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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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William Miller : El visionario de la cronología y del milenarismo



El siglo XIX, como ya se explicó en capítulos anteriores, fue un periodo de gran convulsión religiosa y de una revolución, muy semejante a la vivida en el surgimiento del protestantismo. Los nuevos movimientos, catalogados como restauracionistas por su deseo de volver a los orígenes, no solo en lo moral, sino doctrinalmente empezaban a surgir por doquier. Muchos fueron los que ahora rompían las cadenas del puritanismo y del pietismo protestante e iban mas allá de aplicar el estudio bíblico solo a lo moral. 

El tema profético no había sido profundamente estudiado en otros tiempos, si bien es verdad que hubo personajes independientes como Girolamo Savonarola en el siglo XV, o algunos visionarios como Thomas Tany, John Reeve o Ludowicke Muggleton, en el XVII, que se atrevieron a interpretarlo, en muchos casos aplicando algunas profecías a si mismos. Pero en la mayoría de los casos estos no lograron llamar la atención de muchos. Posteriormente algún anabaptista extremista se atrevió a aplicar algunos términos apocalípticos a la Iglesia.

Por supuesto no podemos olvidar a otros estudiosos de siglos más recientes, como Isaac Newton, que se había interesado en las profecías de Daniel y el Apocalipsis, incluso haciendo cálculos del posible advenimiento del Reino milenario de Cristo. También otros dentro del seno de la Iglesia católica se habían atrevido a indagar en el milenarismo apocalíptico, quizás uno de los más importantes e influyentes fue Joaquín de Fiore, en el siglo XII, quién había calculado el inicio del milenio para el año 1260, considerando tal año como de la apertura del séptimo sello del Apocalipsis, el final de Babilonia la grande, (según el, los reyes carolingios), la llegada del anticristo y dar paso a un milenio pacifico. Pero no se le hizo mucho caso al monje, porque de lo contrario quizás huyera acabado sus días en la hoguera. 

Otro de los principales milenaristas católicos en Alemania fue I.A. Bengel y su discípulo de un tal Crusius, a quienes se les unieron luego Rothe, Volch, Thiersch, Lange y otros, pero con poca resonancia. Protestantes de Wutemberg emigraron a Palestina (Comunidades del Temple) con el objeto de estar más cerca de Cristo en Su segundo advenimiento.

En este repaso al estudio profético, podríamos incluir al monje benedictino Arnold de Wyon, quién publicó las famosas profecías de "San Malaquías", una lista de los papas desde Celestino II, en 1143, hasta un total de 112, y que concluye hablando de una persecución que llevará hasta el juicio final. Si bien, estas listas supuestamente proféticas no tenían aparentemente ninguna base bíblica, si concluían con el final de la Iglesia católica. 

Y este es un asunto del que ahora en el siglo XIX, se atrevieron a hablar más claramente muchos de los nuevos movimientos cristianos restauracionistas. Casi todas las interpretaciones del Apocalipsis apuntaban al final de la Iglesia, aplicando las profecías de la caída de la llamada Babilonia la Grande mencionada en el último libro de la Biblia. 

Otro aspecto interesante al que también se dio ímpetu, fue la doctrina del arrebatamiento de los cristianos en el fin de los tiempos. Esto estaba relacionado con ciertas palabras mencionadas por el apóstol Pablo en la carta a las congregaciones de Tesalónica, donde se dice : Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron (en la muerte). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. (1 Tesalonicenses 4:15-17)

La interpretación que se le daba hasta ese momento a la expresión "seremos arrebatados", era confusa y muy pocos se atrevían a ir más allá, sobre todo a planteamientos literales. Tanto en las filas de los católicos, como de las principales iglesias protestantes, no se planteaban la idea ahora tan difundida de un rapto o arrebatamiento literal de los fieles hacia el cielo. La razón era que la exégesis católica así como la de ciertas denominaciones tradicionales protestantes era alimienal, es decir no entendían los usos bíblicos, como milenio, arrebatamiento, gran Tribulación, como literales, sino símbolos del juicio final. 

Por ejemplo los mil años de los cuales se habla en Apocalipsis en capitulo 20, para las iglesias tradicionales, consistirían en el lapso de tiempo entre la Ascensión de Jesús y los tiempos en que vivimos. Aunque por otro lado si creían en la Parusía, o Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos y su manifestación gloriosa en el mundo para juzgar personalmente a cada hombre según su fe y obras. Los justos serían salvados y gozarían una vida eterna en el cielo, en ese sentido serían arrebatados los últimos de ellos y así la creación será renovada y los malos condenados a la eternidad sin Dios, que es el infierno. No obstante, también las iglesias tradicionales hacían hincapié en la idea de que las personas eran juzgados al morir, pues durante siglos habían enseñado la doctrina del infierno permanente, no como un castigo futuro, sino inmediato. También se entendía que los justos eran inmediatamente recompensados con la gloria en el cielo, tras morir. 

