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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Tratado histórico sobre la muerte (parte 2)



Textos, mitos y leyendas sobre el origen de la vida y la muerte en la cuna de la civilización


     
           El escritor argentino Jorge Luis Borges dijo en una ocasión: “La muerte es una vida vivida y la vida, la muerte que viene”. Hay quienes afirman que la muerte es una transición necesaria a otra vida, y que la existencia en la tierra viene a ser como una especie de examen o prueba para el verdadero sentido de la vida que es el más allá. Otros la consideran un proceso forzoso al que no nos terminamos de acostumbrar, ya que es algo para lo que no estamos hechos. Por último, otros menos espirituales, simplemente la definen como un proceso natural para mantener el equilibrio ecológico, como algo que debe ocurrir si o si, para sostener la vida del lugar que habitamos. Por lo general nadie planea su muerte, ni la desea, salvo por algún desequilibrio emocional o personal y la consciencia nos muestra nuestra propia existencia como atemporal, como el espectador necesario de la vida, no nos imaginamos la no existencia.

            Como este blog tiene que ver con la historia de las enseñanzas religiosas, filosóficas y metafísicas, que a lo largo de los siglos se han extendido por todo el mundo, vamos a centrarnos en el origen y desarrollo de las creencias e ideas que tienen que ver con el origen de la vida, y el significado de la muerte y la vida más allá. 

            El tema de la muerte y sobre todo lo que hay al otro lado de esta es uno de los asuntos que más ha intrigado al hombre y sobre todo, más controversias y discusiones filosóficas, religiosas y metafísicas ha provocado. Y la religión está íntimamente ligada a ese misterioso hecho, pues los enterramientos y los rituales funerarios son, según los expertos, las primeras pruebas religiosas o del pensamiento en el más allá de que se tiene constancia.  

 Según los estudios de arqueólogos y paleontólogos, es entre los habitantes de oriente medio donde se han descubierto los primeros enterramientos con ofrendas funerarias que se conocen. Se trata de los yacimientos musterienses del paleolítico medio, en las zonas Skhul, (monte Carmelo) y Qafzeh (baja Galilea), en la zona de Palestina, si bien algunos pretenden alejar en cientos de miles de años la costumbre de hacer enterramientos y hay una competencia atroz para demostrar que, un puñado de huesos agrupados en cierta cueva, es un antiguo cementerio. Pero tumbas conmemorativas individuales con un claro sentido de enterramiento propiamente dicho, las antes mencionadas son las más antiguas. En cualquier caso, estamos seguros que, desde que el hombre tuvo consciencia de su muerte y de la desconexión de este con el mundo de los vivos, vio la necesidad de hacer volver a la tierra a quienes de la tierra salieron. En el mundo judeo-cristiano esta fue una de las razones para efectuar enterramientos. Pero en paralelo, las ideas sobre vidas más allá de la muerte, o la vida como un tránsito hacia otro lugar, parece tener sus raíces en los pueblos de alrededor, en la que Isaac Asimov llamó la media luna fértil. De estas antiguas civilizaciones de oriente medio, vamos a hablar en primer lugar, luego nos centraremos en otras más lejanas.

Mesopotamia: Sumer, Ur, Acadia, Babilonia y Caldea: primeros mitos
            En Mesopotamia, cuna de la civilización, surgieron varios mitos relacionados con la creación, el origen de la vida y la muerte, que es interesante considerar, pues de alguna manera albergan todas las ideologías y teorías que existen sobre la vida más allá de la muerte. Esta región se componía de varias ciudades estado, entre las más conocidas, Ur de los caldeos, Uruk, Lagash, como ciudades más importantes y antiguas, donde floreció una cultura y religiosidad muy influyente en todo oriente medio.

            Empezamos por dos famosos escritos mesopotámicos y babilónicos con los cuales se puede comprender gran parte del pensamiento religioso de la media luna fértil. Nos referimos al Poema de la Creación y la epopeya de Gilgamesh. El poema de la Creación es un escrito del segundo milenio AC. En este se muestra el origen de la vida en la tierra como resultado de la lucha entre diferentes deidades celestes y sus descendencias. Se menciona tres parejas de dioses, enfrentados entre sí, por la hegemonía, la primera y más importante es la de Apsu, que representa el agua dulce y Tiamat el mar, un ser bisexual, demoniaco. En otra parte del relato se nos habla de una relación entre los elementos superiores y los inferiores y como de la mezcla de estos surgen dos deidades: Anu, dios del cielo, como ser divino y Ea, hijo de este, que de alguna manera consigue encadenar a Apsu y matarle. En un momento dado en la lucha de dioses, surge la figura de Marduk, hijo de Ea y nieto de Anu. Tiamat en su pugna con Anu, creó a diferentes seres vivos, considerados monstruos o seres demoniacos, como la serpiente, el león y otros. Y a este se unió Kingú a quien convirtió en jefe de los demonios. Pero Marduk se encargó de matar a Tiamat y con sus órganos formar las estrellas y planetas y con otra parte, la tierra. 

