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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Mary Baker Eddy y la Iglesia de la ciencia cristiana, la salud como fin religioso



Los movimientos llamados de santidad tuvieron tanto auge en el siglo XIX, así como los restauracionistas y espiritualistas, en la mayoría de los casos salían del seno del metodismo y de las iglesias baptistas. Precisamente de entre estos primeros surgió la línea de las iglesias pentecostales, que más adelante fueron protagonistas de muchos eventos en los que la curación milagrosa era el plato fuerte. Hemos tratado ya a fondo el tema de los pentecostales, quienes afirman recibir el espíritu santo que les da poderes de curación. Algunos mormones (los que afirman recibir el sacerdocio mayor), también dicen tener en cierto modo este poder milagroso de las curaciones, aunque no presumen tanto de ello como los pentecostales y lo practican en menor grado. Pero también dentro de los rosacruces, está la llamada Fraternidad Rosaencruz un movimiento inspirado en una filosofía cristiano-esotérica que se atribuye curaciones de todo tipo de enfermedades. Sin pasar por alto las supuestas curaciones milagrosas dentro del catolicismo, con especial énfasis en las efectuadas en Fátima y Lourdes, y milagros atribuidos a algunos papas o sacerdotes a los que se pretende canonizar. Todo esto crea cierta confusión con respecto a quienes son los verdaderos poseedores de estos dones, o más aún si la supuesta posesión de estos dones, proviene como afirman todos ellos del poder de Dios.

A estas alturas parece dificil dar respuesta clara a este asunto, pues la contradicción entre unos y otros y sobre todo el perfil de cristianismo que en las religiones en las que se practica no es tampoco el más limpio tanto en sentido moral, como doctrinal.

 Siguiendo otra corriente, relacionada con la sanación, pero alejados de estos movimientos religiosos anteriormente mencionados, aunque en paralelo a estos, surge a mediados del siglo XIX, una corriente de pensamiento filosófico, influido por el racionalismo y por ciertas nociones cristianas y a la vez ligados al gnosticismo antiguo. 

El origen de la idea proviene del filósofo y mesmerista, Phineas Parkhust Quimby, conocido como el padre de una filosofía llamada Nuevo Pensamiento. Quimby popularizó la idea de que la enfermedad y el sufrimiento se originan en la mente del individuo, y por lo tanto los males físicos son provocados por formas incorrectas de pensar. Por lo tanto, modificando el pensamiento, Quimby enseñaba que uno podía crear su propia realidad a través de las afirmaciones positivas. 

No se trataba sin embargo de una religión, sino una metodología psicológica que empezó a ser aplicada por algunos especialistas e investigadores. Unos de sus primeros discípulos fueron el matrimonio Dresser, Juluis y Anneta, junto a su hijo Horatio, quien escribió numerosos ensayos y estudios sobre las teorías de Quimby, añadiendo a estos otros preceptos religiosos que faltaban a la teoría, a estos se le añadió otro filosofo llamado Ralph Waldo Emerson. Fueron estos los iniciadores del movimiento conocido como Ciencia Mental. La idea era dar la máxima publicidad al método y convertirlo en una escuela de pensamiento positivo-curativo. Años más tarde recibiría el nombre de Nuevo Pensamiento que pronto, con la influencia del Emerson creció hasta internacionalizarse produciendo grandes escritores durante todo el siglo XX. El Nuevo Pensamiento proclama la necesidad de una experiencia directa con el Creador, sin necesidad de intermediarios. El mensaje central del Nuevo Pensamiento es que el pensamiento de cada persona da origen a sus experiencias, a su visión del mundo. Por ese motivo pone un gran énfasis en la actitud mental positiva, la meditación y los ejercicios de afirmaciones. El Nuevo Pensamiento también tiene incluye algunos preceptos de una filosofía hindú llamada monismo. 

En 1878 surgiría otro movimiento que ahondó aún más en este asunto de las curaciones milagrosas, hasta el grado de convertirse en el centro de su sistema de dogmas y prácticas. Nos referimos a la Iglesia de la Ciencia Cristiana, un movimiento criticado por sus métodos y aparente rechazo a la medicina convencional. Sus orígenes los encontramos en un libro escrito por una mujer que afirmó haber recibido una especie de inspiración del espíritu Santo, y puso por escrito información vital para aliviar los males de la humanidad. No se trata sin embargo de un movimiento carismático o pentecostal, que afirme recibir el espíritu santo y por lo tanto efectué curaciones milagrosas por imposición de manos. Se trata más bien de una especie de filosofía religiosa que asegura que los males del hombre se pueden aliviar por fe y oración y por medio de aplicar cierta metodología y preparación mental apropiada. Aunque con el tiempo muchas personas que se formaron en esta escuela empezaron a afirmar poseer poderes curativos, simplemente a través del habla y de orar. 