Esto en el pensamiento racionalista que empezaba a abundar en la América del restauracionismo, era una contradicción, pues ¿Que sentido tenía otro juicio final para todos, cuando tras la muerte era dictado un juicio tanto favorable como condenatorio? Era en realidad la misma paradoja que se había planteado en el siglo XIV, el llamado Papa hereje, Juan XXII. (ver entrada 93, El papa Hereje).

Pero no solo el, muy posteriormente y cercano al periodo de tiempo del que ahora hablamos vivió el sacerdote jesuita chileno Manuel Lacunza, que nació en 1731. Lacunza escribió un libro con un titulo muy llamativo "La Venida del Mesías en Gloria y Majestad." El texto, conocido desde 1785, fue impreso en 1812, once años después de la muerte de Lacunza. Esta publicación agitó los medios religiosos del momento y fue precursora de los movimientos que esperaban el advenimiento. La Iglesia católica lo incluyó unos años después, en 1824, en la lista de libros prohibidos, por ser catalogado como pernicioso para las ideas defendidas por esta. Entre otras cosas defendía la idea de la resurrección progresiva y de una especie de segunda muerte para explicar la paradoja de la vida en el cielo de los santos y la caída al infierno de los malos con una resurrección de todos en el día del juicio final.

Por ello, vemos que el tema profético, el entendimiento sobre este juicio final, está intrínsecamente relacionado con las doctrinas de la resurrección, con la existencia o no del alma inmortal y la existencia o no de un infierno de fuego. Algunas creencias relacionadas con la muerte, la resurrección ahora se empezaban a ver desde un punto de vistas menos metafísico y espiritual y desde ópticas más cercanas a la del judeocristianismo primitivo. 

Por otro lado, también estaba la idea del arrebatamiento post-tribulación, esta había predominado hasta principios del siglo XIX. Por aquel entonces, se formó en Inglaterra un movimiento encabezado por un anterior clérigo de la Iglesia de Irlanda, John Nelson Darby. Este hombre y otros anglicanos que pensaban como él, llegaron a ser conocidos como los Hermanos de Plymouth. Darby viajó desde su centro de operaciones en Plymouth para predicar en Suiza y otras partes de Europa. Aseguraba que la vuelta de Cristo se produciría en dos etapas. Empezaría con un arrebatamiento secreto, en el cual los "santos" serían llevados al cielo antes de que un período de siete años de tribulación devastara la Tierra. Luego Cristo aparecería visiblemente acompañado de esos "santos", y juntos gobernarían sobre la Tierra por mil años.

Darby insistió en la necesidad de separarse del mundo, y los que compartían sus puntos de vista llegaron a conocerse con el tiempo como los Hermanos Exclusivos. Un seguidor de los hermanos de Plymouth, B. W. Newton encabezó un grupo diferente que creía en el arrebatamiento, pero nunca antes de la gran tribulación. Alexander Reese propugnaba un arrebatamiento después de la gran tribulación, y decía que "las teorías del arrebatamiento secreto iban en contra de la esperanza de la venida de Cristo". 

Otro asunto que ocupó el interés de muchos, fue la cronología bíblica, haciendo cálculos sobre el tiempo del fin, la segunda venida de Cristo y el juicio final. Muchos maestros dentro del protestantismo americanos se lanzaban a denunciar enseñanzas y volcar su predicación en direcciones opuestas a sus iglesias de origen.

En ese contexto, empezaron a surgir movimientos que tenían en común estos rasgos, el rechazo a doctrinas relacionadas con el infierno, el alma inmortal, y con claros signos milenarias. Ya consideramos a los Cristadelfienses, más adelante hablaremos sobre los adventistas, los testigos de Jehová y otros movimientos que surgirían en esa nueva linea que buscaba quitar más capas de maleza que ocultaba el trigo. Pero incluso dentro de las grandes iglesias americanas, como la iglesia bautista y metodista, aquella época fue de mucha revolución y convulsión, pues de entre ellos surgirían también movimientos carismáticos, que daban prioridad a los dones espirituales, pero que también consideraban el arrebatamiento cristiano como base de su esperanza. 

INICIOS DE MILLER

Para entender muchas de las convulsiones religiosas de aquel tiempo, es necesario considerar a un hombre que hizo despertar a cientos de miles y que de alguna manera con sus estudios, dio impulso a este nuevo despertar milenarista profético, hasta el grado de que bajo su influencia muchos de estos grupos con ideas restauracionistas, buscaran en las escrituras a fin de entender los tiempos y sazones. 