            Después ató a Kingú, y los demás dioses decidieron que se le debía dar muerte. Con la sangre de este y la mezcla de la tierra, Ea modela al hombre, por tanto este nace de la muerte de un ser maquiavélico pero modelado por un dios benevolente. Es por otra parte, la representación o explicación de que la vida y la muerte están unidas trágicamente. En cuanto al por qué de la aparición del hombre, en un texto sobre la creación se menciona lo siguiente: Engendraré un primitivo humilde, “Hombre” será su nombre. Crearé un trabajador primitivo, él se hará cargo del servicio de los dioses, para que ellos puedan estar cómodos (Epopeya de la creación – Marduk). La influencia acadia se nota en ciertas tablillas babilónicas que tratan sobre la creación, que dan otra versión donde de nuevo dan la idea de que el hombre ha sido creado con la sangre de dioses. 

            Por otro lado, en la mitología mesopotámica se observa una manera de ver la muerte como algo inevitable y para lo que los humanos no tienen escapatoria, estos fueron hechos para servir a los dioses y con la muerte como destino. La epopeya de Gilgamesh muestra esta fatalidad al mostrar a un héroe luchando contra diferentes retos a fin de conseguir la ansiada inmortalidad, pero viéndose imposibilitado para conseguirla. 

       En la antigua Babilonia se hablaba de un lugar de ultratumba, interpretado como el infierno, donde una diosa llamada Ereshkigal fundó su reino, y se describe ese lugar, como un reino donde el sufrimiento era terrible y pocos deseaban vivir allí, pero los que están no pueden escapar, aunque se hallan relatos en los que cierto dios llamado Enlil fue confinado a pasar una temporada en aquel lugar, como castigo por una ofensa sexual contra Ninlil. Pero la propia Ninlil, enamorada de este le va a visitar al inframundo, surge otro encuentro sexual y de este nace Nergal. Eso indica que el concepto de infierno es como de un oscuro mundo paralelo en el que se hace vida similar a la de la tierra.  

 También otra leyenda babilónica cuenta como este mismo Nergal, convertido en un dios mensajero bajó hasta el inframundo en busca de información para los dioses, atravesando las siete puertas del infierno, llegó hasta donde reposaba el trono de Ereshkigal, ella se enamoró de él y le siguió, llegando a amenazar a los dioses con sacar a todos los habitantes de su reino a la tierra, hasta que estos superaran en número a los habitantes vivos, sino le entregaban a Nergal. Nergal volvió para destituirla de su reino y decapitarla, pero en el último momento ella lo enamoró y se casaron, vivieron juntos gobernando el mundo de los muertos. 

Sumerios y Asirios: mitologías antagonistas

            Encontramos en la mitología de la vecina Sumeria, dos escuelas teológicas, la de Eridú y la de Nippur. En la primera, lejos de mostrar odios y pugnas de dioses, nos encontramos con dioses como Abzu, el agua dulce y Tiamat el agua del mar. De su unión se formaron el cielo, la tierra y el agua, con estas se engendró a Enlil y Enki. Después nos habla de una sucesión de generaciones de dioses, hasta llegar a la producción de plantas y animales. 

            Pero en otra versión se muestra a Enki, el agua dulce y Ninkhursag, la tierra, que se enamoran y fruto de esa pasión surge la flora que puebla toda la tierra, a cada planta y árbol frutal van asignando utilidad y función, luego de una serie de relaciones  incestuosas, va surgiendo otro tipo de vida terrestre. Una falta cometida por Enki, al tomar de cierta planta a la que no se había dado una función, le cuesta la vida, y aunque volvió a revivir, esto indicaba la naturaleza mortal de sus dioses. Para explicar el origen del hombre hay cuatro versiones distintas. En la primera, el hombre brotó de la tierra, casi espontáneamente. La segunda, más llamativa cuenta que varios obreros divinos, (llamados en otro texto, los Anunnaki), modelaron al hombre de la arcilla, otro hijo de un dios llamado Mammu, le dio la forma e imagen y por último Enki le dio la vida. Así lo cuenta una de estas las instrucciones que Enki da, suponemos a Mammu para formar servidores humanos para los dioses: Mezcla a un corazón la arcilla, del fundamento de la tierra, y dale la forma de un corazón. Yo proporcionaré buenos e inteligentes dioses jóvenes que llevarán esa arcilla hasta el estado adecuado. 
Una tercera versión, nos habla de una diosa madre creadora, y con referencia a esta se encuentra un poema babilónico de la época, que se hace eco de este mito: ¡Yo he creado! ¡Mis manos lo han hecho! En la arcilla, el dios y el hombre se atarán, a la unidad llevados juntos, de manera que, hasta el final de los días, la carne y el alama que un dios ha madurado, esa alma en un parentesco de sangre será atada; como su señal la vida proclamará. De manera que esto no se olvide. (La creación del hombre por la diosa madre). Y una cuarta versión, se ve influida también por el mito mesopotámico de que los hombres fueron formados con la sangre de los dioses, aunque en este caso se trataba de los Lamga, que entregaron su vida voluntariamente a fin de que se creara a los seres humanos. 