Nacida en 1821 en una granja en Bow, New Hampshire, Mary Baker fue la más joven de los seis hijos de Mark y Abigail Baker. Fue criada en un hogar congregacionista y con un fuerte sentido religioso. Su educación seglar sin embargo fue a menudo interrumpida por largos periodos de convalecencia debido a que era de salud débil, y sufrió muchos males en su niñez. Sin embargo esos largos periodo de reposo en su casa, eran aprovechados por la joven Mary, para leer numerosas obras religiosas y filosóficas además de estudiar. La escritura pareció gustarle desde muy joven, pues se conocen textos en prosa y poesías. Debido a sus frecuentes estados de enfermedad, sus padres buscaron la ayuda de médicos, pero según reconoce ella, los tratamientos solo le traían alivio temporal. Fue en ese tiempo que le llegó la fascinación por las escrituras, donde encontró muchas enseñanzas que no estaban en consonancia con su iglesia, por ello a temprana edad se rebeló entre otras cosas, contra la doctrina Calvinista de la predestinación, pues parecía contradictorio que una buena cristiana sufra tantas enfermedades y Dios permitiera y asignara eso y sin embargo diera buena salud a otras personas condenadas por el mal, por ello con menos de veinte años tenía decidido buscar una religión más acorde a las escrituras. A medida que crecía y fue consciente de su debilidad física, sus preguntas y dudas existenciales maduraban en su cabeza. Desde 1840 Mary buscó respuestas, explorando la medicina convencional, la homeopatía y diversos métodos que ella esperaba le traerían alivio para sus dolencias, pero según reconoce le decepcionaron en gran manera. 

Las desgracias la perseguían, pues en 1843 a la edad de 22 años, se casa con George Glover, y este muere en junio, meses antes del nacimiento de su hijo, Jorge. Aquello, junto a sus dolencias la sumió en una terrible depresión, pero pudo salir a flote de aquello, gracias al apoyo de su familia y por su hijo, al que sin embargo después de morir su madre tuvo que dar al cuidado de una familia adoptiva. Según algunas fuentes, en 1844 de alguna manera le llegó a sus manos un libro de Phineas Quimby. Aquello marca el inicio de un camino inexorable hacia la respuesta que tanto buscaba. Tras la pérdida de su madre y la forzada perdida de su hijo, en la siguiente década, conoce a un dentista itinerante llamado Daniel Patterson y se casa con él en 1853, sin embargo este no la hace feliz, pues al parecer en sus numerosos viajes le es infiel y dado que ella era una mujer de fuerte carácter, se separan. Ella empieza a demostrar ser una mujer con mucha solidez mental y capaz de superar cualquier desgracia, en parte gracias a los libros de Quimby. Desde entonces quedó convencida que la mente mortal producía toda enfermedad, y prosiguió sus estudios en esa dirección, aunque no fue hasta 1862, coincidiendo con la guerra civil estadunidense cuando al parecer decide citarse con el famoso mesmerista y a conocer más de cerca sus métodos. Para ese Tiempo Phineas P. Quimby practicaba su sistema de curación en Portland, Maine. Al parecer al método de Quimby, ella lo definió como una combinación de sugestión mental y lo que ahora podría llamarse toque terapéutico. Reconoce que su salud mejoró radicalmente bajo su tratamiento, pero pronto sufrió una recaída. Volvió a ver a Quimby, no sólo para que este le diera un nuevo tratamiento, sino también para aprender más acerca de su enfoque terapéutico. Ella pensaba que realmente Quimby había redescubierto el método de curación de Jesús, sin embargo tras pasar horas discutiendo e intercambiando ideas con él, llegó a la conclusión de que la técnica de Quimby dependía en gran medida de su fuerte personalidad y de su formación en la hipnosis, más que en algún principio divino. Ella sin embargo ve que su sistema fallaba porque le faltaba un ingrediente indispensable, el toque espiritual. En 1866, coincidiendo con la muerte de Quimby, Mary sufre una experiencia que según ella fue la definitiva prueba, que demostró que había encontrado el método de sanación de Cristo. Al parecer una caída en el hielo, provocó que tuviera una lesión en la columna y poniendo en práctica ciertos ejercicios mentales, recibió una recuperación, a la que los médicos no daban crédito.

