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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Concilio Vaticano II: De la modernización a la división



La explosión de ideas tras el concilio Vaticano II

             

          Dentro del catolicismo se ha vivido en la segunda mitad del siglo XX una especie de división interna, sobre todo a raíz del concilio Vaticano II, celebrado en 1962, en algunos casos se trata de movimientos que sin salir del seno de la iglesia se han enfocado en una manera de vivir separada de los demás, en otros casos, se trataba de influencias relacionadas con elementos descontentos con el sistema eclesiástico o con lo surgido en el propio concilio. 

            Aquel concilio, quiso traer modernidad a una institución que aún miraba con nostalgia aquellos tiempos de gloria y poder anterior, cuando los gobernantes debían aceptar el beneplácito del papa para tomar ciertas decisiones y cuando ellos dominaban lo que debía ser el camino a tomar en materia religiosa. 

            En ese sentido, en el concilio se tocó el asunto de la libertad religiosa, con la que la iglesia había luchado en contra durante siglos. Esta vez, en la declaración “Dignitatis humanae” en el artículo 12 se dice lo siguiente: La iglesia, por consiguiente fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los apóstoles, cuando reconoce y promueve el principio de la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios ... Aunque en vida del pueblo de Dios, se ha dado a veces un comportamiento menos conforme con el espíritu evangélico, e incluso contrario a él, no obstante, siempre se mantuvo la doctrina de la iglesia de que nadie debe ser forzado a abrazar la fe. (Documentos del Vaticano II, De la tolerancia, 12).

            Vista la historia sangrienta de tormentosas persecuciones animadas, fomentadas y realizadas por la Iglesia en los pasados diecisiete siglos, suena a cinismo el que reconozcan que solo “a veces” se diera un comportamiento contrario al espíritu evangélico de tolerancia y de no forzar al individuo, durante más de trescientos años habían atormentado  a la gente con la temible inquisición. Y curiosamente en esa época todavía había persecución religiosa instigada por la iglesia católica en numerosos países de Latinoamérica, África y Europa. Por poner un sonado caso, estaba el de España, en ese país el no ser bautizado católico constituía casi un delito, a menudo los sacerdotes servían de espías al servicio de la dictadura para que se atacaran a Testigos de Jehová, diversas iglesias protestantes y otras minorías que intentaban realizar su obra religiosa allí. Y eso sucedió antes, durante y después del famoso concilio.

            A ese respecto, la Iglesia española, una de las más fuertes y arraigada, fue también de las más duras y fanáticas en la persecución de las minorías, notemos la reseña que apareció durante varios días en un periódico de tirada nacional, el Diario la Vanguardia en los números del 19 al 24 de Marzo de 1954, donde se decía: Toleramos prudentemente la cizaña . . . pero no podemos tolerar la siembra de la cizaña.” Para después proponer la siguiente recomendación a los católicos: “Haced uso de la ley. Es el último recurso a que hemos de echar mano, pero al que no debemos ni podemos renunciar, llegado el caso, para impedir que siembren errores y herejías entre los católicos . . . Bastará, a veces, la simple amenaza de este recurso para que desistan de su empeño.

            Diez años después, nada había cambiado, ateniéndose a los hechos, pues el gobierno pro católico de Franco, sacó más leyes y ordenes contra, en este caso, los Testigos de Jehová y su predicación, lógicamente a instancias de la Iglesia, así un edicto aparecido en el año 1964, que decía: En su consecuencia, encarezco a V.E., de orden de S.E. el Sr. Ministro de la Gobernación, denuncie ante los Juzgados de Vagos y Maleantes a cuantos miembros de la secta referida sean sorprendidos desarrollando dichas actividades, a fin de que los Juzgados puedan en su caso hallar motivos para instruir expediente. Ello sin perjuicio de la persecución y castigo de los delitos que se cometieren con ocasión de las actuaciones proselitistas y de las medidas de seguridad que puedan acordar los propios Tribunales de lo Criminal en las sentencias condenatorias.”

            Tal fue el atropello y la presión que se aplicó a las minorías religiosas en ese país, que hasta surgieron voces discordantes que observaron algo que iba más allá de la tolerancia religiosa que se supone, el concilio Vaticano II, iba a instaurar, así por ejemplo el escritor católico Jesús González Malvar, escribió un documento en el que denuncia esa beligerancia e intolerancia católica, y bajo el encabezamiento “Un ejemplo para los católicos” dice: “Tal es el de los valerosos Testigos de Jehová, aunque resulta humillante para nosotros el reconocerlo. Nos han pisado en esto ciertamente el ideal evangélico. No les arredra a estos valientes la pérdida de la libertad —aunque se prolongue la cárcel a lo largo de los meses y de los años— ni el farisaico desprecio de una sociedad tan alejada todavía del espíritu de las bienaventuranzas. . . . Vergüenza grande, para este nuestro tan asendereado catolicismo, el que los tan ridiculizados y perseguidos Testigos de Jehová se nos hayan adelantado en la manifestación de este carisma cristiano, y que, solo pisando sobre sus huellas ensangrentadas, se hayan atrevido a emprender la marcha los más decididos de los nuestros. No podemos negar, a fuer de honrados y sinceros, que entendieron en esto, mejor que nosotros, el espíritu del Maestro, el cual, ni para defenderse a sí mismo admitió el uso de las armas.”

