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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

Iglesia Anglicana : Una nueva iglesia por decreto real

El tirano y despota Enrique VIII, convertido en cabeza de la iglesia Anglicana en 1534
Después de un repaso por movimientos lejanos al cristianismo, como la masonería, rosacruces etc, volvemos a centrarnos en la historia cronológica de este. Aunque esta vez nos vamos a centrar en una nueva iglesia originada por algún teólogo discrepante con las doctrinas de la iglesia de Roma, ni por algún monje que se rebelara contra el despotismo clerical de su tiempo. No, mas bien es una religión que apenas impulsó cambios, mas bien estos, como sucediera con la iglesia Ortodoxa, vinieron a posteriori, por la separación y distancia mas que por el estudio o interpretación de las escrituras.
En realidad se podría decir que fue un cisma provocado por el capricho de un rey absolutista, Enrique VIII, y por su fracaso matrimonial, uno de los muchos que tuvo. Y aunque muchos quieren dar a entender que la independencia de la iglesia de Inglaterra viene de antes, la realidad es otra.
Enrique Tudor llegó al trono de Inglaterra el 11 Junio de 1509, y fue conocido como Enrique VIII. Pese a que en sus inicios fue firme defensor de los intereses de la Iglesia, casándose con la autorización que da una bula papal en 1502. Lo hacía como solía suceder en aquella época mas por motivos políticos, que por propia decisión, era una manera de unir la casa real inglesa con la española y hacer una alianza frente al eterno enemigo, Francia. Así en aquel año se casó con Catalina de Aragón, quién había estado casada anteriormente con su hermano, por ello, debido a eso se vieron en la necesidad de tener la aprobación de la iglesia, y presionaron al papa para que concediese tal dispensación. Otra prueba de su buena relación con Roma, fue posteriormente en 1511, cuando se unió a la llamada "Liga Católica", una agrupación de naciones encabezada por el bélico y ambicioso papa Julio II, quién quería arrebatarle las tierras a los no menos ambiciosos y poderosos Borgia y expulsar a los franceses de Italia.
Así, durante un buen tiempo, la relación con el papado parecía buena, hasta el punto de que el Cardenal Thomas Wisley, mano derecha de Enrique VIII, propuso a este como heredero del difunto Maximiliano I, emperador del sacro imperio romano germánico. Consiguió buenos tratados con los ultracatolicos reyes de España en 1519 y en 1521, se unió a la lucha contra la revolución religiosa de Lutero en Alemania, contra quienes escribió, un libro llamado "Defensa de los siete sacramentos". Aquello le valió el titulo de "Defensor Fidei" otorgado por el Papa León X, un papa superado por los acontecimientos, que agradecía el apoyo de Inglaterra para su causa.
Pese a que ya había demostrado ser un adultero al frecuentar concubinas, entre ellas una tal Isabel Blount, con la que tuvo un hijo ilegitimo quien llegaría a ser duque de Richmond, y con María Bolena, casada, y cuya hermana, Ana, también se convertiría en su amante y precisamente se casaría posteriormente. Thomas Wisley, siendo cardenal católico, hizo la vista gorda a tales actitudes del rey, tampoco era nada extraño, teniendo en cuenta que para excomulgar, las normas morales de los grandes no eran razones de peso, mientras no apoyaran a ningún hereje, podía tener libertad de cualquier cosa, para eso estaba el pago de las indulgencias. Desde 1526 surgió lo que se llegó a denominar como : "La gran cuestión del Rey", resulta que debido al fracasado intento de concebir un hijo con Catalina, y las presiones de Ana para casarse legalmente, Enrique quiso que el papa le concediera la nulidad matrimonial, como fuera. Para ello el propio Wisley hizo lo imposible por lograr demostrar que Catalina no estaba libre para casarse cuando lo hizo, pero los intentos fueron infructuosos.
El problema fue que el papa no quiso ir contra la bula anteriormente dada por Julio II, para que se pudiera casar con Catalina, eso sería ir contra la "santa" y atada decisión de otro papa, lo que sería aceptar que este se equivocó. Pero el papa Clemente VII, sabía muy bien el romance de Enrique con Ana Bolena y no hubo recriminación por parte de este, aunque si un rechazo a concederle lo que quería. Así, pese a que Wosley consiguió que se efectuara un juicio en Inglaterra para decidir sobre el asunto, el papa posteriormente por las presiones de Catalina y probablemente la familia de esta, desautorizó dicho conclave y lo trasladó a Roma. Aquello significó la caída en desgracia para Wosley, quien fue apartado y acusado de violación, probablemente para quitarle de en medio y murió poco antes de ser juzgado.
Entonces el Rey escogió como sustituto a Tomas Moro, el famoso humanista, teólogo y filosofo, (autor de un famoso escrito en el que se muestra lo que sería un mundo paradisiaco, donde los gobernantes velan por la paz y armonía y no por la armas, donde no habría dinero ni propiedad privada, con lo cual se eliminaría la ambición, el libro se llama "Utopía"). Pero junto a este ideólogo, profundamente religioso y defensor a ultranza del catolicismo, a la vez también nombró a Thomas Cromwell, hombre proclive al protestantismo y defensor de humanistas como Erasmo de Roterdam. Cromwell ocupó el puesto de secretario de estado o primer ministro, y pronto se postuló a favor de los anticlericales del parlamento, con el apoyo de estos, en 1532 se lograron establecer diversas modificaciones en las leyes inglesas. Entre ellas la supresión definitiva de la renta papal, además de transferir la dirección eclesiástica al rey, aunque sin romper con Roma, pues se incluía la frase "en cuanto la ley de Cristo lo permite".