Sin embargo pese a ese éxito en la aplicación de los planteamientos de Quimby, ella no se unió al Nuevo Pensamiento, sino que quiso darle una proyección más espiritual a su experiencia. De hecho atribuye la milagrosa recuperación a la misma fuerza que obró en el milagro del paralitico que se registra en Mateo 9:22 donde dice: “Y ellos le trajeron a él un hombre enfermo de parálisis, acostado en una cama: y Jesús al ver la fe de ellos le dijo al enfermo de parálisis: Hijo, sé de buena salud; tus pecados son perdonados” El descubrimiento espiritual que ella realizó lo llamó “Christian Science”o Ciencia Cristiana, no porque la considerase una ciencia médica o humana, sino haciendo referencia a una especie de gnosis o conocimiento espiritual. Mary Baker pasó las siguientes décadas tratando de poner por escrito, todo lo que había descubierto a través de la curación y dar a conocer un método en el que no solo por sugestión mental, se recuperara la salud, sino que se llegara a ver y vivir otra realidad en la que la enfermedad no exista. También se dedicó a la enseñanza directa de su método y la práctica de este en muchas personas. En el año 1875 publicó lo que ella describe como su descubrimiento en un libro al que llamó “Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras”. Sus primeros seguidores o lectores los encontró entre sus amistades más cercanas, y curiosamente había entre ellos muchos mesmeristas y anteriores pacientes de Quimby. En poco tiempo el relativo éxito de la obra suscitó entusiasmo. Y aunque durante los siguientes años, tuvo que hacer varias revisiones y correcciones posteriores del libro, pues no era sobresaliente como escritora, incluso llegó a contratar la ayuda de un editor, James E. Wiggin, para en 1885 dar una forma más pulida al texto, desde entonces la obra empezó a tener mayor éxito comercial y ha seguido siendo el libro de texto, junto a la Biblia de lo que más tarde llegó a formar. 

 En 1873, se divorcia de Pattersson y años más tarde, en 1877 se casa con un alumno suyo, llamado Asa Gilbert Eddy, que le da el apellido definitivo. Al mismo tiempo que triunfa en su nueva profesión, encuentra un apoyo indispensable en su labor. Por ello conforme crecía el número de lectores de Ciencia y Salud, Mary Baker, pensó en la posibilidad de unificar a todas esas personas en torno a una iglesia, empezó a pensar que realmente estaba cumpliendo una misión divina y por tanto tenía que actuar para organizar la Iglesia perdida en una maraña de doctrinas y rituales ajenos al cristianismo que Cristo fundó. De hecho este y otros escritos de Mary Baker, son considerados por los miembros de la iglesia de la Ciencia cristiana, como provenientes de Dios, así lo indican estas palabras: Ella había escrito lo que había escuchado, lo que Dios le dictó. Por lo tanto, las palabras de Ciencia y Salud, son Espíritu y son Vida. De la misma manera, cualquier idea que practiquemos en el sistema‘ de la Ciencia Cristiana, no debe ser vista como pensamiento o invención humanos; es Mente, Espíritu, Alma, Principio, Vida, Verdad, Amor, o el bien infinito en sí mismo, en operación. (MBE, La Gran científica de Dios vol. 1, 107) Motivada por esa idea de inspiración divina, en 1878, funda un movimiento que en sus inicios se llamó: Iglesia de Cristo, científico, que en sus inicios contó con tan solo 26 miembros. Posteriormente en 1892, la reorganiza con el nombre Iglesia Ciencia Cristiana.

 El fin de esta, según afirma ella, era restablecer el sentido curativo que Jesús le había dado al cristianismo en sus inicios y que se había perdido para ese tiempo. No había sido la primera en afirmar esto, como ya hemos visto en el capitulo relacionado con rosacruces, espiritualistas, pentecostales y otros, pero si la primera que ve aquello como un poder que se adquiere desde la mente y no solo por poder del espíritu santo. En sus escritos ella habla del poder de la mente sobre la “materia”, del triunfo de la verdad sobre la ilusión. Anima a tener solo pensamientos buenos y amables. Una acepción obvia hoy día, pues la ciencia médica reconoce que la actitud mental tiene mucho que ver con la salud del cuerpo y que hasta el ochenta y cinco por ciento de las enfermedades tienen su origen en problemas emocionales, pero en aquellos tiempos no era tan obvia esa relación. Mary Baker, defendía que una actitud optimista, tranquila y feliz acelera los procesos naturales de sanidad que Dios ha puesto en el cuerpo. En cambio, una actitud pesimista, amargada y preocupada provoca secreciones glandulares que empeoran la salud. La perturbación nerviosa produce el malestar el malestar en el cuerpo. Al lograr las debidas actitudes mentales, se eliminan muchas enfermedades. Pero como dijimos Mary Baker, fue más lejos de atribuir mejora de las enfermedades a través de la mente, llegó a la negar incluso la existencia de estas, en este texto resume su idea: si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y a Él nunca le duele nada ni cae nunca enfermo, al hombre, lógicamente, tampoco. La enfermedad, la vejez y la muerte son, por lo tanto, una equivocación, un error en el que suelen caer los hombres con cierta enojosa frecuencia. Un error de percepción que se convierte en estafa en manos de los médicos, que arteramente se ocupan de perpetuar la falsa creencia. (Retrospección e introspección) Su teoría consistía en afirmar que al provenir de un ser perfecto, era imposible sufrir enfermedades ni males, estas en realidad eran percepciones que la maldad hacía creernos tener, por eso, simplemente atacar esos efectos no servía para dar una curación verdadera, más bien había que atajar de una vez esas percepciones equivocadas y disfrutar entonces de la verdadera realidad, que se escondía en la mente perfecta y que solo proporcionaba una vida feliz, saludable y más acorde a Dios. Ella defendía antes sus pupilos que su mensaje procedía de una inspiración, en ocasiones de algún apóstol o del propio Jesucristo y a menudo entraba en arrobamientos, en los que afirmaba dar mensajes de esos espíritus. 

