Obra protegida por derechos de autor

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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
Depósito legal: M-20243-2011

EL Templo del Pueblo del Reverendo Jim Jones

El Cristianismo más oscuro (parte2)

 En 1978 saltó la terrible noticia de la aparición de más 900 cadáveres de un grupo religioso conocido como “Templo del pueblo”, liderado por un carismático pentecostal, llamado Jim Jones. Aquello marcó un punto de inflexión en la tolerancia que la sociedad tuvo respecto a grupos minoritarios, de los que desde entonces receló y muchos grupos religiosos fueron investigados, también ese escándalo dio empuje a las famosas Asociaciones anti secta, que como ya hemos considerado se postularon como paladines contra el engaño y la manipulación de las sectas, pero que acabaron convirtiéndose en meros negocios.  Pero ¿Cómo pudo suceder esto? ¿Cómo es posible que un hombre se convierta en líder indiscutible por el cual sus seguidores estén dispuestos a morir sin más? ¿Qué origen tiene este siniestro movimiento suicida? Todo esto intentaremos aclararlo en este capítulo, uno de los muchos considerados momentos más oscuros del cristianismo moderno. 

 El 13 de Mayo de 1931, nace en Indiana, EEUU, James Warren Jones, más conocido como el reverendo Jim Jones. Jones era hijo de una familia de campesinos de origen galés y escocés; Se dice que desde muy joven mostró un inusitado interés hacia la religión y deseaba convertirse en un pastor. Su familia para ese tiempo formaba parte de una iglesia de signo metodista del sur, en aquella iglesia Jones observa como existía un solapado racismo no compartido por él, pues ve como personas de color son discriminadas y separadas del resto y en algunos casos se les niega la entrada. 

 Después en sus años universitarios, tiene contactos con ideas antirracistas y de igualdad, llega a saber más sobre el comunismo marxista, y se siente atraído hacia ese tipo de ideología. Para ese tiempo además conoce a la que más tarde se convertiría en su esposa, Madeleine Baldwin, enfermera de profesión. Precisamente en 1949 se casa con ella y forman una familia aparentemente normal. Sin embargo sus inquietudes ideológicas lo llevan a tener el deseo de liderar un grupo o un movimiento que tenga alcance mundial y elimine la corrupción y la desigualdad de raza y económica que observa en su país. En 1951, ingresa en el Partido comunista de los Estados Unidos, muy mal visto y muy perseguido en aquella época, en los inicios de la llamada guerra fría. Esas ideas de igualdad absoluta de vida en comunidad y de romper con la sociedad consumista le atraen y las llevará consigo el resto de su vida, aunque no comparte la parte antirreligiosa del comunismo. Quizás por ello, abandona el partido y decide dedicarse a su pasión de juventud, poder dirigir una congregación religiosa y dirigir una iglesia. 

Pero en vista de que el racismo impregna un buen número de iglesias en el sur de EEUU, rechaza unirse a su anterior confesión y en 1952 se une a los llamados Discípulos de Cristo, que era una vertiente de la iglesia constituida por Alexander Campbell a finales del siglo XIX, sesgada de la Iglesia de Cristo a principios de siglo. Allí observa un sistema religioso que encajaba más con sus ideas, pues las congregaciones de la Iglesia cristiana son autónomas y no tienen una dirección central, sino que se dirigen de forma independiente a nivel congregacional. Este sistema de iglesia, todavía continúa al día de hoy, ellos seleccionan sus propios dirigentes, son dueños de sus propios bienes, y administran sus propios asuntos, en algunos casos animan a sus feligreses a vivir en comunidad para confraternizar y tener una dedicación espiritual más aislada de la influencia del mundo y no cabe duda que esa manera de ver la confraternización influyó en el joven Jones. Pronto recibe la adecuada instrucción y se convierte en pastor de la iglesia. Mientras perteneció a este grupo, se preocupó porque gente de color formaran parte importante en su iglesia y procuraba darles el mismo trato que a los blancos, por ello muchas personas de raza negra le siguieron. Algunos de sus seguidores provenían de iglesias pentecostales e influyeron también en el ese sentido carismático de su visión religiosa. Pero eso mismo le trajo problemas y enfrentamientos con otros miembros de raza blanca que apoyaban la segregación racial. 