Nos referimos a William Miller, cuya labor y esfuerzo ha sido excesivamente criticado de forma negativa y como ejemplo de visionario fanático. Podemos afirmar que la historia a menudo no es justa con este estudioso de la cronología bíblica, quizás porque solo se tienen en cuenta sus fracasos y no sus aciertos. Pero veremos como de alguna manera ayudó a que muchos se despertaran espiritualmente y buscaran el significado de los tiempos y de muchas profecías aún sin cumplir. 

William Miller nació un 15 de Febrero de 1782 en el pequeño pueblo de Pittsfield, Massachusetts, donde solo vivió los primeros cuatro años de su vida, pues en 1786, su familia se mudó a Hampton, Nueva York. La educación primaria la recibiría de su madre, hasta que a los 9 años ingresó en ña escuela del distrito de Poulney. Sin embargo no destacó por tener estudios superiores, pero si se le conoció como un lector ávido de conocimiento y un autodidacta, solía visitar las bibliotecas mas importantes de su ciudad y eso le ayudó a adquirir conocimientos profundos que le ayudaron en sus futura investigaciones religiosas. 

Su familia era bautista, aunque en sus relaciones personales tuvo contacto con algunos personajes con diversas tendencias racionalistas como ciertos grupos unitarios y masones. Si bien no acabó en ninguno de estos movimientos o por lo menos no durante mucho tiempo, sin embargo en parte influyeron en sus ideas.
En 1803 se casa con Lucy Smith mudandose al pueblo de ella, cercano a Poultney, Vermont, donde se convirtió en granjero. En pocos años sirvió como guardia, sheriff, juez de paz y en 1810 inicia una breve carrera militar, que lo hizo convertirse en teniente en poco tiempo y en 1814 fue ascendido a capitán. Es en aquella época de prosperidad material y de alejamiento religioso cuando Miller, repudiando sus creencias bautistas, empieza a simpatizar con las ideas teístas, quizás en parte porque el quería creer en Dios con la razón y no solo con el sentimiento. En libro autobiográfico Apology and Defence, Miller reconoce su cambio de postura religiosa: "Me hice conocido de los principales hombres en esa aldea (Poultney, N.Y.), que eran abiertamente Deístas; pero eran buenos ciudadanos, y de una conducta y moral serias. Ellos pusieron en mis manos los trabajos de Voltaire, Hume, Paine, Ethan Allen y otros escritores deístas (Apology and Defence, William Miller, 24)

Su paso por tales movimientos ideológicos fue sin embargo breve, como breve su supuesta militancia en la masonería, si bien se sabe que esto último lo hizo simplemente como una curiosidad más en su ávido interés por el conocimiento. Como ya apuntamos antes, ninguna de estas tendencias caló profundamente en el, pues aún no había renunciado a la iglesia bautista, aunque se había alejado tanto física como ideológicamente.

Fue durante la guerra anglo-estaunidense de 1812-14 cuando en la batalla en Pattsburg, cuando las fuerzas americanas sumamente superadas en número vencieron al gran ejercito británico. Miller vio aquella victoria norteamericana como el trabajo de una fuerza sobrenatural que les ayudó, hasta el grado de cambiar de parecer con respecto al alejado y distante dios de los deístas. Aquello le hizo volver a sus raíces bautistas y dedicarse posteriormente al estudio de las escrituras con más empeño. 

Por otro lado el ver la muerte tan de cerca, Miller estuvo profundamente preocupado por las preguntas sobre la muerte y la vida después de la muerte. Esta reflexión sobre su propia mortalidad se agudizó tras las muertes de su padre y su hermana. Miller observaba que en las religiones tradicionales solo había dos opciones posibles después de la muerte: la aniquilación o la rendición de cuentas y con ninguna de las dos se sentía cómodo.

Empezó a asistir de nuevo a la iglesia bautista y allí hizo progresos, siendo nombrado predicador laico, es decir sin oficio pastoral. También como predicador sustituto, lo cual le hizo prepararse mas para desarrollar dichas labores.Miller comenzó por entonces un profundo estudio de las escrituras, escudriñando cada verso y sin avanzar hasta que sentía que el significado estaba claro. Fue así como descubrió ciertas doctrinas bien implantadas en su iglesia no tenían base bíblica y también se convenció de otras que apenas se trataban. Entre otros asuntos descubrió que el Postmilenarismo no era bíblico y que la Segunda Venida de Cristo estaba revelada en la Profecía de la Biblia. Por otro lado se sintió convencido de que la Biblia contenía datos suficientes y señales numéricas que eran como guías que Dios había puesto allí para conocer sus tiempos y sazones al tiempo debido. 