En su biografía personal escrita en su libro Retrospección e introspección, reconoce haber escuchado voces desde que era niña, voces que al principio desconocía su procedencia, sin embargo de mayor entendía que podían estar relacionadas con los mensajes espirituales que posteriormente afirma haber recibido. Al principio algunos métodos y sobre todo algunas de sus experiencias, tenían mucho que ver con trances y relaciones espirituales paranormales, sin embargo ella mismo rechazó el espiritismo y muchos de los métodos de los mesmeristas y del propio Quimby. Su poder de curación, afirma, se inspira en el ejemplo de Jesús, quien sanaba los sufrimientos más extremos, con la simple frase: “levántate y anda” o “tu fe te ha sanado”, indicando que el efectuaba un cambio de pensamiento en los que curaba para que por ellos mismos se produjera la curación. Él venció la pobreza, el hambre, los climas severos, incluso los males físicos y mentales incurables, y le prometió a sus seguidores que podían hacer lo mismo, por ello una iglesia renovada debía recibir ese mismo poder. 

Efectivamente, la Biblia registra numerosos milagros efectuados por Jesús, de toda clase de índole, desde recuperación del habla, oído y vista, hasta las más variadas enfermedades, males adquiridos o hereditarios, incluso resurrecciones. Sin embargo, él no solo utilizó las expresiones antes mencionadas, dando a entender que la saluda viniese solo por un cambio de mente en las personas, también dijo a algunas, “tus pecados te son perdonados”, como indicando que el pecado heredado era el causante de los males, o simplemente “Quiero se limpio”, como estableciendo que era el don de curación él lo aplicaba a cualquiera a quien él quisiera, independiente de la persona. También cabe notar que aquellos milagros, se dieron principalmente cuando Jesús estaba en la tierra, luego sus apóstoles hicieron algunas curaciones o milagros, pero en ocasiones puntuales. Sin embargo era difícil concluir que fuese ese el propósito de los milagros de curación en el cristianismo, simplemente el sentido medico. Si así fuera, debería quedar plenamente establecido en las escrituras tal sentido. Pero si aquellos milagros cumplieran otro propósito, este sería teológico y no médico. ¿Por qué? En primer lugar, porque los milagros de curación que efectuó Jesús en parte tenían que ver con la identificación por parte del pueblo judío de que él era el Mesías prometido, así queda probado cuando el mismo Juan el Bautista desde la cárcel se pregunta si Jesús realmente era o no el esperado mesías, la respuesta que se le dio, se encuentra en el relato del evangelio de Mateo: Pero Juan, habiendo oído en la cárcel acerca de las obras del Cristo, mandó por medio de sus propios discípulos y le dijo: “¿Eres tú Aquel Que Viene, o hemos de esperar a uno diferente?”. En respuesta, Jesús les dijo: Vayan e informen a Juan lo que oyen y ven: Los ciegos ven otra vez, y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, y los muertos son levantados, y a los pobres se declaran las buenas nuevas; y feliz es el que no haya causa para tropiezo en mí” (Mateo 11:2-6) Posteriormente a su muerte, esos mismos milagros ayudaron a establecer que la bendición de Dios estaba sobre la nueva congregación cristiana. Así lo explica el apóstol Pablo en su carta a los Hebreos: ¿Cómo escaparemos nosotros si hemos descuidado una salvación de tal grandeza, puesto que empezó a ser hablada mediante [nuestro] Señor y nos fue verificada por los que le oyeron, mientras Dios tomó parte en dar testimonio tanto con señales como con portentos presagiosos y con diversas obras poderosas y con distribuciones de espíritu santo según su voluntad? (Hebreos 2:3,4). Por un lado, aquellos milagros no se le atribuyen a poderes mentales, sino a obras por medio del espíritu santo. Y tenían un propósito concreto, primero, para testimonio de que el poder de Dios estaba sobre la congregación o iglesia cristiana y por otro lado fueron dadas como demostración que se cumplirán las promesa de Dios de sanar a la humanidad. Una profecía bíblica dice: “ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’. La gente que more en la tierra constará de los que habrán sido perdonados por su error”. (Isaías 33:24.) Así parece también relacionar los males y enfermedades con el error y el pecado, pero solo el poder de Dios podrá quitarlos. Debe notarse también un hecho probado, es que los primeros discípulos de Jesús padecieron enfermedades que no siempre fueron sanadas milagrosamente. Eso es prueba adicional de que las curaciones milagrosas que efectuó Jesús y las que efectuaron los apóstoles tenían el propósito de enseñar verdades importantes, no de proveer servicio médico generalizado y definitivo para los cristianos. Cuando Pablo sugirió un remedio a Timoteo para sus frecuentes casos de enfermedad, no le recomendó la curación por fe u oración, sino mas bien le dijo: Ya no bebas agua, sino usa un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes casos de enfermedad, (1 Timoteo 5:23). Pablo, mismo quien efectuó alguna curación milagrosa, afirmó lo siguiente: Y para que yo no fuese ensalzado desmedidamente, a causa de la grandeza de las revelaciones, me fue dada una espina en mi carne (2 corintios 12:7) Así, pese a que se conocen obras milagrosas por parte de él, no se sanó a sí mismo de esa espina en la carne” que según parece hacía referencia a un problema de salud en su vista que lo persiguió durante su vida. Este mismo apóstol apuntó la posibilidad segura de que los dones milagrosos cesarían y por tanto eran una señal temporal, no permanente. 