            Cabe decir, que no fue hasta el año 1970, cuando el régimen de Franco, ya debilitado, cedió y otorgó cierta libertad religiosa, pero en otros países, sobre todo en América latina, en la sucesión de dictaduras militares, como en Argentina, donde desde los tiempos de Perón, (Años 50), hasta bien entrada la década de los setenta, se persiguió duramente a las minorías religiosas.  Un boletín católico reconoció esto al decir: “La historia del fracaso de la iglesia católica en Argentina es una de silencio y complicidad con un despiadado régimen militar, uno de los peores de la historia reciente. [...] Los prelados de la Iglesia estaban en posición de denunciar y de hacer algo, quizás hasta de desnudar al régimen de su justificación religiosa. Sin embargo, prácticamente ninguno de ellos dijo nada. Algunos clérigos, incluso vestidos de uniforme militar, respaldaron la tortura y las matanzas” (Reportero Nacional Católico, 12 de abril de 1985).
 
            En Paraguay, a raíz de ciertos decretos con respecto al saludo a la bandera, los himnos patrióticos y la neutralidad, también surgió persecución contra minorías que por su ideología religiosa, intentaban mantenerse neutrales en esos asuntos. La iglesia católica aprovechó para colocarse delante de los denunciantes y fue promotora de mantener la intolerancia contra estos grupos religiosos, así muchos niños fueron expulsados de las escuelas, trabajadores perdieron sus empleos, se disolvieron reuniones religiosas y se encarceló a muchos. Uno de los principales dirigentes del país que luchó contra estas minorías fue el director de Culto del Ministerio de Educación, Manfredo Ramírez Russo, a quien después le fue impuesta la condecoración ‘San Gregorio Magno’, por el nuncio apostólico de Su Santidad, monseñor José Mees, en reconocimiento a servicios prestados a la Iglesia Católica”. Eso ocurría ya en los años ochenta, veinte años después del concilio que anunció la tolerancia religiosa. 

            Se podría seguir mencionando otros muchos países, en América, África, incluso en las islas del pacifico, donde siempre los líderes eclesiásticos estaban detrás de las persecuciones y oposiciones gubernamentales, cuando no detrás de chusmas alborotadoras. Era normal por otro lado, pues estaban viendo peligrar su feudo, no podían mantenerse calmados cuando veían que testigos, evangelistas y pentecostales se iban llevando gran cantidad de sus feligreses. Por supuesto,  eso sucedía principalmente en países bajo dictaduras en las que los dictadores eran apoyados por la iglesia. Las cosas fueron cambiando a medida que muchas de esas dictaduras desaparecieron y surgieron democracias en las que la libertad religiosa y la tolerancia, se implantaron y el poder de la Iglesia fue decayendo a mínimos históricos. Así, fue por imposición política por lo que la Iglesia se vio obligada a cumplir con las decisiones de su concilio Vaticano II con respecto a la tolerancia religiosa, que en realidad esa llamada a la tolerancia fue un intento de llamar la atención a los regímenes comunistas que perseguían a las iglesias en general. La postura de la Iglesia católica era de plantarse como defensora de los derechos de libertad de culto del hombre, frente al comunismo que la atacaba, pero lo hipócrita del planteamiento es que la al mismo tiempo la iglesia seguía convirtiéndose en atacante de otros grupos religiosos, en los países en los que podía ostentar el poder. Pasado el tiempo, cuando en muchos de esos países, sobre todo europeos y americanos las constituciones iban imponiendo estados laicos o aconfesionales, la iglesia recurrió a entidades tipo grupos anti secta, que procuraban desprestigiar a todo movimiento religioso minoritario que perjudique sus intereses por robarle a sus feligreses.  

            Otro asunto tratado en ese concilio tenía que ver con el ecumenismo, es decir, el intento de unificar a todos los cristianismos, los del lado católico, anglicano y ortodoxo, por un lado y los del lado protestante por otro. Así, se dieron los primeros pasos en pro de una unidad, que por supuesto el tiempo ha demostrado que va a ser difícil que llegue, por lo menos con el protestantismo, no así con el anglicanismo y con las iglesias orientales ortodoxas. Un detalle a destacar en las decisiones y propuestas se muestra al inicio del decreto sobre Ecumenismo, donde se dice lo siguiente: Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio Ecuménico Vaticano II. Porque una sola es la iglesia fundada por Cristo Señor; muchas son, sin embargo, las comuniones cristianas que así mismo se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; todos se confiesan discípulos del señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. Esta división contradice abiertamente a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres. (Documentos del Vaticano II, Decreto sobre ecumenismo, I parr1).

