estaba dispuesto a disolver el gobierno de la ciudad y tomar la autoridad absoluta. Para apaciguar su ira, se llegó a un acuerdo acusando a Arnaldo y a sus seguidores de conspiración contra la iglesia. Fue condenado a muerte, lo cual supuso su huida inmediata de la ciudad, dirigiendose a Francia.
Pero allí lo esperaba Barbarroja quien logró capturarle y ese mismo año fue ahorcado y luego su cuerpo quemado, a fin de que sus seguidores no lograsen recuperar el cuerpo y darle un entierro digno. Pero eso no supuso el fin de los arnoldistas, quienes siguieron fieles a las enseñanzas y costumbres dirigidas a la sencillez y la restauración de las enseñanzas originales, el estudio de la Biblia, la predicación laica, fueron conocidos como los "Pobres Lombardos" y durante décadas continuaron, en realidad es difícil determinar si no eran los mismos que otros grupos que en Francia, Italia, y en el Reino de Aragón, predicaron el mismo mensaje, entre estos estaban , Petrobrusianos, Enriquianos y Valdenses. Todos estos tienen en común muchas cosas, los cual los hermana en una misma lucha, salir de ahogo espiritual en el que estaba abocado el verdadero cristianismo.

Quema de los restos de Arnaldo de Brescia, bajo la aprobacion de la poderosa Iglesia

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