 Sin embargo, Mary Baker, rechaza la idea de que el pecado tuviese como efecto las enfermedades y la muerte, incluso pone en duda que realmente exista, para ella solo existe el hombre perfecto y el mortal. Con respecto al primero dice: “El hombre no es materia; él no está compuesto de cerebro, sangre huesos y otro elementos naturales.... El hombre es espiritual y perfecto (Ciencia y Salud en Clave de las escrituras, 475). Va más allá cuando niega la muerte para este hombre perfecto o verdadero: En la ciencia divina, Dios y el hombre verdadero son inseparables como principio divino. En realidad el hombre nunca muere (Ciencia y Salud en Clave de las escrituras 486). Asegura además que el hombre perfecto no puede pecar, ni por lo tanto sufrir los efectos del pecado: El hombre es incapaz de pecado, enfermedad y muerte. El hombre verdadero no puede apartarse de la santidad (Ciencia y Salud en Clave de las escrituras, 476) 

La Ciencia Cristiana, enseña que Dios a quien define como Padre-Madre de todos, es totalmente bueno y totalmente espiritual y que toda la creación de Dios, incluyendo la verdadera naturaleza de cada persona, es la perfecta semejanza espiritual de lo Divino. Partiendo de la base de que Dios no puede hacer algo malo, el hombre tal como lo vemos por nuestros ojos es una realidad falsa y los males tales como la enfermedad, la muerte y el pecado, no pueden ser reales. Más bien, estos males son el resultado de vivir apartados de Dios, pero son una percepción de la que hay que salir. La oración es la forma central de acercarse a Dios y de curar las enfermedades humanas, pues ayudan a salir de ese estado. Por ello rechaza toda doctrina relacionada con la redención del pecado, el rescate, y el sacrificio de Cristo, de esta manera contundente lo niega: La sangre material de Jesús no fue más eficaz para limpiar de pecado cuando se derramó en el árbol maldito, que cuando corría en sus venas al atender los negocios de su padre. (Ciencia y Salud pág. 476). Así ella reinterpreta todo lo que la Biblia dice sobre el pecado y la muerte. Es difícil aceptar esas premisas y querer armonizarlo con la Biblia, cuando esta dice cosas diametralmente opuestas:“mas si andamos en la luz, como El está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”. (1 Juan 1:7,8) Sin embargo, la iglesia de la ciencia, explica que en realidad esto es una metáfora que solo puede aplicar a los mortales, es decir a los que aún no se han reconocido como lo que verdaderamente deben ser, almas o mentes. La idea es que existe una realidad oculta a la mente los mortales, que con la ayuda de Cristo y la ciencia cristiana, se puede llega a ver, pero todo tiene que ver con preparar la mente para ello, así lo resume la propia Mary Baker en las siguientes citas de su libro: Para ser receptáculos de la Verdad, debemos empezar a reconocernos como Alma, y no como cuerpo... [y] debemos evitar ceder al error requerido por el error. (Ciencia y Salud 54,11) . Debemos considerarnos a nosotros mismos Alma, y no, cuerpo... pero para lograrlo debemos crecer apartados de todo lo que es error y volvernos puros en Espíritu para recibir o impartir las lecciones del Espíritu.(Ciencia y Salud 59,24). Por ello la meta de ellos es convencer a los demás que alcancen el entendimiento perfecto y pasen de ser mortales a perfectos, esa idea se cristaliza en la siguiente lectura: El sistema nos conduce a “la atmósfera de Dios.” Impersonaliza el pensamiento; ayuda al mortal a abandonar el pensamiento personal; capacita al pensamiento para operar en ideas prescindiendo de las personas, porque al estudiar todas las referencias de los Siete Sinónimos para Dios – al estudiar el modo en que operan por medio de los cuatro medios del Verbo, el Cristo, el Cristianismo y la Ciencia, en los cuatro niveles de conciencia espiritual: la Ciencia en sí misma, la Ciencia divina, la Ciencia Cristiana absoluta, y la Ciencia Cristiana – nuestro pensamiento se vuelve impersonal. Pero el “sistema” es sólo el camino que los mortales deben recorrer para llegar al estado divinamente subjetivo, a “la atmósfera de Dios‘ expuesta en la primera Edición. (MBE, La Gran científica de Dios vol. 1, 54). Esta idea de que todo depende de la percepción metal que tengamos, a pesar de lo difícil de asimilar que es para cualquier mente racional, es la base de toda la enseñanza y el método utilizado por la ciencia cristiana para curar de cualesquier mal. 