            Los sumerios insisten en que el propósito de los hombres es servir a los dioses. Aunque lo suavizan mostrando que en realidad no eran esclavos de los dioses, sino colaboradores e imitadores en la creación. Al dedicarse a labrar la tierra, a construir ciudades y obras, colaboran con los dioses en el trabajo de la tierra. 
Se habla de un grupo de obreros, celestiales llamados Anunnaki, que fueron los mismos que formaron a los hombres, que después bajaron a la tierra y ayudaron a estos en la fundación de ciudades, al proporcionarles planos y esquemas de construcción. Estos seres han despertado en algunos especuladores su fantasía imaginativa e intentan dar una explicación extraterrestre al asunto, asegurando que se trataba realmente de civilizaciones lejanas que llegaron a la tierra, y que mostraban un conocimiento sin igual, ayudando a la edificación de los zigurats, las pirámides y otras mega construcciones antiguas. También se les relaciona con los Néfilim bíblicos, pues en algún escrito se dice que eran de gran tamaño y que desparecieron durante el diluvio, aunque esos mismos escritos mencionan que luego volvieron tras este. Sin embargo en todos estos textos, claramente se les define como dioses, tal como los clásicos y bajo las órdenes del supremo. Lo que sí es curioso es que entre las divinidades sumerias sea tan común encontrar que algunos dioses mueren y luego resucitan, en parte tal vez por comparar a las deidades con la vegetación, que muere y vuelve a salir en los distintos periodos agrícolas.  

            Otro imperio que se distinguió por ser casi monoteísta, aunque no haya sido así, fue la gran Asiria. Allí se habla de Asur, como dios principal y a los demás se le considera meros dioses del pueblo. Al parecer Asur era venerado por la aristocracia y los monarcas se consideraban vicarios de Asur. El significado de este nombre parece estar identificado con la unión de dos términos: As, que significa dios y Shar o Shur, una expresión relacionada con el infinito. Así Asur era el dios infinito, o dios de la eternidad, Rey de los dioses y Dios de los reyes. Alentaba la idea de que el tiempo limitado solo estaba asignado a los hombres. 

            Aunque la religiosidad asiria guarda mucha relación con la sumeria, babilonia y acadia, sin embargo, dicha religiosidad está dirigida en gran parte hacia la guerra. Se consideraba que el país era propiedad de un dios guerrero, Asur, para el cual los gobernantes eran instrumentos terrenales de este, y en cuyas manos se había consignado la cruel arma de Asur, que debía reducir al mundo entero en su poder. Eso explicaría que Asiria se convirtiera en uno de los primeros imperios conquistadores que se conocen. Solo con el tiempo se dieron a la adoración de otros dioses, como Marduk, Nabu. Incluso triadas de dioses, como Anu-Enlil-Ea o diosas como Innana-Ishtar. Para los adoradores de Asur, esa fue la causa de su caída en desgracia, un imperio de casi dos mil años caía por la invasión de otros dioses y el abandono de su dios protector.

Oráculos y consulta a los muertos
            De asirios, sumerios y babilonios surgieron los primeros oráculos o adivinadores, estos pensaban que las estrellas eran la guía de los dioses, también tenían por costumbre examinar el hígado de ciertos animales y el vuelo de las aves para pronosticar el futuro. En ocasiones a Asur se le representa como un gran árbol, cuya sombra cubre toda la tierra y da cobijo a toda ave del cielo. También se le representa como un disco solar alado. En cualquier caso, no hay escritos o tradiciones sobre la forma o manera cómo surgió la vida, de hecho, solo se ha encontrado una versión asiria de los poemas de la creación sumeria o de la epopeya de Gilgamesh. No parece que se conociera la idea de la inmortalidad, salvo en los dioses.  La distancia entre dios y los hombres es insalvable en el caso asirio, no concebían la idea de ascender al cielo y convertirse en dioses, tan solo vislumbraban un acercamiento a estos por medio de la construcción de torres escalonadas, llamadas Zigurats. 

            Las primeras construcciones de Zigurats, indicaban también ese propósito de dominación, pero también de un acercamiento al cielo. A una de esas estructuras, de las más antiguas, se le dio el nombre de Etemenanki, que significa: fundación del cielo y la tierra. En su base se han encontrado restos de zigurats más antiguas. A algunas se les consideraba la morada de los dioses, otras como el terraplén primitivo del cual se creó el universo, el puente entre el cielo y la tierra, en definitiva, eran claramente construcciones tipo templo.
            Por el contrario, la idea de que la muerte no es el final de todo, sino solo un paso a un más allá desconocido, en otros lugares si dejó una profunda huella. Dando lugar a temores supersticiosos, ofrendas y demás rituales para el viaje a esa otra vida. 