 Tan solo tres años después de pasar la instrucción como pastor, en 1955 decidió formar su propia iglesia, para ello fundó en Indianápolis una congregación religiosa a la que llamó Templo del Pueblo, afiliada según algunas fuentes al movimiento pentecostal, sin embargo esta afiliación no parece estar del todo clara, más bien podríamos decir que mantuvo su pertenencia a la denominación de los discípulos de Cristo, copiando algunos de sus métodos. Hacia el año 1959 el Templo del Pueblo empezó a animar a sus militantes a confraternizar más entre sí, y siguiendo la costumbre de los Discípulos de Cristo, Jones animaba a sus seguidores a dejar de lado las relaciones con los familiares ajenos a la congregación, prohibiendo que las festividades religiosas fueran celebradas con personas ajenas a la esta. Buscaba aislar a su grupo de lo que él entendía como contaminación del mundo, desde ese momento su meta era poder crear una comunidad aislada en la que sus seguidores pudieran practicar al verdadero cristianismo comunal en el que compartieran todo y se mantuvieran sin mancha del mundo. 

 Mientras tanto en los siguientes años en la década de los sesenta se convirtió en un paladín de la justicia e igualdad racial, llegó a ser miembro de una comisión de derechos humanos en San Francisco, para defender los derechos de la gente de raza negra, al tiempo que dirigía obras de beneficencia en favor de drogadictos y personas sin hogar. En 1965 Jones ordenó a su comunidad, formada por unas 140 personas a dirigirse a California para centrar allí su afán proselitista y crear una comunidad agraria autárquica cerrada al resto de la sociedad, y se establecieron en la localidad de Ukiah. Se dice que para finales de la década se le conocía por tener el máximo de seguidores, cerca de tres mil, haciéndose famoso por realizar "curaciones por la fe" y asombrando al público con su disciplinada congregación religiosa con ciertas connotaciones comunistas que funcionaba como ejemplo de una verdadera comunidad cristiana feliz y próspera. 

En esa época empezaba ya a florar el carácter de líder de masas del reverendo Jones, de hecho un sacerdote católico jubilado que prestó servicios en la Comisión de Derechos Humanos de San Francisco, junto con Jim Jones dijo acerca de éste: “Tenía un extraño poder sobre la gente, y esa clase de poder tiende a subirse a la cabeza.” No le faltaba razón a aquel viejo sacerdote, pues pronto Jones entró en pugna con otras denominaciones religiosas pentecostales y evangelistas de la zona debido a la clara orientación comunista que le estaba dando a su movimiento, se empiezan a escuchar en sus sermones expresiones de grandeza hacia su persona, considerándose como la reencarnación de Cristo, luego alegaba que era Dios mismo el creador del cielo y la tierra y el Alfa y la Omega del libro de apocalipsis, al mismo tiempo que iba rechazando la Biblia. De hecho cuentan una anécdota ocurrida en uno de sus sermones, se dice que lanzó una Biblia contra el suelo y gritó: “Demasiada gente está prestando atención a esto en vez de a mí.” Y sin embargo, aquello no hacía tropezar a sus seguidores, es mas cada vez tenía más poder sobre estos. 