Su doctrina, se acerca mucho al pensamiento marcionista, recordemos que la base de Marción, aquel maestro del siglo II, era negar que el ser humano mortal, fuese creación divina, en la atribuía al demiurgo o mal y por tanto el ser espiritual simplemente se encontraba atrapado en un cuerpo carnal, lleno de desgracias y la meta era escapar de el. También esta ideología guarda relación con el gnosticismo, al indicar que se puede ser perfecto, y alcanzar la vida espiritual, sin la resurrección o la muerte por medio. En este punto, la ideología de la Ciencia Cristiana, quizás va un poco más allá al negar la realidad de la materia, la caída, el pecado, y la heredada imperfección del hombre. La idea tan particular a la hora de definir a Dios, los pone en oposición a otras doctrinas comunes en la mayoría de la cristiandad, como la trinidad, primero porque niegan la divinidad de Cristo, niegan hasta la encarnación física de Cristo e insisten en que María concibió a Cristo sólo como una idea espiritual. Hablan no obstante de una idea trinitaria, pero abstracta y simbólica, al decir que la Trinidad está constituida por la triple naturaleza del principio divino: la vida, la verdad y el amor. Pero insisten en defender la idea de que Dios, Cristo y el Espíritu Santo no son personas. Ellos aceptan el siguiente precepto con respecto a Dios: Jehová no es una persona. Dios es un principio (The Sciencie of man, MBE) También añadiendo a esta afirmación, ella vuelve a definir a Dios de la siguiente manera: Dios es la Mente individual. Esta Mente única y Su individualidad, contienen los elementos de todas las formas e individualidades, y profetizan la naturaleza y estatura de Cristo, el hombre ideal.‘(Escritos Miscelaneos, Mary B. Eddy.101:32-2) Puesto que Dios es la mente y el espíritu, y nada existe que no sea espíritu, no puede haber materia o la carne, que son sólo ilusiones. Según ellos explican, adoptaron el nombre de Ciencia para su iglesia porque se basan en una serie de principios espirituales, leyes relacionadas con la naturaleza de Dios y de Su creación, que pueden aplicarse con resultados constantes y previstos, así no se trata de ciencia material, sino con conocimientos. 

En 1898, Mary Baker, convertida en toda una líder indiscutible de la Iglesia de la ciencia, funda una Sociedad Editora, encargada hasta nuestros días de la publicación de sus escritos y de las revistas periódicas como el The Christian Science Journal, el Christian Science Sentinel, El Heraldo de la Ciencia Cristiana y el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Por último también funda en 1908 el periódico The Christian Science Monitor, todos estos medios han sido utilizados por los miembros de la ciencia cristiana para diseminar sus métodos y creencias, con miles de suscriptores. Se estableció en Boston lo que se llegó a denominar como la Iglesia madre de la cual ella fue considerada Pastor emeritus. Pese a tener templos que destacan por su grandiosidad, sus rituales son pocos, no tienen clero, ni pastores, solo nombran los llamados lectores, también están los que se conocen como “practicistas”, haciendo referencia a todo aquel miembro de la iglesia que practica la ciencia cristiana y ora por quienes se lo piden y ejerce poder de curación. Existen los que lo hacen de forma eventual y los que se dedican a tiempo completo, estos últimos pueden aparecer en las listas especiales en las revistas The Christian Science Journal. Los servicios religiosos de la iglesia de la ciencia cristiana son simples y uniformes en todo el mundo. Se centran en lecciones programadas de enseñanza, sermones que en su mayoría son lecturas en voz alta de la Biblia y de Ciencia y Salud, escogidas y elegidas por los lectores de la congregación. No existen cosas parecidos a sacramentos ni ritos especiales. No practican el Bautismo, tal cual se conoce en la iglesia católica, luterana, calvinista, es decir al nacer, pero tampoco el bautismo adulto, para ellos es algo simbólico, que no tiene por tanto que hacerse como un ritual con agua, más bien significa la purificación espiritual de la vida diaria y la Eucaristía es comunión espiritual con Dios en silencio. No hay elementos visibles que se utilicen en sus centros de adoración. No utilizan ni símbolos ni imágenes. En todos sus templos y suelen tener lo que ellos llaman “Sala de Lectura”, que es una especie de librería para el estudio y la venta y distribución del libro de texto y otra literatura relacionada. La salvación para los miembros de la Ciencia Cristiana es algo muy distinto que para otras denominaciones cristianas, así la meta es la obtención de la comprensión de que la vida del hombre se derivada del Espíritu de Dios, encontrarse con ese hombre perfecto que no es mortal ni material. La manera de conseguir eso es por medio de seguir estrictamente los métodos redactados en el libro ciencia y Salud. 