LA BASE CRONOLÓGICA 
La base de esta escatología de Miller fueron las palabras recogidas en las escrituras del profeta Daniel. Entre otras citas encontramos en el 8:14: De modo que él me dijo: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; y el lugar santo ciertamente será llevado a su condición correcta". (...)
Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.(...)
"Y desde el tiempo en que el sacrificio perpetuo sea quitado y puesta la abominación de la desolación, habrá 1,290 días. "Bienaventurado el que espere y llegue a 1,335 días. "Pero tú, sigue hasta el fin. Descansarás y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días." (Daniel 8:14; 9: 24-25; 12:11-13) 

Todas aquellas cifras tenían que apuntar hacia algún acontecimiento especial y debían señalar a un tiempo próximo, creía Miller. Tradicionalmente desde la época del rabino Akkiba Ben Josef, se había sugerido que a menudo los tiempos bíblicos tal como se aplicaron a los israelitas en Números 14:34, eran aplicativos a todo tiempo profético posterior.
Bajo ese mismo prisma, intuyó que otro periodo de siete tiempos, de los que también el profeta Daniel habla en el capitulo 4 y que en el Apocalipsis se explica como periodo de años lunares de 360 días cada uno, lleva a otra cifra de 2520, de un tiempo al que Jesús se refirió como los tiempos de los gentiles. Todos estos periodos parecían referirse a que a su finalización, vendría un restablecimiento del pueblo escogido. Algunos de los que leyeron a Miller posteriormente, como el Dr. Thomas líder de los cristadelfianos, interpretaron este restablecimiento como literal para Israel natural, pero Miller no, el más bien esperaba el periodo de mil años para el restablecimiento de la humanidad, bajo el Reino de Cristo, anunciada por el Apocalipsis y lo asociaba con la segunda venida anunciada por la Carta de Pablo a los tesalonicenses.

Con esa base, Miller concluyó que la purificación del santuario, (Templo de Jerusalén) representaba la purificación de la tierra por fuego en la Segunda Venida de Cristo. Para Miller y otros usuarios de este principio, un día en la profecía debería ser leída como un periodo de un año. Por ello, Miller estaba convencido que el período de 2.300 días descrito por Daniel, habría de durar 2300 años, desde el momento en que se diera inicio la restauración de Jerusalén, que sucedió en el periodo Persa.

Haciendo cálculos, basados en la cronología comparativa, interpretó que este período terminaba en el año 1843 y por lo tanto, en esa fecha, ocurriría el regreso de Cristo. Miller escribió: "Llegué entonces a la solemne conclusión, que cerca de veinticinco años a partir de esta fecha de 1818 todos los asuntos de nuestro estado actual, se colapsarían (Apology and Defence, William Miller, 11-12).

Pero ¿Cómo llegó a la conclusión de que ese año sería clave en el cumplimiento de profecías? La explicación la encontramos en su libro Apología y Defensa, donde describe como llegó a ese año desde varias cuentas distintas : A través de un estudio más de las Escrituras, llegué a la conclusión de que el periodo de siete veces de la supremacía gentil, debía comenzar cuando los Judíos dejaron de ser una nación independiente, durante el cautiverio de Manasés, que la mejor cronología asigna al año 677AC. Que los 2300 días comenzaron con el inicio de las setenta semanas, que la mejor cronología fecha en el 547AC, y que los 1335 días que comienza con el distanciamiento, y el establecimiento de la abominación desoladora, iban a coincidir con la fecha de la creación de la supremacía del Papa, después de llevarse consigo las abominaciones paganas, y que, de acuerdo a los mejores historiadores que yo pude consultar, debe indicar la fecha de alrededor del año 508DC. (Apology and Defence, William Miller, 10)