La enseñanza de Jim Jones, se fue convirtiendo en una degeneración absoluta muy alejada del cristianismo de sus primeros tiempos, así publicó un libro titulado “La Letra Mata”; donde al parecer denunciaba las atrocidades de la Biblia, aunque reconocía que ella contenía grandes verdades, animaba a escuchar más sus palabras que a la propia Biblia que ya había cumplido su misión. Ahora tocaba recibir un nuevo mensaje que provenía de Dios. Su proceso de iluminado lo llevó a afirmar primero que era la encarnación de Jesús, Akenaton, Buda, Lenin, para después terminar asegurando que él era el Padre Divino, en otras palabras Dios. No era extrañar que sus seguidores en ocasiones portaron pancartas en las que decían: Yo creo en Jim Jones. Sin embargo, su vida moral dejaba mucho que desear, de hecho tuvo problemas con la policía por pretender pagar por favores sexuales en un local de homosexuales a un policía encubierto. 
Se cree que era aficionado a ciertas drogas alucinógenas de moda, como el LSD, en definitiva la depravación más grande que un líder espiritual podía ofrecer. Muchas personas no se explican cómo podía alguien acercarse a una religión como la que ofrecía Jones, sin embargo en su momento más álgido llegó a tener más de 3000 seguidores. En los primeros años de la década de los setenta Jim Jones y su esposa Madeleine, ya tenían un hijo biológico y habían adoptado a seis niños más, de diversas razas, para según él fundar su "familia del arcoíris" como forma de predicar contra el racismo. A mediados de la década de 1970 poco más de la mitad de seguidores de Jones era de raza negra y debido a las dificultades en California, los movilizó hacia San Francisco. El método de entrada en la comunidad consistía en la entrega de su dinero que entonces sería repartido para beneficio de toda la comunidad, de alguna manera quería imitar lo que hicieron los cristianos primitivos, cuando el libro de Hechos dice lo siguiente: Además, la multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y alma, y ni siquiera uno de ellos decía que fuera suya propia cosa alguna de las que poseía; más bien, todas las cosas las tenían en común. Además, con gran poder los apóstoles continuaron dando el testimonio acerca de la resurrección del Señor Jesús; y sobre todos ellos había bondad inmerecida en gran medida. De hecho, no había ningún necesitado entre ellos; porque todos los que eran poseedores de campos o de casas los vendían, y traían los valores de las cosas vendidas y los depositaban a los pies de los apóstoles. A su vez, se efectuaba distribución a cada uno, según tuviera necesidad. (Hechos de los apóstoles 4:32-35) Claro que Jim Jones, olvidó que aquello no era el modelo que siguió la congregación cristiana en los años posteriores, pues ese arreglo se efectuaba en situación criticas temporales, como sucedía a menudo en aquella región, (ver Hechos 11:27-30)

 En cualquier caso en imitación de ese sistema que Jones identificaba como el verdadero comunismo, el empezó a hacer lo mismo, solo que él era quien administraba ese dinero y se dice que presionaba a sus seguidores para que le entregaran todo cuanto tenían, incluso los cheques del seguro social, herencias, propiedades o lo que fuera, así es como, cuando murió, se encontró que en sus cuentas tenía entre 10 y 15 millones de dólares. En realidad poco más podemos decir del Templo del Pueblo en cuanto enseñanzas, pues tuvieron una rápida evolución hacia ningún lado; así de una iglesia campbellista, pasaron a un sistema pentecostal, para luego añadir toques de ideología marxista, en realidad no hay paralelo posible en el camino que siguió el movimiento de Jones, pues se había convertido al final en un culto a su persona. Es entonces cuando la prensa y otros medios de comunicación empiezan a criticar al movimiento liderado por Jones, sobre todo porque veían aquella comunidad como una explotación laboral hacia sus seguidores, aparte de los supuestos ataques y palizas disciplinarias y otra clase de humillaciones a los que eran sometidos aquellos que se rebelaban, cometían faltas, pecados o intentaban escapar. De nuevo se repetía la historia de los anabaptistas de Münster liderados por Rothmann, Leiden y Marthys, ese tipo de comunidades cerradas, lideradas por un iluminado por lo general nunca acaban bien. 

 Los ataques contra el Templo del Pueblo, en ese entonces no fueron más allá por dos circunstancias, una de ellas es que en defensa del movimiento de Jones, se postularon dos políticos de cierta importancia, entre ellos el alcalde de San Francisco, ese mismo alcalde había concedido la administración de las hectáreas y otro político de la zona. La otra fue que para ese tiempo Jones se había rodeado de una cúpula de expertos y asesores que le ayudaban en las relaciones con el exterior. Así algunas decisiones importantes eran asesoradas y ejecutadas por una directiva por la llamada junta de planeamiento, formada principalmente por feligreses de más antigüedad y más cercanos a Jones. Esta élite directiva fue la que consiguió que el Templo del Pueblo alcanzara mayores conexiones con las autoridades locales de San Francisco, obteniendo la congregación el control de hospicios y programas de ayuda a los pobres y drogadictos. Claro con esos objetivos tan nobles, ¿Quién se iba a atrever a atacar o tan siquiera investigar a la organización de Jones? 