 El tratamiento de ciencia Cristiana consiste sobre todo en meditación, oración constante y especifica con el propósito de enfocar una acción espiritual correcta en el pensamiento. Según afirman los miembros de este movimiento no solo prometen efectos sanadores sino que se puede poner en práctica este método también a fin de corregir una situación financiera o para resolver problemas personales. Por ello algunos la clasifican entre las iglesias de la prosperidad, es decir que prometen mejora física, espiritual y material. Ellos rechazan esa catalogación, pues no se consideran simples curanderos, ni manipuladores de la mente. Afirman: el tratamiento no es una mente humana tratando de descubrir lo que está mal en otra mente humana. En lugar de eso, el practicista se vuelve a Dios, la Mente divina única, para que revele qué conceptos falsos es necesario atender en el pensamiento de un paciente. Para poner al descubierto con exactitud cualquier pensamiento erróneo que esté manteniendo al paciente esclavo del pecado, la enfermedad o cualquier tipo de discordia, es necesario apartarse de toda sensación de que pueda tener una mente propia, y reconocer a la única Mente (Heraldo de la ciencia, Para ser practicista). En definitiva, tratan de cambiar la percepción del paciente y hacerle vivir otra realidad. Por ello algunos les acusan de fraude, al cobrar por una sanación psicológica y espiritual, pero no física, aunque ellos en su defensa exponen muchos casos de curaciones reales de males y enfermedades que la medicina convencional no podía eliminar. El modo de financiación es otro tema que suscita discusión y críticas hacia la Iglesia de la Ciencia cristiana, pues se sabe de algunos llamados sanadores cobran honorarios y viven de eso. En 1881 Mary Baker abrió una escuela de metafísica, el Colegio Metafísico de Massachusetts, que continúa preparando maestros de Ciencia Cristiana, hasta el día de hoy. Bien pues se dice que cobraba 300 dólares las lecciones de sanidad que daba a sus alumnos y afirman que para cuando murió en 1910, gozaba de una importante fortuna. También al principio hubo un abuso por parte de algunos miembros que vieron en la sanación un medio de vida y muy rentable. 

Sin embargo ya un tiempo después de abrir la escuela de metafísica, cuando la iglesia fue reorganizada en 1892 se establecieron normas, como el Manual de la Iglesia que fue publicado por primera vez en 1895 el cual suministró la estructura para el gobierno y las misiones de la iglesia. En 1904, la Sra. Eddy agregó un nuevo Estatuto al Manual de la Iglesia estableciendo que aquellos que se anuncian como sanadores no podrán “ejercer otras profesiones o dedicarse a otras vocaciones”. Los practicistas no debían tener ingresos procedentes de otro trabajo y hacer una especie de voto de pobreza. Esta idea queda reflejada en diferentes artículos que la ciencia Cristiana ha incluido en los medios publicados por ellos para comunicar sus enseñanzas, tales como, The Christian Science Journal, el Christian Science Sentinel, El Heraldo de la Ciencia Cristiana y el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Así como también en las diferentes revisiones de sus normas estatutarias, en la que si bien exponen la idea de cobrar por sus tratamientos, la razón para ello la explica la siguiente nota: Los practicistas de la Ciencia Cristiana deberían cobrar por sus tratamientos los mismos honorarios que cobran los médicos de buena reputación, en sus respectivas localidades” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 237). Sin embargo, también reconocen que no en todo lugar pueden cobrar lo mismo, incluso en algunos lugares afirman aplicar sus curaciones de forma altruista. Pero no es el caso de la mayoría de los países donde practican su religión. Por otro lado, no es posible obtener su libro Ciencia y salud de forma gratuita, pues mantienen su venta y distribución estrictamente controlada. En cuanto a si rechazan la medicina convencional, esta es una de las acusaciones que algunos vierten con respecto a este movimiento, cabe resaltar que la teología de la Ciencia Cristiana no prohíbe el uso de medicinas ni dicta las decisiones relacionadas al cuidado de la salud de sus miembros. Por el contrario, la iglesia respeta la libre elección del método de curación de sus adeptos; aunque en muchos casos, debido al éxito obtenido, la opción elegida por ellos sea a través de medios espirituales ofrecidos por los practicistas de la Iglesia. Ellos aseguran que si bien en general, la primera opción de un Científico Cristiano es apoyarse en la oración para la curación, y, en muchos casos, esto significa que el uso de un medicamento no sea necesario, no significa que rechacen otra alternativa. No hay ningún mandato de la iglesia de la Ciencia Cristiana que obligue a renunciar al tratamiento médico, ni los Científicos Cristianos creen que sea la voluntad de Dios que alguien sufra o se muera. 