A la derecha Thomas Cromwell, verdadero impulsor del anglicanismo ->

Por esa pequeña prevenda, hasta el ultra católico Tomás Moro pudo votar a favor, quizas en el fondo, porque este entendía los abusos cometidos por la Iglesia contra Inglaterra y la mala prensa que esta tenía allí, por ello comprendía que eran necesarios cambios y esto venía a llamar la atención sobre este asunto monetario.
Era el primer paso para desligarse de la iglesia romana, pero habría otro más importante aún, en menos de un año, a principios del 1533, se estableció el estatuto de restricción de apelaciones que prohibía precisamente las apelaciones a Roma, lo cual daba vía libre a Enrique VIII para divorciarse de Catalina, sin pedir permiso al Papa. Tomas Moro se abstuvo en la votación, pues no aceptaba que se rechazara la autoridad papal frente a los poderes temporales. Y así fue como el nombrado arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, un clérigo defensor en silencio de las tesis luteranas, dio por nulo el matrimonio con Catalina y un mes después Enrique se casó con Ana Bolena, de la que por cierto esperaba un hijo, que resultó ser hija, para decepción del obsesionado rey. A esa acción, el papa de aquel momento, Clemente VII, reaccionó excomulgando en Julio de ese mismo año de 1533, a Enrique, al arzobispo Thomas Cranmer, y a Ana Bolena.
Unos meses después, en 1534, aconsejado por algunos anticlericales, entre ellos el propio Cromwell, se le sugirió al Enrique romper definitivamente con el catolicismo, nombrándose a si mismo como cabeza de una nueva iglesia independiente. De esa manera, se aprueba en el parlamento inglés El acta de supremacía, en la que se declaraba que el rey era la suprema y única cabeza en la tierra, de la Iglesia en Inglaterra, y que la corona británica debería disfrutar de todos los honores, dignidades, preeminencias, jurisdicciones, privilegios, autoridades, inmunidades, beneficios y bienes propios de esa dignidad. Este fue el toque final que dio inicio a un cisma, en plena revolución protestante. Muchos sacerdotes, obispos ingleses aplaudieron la decisión y se unieron sin rechistar a la obediencia hacia el nuevo líder de su iglesia. Mientras otros, los menos, prefirieron escapar a otras regiones.
Atrapado en todo este revuelo, se encontraba Thomas Moro, el canciller de Enrique VIII, quien se había ocupado más de erradicar las ideas protestantes para que no se introdujeran en su país, que por buscar una solución mejor al problema. En aquel momento poco pudo hacer ante tal situación que era contraproducente para el. Sencillamente guardó silencio, pues sabía que hablar en esas condiciones mostrando su oposición a tales leyes significaría para el caer en desgracia y una muerte segura, así que dimitió. Pero esa dimisión y ese silencio fue entendido por otros, como Thomas Cromwell, como una oposición a los deseos del rey y contra las nuevas leyes del imperio inglés. Por ello de nuevo a instancias de Cromwell, Thomas Moro, fue encerrado en la Torre de Londres y acusado de alta traición, solo poco antes de su muerte se pronunció, precisamente en contra de Enrique VIII, negando que poseyera la autoridad de ninguna iglesia y mostrando su lealtad al papa como unica autoridad reconocida. Por ello se puede decir que Thomas Moro fue el primer mártir católico después de muchos años en los que ellos eran los torturadores.