            No le falta razón a estas últimas palabras, pues la multiplicidad de iglesias y movimientos religiosos surgidos dentro del cristianismo, han traído confusión, desunión y mal testimonio al mundo. Sin embargo por las palabras proféticas de su originador, sabemos la fuente de esa división y confusión, y ahora toca saber quiénes son los instrumentos que la harán volver a los orígenes. La unión que buscaba la Iglesia con esto, si bien parece loable, va a descartar a un buen número de cristianos, pues a continuación destaca los puntos en común que deben guardar las iglesias a las que se pretende unificar: Muchos hombres en todas partes han sido movidos por esta gracia, y también entre nuestros hermanos separados ha surgido un movimiento cada día más amplio, por la gracia del Espíritu Santo, para restablecer la unidad de todos los cristianos. Participan en este movimiento de la unidad, llamado ecuménico, los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesús Señor y Salvador; y no sólo cada uno individualmente, sino consagrados en asambleas, en las que oyeron el Evangelio y a las que cada uno llama Iglesia suya y de Dios. (Documentos del Vaticano II, Decreto sobre ecumenismo, I parr 2b).

            En la misma línea y ahondando más sobre el asunto que deben tener en común las iglesias a unificar, de nuevo hace mención, si cabe de forma más clara al mismo asunto párrafos después: Nuestra atención se dirige, ante todo, a los cristianos que confiesan públicamente a Jesucristo como Dios y Señor y Mediador, único entre Dios y los hombres, para la gloria del único Dios, Padre, hijo y Espíritu Santo. (Documentos del Vaticano II, Decreto sobre ecumenismo, Cap. III, punto II, parr 20) Está claro, que dejan fuera a todos los movimientos no trinitarios, unitarios, cristadelfienses y testigos de Jehová. De producirse algún día esta hipotética unión de fes, quedarían reducidas las opciones en la elección de un cristianismo genuino, limitándose a esa masa de cristiandad unificada, frente a unas pocas alternativas que valdría la pena valorar.


Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el Sedevacantismo y la iglesia palmariana, frente a la modernización eclesiástica

            Otro asunto tratado en el famoso concilio tuvo que ver con la modernización de métodos y formalismos en las misas, dándose fin a la llamada “misa Tridentina”, que fue establecido en un concilio anterior el de Trento en 1570, aquel que se estableció para defender a la Iglesia de la amenaza protestante, ese tipo de misa también conocida como misa latina, tenía la peculiaridad de ser dada en latín y gran parte de la ceremonia de espaldas al público, con el sacerdote mirando hacia la imagen del Cristo. Aquello se había convertido en un ritual frio y lejano, inteligible para los asistentes, que tan solo iban a orar. 

            Así, una de las cosas que se quiso cambiar tenía que ver con el idioma, pues el latín, lógicamente era un idioma incomprensible para la gran mayoría, vieron necesario utilizar las lenguas vernáculas para mayor acercamiento al pueblo y que los laicos entendieran mejor las enseñanzas. Esta era la respuesta a la notoria falta de conocimiento religioso de los feligreses católicos, que a menudo abandonaban la iglesia por falta de conocimiento y con pocas posibilidades para defender sus ideas frente a otros movimientos más activos que arrastraban de cada vez mas católicos desengañados hacia sus centros de reunión.

            No obstante cabe destacar que este punto de progreso por parte de una iglesia atascada en el tiempo, fue el que más polémicas suscitó y más división terminó causando, pues a raíz de ese mínimo giro, con respecto a la eliminación de la misa tridentina hubo voces aferradas a la tradición que no quisieron aceptar estos nuevos preceptos, al relegar a un segundo plano el lenguaje que ellos consideraban sagrado, “el latín”.

            Entre los más destacados defensores de la tradición se encontraba el obispo francés Marcel Lefebvre, quien en desobediencia, continuó con la tradicional misa en latín e influyó en numerosos seminaristas que siguieron su camino. Pronto lo que era un pequeño acto de desobediencia, se convirtió en un movimiento o tendencia religiosa separada de la Iglesia católica.

            Marcel Lefebvre, nació en Tourcoing, Francia el 29 de noviembre de 1905, siendo el tercer hijo de una familia de ocho. Su padre fue un industrial del sector textil, pero era un católico convencido y que animó a varios de sus hijos a escoger carreras religiosas, por ello cinco de sus hijos pertenecieron a la orden de los “padres espirítanos” y sus hijas también pertenecieron a otras órdenes religiosas católicas. Marcel con el tiempo cursó estudios en la universidad Gregoriana de Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1929. En 1932 fue enviado a África donde hizo una gran labor en la defensa de su iglesia en Senegal, Gabón y otros países de África subsahariana.

            Al tiempo de la segunda guerra mundial, volvió a Europa y se le dio la dignidad de arzobispo, aunque con algunas reticencias por parte de la conferencia de obispos de Francia, con la que no parecía congeniar. Con el tiempo llegó a pertenecer a la orden de los padres espirítanos, y en calidad de Superior General de esa orden llegó fue llamado por el papa Juan XXIII, para formar parte de la comisión preparatoria del Concilio Vaticano II.