Egipto: La muerte no existe

            Hablemos ahora de otra civilización tan antigua o más que la asiria, Egipto. Los egipcios llevaron el tema de la inmortalidad más lejos, sobre todo en los enterramientos de sus grandes reyes o faraones, pues consideraban la muerte como un viaje. Solían poner objetos de valor, incluso alimentos para el camino a ese destino, y algo que sorprende aún más, desde el faraón Unis de la V dinastía, (2300AEC), se empezaron a colocar libros y escritos, que incluían hechizos e instrucciones mágicas para el camino a ese más allá. Al principio solo era la realeza, luego los altos funcionarios, pero cuando esto se popularizó, surgió el llamado libro de los muertos, que algunos aseguran que es el libro religioso más antiguo, aunque no es así realmente. Pero interesante es entender que lo que ahora conocemos como “Libro de los muertos”, literalmente no significa eso. En realidad, bien traducido debería ser: “Libro de la salida al día” o “Enunciados de la emergencia a la luz”. Indicando que el proceso de morir era como un camino a la luz o al verdadero día y que eran necesarias unas últimas instrucciones para llegar hasta esa luz. Según ciertos relatos encontrados en las tumbas de faraones, al llegar al infierno se pone en la balanza a la persona frente a sus atributos, trabajo, victorias militares, etc y según diga la balanza, evitaría la entrada o no. En un lado se colocaba el corazón del difunto A Osiris se le consideraba rey de los muertos, así que una buena relación con este dios, supondría un buen paso por el infierno y el ascenso seguro a la morada de los dioses, para ser convertido en una estrella en el firmamento o un pájaro, los demás quedaban presos en la ultratumba. Pero el camino de paso hacia la salida, que se hacía en una barca, no estaba exento de peligros y de aterradoras visiones o encuentros monstruosos, era todo un reto de difícil consecución.

            Por otro lado, algunos expertos afirman que en Egipto no existía una clara separación entre los conceptos humanos y divinos, es decir, estos creían en la existencia de muchos dioses, casi representando a todo ser o fenómeno natural que hubiese en la tierra, pero entendían una sola naturaleza, no hacían distinción entre lo humano y lo espiritual y pensaban que todo estaba íntimamente conectado. Quizás eso explique el que se consideraran a ciertos faraones como dioses y a sus hijos descendencia de los dioses.  
       
            Una vez iniciado el proceso de creación, este no era ordenado, es decir se fueron creando seres o animales al mismo tiempo que dioses. De hecho la cosmología egipcia nos habla de una especie de lago inicial, de donde surgieron la tierra, la vida y la conciencia. También en los “Textos de los Sarcófagos” se hace referencia a un “huevo primordial”, sobre el que reposa el sol primigenio o la serpiente original, Atum. Este dios es el que al parecer creo la primera pareja de dioses Shu (la atmósfera), y Tefnet que a su vez formó a Geb (la tierra), y a la diosa Nut (el cielo). A este Atum también se le conoce como el demiurgo creador. En un pasaje de Textos de los sarcófagos se dice lo siguiente: “Yo soy Atum el creador. Yo he creado a Shu, el que ha traído al mundo a Tefnet. En otro texto se habla, ya no de un huevo primordial, sino de un lago en la zona de Hermópolis de donde un grupo de dioses llamados la Ogdóada, junto a un dios llamado P´ta formaron los gérmenes de los demás dioses y al mismo tiempo, tomando arcilla se formó a los hombres. Pero hay muchas más versiones del origen de la humanidad, en realidad los mitos egipcios relacionados con la creación no son nada claros y se contradicen. El más popular es el que describe que los humanos surgieron de la lágrima del dios solar Ra, que si bien es un dios un tanto ocioso y despreocupado, si parece más interesado que otros en los humanos. En cualquier caso, no tienen una explicación para la muerte pues para ellos es simplemente una continuación de la vida, simplemente en otro estado. 

 El reino hitita, Fenicia y Ugarit: Tres maneras de ver la vida y la muerte

            Una importante civilización de Asia menor, fue la que ocupaba la península de Anatolia, gran parte de la actual Turquía, nos referimos a los hititas. En el imperio Hitita, no se encuentran textos que traten de explicar el origen de la vida, sencillamente absorbieron la mitología sumeria y mesopotámica y la adaptaron a su manera, aportando poco más que una especie de dioses que aparecían y desaparecían en periodos específicos, y que conducían a catástrofes. Pero no hallamos una explicación al origen ni a la muerte. 