Sin embargo, para el año 75 empezaron a haber un buen número de deserciones en la comunidad, lo cual fue aprovechado por la prensa y los lideres de otras iglesias para atacar los métodos utilizados por el movimiento de Jones a la hora de mantener el orden en su comunidad, fue cuando se intensificaron las acusaciones de golpizas, humillaciones, violencia contra menores y mujeres. Esto provocó que el reverendo Jim Jones, en 1975 decidiera sin abandonar aún San Francisco, buscar un lugar más alejado y sin tanto control, para ello encontró un lugar idóneo para una nueva sede principal. América del Sur, más exactamente en Guyana, allí arrendó al gobierno, en las cercanías de la ciudad de Kaituma una granja agraria de poco más de una hectárea, que sería el futuro inicio de su utópica ciudad paradisiaca, en la que establecería un sistema autárquico, una comunidad autosuficiente, donde todo se compartiría. En Julio de 1977 Jones ordena a sus feligreses mudar la sede principal de la congregación a aquella granja, y en cuestión de pocos meses ceca de mil miembros se mudan allá, un grupo compuesto por familias con hijos, solteros, sobre todo jóvenes en busca del paraíso terrenal prometido. La ciudad se denominó Jonestown, en honor a su líder y el sistema de gobierno que quería implantar lo llamó socialismo apostólico. 

 En San Francisco sin embargo las cosas no fueron muy bien, los que se quedaron, notaron el desamparo y la falta de Jim Jones, pues con su habla convencía a multitudes, mientras el grupo dirigido por una parte de la elite directiva original, no tenían el carisma ni la atracción que este conseguía. En tan solo un año había perdido más de la mitad de sus miembros. 

Por otro lado, en la granja de Jonestown las cosas no fueron tan idílicas como deseaban sus súbditos, el rápido aumento de la población ocasionaba tensiones y falta de suministros, estaba lejos de ser autosuficiente, ya que realmente se había proyectado para unas trescientas personas y sine embargo en pocos meses había llegado a ser cerca de mil los habitantes, con lo cual, el esfuerzo para alimentar y dar cobijo a tantas personas se hacía muy duro. Además el verdadero Jim Jones salió a relucir, se dice que pronto instauró un estado de gobierno en el que se pedía obediencia plena a sus mandatos, aunque para aquellos cuya obediencia y fe era absoluta hacia su líder, quienes lo consideraban como Dios, para ellos las cosas no eran tan difíciles, ellos disfrutaban de poder poner en práctica las enseñanzas de su “dios”. El problema venía cuando por error, por debilidad, el individuo cometía algún despropósito, este era castigado duramente. Hasta los niños, según relatos de algunos sobrevivientes, Jones castigaba a los niños metiéndolos en un cuarto oscuro y atándoles electrodos por los cuales recibían descargas eléctricas. 

Las autoridades de la Guyana llegaron oír acerca de estos atropellos, pero no hicieron nada al respecto, también algunos recuerdan que a otros niños los hacía bajar a un pozo de agua, y repetidas veces, si no gritaban suficientemente alto, como prueba de valor. Pero aparte de esos detalles, el trato de Jones con su comunidad en general era de un gran acercamiento, cariño e interés por parte de este, los niños le llamaban “papa” y los adultos padre, de allí que estos estuvieran dispuesto a morir por la causa. Por otro lado la enseñanza que recibían había tomado un cariz apocalíptico sosteniendo que el Fin del Mundo era un evento cercano y que el Anticristo estaba encarnado en el capitalismo que ansiaba destruir la congregación verdadera. 