            Pero fue en ese concilio donde su actitud inmovilista y tradicionalista le llevó a encontrarse de frente con muchos obispos sobre todo de Europa central, quienes defendían una revolución  y abogaban por un acercamiento de la iglesia a la sociedad y a la situación actual de esta. Lefebvre intentando buscar apoyos a sus tesis, formó una especie de coalición a la que llamó: Cœtus Internationalis Patrum, que en español sería algo así como “Grupo Internacional de Padres”.  A él se unieron unos 250 obispos de todo el mundo, algunos muy importantes, como el español, Casimiro Morcillo, quien desde la conferencia episcopal de España, puso todo su empeño en que el régimen franquista no aprobara leyes relacionadas con la libertad de cultos, pero que tuvo que aceptar una nueva ley de tolerancia religiosa en 1968, amparada precisamente en el concilio Vaticano II, porque las leyes españolas estipulaban que seguían las directrices del derecho canónico, así, muy a su pesar en los últimos años de Franco, se aprobaron medidas para dar cierta libertad a movimientos como Testigos de Jehová, adventistas, iglesias evangélicas y otros movimientos que pronto fueron abriéndose paso.

            Quizás esa fue la razón por la que la aplicación de las resoluciones del concilio tardó en ser puesta en práctica, había muchos que se oponían por el resultado negativo que esto provocaría en el mundo católico.  Es por eso que del grupo liderado por Lefebvre, todos ellos se levantaron en oposición directa a la libertad religiosa promulgada por el concilio. En la opinión de Lefebvre, con esa postura libertaria, la Iglesia católica abandona su vocación misionera bimilenaria y desalienta en sus miembros la labor proselitista, por lo que se recomienda a los potenciales conversos a permanecer en su fe. Por eso los partidarios de Lefebvre continuaron defendiendo la confesionalidad del estado, es decir que los estados promulguen leyes que favorezcan la instauración de la iglesia como religión estatal y única, tal como era la triste realidad de muchos países dictatoriales, según hemos considerado antes. Aparte de eso, se opusieron al uso de la lengua vernácula, incluso a la traducción que se hizo del “padre nuestro”, o algunos de sus términos, (como el de debitus”); también por la misma razón se opuso a las misas en lenguas vulgares porque consideraba que ciertos términos utilizados en la misa y en la oración eran imposibles de traducir correctamente a las lenguas actuales. Uno de estos era la expresión “Pro Multis”, que se dice cuando se hace referencia al sacrificio propiciatorio de Cristo, que se hizo “Pro multis”. La expresión es traducida por lo general como ““por la multitud”, ahora se quiere utilizar la traducción “por muchos”, mostrando cierta limitación.  El error no viene por no entender el latín, sino por olvidar que las escrituras cristianas, o Nuevo Testamento, originalmente el termino aparece en griego y no en latín, y es un semitismo que da la idea de por todos y no por una cantidad limitada, fue en el tiempo de Agustín y Dámaso, cuando Jerónimo influenciado por las ideas exclusivistas de dicho papa utilizó esa expresión que no es suficientemente clarificadora. Curiosamente fue en el 2010, cuando el dimitido papa Benedicto XVI, se encargó de esa corrección, quizás intentando un acercamiento hacia el movimiento de Lefebvre, pero errando gravemente la verdadera idea de la expresión. En cualquier caso, Lefebvre también criticó el que según él, se rebajara al lenguaje del pueblo vulgar las santas palabras. 

            Una vez concluido el concilio y viendo sus posturas derrotadas, Lefebvre volvió a Francia, tras cuatro años, manteniendo silencio, en 1968 renuncia a su cargo de Superior General de su congregación. No obstante durante esos últimos años sigue defendiendo sus postulados y a iniciativa de un grupo de seminaristas también descontentos con la orientación que habían tomado los seminarios a los que concurrían, fundó en 1971 en Friburgo, un cantón de Suiza, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En principio lo hace con el permiso de la Iglesia, recibiendo la autorización del obispo local, Monseñor François Charrière. La casa de formación funcionó durante los primeros años en la Rue de la Vignettazen Friburgo, pero fue posteriormente trasladada a Écône, en el cantón del Vales, desde entonces es allí donde la congregación tiene su principal instituto de formación sacerdotal.

            La actitud crítica de Lefebvre continúa, hasta que fue excomulgado pública y formalmente por el papa Juan Pablo II, el cual en su carta Apostólica "Ecclesia Dei", escrita el 2 de julio de 1988, donde además de a Lefebvre, se excomulga a otros cuatro clérigos de distinto rango, relacionados con las ideas del obispo francés, entre ellos, Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta. Pronto su movimiento cobre mayor fuerza y se internacionalice. 

            Ni siquiera la muerte de Lefebvre en 1991, parece que debilitara el movimiento por ellos iniciado. Solo el tiempo y las simpatías del siguiente papa, les hizo ceder y buscar la reconciliación con la Iglesia. Por ello, las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Lefebvre siguieron en pie hasta el 24 de enero de 2009, cuando el papa Benedicto XVI levantó la excomunión a los cuatro obispos. Benedicto XVI, según un comunicado del Vaticano, decidió levantar la excomunión a los obispos tradicionalistas "tras un proceso de diálogo" y después de que el obispo Bernard Fellay, en su calidad de Superior General de la congregación, enviase una carta al Vaticano, en nombre propio y de los otros tres prelados, en la que le expresaba el deseo de permanecer fieles a la Iglesia romana y al Papa.