            En nuestro viaje a aquellas ciudades-estado del primero y segundo milenio antes de Cristo, nos  situamos en Ugarit, una ciudad costera al norte de Siria, al sur de los hititas. Su importancia en aquellos tiempos tuvo que ver con la escritura y la introducción de rituales funerarios. Aunque hay numerosos documentos escritos, en forma de losas o tablillas, poco se sabe sobre las creencias acerca del origen del hombre en aquella ciudad-estado. Sin embargo, en cuanto a la muerte, es abundante la información que aportan esos documentos y los restos arqueológicos encontrados. La religión era algo que se suscribía mayormente al ámbito familiar, y tal como ocurre en la religiosidad cananea, se centran en los orígenes de los dioses, pasando de puntillas sobre la creación humana. Al igual que los cananeos sus escritos nos hablan de una primera pareja de dioses Ilu y Atiratu, de esa pareja dimanan las siguientes generaciones de dioses, se habla a menudo de los hijos de Ilu o los setenta, hijos de Atiratu, (como número mágico). Por otro lado tenían un gran panteón de dioses, alcanzando la cifra de 240, teniendo monumentos o altares en diferentes lugares para cada uno de ellos, destacando los santuarios a Balu, y Dagán-Ilu. Se detallan multitud de ofrendas y sacrificios, con sus fechas específicas para realizarlas, también se llevaban a cabo procesiones ceremoniales en los que se procedía al traslado de imágenes de deidades que eran llevados de un santuario a otro, llevados por porteadores y eran los reyes quienes llevaban la delantera en esto.  

            Interesantes eran los rituales que tenían que ver con los enterramientos y el significado que para ellos tenía el mundo inferior, el reino de los muertos o infierno, muy distinta su concepción a la de otras mitologías. Hasta el grado que se decía que todos, tanto reyes, como el pueblo en general iban a descansar al “infierno”, al morir. Por supuesto, no era lugar de tormento, es más, se decía que en los infiernos el rey muerto recibía los poderes divinos de Balu y la llegada de un monarca o persona importante a ese lugar, se celebraba durante tres días y tres noches. En ese periodo se supone que se divinizaba al muerto y este ascendía a la morada de los dioses. Era por tanto un lugar de tránsito, en cierto escrito se leen oraciones y plegarias que le hacen a la diosa Sapsu a favor de los muertos, de los que la diosa al parecer es protectora  y acompañante en los infiernos. También se encuentran prácticas relacionadas con la adivinación, la prevención o corrección del futuro. Un extraño método adivinatorio conocido como “teratomancia”, consistía en la interpretación de las configuraciones o deformidades en fetos, o niños que nacían muertos. Así, la muerte podía dar una guía a la vida. 

            Pero si hubo otro pueblo influyente tanto en oriente como en occidente, estos fueron los fenicios. El pueblo fenicio, conocido por el dominio de mares y del comercio internacional, mantuvo buenas relaciones con sus vecinos, tanto en el norte con Ugarit, como con Siria al norte y este y al sur, con las naciones cananeas, incluyendo a los recién llegados israelitas. Por otro lado ideológicamente, compartían deidades con los cananeos, pero con diferentes concepciones sobre estas. Por ejemplo, para ellos su principal dios era El, el padre de todos los dioses del panteón fenicio, se le relacionaba con el sol y era a la vez el señor del tiempo, que controlaba el paso de los días, meses y años. Baal, dios de la lluvia, del trueno y la guerra, que se consideraba el señor de los dioses al haber conquistado su puesto de manos de El, algo similar al mito cananeo. A Anat, la consideraban hija de Baal, que daba vida a los dioses al ser la que aceptaba los sacrificios. Luego tenían a Melkat un hijo de El, que era rey del inframundo, o dios de los muertos. Por último, Astarté diosa madre y diosa de la fertilidad, se acostumbraba a hacer procesiones con su imagen. 

            Su mitología sobre la creación u origen no nos ha llegado muy clara. A través de una obra del sacerdote fenicio Sanjuantión, de la cual nos ha llegado solo fragmentos de una recopilación que hizo el historiador Filón de Biblos y de estos tan solo los que tradujo Eusebio de Cesarea. Y es tan enrevesada y compleja que necesitaría mucha imaginación para ser sintetizada y que resultara en algo entendible. Pero, si sabemos por algunas de sus costumbres funerarias y algunas inscripciones en ciertas tumbas reales, de la idea de que reyes y grandes generales, tras su muerte se reunirían con los dioses. Tenemos por ejemplo, el caso del sarcófago del rey Ahiram de Tiro, disfrutando de un banquete, donde una diosa sirve alimentos acompañada de músicos.   

            En muchos pueblos de oriente medio, se introdujo una costumbre de los pueblos indoeuropeos, la incineración de los cadáveres, para luego en el panteón o cementerio, colocar sus cenizas. Se podría pensar que podía ser la destrucción del cuerpo para que llegase antes al polvo, pero según algunos expertos, más bien se identifica con cierto concepto de divinización del difunto. El humo hacía ascender el espíritu o alma que habita el cuerpo y se reúne con los dioses. A mi modo de ver, puesto que ni entre fenicios, ni cananeos está documentado un culto a los muertos, me inclino a pensar que la incineración, más que un símbolo de divinización de los muertos, era para el escape del alma hacia estos. 