 Una de las realidades  más desalentadoras para los habitantes de Jonestown fueron las carencias alimentarias, las comidas consistían sobre todo en arroz y legumbres, al principio poca carne, excepto para Jones y sus más cercanos allegados, que al parecer comían carne y otros productos que almacenaban. La población sin embargo carecían casi de todo, debían dedicarse todos a la crianza de animales y a cultivo de alimentos para el "Proyecto agrícola del Templo del Pueblo" seis días a la semana, desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, ese trabajo lo realizaban incluso niños de más de diez años. No obstante muchos parecían felices por el hecho de estar haciendo todo para su comunidad. Esperaban que con el paso del tiempo, aquella comunidad demostrara al mundo como se podía desarrollar una convivencia pacífica y prospera con personas de diferentes razas y antecedentes, unidas en un solo propósito. Sin embargo a la vez, Jones tomó medidas para evitar que ocurriera lo de San Francisco y las deserciones, para evitar que alguien escapara varios guardias armados patrullaban el pueblo día y noche para asegurarse de que las órdenes de Jones fuesen seguidas. 

Pero dado el cariz de los comentarios que antiguos miembros en San Francisco estaban dando a los medios de comunicación, se abrió una investigación preliminar, sobre las actividades en la granja de Jonestown. Para ello, en 1978 un congresista estadounidense Leo Ryan, viajó a la ciudad de Georgetown, a unos 240 km de Jonestown, junto a una delegación del Congreso, periodistas y algunos disidentes de la granja colectiva de San Francisco, pues para ese entonces las acusaciones ya iban desde fraude, lavado de cerebro, encarcelación ilegal y tráfico de drogas y de armas. En cierto modo no iban mal encaminadas las acusaciones, pues se sabe que en ocasiones para castigar a algún incumplidor de las leyes de la comunidad, a menudo se encerraba en una estrecha caja de madera al malhechor y en otros momentos se mantenía drogados a otros a fin de tranquilizar a todo aquel que perdía los nervios, dada la situación penosa en que vivían. Lo cual indica que Jones manejaba sustancias prohibidas, sin contar con las dosis de cianuro que tenía almacenadas y que toda la comunidad estaba dispuesta a tomar voluntariamente. En cuanto a las armas, era evidente que las tenían, pues como hemos apuntado antes se rodeaba el perímetro del poblado con miembros adiestrados en armas automáticas. Estos mismos partidarios que eran entrenados para recurrir a la violencia si era necesario, fueron los que posiblemente asesinaron al congresista norteamericano y a tres de los periodistas pues Jones temía que pudieran regresar a los E.U.A. con informes perjudiciales en cuanto a su granja colectiva. 

 Pero la manera en que esto ocurrió, muestra los siniestros sistemas de manipulación a los que llegaba Jones, al parecer a la llegada del congresista con la delegación y los periodistas, estos fueron recibidos cordialmente, se pudieron entrevistar con algunos miembros, elegidos previamente por los hombre de Jones y todo fue aparentemente bien, de hecho organizaron una gran fiesta en donde inicialmente el ambiente parecía de armonía. "Aquí hay gente que cree que esto es lo mejor que jamás le haya pasado en la vida", afirmó Ryan. Los miembros de la secta lo recibieron con aplausos frenéticos el 17 de noviembre de 1978, impresionando a él y al grupo que le acompañaba, que casi terminaron convencidos de la inofensiva labor desarrollada por Jones y que podían ser falsas todas las acusaciones que se presentaban. Ryan y sus acompañantes durmieron allí con el propósito de abandonar la colonia al siguiente día. Pero antes de marchar, sucedió algo con lo que no contaban, al parecer un grupo reducido de miembros de la granja, se acercó al congresista y hablaron con el privadamente, querían irse con el grupo suyo y abandonar la granja. Se armó un gran revuelo, pues algunos miembros más convencidos y fanatizados reaccionaron violentamente contra estos cuando se enteraron de la maniobra de estos. 