            Pero no fue ese el único movimiento que inicio un cisma, también se habla del movimiento “Sedevecantismo”. Si bien a estos se les considera una corriente de los católicos tradicionalistas, son en realidad un movimiento surgido de la ruptura de grupos tradicionalistas con la Iglesia Católica. Los sedevacantistas rechazan el magisterio de los papas que gobernaron la Iglesia tras la muerte de Pio XII en 1958. Según ellos, después de la muerte del Papa Pacelli, la Iglesia ha estado en un periodo de "sede vacante", por lo que no ha habido sucesor después de éstos, de allí el nombre sedevacantistas. La razón por la que no reconocen el papado de Juan XXIII, es por ser él quien convocara el Concilio Vaticano II, aunque este no conociera las decisiones finales del Concilio al morir antes de concluir.  Al siguiente papa Pablo VI, le acusan de establecer una política que generaría una iglesia paralela, la llamada Iglesia conciliar. A todos los demás papas siguientes, por considerarlos artífices y arquitectos de una nueva iglesia, al no rechazar los preceptos aprobados en el concilio.  Uno de los más conocidos representantes de los sedevacantistas es Anthony Cekada, un sacerdote constituido en líder del movimiento. Hoy día continúan su labor, sobre todo en el uso de las nuevas tecnologías, siendo “El Monasterio de la Sagrada Familia” una de las organizaciones sedevacantistas más populares en el internet. En un escrito realizado en Diciembre de 2012 Miguel Dimond O.S.B., superior del Monasterio, afirmó: “en los últimos cinco años hemos llegado a decenas de millones de personas. Hemos distribuido más de un millón de copias de nuestros programas de DVD y libros” y que el canal YouTube en inglés del Monasterio “tiene más reproducciones totales de video que cualquier otro canal que pretende ser católico en el mundo.

            Otro movimiento del que vamos a hablar dentro de esta línea es una polémica orden originada en España, pero con gran notoriedad. Se trata de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, más conocidos como La Iglesia del Palmar de Troya. Si bien este movimiento, no surgió como rebeldía a los preceptos del concilio, pronto se vio alineado en algunos de los puntos que los tradicionalistas defienden. 

            La iglesia palmariana fue establecida en 1975, por Clemente Domínguez, quien no siendo sacerdote, ni habiendo estudiado en ningún seminario llegó a liderar una iglesia cismática opuesta también a las propuestas del Concilio Vaticano II, aunque por razones distintas a los anteriormente mencionados. 

            Todo comenzó cuando el 30 de Marzo de 1968 en la aldea de Utrera, Sevilla, llamada El Palmar de Troya, cuatro niñas afirmaron ver la figura de la virgen María en un árbol. A partir de entonces, numerosos vecinos se aceraron a orar ante el árbol. Entre ellos se encontraba un vendedor de seguros, llamado clemente Domínguez Gómez, quien junto a un amigo suyo y abogado personal, Alonso Corral, aseguraron haber recibido visiones de la virgen aparecida allí, quien les mandó a que construyeran allí una basílica en su honor. A partir de entonces piden apoyo del pueblo y de otras personas influyentes que se acercaban al lugar, a fin de construir la basílica, ese fue el germen de la llamada Iglesia Cristiana Palmariana. Pero antes de la constitución oficial de la iglesia, clemente funda una orden que solicitó ser aceptada por la iglesia, con el nombre de Orden de los carmelitas de la Santa Faz. Las autoridades eclesiásticas le niegan el permiso para formar dicha orden y tampoco aprueban la construcción de la Basílica, tras lo cual Clemente y sus más allegados deciden formar su propia iglesia, basada por supuesto en los preceptos católicos, pero aferrándose a las tradiciones más antiguas. Rechazan al papa Pablo VI, por considerar que este fue secuestrado por quienes manejan las riendas de la iglesia y no actuó en sus legitimas facultades, rechazan por lo tanto el concilio Vaticano II, por ser parte de la trama conspirativa. Sin embargo a diferencia de los sedevacantistas, estos no esperan a un papa aceptable en el futuro, sino más bien el propio Clemente se autoproclamó como Papa Gregorio XVII, legitimo sucesor de Pablo VI, esto ocurrió en 1975, al mismo tiempo se toma la libertad de beatificar o santificar a personajes que él consideraba santos, entre estos cabe destacar nombres de la talla de Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera, Colon y don Pelayo, en una de las mas vergonzosas parodias de santificación. Domínguez es ordenado obispo, el 11 de enero de 1976 por el arzobispo vietnamita Ngo Dinh Thuc Pierre Martin.

            Sin embargo para legalizar su organización religiosa, tuvo que suprimir el término papa en sus estatutos y en el registro como entidad religiosa el consta como jefe de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. Fue en 1988, cuando el tribunal supremo aceptó el registro del nombre oficial, Iglesia Cristiana Palmeriana. 