Los dioses en pugna y el orígen del hombre

            Luego tenemos a las numerosas naciones cananeas que coexistían antes de la llegada de los hebreos. En estos pueblos encontramos diversos mitos sobre la usurpación de un Dios, Baal contra otro, El. Se supone a El, como el dios creador de la tierra y el universo, padre de los dioses y de los hombres, todopoderoso y Rey soberano de los años, aparte de poseer todas las buenas cualidades humanas y divinas, como sapientísimo, santo y misericordioso. De nuevo se habla de dioses que se casan, en este caso, El, tuvo dos esposas, Anat y Asherat, que fueron creadas por él mismo y de las que nacieron, el lucero del alba y el lucero de la tarde (el sol y la luna). También se conoce a Asherat, (la Astoret fenicia, Ianna, sumeria, Astarté/Afrodita griega, Venus romana), se convirtió en la favorita de El, por lo cual, de esta nacieron prácticamente la totalidad de las deidades.

            Pero en un momento dado, uno de sus hijos, Baal, (probablemente hijo de Anat), se rebela y logra dominar a El, castrándolo, en una pugna por la soberanía sobre la tierra. Se dice que El, humillado, se refugió en las profundidades de los abismos, y entonces pidió ayuda a otros dioses. Su hijo más querido, Yam, acude a su auxilio. Aunque a este hijo se le pinta como un monstruo acuático, un dragón de siete cabezas y que es derrotado por Baal y gracias a esta derrota, se conforma el mundo. Pero la lucha por la soberanía no acaba allí, pues de nuevo Baal se enfrenta a otra hija de El, Mot, la llamada diosa de la muerte que reinaba sobre el mundo subterráneo, el de los infiernos. Baal quería dominar el mundo de los muertos, pero es derrotado por Mot. 

            Anat, recoge el cuerpo inerte de Baal y hace un sacrificio fúnebre para revivirle, lo logra y este más tarde infringe una derrota a Mot, convirtiéndose en soberano universal y eterno. Aunque la lucha al parecer continúa, pues algunos de estos dioses que mueren, reviven y por eso según algunos estudiosos, era una analogía simbólica que muestra los ciclos de lluvia y sequía, abundancia y escasez y de alguna manera, la inmortalidad. Pero eso es simplificar demasiado, esta idea de ciclo de vida y muerte y vuelta a la vida les hacía pensar que al igual que sus dioses, los humanos también gozábamos de esa oportunidad. 

Ebla: La mitología de la tolerancia

             Aparte de los israelitas, pocas naciones de aquellos tiempos se podían considerar monoteístas, una de ellas fue la que habitó la actual región de la actual Siria. Nos vamos a centrar en la idea religiosa de la ciudad estado de Ebla, que se asentaba al sur de Alepo, y que algunos expertos catalogan como la primera ciudad con un gobierno laico de aquella región. Eso se debe a que allí se logró separar el poder político del religioso, no se otorgaba divinidad al rey, ni siquiera eran investidos por la gracia de ningún dios. Si bien se dice que eran monoteístas, esto no es del todo cierto, pues eran conocidos por su abierta religiosidad y la aceptación de otras deidades de naciones aledañas. 

Aceptaban en su panteón a dioses de diversas procedencias, entre otros a Ishtar, asiria, al Baal cananeo, o Hadad ugarítico. Se podría decir que vivían bajo una tolerancia religiosa poco común en aquellos tiempos. Aunque en realidad tenían un dios principal, Dagán, cuyo significado era “semilla”, refiriéndose a su cualidad como originador de todo, del cual salieron todos los demás dioses, incluso los de otras naciones, por tanto estas deidades eran inferiores. Al parecer Dagán para los eblaítas era más bien un título, pues no le daban un nombre ya que creían que el nombre de dios no podía pronunciarse. Ellos hacían referencia a este como el señor todopoderoso, que se podía sintetizar en múltiples manifestaciones, por ello, podía ser identificado con El, de Mesopotamia, o con Anu de Sumeria, el Elohim hebreo, etc. A menudo aparecen los llamados banquetes sagrados, donde los reyes comparten comida con los dioses de manera simbólica. Y los antepasados de los reyes se pierden entre los dioses, como si de alguna manera quisieran mostrar que los hombres provenían de antiguos dioses. Pero poco se conoce sobre sus creencias con respecto al origen, ni tampoco sobre la muerte. 