Con esa interpretación, todas las cuentas llegaban hasta 1843, aunque había ciertas lagunas de las que quizás no se percató. Por ejemplo el escoger ciertos años como el 508, era una mera conveniencia personal, aquel fue un año con pocos acontecimientos realmente importantes. La única explicación a la elección de ese año, quizás fuese que la creación de la supremacía papal, la quiera hacer coincidir con el papado de Simaco,(498-514), quizás porque de el se dice que consolidó los bienes eclesiásticos, y al que también se le atribuye la primera construcción del Palacio Vaticano. Pero, si algún papa dio inicio a la supremacía sobre otras iglesias quizás tendríamos que irnos a Dámaso del siglo IV. En cualquier caso, asesorado por algún historiador de la época, parece que se escogió ese año 508 y la suma de 1335 años llega al 1843. Tampoco parece que tuviera muy en cuenta que el libro de Daniel habla de otro periodo anterior de 1290, que con la aplicación de Miller nos llevaría al 782AC, que tampoco fue particularmente marcado, salvo que quisiera hacerlo coincidir con la caída de las diez tribus de Israel, hecho que sucedió por lo menos 50 años después.
El otro calculo que le menciona, contar desde el 457AC que según se creía fue el año en que salió de la boca de Artajerjes I de Persia, el decreto para reconstruir Jerusalén. Algunos historiadores y eruditos afirman que más posiblemente haya sido el 455AC. En cualquier caso, no hay base bíblica para indicar que la restauración de Jerusalén, fuese clave para contar ese periodo de 2300 años de Daniel 8:14, salvo que, como interpretó Miller, lo hiciera coincidente con el inicio de la cuenta de otro importante acontecimiento profético, las setenta semanas de años hasta el Mesías. Muy alejado estaba de al año 2060, fecha calculada anteriormente por Newton, quien como ya consideramos en el capitulo dedicado al renombrado científico, también hizo sus propios cálculos que lo llevaron mucho más lejos que Miller.

Pese a que estaba seguro de su descubrimiento y tenía fe firme en que aquel calculo era fidedigno, Miller reconoce que encontró numerosas objeciones que quería vencer, antes de hacer publico sus descubrimientos. En los siguientes cinco años, hasta el año 1823, silenció en su sermones en la iglesia Bautista, acerca de esto. En ese periodo se planteó varias objeciones que le perturbaban, una de ellas tenía que ver con la enseñanza de la resurrección tradicionalmente aceptada por su iglesia, observó que no era del todo bíblica, pues la Biblia la explica en varias etapas y siempre en un tiempo futuro. 

En realidad, no fue hasta siete años después, que empezó a proclamar, su mensaje sobre el advenimiento, al principio entre los vecinos, a otros ministros religiosos y a algunos familiares. Pero la mayoría no aceptaron fácilmente sus tesis, de hecho apenas despertaron interés en ellos. Este inicio poco entusiástico, le defraudó y desanimó, por ello durante nueve años más tan solo hizo mención de ello de forma esporádica. Tampoco era un orador muy locuaz, ni convincente, por lo cual su predica no calaba en la mente de sus oyentes.

Sin embargo, durante ese tiempo plasmó sus investigaciones en un escrito con veinte puntos en los que resumía todas sus creencias, una especie de declaración de fe. Por fin en 1831 encontró en Dresden, en el condado de Washington a algunos bautistas interesados en sus tesis. Estos acontecimientos le animaron a escribir en algunos periódicos religiosos de la época algunos de sus descubrimientos sobre el avenimiento, lo que suscitó que muchos más se interesaran en sus investigaciones. 

En 1832 entregó una serie de dieciséis artículos al Telégrafo de Vermont, una publicación Bautista muy influyente en aquel tiempo. El primero de estos fue publicado el 15 de mayo de aquel año. Inmediatamente después le llovieron las cartas con preguntas sobre infinidad de asuntos proféticos y doctrinales. Por ello en 1834, incapaz de cumplir con las muchas peticiones urgentes y con numerosas invitaciones para viajar y predicar desde diferentes partes del país, que había recibido, publica una sinopsis de sus enseñanzas en un escrito de 64 páginas con el título: Evidencia de las Escrituras y la Historia sobre la Segunda Venida de Cristo, cerca del año 1843: Para el año 1836, ya tenía cientos de seguidores, entre ellos algunos clérigos bautistas, como el reverendo Wescott, de Troy, Nueva York, quien se encargó de publicar una serie de discursos de Miller, un total de dieciséis, con una importante tirada. Hasta ese momento, todos sus viajes y estancias, las pagaba de sus bolsillo, no pretendía ganarse la vida a costa de sus escritos, ni de sus seguidores.

NUEVO IMPULSO A SU OBRA
Pero, si hubo alguien que se convirtió en su principal mentor, ese fue otro anciano bautista, el reverendo Joshua Vaughan Himes, quien invitó a Miller a Boston y escuchó personalmente todos sus argumentos, quedando convencido plenamente de que aquel tenía razón y se abría una época emocionante para los cristianos. 