            Aquí hablamos de un grupo, muy reducido, pero que pronto tuvo ramificaciones en otros países, pues fueron numerosas las visitas que el minúsculo pueblo empezaba a albergar. Al parecer para ver como aquel papa ciego, desde el año 1976 tras un accidente automovilistico, recibía visiones y estigmas, escenas en las que  según los miembros asistentes, sus manos sangraban. En sus ritos, no celebran misas tal como se entiende entre los católicos, sino lo que ellos llaman “turnos de misas”, que consiste en once misas de una duración de tres minutos cada una. Entre 1978 a 1983 fue el tiempo de mayor expansión del movimiento, si bien algunos d ellos iniciadores pronto abandonarían, por las arbitrarias y poco ortodoxas decisiones de Gregorio XVII. Sin embargo para los años ochenta, la iglesia pala mariana estimaba tener 60 sacerdotes, 70 monjas y más de 2000 seguidores, teniendo sedes o pequeñas capillas en Gran Bretaña, EEUU, Canadá, Venezuela, Colombia, Argentina, y otros países de América Latina. 

            En 1978 Domínguez fue excomulgado de la Iglesia católica, pero a la vez el continúa con sus peculiares santificaciones a personajes de extrema derecha o del franquismo español, mientras excomulga a Juan Pablo II y a Juan Carlos I, rey de España. A partir de ese momento consideran a la iglesia católica, a partir de  la conciliar del Vaticano II, como la “Babilonia la grande” mencionada en el Apocalipsis. Arremeten contra todos los papas posteriores al 1958 y en el mismo también incluyen a todas las iglesias de signo protestante. Aplican una férrea disciplina, procurando llevar una vida lo mas separados del resto de la ciudadanía, manteniendo tan solo tratos comerciales imprescindibles. Para visitar la basílica, es necesaria llevar una vestimenta especial, las mujeres con matilla y velo y los hombres con pantalones oscuros y camisas de manga larga y abrochadas completamente.

            Durante la década de los 90, fue acusado de abusos sexuales a algunos de los sacerdotes y monjas de su Orden. Curiosamente en 1997, Domínguez admitió tales abusos y pidió perdón por ellos. Domínguez murió en Marzo del 2005, siendo su sucesor Manuel Alonso Corral, quien se autoproclamó como Pedro II, pese a las acusaciones vertidas sobre la iglesia palmariana, de ser una secta peligrosa, que intenta sacar beneficios económicos de sus miembros, este prosigue con la obra y prácticamente se concluye la impresionante basílica construida en el pequeño pueblo del Palmar de Troya en Sevilla.

            Posteriormente Manuel A. Corral muere a los 75 años y deja su lugar a Sergio María, ex militar español, quien adoptó el nombre de Gregorio XVIII. Pero empiezan los años de declive, tanto por miembros, como económicamente, aunque esta crisis ya se hizo notable desde 1993. Surgen escisiones que si bien son localizas en pequeños puntos, crean confusión y desaliento en las filas palmarianas. Por otro lado se observa cierta deriva apocalíptica milenarista en sus enseñanzas. Su futuro es incierto, pero desde luego muy alejado ya de las directrices de la Iglesia católica de donde surgió.


La Teología de la Liberación


A la izquierda Camilo Torres Restrepo,  sacerdote colombiano, promotor de la Teología de la Liberación antes de convertirse en guerrillero del FLN, a la derecha.





          Por último en este capítulo, vamos a considerar a otro remanente surgido en la época y al amparo del Concilio Vaticano II, esta tendencia es diametralmente opuesta a las anteriormente mencionadas, pues el signo y la dirección de esta tendencia no defienden la tradición o la inmovilidad, sino que defienden una iglesia populista que apoye a los pobres del mundo. Se trata de la Teología de la liberación, una línea de pensamiento nacida en los países en desarrollo, donde los pobres son mayoría. Se quejan de que si bien la iglesia se volcaba con la pobreza procurando ayudas y limosnas, debía volcarse aún más en hacer que estos salgan de esta y hacer un mundo más justo. Según sus enunciadnos: La teología de la liberación intenta responder a la cuestión de cómo ser cristiano en un continente oprimido, y a preguntas como: "¿Cómo conseguir que la fe no sea alienante sino liberadora?. Esto venía a decir que las enseñanzas de la iglesia venían a hacer que el pobre comprendiera que era normal serlo y que la iglesia les daría de comer si era necesario, la iglesia protectora y cuidadora, pero no una iglesia que les sacara de esa situación, no una iglesia que les librara de esas ataduras, de esa opresión que sufría la clase obrera y pobre del mudo. 

            En el concilio se trató el asunto de la Iglesia y el mundo actual, bajo este capítulo se trataba muy superficialmente el asunto de las injusticias sociales, en el capítulo III sobre la vida económica y social, tan solo hay un punto en el que se limita a observar lo que ocurre: Cuando una vida económica ordenada podría permitir hoy la reducción de las desigualdades sociales, presenciamos, por el contrario, a veces, un aumento de estas. Mientras algunos hombres y algunos pueblos viven en la opulencia, otros permanecen en situación indigna de persona humana. ... Es necesario, por ello una reforma de las estructuras y un cambio de las mentalidad y de los hábitos de vida. (Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la iglesia en el mundo actual, Cap. III , articulo 63)
            Bonitas palabras, pero que no aportan ideas sobre qué hacer para ayudar a que esos millones de personas pobres, gran parte de estas católicas bautizadas en muchos países pobres, salgan de esa marginalidad. En el punto 66 se anima a que deben desaparecer la enormes desigualdades económico-sociales. Pero bien leído, todos esos son consejos que a menudo se escuchan en conferencias sobre el hambre en la ONU y en las instituciones oficiales, palabras vacías que se las llega el viento. 