Israel: Un mundo aparte 

            Ahora vamos a detenernos en el pueblo de Israel, una nación relativamente pequeña y poco importante en aquel conglomerado de naciones y potencias, sin embargo, su religiosidad, su enseñanza sobre el origen del hombre, su único Dios y el por qué de la muerte nos ha llegado hasta nosotros y es en gran parte la base de las creencias que el cristianismo ha heredado. Si nos remitimos a los textos hebreos, estos son muy escuetos en comparación con los textos sumerios acadios o mesopotámicos, pero a la vez claros al hablar del origen de la vida y la razón de la muerte. En realidad podríamos decir que son muy cercanos al sentido natural y menos trascendental de lo que mucha gente piensa. En el Génesis, se describe la creación como un proceso por pasos, se ilustra en forma de días creativos, si bien la misma palabra hebrea para día, podía abarcar un espacio indeterminado de tiempo, como un periodo. En cada uno de esos periodos, se fueron formando y apareciendo las aguas primero, luego las plantas, los seres marinos, las aves, los animales que habitan la tierra y por último el hombre. Se pueden sacar algunas conclusiones al leer sobre el momento de la creación del hombre según lo expone el Génesis cuando se lee: Y pasó Dios a decir: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y gobierne él sobre los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y sobre toda la tierra y sobre todo animal que se mueve sobre toda la tierra”. Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creo, macho y hembra los creó. Además los bendijo y les dijo Dios: Sed fructíferos y multiplicaos y llenad la tierra y gobernadla 

         Sin entrar en consideraciones de cómo se produjo esto, ni cuándo, estas sencillas frases envuelven mucho más de la simpleza que aparentan, primero porque se alejan de la mitología circundante en aquellos tiempos. Nada menciona de lágrimas o sangre de algún dios enfrentado a otro que formara a la humanidad casualmente, ni relaciones sexuales entre dioses y diosas que formasen la tierra o que por la muerte de otro se creara a los hombres, tal como el tipo de relatos comunes en Sumeria, Mesopotamia, y en las civilizaciones hititas y cananeas. Pero en las creencias hebreas, que al fin y al cabo son las que han influido en el cristianismo, tan solo se menciona esto, luego en el segundo capítulo del Génesis se explica de manera más detallada como se creó al hombre del suelo, se le insufló espíritu de vida y llegó a ser alma o ser animado y se le dio ciertas normas básicas. 

          Pero centrándonos en el primer relato de la creación, observamos que el sentido de la vida, era que un creador quiso hacer seres a su imagen y semejanza, ¿en qué sentido? ¿En la naturaleza espiritual de estos? Esto no podría ser, pues los creo en un ambiente material, físico, en la tierra. ¿Semejantes en poder? Quizás, aunque lógicamente serían inferiores al creador por su propia naturaleza, incluso menos fuertes físicamente que otros seres vivos que habitan la tierra. ¿En cualidades internas o inteligencia? Es muy posible, y muchos defienden esta hipótesis como la más plausible, pues a diferencia de otras criaturas, los humanos tenemos cualidades y virtudes, aparte de la inteligencia, que nos diferencian del resto de criaturas, como son el amor incondicional, la caridad, el deseo de crear, la búsqueda constante de superación y otras más que, para bien o para mal, nos alejan de cualquier otro ser con el que compartimos planeta. 

            Queda también la opción de la eternidad. ¿Serían seres en semejanza de vitalidad o perspectiva de permanencia? Los humanos somos los únicos seres vivos que nos planteamos las cuestiones que aquí estamos tratando, en cuanto al significado, origen y final de la vida, incluso nuestra consciencia de nuestra propia existencia nos hace sentir eternos, se hace difícil entender la inexistencia. Un dicho hebreo decía: Aún el tiempo indefinido ha puesto en el corazón de ellos (de los humanos).   
 
            Sin embargo el relato del Génesis nos explica que por causa de una rebeldía, alguien, (Satán), llegó e indicó a los humanos que el creador les mentía y que realmente no morirían sino que al desobedecer a aquel mandato llegarían a ser como dioses, tanto en poder de decisión como en largura de vida. Entonces llega el castigo del creador a la traición: la muerte. Y la muerte, como ya hemos considerado, para los hebreos era la inconsciencia absoluta. 

            Efectivamente, en el relato del Génesis, se dice que como castigo al hombre por pecar se le dijo: Polvo eres y al polvo volverás. Traducido científicamente: Has sido sacado de la materia contenida en la tierra y en eso te convertirás al morir. Es decir, la muerte se consideraba como un castigo, esa era la idea que albergaba el judaísmo durante siglos. “He puesto delante de ti la Vida y la muerte y tienes que escoger la vida para mantenerte vivo”, fue una de las últimas proclamas de Moisés al pueblo. Se decía también que toda alma que pecare, esa moriría. En definitiva, la muerte constituía para los israelitas y para el judaísmo temprano el fin que tenían todos por pecar, y no había escapatoria del lugar de los muertos. 