<-----Himes, era un hombre de gran fortuna económica. Nacido en 1805 en Wickford, Rhode Island, fue criado como episcopaliano, pero con el tiempo recabó en el movimiento de la nueva conexión bautista de Dan Taylor, y fue nombrado ministro de esta orden. Durante los siguientes años fue pastor de varios distritos en Massachusetts, antes hacerse cargo de la Primera Iglesia cristiana en Boston en 1830. Allí fue donde obtuvo mayor éxito en su labor, pues logró reanimar a una iglesia que estaba cerca de la muerte, reorganizó la enseñanza, dio impulso a la moderación, la paz, y se alineo con los movimientos de reforma abolicionistas de la época.

Así que la convicción que este tuvo de que el Sr. Miller se podía considerar el profeta del advenimiento, Himes arrastro a las multitudes al nuevo movimiento milenarias que empezaba tener cada vez más fuerza dentro de la iglesia bautista en todas sus ramas. Himes, fue el encargado de lanzar la primera revista milenarista, que fue llamada Sign of the times

Tal fue el ímpetu de Himes por el movimiento milenarista, que en aquel tiempo fundó una cadena de tiendas, la más grande en los Estados Unidos, para el pago de los numerosos viajes de Miller. Estableció una red de agentes, depósitos de libros, y salas de lectura desde Boston a San Louis. En 1842 él comenzó un segundo periódico, el Grito de Medianoche, (Midnight cry), en la Ciudad de Nueva York. El trabajo promocional de Himes logró llamar a la atención del mundo, sobre el movimiento milenarista, hasta el grado que para 1842 aquel movimiento logro atraer a decenas de miles de seguidores, sobre todo entre los bautistas. Solo en Boston en 1843, Miller, con la inestimable ayuda de Himes, inauguró en templo en Boston con cabida para 3500 fieles. Algunos afirman que para 1844 el movimiento constaba de mas de 100.000 miembros en EE.UU. e Inglaterra. Desde luego, al movimiento se unieron importantes nombres que después abrirían nuevos caminos en el crisol cristiano, veamos algunos de ellos :

En 1840, una joven con tan solo diecisiete años de edad, se unió al movimiento de Miller, en el nordeste de EE.UU., aquella joven se llamaba Ellen G. Withe, quien más tarde llevaría a cabo el nacimiento de otro importante movimiento religioso de carácter mundial, el adventismo, si bien no tuvo contacto directo con el, sin embargo, guardó toda su vida un buen recuerdo de el y siempre tuvo palabras de aprecio hacia el visionario milenarista. 

También poco después, otro anterior metodista episcopal se unió al movimiento liderado por Miller y Himes, este fue George Storrs, quien desde 1840 había renunciado a su iglesia, pero no por el milenarismo, sino por ciertas ideas contra el alma inmortal. Sobre el trataremos más tarde, pero es importante apuntar que este investigador religioso, se sintió atraído por las teorías del advenimiento, aunque mas tarde reconocería su error al esperarlo en una fecha concreta.

En 1842, otro joven estudiante de la prestigiosa academia de Geneseo en Nueva York, con tan solo dieciocho años, Nelson H. Barbour, escucho la predica de un tal Sr. Johnson, un predicador milenarista, que dio una conferencia en Geneseo, en el invierno de aquel año. Aquel emotivo discurso fue suficiente para convencer a aquel muchacho de la verdad del advenimiento próximo de Cristo. Otros compañeros de Barbour, le acompañaron en la conversión, entre otros estaba, Daniel Cogswell. Quien se convertiría con el tiempo en presidente de la Iglesia del advenimiento cristiano, años después. Cogswell y otro compañero llamado F de Henrio., fueron amigos inseparables de Barbour, en su tumultuosa vida religiosa.

LA GRÁN DECEPCIÓN

Para abril del año 1843, los milenarias esperaban con ansias el arrebatamiento que estaban seguros, experimentarían, solo los que se mantuvieran alertas. Si bien, Miller nunca quiso poder fechas exactas, alimentado por algunos de sus seguidores, se empezó a dar fechas exactas. Miller siempre defendió lo siguientes : Mis principios en breve, son, que Jesucristo vendrá otra vez a esta tierra, limpiará, purificará, y tomará posesión del mismo, con todos los santos, en algún momento entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844 (William Miller and the Advent Crisis, Everett N. Dick, 96-97).

Pero en vista que el tiempo pasó y muchos se llevaron una gran decepción, sobre todo muchos que habían vendido todas sus cosas, o habían abandonado cosechas y negocios, con la esperanza segura de su encuentro con el Señor, ahora veían frustradas sus esperanzas.
Pero, bajo la presión generada en torno a el, Miller presentó una fecha definida, el 23 de Abril de 1844. Aquel día pasó y este ya no se atrevía a aventurarse a dar mas fechas, aunque seguí esperando que en aquel año sucediera lo que esperaba. Algunos líderes milenarias, como Samuel Snow presentaron un mensaje que llegó a ser conocido como el mensaje de los siete meses o el verdadero grito de medianoche, defendido también por George Storrs y Joshua Himes. 