            Debido a que no se animaba a una lucha de la iglesia para eliminar esas barreras sociales, salvo la cooperación de unos cuantos voluntarios en caritas y otras agencias, que según los detractores solo sirven para mantener ese estado de injusticia. Por eso la teología de la liberación, venía a enseñar que había que hacer una revolución y que la iglesia tenía los suficientes instrumentos y elementos para poder liderarla. 

            Fue Camilo Torres Restrepo, un sacerdote colombiano quien fundó la primera facultad de sociología en la universidad de Colombia. La idea de esa cátedra era para alentar a  otros en la lucha por invertir el orden social y hacer que los pobres dejen de ser pisoteados por las instituciones. Es curioso que Torres Restrepo proviniera de una familia acomodada de Colombia, nacido en 1929 en Bogotá, estudió en la universidad Nacional de Colombia, donde recibió la influencia de dos sacerdotes dominicos, quienes lo convencieron para que tomara la vida religiosa como su profesión. Así lo hizo, ingresó en 1947 en el seminario conciliar de Bogotá y desde allí empezó a interesarse en la realidad social a la que hacía mención el concilio Vaticano II.

            Tras una breve estancia en Europa, vuelve a Colombia y empieza a dedicar su vida a la defensa de los derechos sociales de los pobres. Así e 1960 funda la antes mencionada Facultad de sociología en la universidad Nacional y en 1963 preside el primer congreso Nacional de sociología que se celebra en Bogotá, allí presenta un estudio sobre la Violencia y los cambios sociales, en el que parece mostrar cierto acercamiento a la lucha de las guerrillas por los pobres. Poco tiempo después, surge la guerrilla ejercito de Liberación Nacional, a los que se une y empieza su lucha guerrillera frente al estado, el defiende que en algunos casos es la única manera de defender los derechos de los pobres a una vida digna y justa como Dios promete. 

            El error fue pensar que Dios anime a cualquier lucha violenta por la justicia social, el caso es que aquello le costó la vida en el primer enfrentamiento que tuvo como parte de la guerrilla. Pero marcó un ejemplo que otros sacerdotes tomaron, tal fue el caso del español Gaspar García, quien se unió a la guerrilla en Nicaragua contra el dictador Somoza. Con el tiempo otros como el teólogo Ignacio Ellacuría, también se unió a la idea, aunque nunca tomó las armas, pero murió a manos de un pelotón de la fuerza armada de el Salvador, por defender la causa de los pobres y dar sermones a favor de sus derechos, justificando la lucha armada de las guerrillas. Antes también se había dado muerte al arzobispo salvadoreño también de la misma línea de pensamiento, Oscar Romero. 

            El efecto de esta ideología caló sobre todo en el mundo de los jesuitas, de donde surgieron numerosos adeptos. Así por ejemplo otro miembro perteneciente a esta teología, el jesuita Luis Eduardo Pellecer, quién años después abandonó la causa, definió así lo que era la síntesis doctrinal de la Teología de la liberación: “La teología de la liberación consiste en la presentación a un pueblo pobre de un nuevo Jesús, un Jesús totalmente distinto al que todos nosotros conocimos. Se trata de un Jesús rebelde, revolucionario, opositor al sistema capitalista... Un Dios parcial, el Dios de los pobres, que únicamente aseguraba la salvación para el pobre y marginaba al rico y al hombre que se encontraba al frente del gobierno. Había aquí la primera semilla de distorsión, había una fe predicada equivocadamente. Desde el comienzo de este nuevo Evangelio aparecía el desvío. La gente se preguntaba por los otros (por los ricos), y la nueva iglesia respondía que los económicamente poderosos habían permanecido explotando al pueblo por varios siglos y que era necesario que el pobre tomara el poder".... Dios mandó a Jesús para formar en la tierra un nuevo reino, pero un reino de los pobres. Este reino es el que predicamos los jesuitas, es un reino equivalente al socialismo. Obviamente, para llegar a ese reino necesitamos el poder. ¿Cómo se llega al Poder? Es necesario indicar que ese Jesús de los pobres es totalmente ajeno al Jesús tradicional, al que predica la Iglesia desde hace 20 siglos. Es un sistema socialista. Se llega al poder a través del odio contra el rico. Esta es la primera arma que yo aprendí a manejar"   