Un ejemplo de esto, lo tuvo que aplicar la misma fundadora del movimiento. Las últimas dos décadas de su vida, Mary Baker dejó Boston para retirarse a una mansión de Concord, New Hampshire, desde donde tan solo recibía a sus colaboradores más íntimos y desde allí dirigía su creciente iglesia. Se creó una especie de halo misterioso sobre su persona, muchos pensaban que dado su poder de sanación, no envejecería, sin embargo no fue así, los años le pasaron factura y su método de sanación mental y espiritual no evitó que sufriera la enfermedad en sus últimos años. Según cierta fuente, venía sufriendo una afección biliar, que le causaba intensos dolores y por la cual fue tratada por varios médicos en Concord. El mismo biógrafo afirma que incluso se hizo necesario aplicarle inyecciones de morfina para aliviar su agonía. 

En 1908, tras el inicio de la publicación de The Christian Science Monitor, pidió ser trasladada a Chestnut Hill, en otra mansión, donde pasaría los últimos años de vida. Augusta Stetson en Nueva York, se perfilaba como su posible sucesora, sin embargo no parecía tener el favor de la mayoría de los miembros importantes, sobre todo después de enseñar que la fundadora Mary Baker, resucitaría después de su muerte y volvería, aquello fue considerado enseñanza falsa y fue expulsada. Mary Baker Eddy, murió sin definir quién sería su sucesor o sucesora, pues estos no hacen distinción entre hombres y mujeres, en cuanto a puestos de responsabilidad. No obstante eso no evitó que la Iglesia prosperara, consiguiendo en ese periodo de tiempo una organización religiosa con más de cien mil miembros, y un libro del que se vendieron más de cuatrocientos mil ejemplares. Entre sus últimos deseos, ordenó que, tras su muerte, no se alterara nada, y que en las traducciones de su obra figurara siempre, en columna paralela, el original inglés. Para la difusión de su doctrina, además de su obra básica Ciencia y Salud, Mary Baker Eddy escribió: Rudimentos de la Ciencia Divina, Retrospección e introspección, La curación cristiana, La idea que los hombres tienen acerca de Dios, La unidad del bien, No y sí y Escritos Miscelaneos

Esta organización asegura que entre los lectores de Ciencia y Salud se encuentran: judíos, musulmanes, protestantes, católicos y todos aquellos que no tienen ningún tipo de afiliación religiosa, distribuidos a la largo de 135 países. Cuenta con más de 2.000 iglesias filiales en 74 países. Los servicios religiosos en todo el mundo se llevan a cabo en 18 idiomas. Las más de 2.000 Salas de Lectura de la Ciencia Cristiana son bibliotecas abiertas al público donde se puede explorar la espiritualidad, la oración y la curación espiritual. Las mismas auspician actividades especiales para los niños y las familias, participan en conferencias, ferias, exposiciones, y otro tipo de foros. Su meta de curar a toda la humanidad, es loable, así como otras religiones buscan la eliminación de la pobreza, otras se centran en el don de lenguas y otros milagros. Pero si esto se hace como el centro de todo, se termina olvidando que el cristianismo, tiene otros detalles que deben hacer un todo y no se limita a un solo punto. Por otro lado, si se ignoran gran parte de las escrituras, se le da prioridad a otras revelaciones contrapuestas a estas y se busca la sabiduría en la metafísica o el gnosticismo, difícilmente se podrá encontrar así el verdadero trigo.

2 comentarios:

  1. Luis Ernesto Romera nacio en America, pero quisiera saber en que pais.Muy bueno el articulo, pero no me convencio.Quiero saber si es catolico...V.V. Miami, U.S.A.

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    1. Hola,estimado anónimo. No acostumbro a dar datos personales en público. Y en cuanto a mis ideas religiosas para preservar la objetividad de este blog, tampoco lo haré, dado que no considero vital para la exposición, lo que yo crea o deja de creer. Sencillamente expongo historia, sacada de fuentes fiables (en la mayoría de los casos directas de los movimientos de los que hablo).
      Por supuesto abierto estoy a sugerencias o correcciones que alguien conocedor me pueda aportar. Gracias por su interés.

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