En un articulo de la revista Midnight Cry, Snow presentó su conclusión que Cristo regresaría el décimo día del séptimo mes del año 1844. Esto se calculó usando el calendario de los judíos caraítas, así definitivamente el día fue determinado como el 22 de octubre de 1844.
Pero aquel día llegó y la decepción fue tal, que el propio Miller, se derrumbó y escribió disculpandose y pidiendo perdón a cuantos le habían seguido en su convencimiento sobre aquel año. Un grupo de fieles se mantuvo a pesar del fracaso, entre ellos estaba su amigo Himes. 

Josiahh Lithc, otro dirigente milenarista de Filadelfia, escribió lo siguiente : "Hoy hace aquí un día nublado y triste...Las ovejas han escampado... El señor no ha venido todavía...(Midnight Cry, Ocuber 24, 1944)
También en ese mismo tono triste, Hiram Edson, otro importante líder milenarista escribió sobre el sentir de aquellos días después de la gran decepción : "Nuestras más profundas esperanzas y expectativas fueron destrozadas, y un espíritu de angustia vino sobre nosotros como nunca antes había experimentado... lloramos y lloramos hasta el atardecer (Millennial Fever, George R. Knight, p.218)
 
Este mismo Edson, no sabemos de que fuente lo sacó, pero dio inicio a una idea que podía salvar la fecha, dio una explicación que daba a entender que la segunda venida de Cristo, constaría de dos partes, primero sería invisible. En términos simbólicos explicó que Cristo había salido de su palacio, para emprender la purificación en los cielos, y solo cuando hubiese terminado dicha tarea se manifestaría en la tierra, era algo así como una parousía o presencia invisible, una doctrina que posteriormente fue desarrollada mas profundamente. 

Miller continuó convencido de que el esperado advenimiento, llegaría pronto, ya no se atrevió a dar fechas, pero hasta su muerte esperó que este día llegara, aunque se sintió apenado porque a su alrededor se había reunido un numeroso grupo de adeptos, quizás movidos por un espíritu de sectarismo, que el nunca quiso predicar. Pero consideró inevitable que el reconocimiento publico de su error, que el valientemente expresó, podía significar el abandono de muchos de sus colaboradores y amigos , pero lo expresó de forma clara : "Acerca del fallo de mi fecha, expreso francamente mi decepción... Esperábamos en aquel día la llegada personal de Cristo; y ahora, decir que no nos equivocamos, sería deshonesto. Nunca debemos tener vergüenza de confesar nuestros errores abiertamente." (La Historia del Mensaje Adventista, Pág. 410)

Otros como Storrs, sin embargo, renunciaron a todo aquello de forma radical, hasta el grado de casi romper su relación con estos e intensificar sus ataques a aquello en lo que el mismo creyó engañado por sus emociones. Así lo reconoció en una carta publicada en En The Morning Watch  de  febrero  20  de   1845,  donde el  escribe:  "No era sino mesmerismo, con lo cual quiero decir que era el producto de una mera influenciahumana;
 en otras palabras, no era de Dios; y yo no diría que era del diablo; a consecuencia de esto debo decir que era de nosotros mismos - una mera influencia humana llamada mesmerismo.
"¿Qué es mesmerismo? Es la influencia que un cuerpo, o persona, ejerce sobre otro para actuar sobre 
él y producir ciertos resultados.  En  otras palabras, es una mera influencia humana En sí misma, no es mala. Es esencial para la sociedad, y puede usarse para bendecir a la humanidad cuando es dirigida por la Palabra y el Espíritu de Dios, pero cuando es dirigida por el 
capricho de uno mismo, o se le deja correr sin ser guiada por la comprensión o la razón, 
conduce al extravío. "El gran punto que le dio poder al movimiento fue el positivismo con que nosotros exclamamos: 'El Señor vendrá en las nubes del cielo' el día décimo 
del mes séptimo. Quítese el positivismo y el suceso al cual se refiere ese positivismo, y nadie creerá 
que la excitación que existía hubiese nacido. Ahora, bien, ¿era de Dios el positivismo de que ese 
suceso ocurriría en ese tiempo? No me atrevo a decir que lo era, no más de lo que me atrevería a 
acusar al Espíritu Santo de falsedad.
"Como el suceso no ocurrió, nos equivocamos al suponer que éramos impulsados por el Espíritu 
Santo al anunciar el clamor que anunciamos con respecto a la manera y al tiempo. Repito, no era de Dios. No estoy dispuesto a decir que era del diablo,pero no hay sino otra fuente a la cual puede atribuírsele. De aquí que la expresión más suave que puedo usar es decir 
que era mera influencia humana, o mesmerismo. Cada día me confirma más y más que esta es una
 palabra verdadera, y el fanatismo que se manifiesta casi continuamente en alguna forma entre los 
que todavía insisten en que el movimiento entero acerca del día décimo era completamente de Dios, 
sirve para reforzar mi convicción de que fuimos engañados por una mera influencia humana, que 
confundimos con el Espíritu de Dios... Que el Señor nos perdone en lo que hemos errado o nos hemos descarriado, y nos ayude a ser humildes y poseer mansedumbre cristiana en el tiempo que ha de venir. 