A la izquierda, Thomas Moro, el autor de la obra Utopía, convertido en martir del catolicismo por causa del advenimiento del anglicanismo.








Esto produjo otra situación complicada para los intereses de la iglesia católica en Inglaterra, pues en pocos años, bajo la vigilancia de Cromwell, se fueran cerrando conventos y monasterios, con dos fines, uno el erradicar a los opositores a la nueva iglesia, y otro apoderarse lo más rápido posible de las riquezas de estos, antes que pudieran huir a Roma o a otros refugios católicos.
Así se puede decir que aquel año de 1534, quedó establecida la llamada iglesia anglicana, cuya base como hemos visto fue el empecinamiento de un gobernante que no contento con lo que la autoridad de su religión le imponía, decidió formar su propio cristianismo, hecho a su medida. Aunque realmente era una época propicia para romper con la iglesia, ya en Alemania se estaban viviendo momentos de gran tensión por causa del surgimiento del protestantismo y algunos como Cromwell y al arzobispo Thomas Cranmer, quienes no podían ocultar su entusiasmo por tales ideas, quisieron buscar un acercamiento a estos postulados.
Pero las cosas cambiaron, pues Cromwell, cambió de opinión con el tiempo y prefirió mantener el acercamiento al catolicismo. Por otro lado los deseos protestantes de Cranmer fracasarían después, ya que en 1553 durante el reinado de María Tudor, quien tuvo la intención de revocar las decisiones de Enrique VIII, fue acusado de herejía y quemado en la hoguera. En cualquier caso, con el tiempo la iglesia anglicana fue aceptando algunas costumbres protestantes y manteniendo otros de carácter católico.
Pero doctrinalmente la iglesia anglicana, en esos primeros años poco o mas bien nada contribuyó a un acercamiento al cristianismo original, en realidad, salvo por el hecho de que los sacerdotes y obispos se pudieran casar libremente, del permiso de divorcio, bajo ciertas circunstancias, la libertad que se dio al uso y posesión de la Biblia por parte de los miembros base, poco más se puede ver como vuelta a los origines.
Con el tiempo sin embargo, si se fue distanciando de la católica en otros conceptos como el significado de la confesión, la manera de entender la transubstanciación, llegando al extremo de decir que el pan y el vino son simples apariencias del verdadero cuerpo y sangre de Cristo. Sobre el uso de imágenes, hay cierta tibieza, pues aunque se aceptan las imágenes de Cristo, María y los santos apostólicos en sus iglesias y templos, no solo en forma de iconos, como la iglesia ortodoxa, sino imágenes de madera o cerámica, cuadros, etc. Sin embargo afirman que no aceptan que se de culto a tales imágenes, en definitiva toman una posición intermedia en ese asunto. Además ellos entienden que cuando la Biblia habla de santos, se hace referencia a todos lo miembros de la iglesia, por lo tanto no hay razones para decidir a posteriori quien es santo y quien no y que solo Dios merece adoración directa..
Algo a destacar sobre la interpretación de esto último, hace que con el tiempo la iglesia anglicana suela resaltar por ser la primera en aceptar mujeres en el sacerdocio, por la interpretación de la santidad de todos los miembros de la iglesia, además aceptan que los legos, es decir miembros de la iglesia que no son celrigos, puedan participar en sinodos locales donde se aceptan o cambian ciertas tesis. Pero esta interpretación ha llevado a extremos controvertidos, pues en algunos casos se aceptan ministros homosexuales, por supuesto con mucha oposición y revuelo por parte de los más tradicionales.
Pero al igual que las principales iglesias del protestantismo luterano, los anglicanos no se plantearon eliminar de sus enseñanzas, la doctrina de la Trinidad del año 381, ni la inmortalidad del alma, ni del castigo del infierno, lo cual los acerca todavía mucho a la cristiandad católica. Al igual que su unidad con los poderes gubernamentales, no por algo todavía los reyes ingleses ostentan la posición de cabeza de la iglesia. Tampoco ha destacado por su celo evangelizador, salvo en las colonias inglesas donde se estableció como religión oficial, por ello el anglicanismo se centra prácticamente en los países del ámbito anglosajón, salvo el caso de México, donde hay un buen numero de miembros.
Pero volveremos a tocar el tema de la iglesia anglicana actual en posteriores capítulos, pues la crisis de valores y religiosidad ha mermado mucho el poder de esta religión y el laícismo imperante, puede desenvocar en su desaparición.

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