El reverendo Jones al enterarse, acusó a estos de traición, pero cuando llegó al lugar, intervino y dando una apariencia de benevolencia les dejó ir, alegando que nada les impedía permanecer si no quería continuar. Sin embargo, incluyo entre el grupo de 14 supuestos disidentes a algunos de sus guardias armados, uno de estos Larry Layton y otros miembros les escoltaron hasta los aviones que les esperaban en la pista de aterrizaje de Puerto Caituma. Una vez dentro de una de las aviones, Larry Layton empezó a disparar contra los disidentes y los periodistas, al tiempo que los acompañantes que los escoltaron también dispararon contra las aviones, dejando una de ellas imposibilitada y lo más duro, matando al congresista, a tres periodistas, y a uno de los desertores, dejando heridos a otros nueve ocupantes. Al parecer todo fue planificado por Jones, pues consideraba traidores a todos los disidentes. Pero esto fue solo el detonante de la tragedia que se avecinaba. Algunos de los sobrevivientes pudieron tomar el otro avión y llegar a la capital, otros huyeron selva a través hasta las aldeas más cercanas para advertir a las autoridades de lo que iba a suceder en Jonestown, pero las autoridades actuaron tarde. 

 Tan solo dos horas después del suceso del avión, Jim Jones había congregado a todo el grupo en una asamblea especial. Jones empezó a repetir unas ideas que ya había mencionado en otras ocasiones a fin de preparar a sus feligreses para el momento de la muerte, así el reverendo llegó a decir que "la muerte solo es el tránsito a otro nivel" y en el momento final dijo: Quitadnos la vida. Renunciamos a ella. Estamos cansados. Esto no es un suicidio, sino un acto revolucionario en protesta por las condiciones de este mundo inhumano” Con esa arenga fue invitando a todos los miembros a tomar el veneno preparado, primero a los niños a los que se les incluyó en una bebida, posiblemente zumo de fruta, algunas madres que se negaron a matar a sus bebes, estos les fueron arrebatados de su brazos y fueron inyectados con la letal sustancia. Los guardias se encargarían de disparar contra el que no tomase del veneno, pero casi nadie se opuso. Posteriormente o poco antes de finalizar el monstruoso ritual, el propio Jim Jones murió de un tiro en la cabeza, que no se sabe si se lo dio el mismo, o quizás su enfermera siguiendo sus instrucciones, ella también murió de un tiro. De aquella granja, tan solo cinco personas se salvaron, se encontraron 913 cadáveres, de hombres, mujeres, niños y ancianos, la mayoría boca abajo y todos envenenados con cianuro. 

Aquel noviembre de 1978, aquellos 913 feligreses de Jonestown cedieron ante la creencia de un Armagedón y un rapto inminente de los niños, todos murieron convencidos que era el mejor camino para alcanzar la salvación. No se encontraron signos de violencia en prácticamente ninguno de los cadáveres allí encontrados, fue un suicidio ordenado y obediente, en paz después su protocolaria visión del fin del mundo previo, un triste final de otro experimento, mezcla de comunismo radical, cristianismo comunal y fanatismo delirante de un hombre que quizás se creía lo que decía y de una muchedumbre plenamente convencida de hacer la voluntad divina. Difícil de entender y explicar fue para los que cuando llegaron encontraron un campo minado de muertos tranquilos, sin signos de violencia, la mayoría acostados boca abajo, abrazados y en aparente complicidad. 

 Ese trágico final ha dejado una huella en todo el cristianismo alternativo y sobre todo en aquellos grupos considerados como cristianismo comunal, de los que se recela en gran manera, pues como ya dijimos la historia en ocasiones nos enseña a desconfiar de todos aquellos iluminados, reencarnaciones de Cristo o supuestos líderes de masas de gran carisma, porque casi siempre guardan un lado oscuro que tarde o temprano sale a la luz. Este por otro lado es el triste resultado de que en determinadas iglesias se permita que cualquier individuo con cierto carisma pueda formar su propia iglesia, adherida a algún conglomerado de iglesias libres, (campbellitas, pentecostales, congregacionales, amish, menonitas, tienen sistemas de formación similar), y empiece a delirar y variar enseñanzas y métodos religiosos a su antojo, encontrando siempre seguidores con ansias espirituales a los que movilizar.

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