Ellen G. Withe también fue una de las muchas que acabaron decepcionadas por el fracaso de las fechas predichas por Miller, Himes y Snow, sin embargo decidió no alejarse del todo, poco tiempo después se convertía en una visionaria que afirmaba haber recibió mensajes divinos de forma directa, y se convirtió en toda una revolución en las filas del movimiento originado por Miller y junto a otro promintente  lider llamado Joseph Bates, refunda lo que se conoce como los adventistas del septimo día. Mas tarde hablaremos de ella y su nuevo movimiento adventista. 

Barbour, también abandonó el barco, pero los efectos en este, como en muchos milenaristas fue nefasto en un primer momento. Hasta tal grado se sintió decepcionado, que prácticamente abandonó su fe, se alejó de sus practicas religiosas y se dedicó a la medicina y la prospección de minas de oro en Australia, hasta que años más tarde se reencontró con su fe, y abrazó ideas muy interesantes sobre la parousía, muy similares a las planteadas por Hiram Edson. Mas tarde tocaremos con mas profundidad la vida de este interesante escritor religioso. 

Miller se fue apagando, en la intimidad de su hogar, su salud se fue deteriorando, hasta el grado que pasó los últimos años de su vida sin apenas salir, murió apenado por el fracaso de llevar a tanta gente al engaño, ciego y enfermo, delegó en su fiel amigo Joshua Himes, la responsabilidad de dirigir la difícil tarea de mantener unido a un grupo casi desintegrado por aquel trágico fracaso. Y acabó sus días en 1849 a los 68 años.
Joshua Himes, por otro lado intentó aglutinar a todos los desperdigados miembros del ahora concido como adventismo. En la conferencia de Albany en abril de 1845, sus propuestas fueron rechazadas, demostrando una gran desunion en las diferentes facciones abiertas en torno al movimiento originado por Miller. Había algunos que propugnaban por la inmortalidad del alma, otros por el sabatarismo, incluso los hubo antitrinitarios.
Cuando su proyecto unificador fracasó, él se hizo líder de los llamados Adventistas Evangélicos y fundó la Asociación americana Milenaria en 1858, oponiéndose al movimiento Sabatarico de Joseph Bates y Ellen G. White. En 1863 Himes aceptó la doctrina de inmortalidad condicional, unificó definitivamente al Iglesia del Advenimiento Christiano y se mudó junto a su familia a Buchanan, Michigan, asumiendo un papel de liderazgo prominente entre el Advenimiento Cristiano y comenzando la publicación de un periódico llamado : The Voice of the West (más tarde cambiado a Advent Christian Times). Pero los movimientos liderados por Himes con el tiempo fracasaron y para la segunda década del siglo XX ya no existían.

A William Miller se le atribuye ser el originador de varios movimiento religiosos, entre ellos los Adventistas del séptimo día e influir en otros como los Estudiantes de la Biblia de Charles Taze Russell. Pero en realidad, si bien ambos grupos le deben algo a Miller, era su afán por el entendimiento profético de la Biblia. Pues  en realidad el movimiento adventista nació de la mano de Ellen G. Withe, pero ya en 1860 y con distintas visiones. Y Russell, quién nació tres años después de la muerte de Miller, fue apoyado por Storrs, y Barbour quienes ya para ese tiempo habían renegado del líder milenarista. 

Pero si en algo contribuyó Miller, es a hacer que muchos despertaran de su aletargamiento espiritual y se preocuparan por los tiempos y sazones de Dios, así que si bien fue errátil en sus predicciones o interpretaciones proféticas, sin querer despertó una nueva revolución que a partir de el será imparable en el cristianismo.

1 comentario:

  1. El gran milenarista catolico por excelencia ..Manuel Lacunza S.J
    Su Libro la Venida del Señor en gloria y majestad es sin duda uno de los libros mas reveladores del catolicismo y la otra cara de la interpretacion alegorica actual.

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