            El problema creado por esta ideología casi marxista que llegaba a  entender el cristianismo de una manera revolucionaria y política es que llevó a muchos a extremos de justificar atentados y muertes para la causa del Reino de los pobres y de la revolución social. Así se dice hasta ETA surgió de un grupo de seminaristas católicos, si bien nada tenía que ver con la Teología de la liberación, pero si con la supuesta defensa de los derechos y libertades del pueblo, en el caso de ETA, su lucha se centraba en la férrea dictadura y el control de la cultura y lengua vasca, este grupo de seminaristas se plantearon en principio una lucha política para defender ese derecho, pero con el tiempo ya a finales de los sesenta, plantaron una lucha militar, al mismo tiempo que los primeros teólogos de la liberación ingresaban en grupos guerrilleros. Así por casualidades de la vida ya vimos lo que sucediera con Camilo Torres Restrepo a mediados de los años sesenta, quien se convirtió en un mártir al que muchos otros sacerdotes seguirían. Así mismo el FSLN en Nicaragua, cuya lucha se había iniciado a principios de los años sesenta, pero que no fue hasta su refundación en 1974 cuando recibió el impulso mayor, coincidiendo con la entrada del antes mencionado Gaspar García Laviana, al que se añadiría Fernando Cardenal, Xabier Gorostiaga, Eden Pastora y Ernesto Cardenal, todos ellos jesuitas y pilares en la lucha armada, mas adelante algunos de estos fueron miembros en el gobierno revolucionario sandinista que derrocó a Somoza, pero que por cierto no acabaron con las injusticias sociales ni con la pobreza, aunque lo intentaron. 
Abajo imagen del jesuíta Ernesto Cardenal, otro teologo de la liberación convertido en guerrillero del FSLN.

       

 Así, si bien los ideales de estos movimientos católicos tomaron como base la llamada religiosa, pronto derivaron en una lucha armada que a la larga no ha traído los resultados deseados o por lo menos lo que estos religiosos de la teología de la liberación predicaron como objetivo, la razón por la que se unieron a esos grupos armados no ha sido comprendida ni por la autoridad de la Iglesia, quien los ha rechazado, ni por muchas personas que se han sentido defraudadas cuando algunos de estos curas guerrilleros han llegado al poder. La cuestión es que la violencia solo engendra violencia y nunca lleva a los objetivos de una humanidad más acorde a los principios cristianos, pues si el uso de la fuerza fue rechazado por el originador, ¿Por qué habían que tomarla sus seguidores? La religión debe servir para ayudar al individuo a acercarse a Dios y mejorar como persona, así es como se puede mejorar una sociedad, trabajando sobre el individuo y que este interactuando en consonancia mejore su relación con los demás y por ende de sentido a su vida y la mejore. La Teología de la liberación entiende que se busque el poder para cambiar las cosas, pero nunca animó Cristo a que los cristianos buscaran el poder, sino que el poder de la palabra tenga efectos positivos en el individuo.

            En definitiva, el resultado de este nuevo concilio en la Iglesia, como hemos visto más que ayudar a la Iglesia católica a modernizarse y acercarse más al pueblo, ha creado división en una iglesia que siendo aun poderosa, va en declive y ya no puede ofrecer nada nuevo, pues es carente de un ingrediente clave, ser una influencia unificadora, pacificadora y que acerque a la gente al ideal cristiano.





2 comentarios:

  1. Un dato interesante que no debe dejarse pasar es que los primeros intentos por hacer teología reivindicativa provienen de las iglesias evangélicas. De hecho, la primera corriente en este sentido es el llamado evangelio social sueco, de mediados del siglo XIX, cuyos preceptos fueron empleados para crear el amplio sistema de Estado de bienestar que existe en ese país. Luego, este pensamiento influyó en la teología negra norteamericana, vinculada al Movimiento Por los Derechos Civiles de Martin Luther King y que tiene su máximo representante en James Cone, si bien existen intelectuales de otros países como el arzobispo anglicano Desmod Tutu quien luchó en Sudáfrica -no en una guerrilla- contra el apartheid. Dicha teología es un antecedente directo de su símil de la liberación, por los planteamientos que expone -comparación de la opresión con los sufrimientos de Jesús, opción por los más pobres y desposeídos- serán luego tomados en ésta. Pero más aún: el primer lugar donde se esbozó lo que más tarde se tendió en llamar teología de la liberación fue una iglesia presbiteriana de Brasil, donde un pastor y un grupo de jóvenes, como parte de un estudio de la Biblia, comenzaron a discutir estos temas y a poco andar invitaron a seminaristas y estudiantes universitarios de teología y otras disciplinas, entre los que se contaban Leonardo Boff -verdadero iniciador del movimiento- y el notable pedagogo Paulo Freire.

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  2. Muchas gracias por su excelente aportación, efectivamente en la investigación descubrí esos hechos y esos antecedentes sobre la Teología de la liberación y la relación con personajes de otras religiones, como los mencionados por usted. Pero como se trataba de tan solo mostrar los efectos y la relación con las decisiones de concilio Vaticano II en lo que respecta a la iglesia católica, no he visto necesario incluirlos. Este articulo solo quería mostrar, como un concilio que pretendía modernizar y hacer que la iglesia catolica se acercara más al pueblo, hizo que por un lado movimientos extremistas dentro de esta, tanto ultraconservadores, (Lefebvre, Opus, sedevantistas) como algunos que esperaban más reformas en la iglesia (entre ellos muchos los jesuítas de latinoamerica, acabaron dividiose.
    En cualquier caso este tema de la teología revolucionaria dará para escribir otro articulo, relacionado con la evolución de los movimientos evangelicos.

    Muchas gracias
    Saludos.

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