            Pero, entonces, ¿cuál era la alternativa? En el relato bíblico de la creación, con similitudes, pero también grandes distancias entre otros relatos relacionados de la época, como el de los sumerios, babilonios o acadios, se muestra a una pareja de humanos en un mundo paradisiaco, con perfecta armonía entre estos y la naturaleza. Al principio, nada se hablaba de vida en el cielo o en un más allá en un contexto espiritual o material. Y si nos detenemos en la perspectiva que según el Génesis se le dio a esta primera pareja antes de hacerse desobediente, ¿qué les esperaba si hubiesen sido obedientes? Aparentemente no se menciona específicamente nada en particular, es decir no se dice que el creador les expusiera ninguna perspectiva de vida más allá de su vida en la tierra, no les ofrecía un premio especifico que no haya sido su continuidad en aquel mundo idílico. 

            Se relacionaba la vida con la sangre, en más de alguna ocasión, incluso se identifica el concepto de alma con la sangre, esto se observa en el siguiente mandato: Todo animal moviente que está vivo puede serviros de alimento. Como el caso de la vegetación verde, os la doy. Solo carne con su alma, (o vida), que es su sangre, no debéis comer. (Génesis 9:4). La sangre de los animales que cazaban o mataban para comer debía ser derramada sobre el suelo y la de los que sacrificaban, la escurrían en la base del altar. Todo esto tenía un significado claro, si la sangre representaba la vida y el alma, esta debía volver al suelo.  

            Otro detalle de la religiosidad judía es que pese a estar rodeados de naciones politeístas, no se vieron influidos por estos. Eran únicos en su concepto de Dios único, pues para ellos los demás dioses de otras naciones eran vanos, no existían. Para ellos este Dios, llamado Jehová (o Yaveh, según la traducción), un nombre cuyo significado viene a ser: “yo llegaré a ser lo que yo quiera”. Algo similar a la idea de Dagán de Ebla, al ser adaptable y manifestarse de diversas formas, aunque nada que ver con el concepto de un Dios que aceptase ritos ajenos. Más bien parecía tener que ver con que a este se le podía ver como creador, todopoderoso, amoroso, misericordioso, dios protector, vengador, justo juez y sabio consejero. 

            Algunos aluden al título Elohim, hebreo para relacionarlo con el dios “El”, de los fenicios o cananeos. Aunque en realidad “El” es solo una forma de decir Dios en los idiomas locales, por tanto según que contexto no hacían referencia a un dios específico. Otros afirman que posiblemente en los orígenes los judíos tenían más de un dios. El mismo relato de Génesis al decir: “hagamos al hombre” y utilizar el titulo Elohim, que es una forma de “El” en plural, parece confirmar que es así, sin embargo, ese mismo término se usa acompañado de formas del verbo y artículos en singular, con los cual no deja dudas con respecto a que se utilizaba el plural mayéstico, que denota excelencia.  

            Es verdad que se le menciona acompañado de cientos de miles de ángeles, clasificados en arcángeles, serafines, querubines y ángeles mensajeros, a los que se suele llamar como hijos del propio Dios, pero ninguno con autoridad suficiente para merecer ser adorado. Por otro lado, creían en la existencia de un mal, Satanás, que tenía consigo a otras huestes a los que en ocasiones se llama demonios, cuyo propósito era enseñar a los hombres lo opuesto al creador, es como si dijeran: No necesitáis la guía de Dios, seréis libres y sabios por vosotros mismos, buscad el poder, tened vuestros propios gobernantes, la muerte no existe. Hay un relato sobre este personaje, en el libro de Job, de los pocos que describen claramente al diablo y exponen a este como un ser espiritual, con gran poder e influencia, un ser capaz de desafiar al mismo Jehová, (o Yaveh), presumiendo que él sería capaz de extraviar a todo hijo de la humanidad. Pero no se le relaciona con la muerte, ni se le mencionaba como gobernante del infierno,(seol). ¿Quién era este ser maligno? ¿Tendría alguna relación con el Baal cananeo que consiguió desafiar y usurpar el poder de su padre? Algunos encuentran en ambos personajes cierta similitud, pero en realidad en el relato cananeo, no se le atribuye maldad a la actitud de Baal, ni se le reprocha como un dios rebelde o malo, todo lo contrario, era el Señor de la tierra, las cosas de los cielos poca influencia tenían en la tierra. 

            El pentateuco, y los libros del Antiguo testamento, dan poca información sobre el origen de este ser, salvo por una parábola o comparación profética posterior que dio Isaias, cuando hablaba de cierto querubín que se rebeló, haciendo alusión probablemente al origen de este ser. 

            En el pentateuco tenían claramente prohibida la adoración a los demás seres espirituales y de los ángeles caídos y por supuesto a Satán, posiblemente porque consideraban que todo lo que no viniera de su Dios, Jehová, era del enemigo de este. No debían copiar a las demás naciones, ni buscar alianzas matrimoniales con sus habitantes, no debían tener reyes, como las demás potencias, pues Dios, (Jehová, Yavéh), era su rey, tampoco debían dar adoración a animales, personas o cosas. Prohibido absolutamente hacerse imágenes o estatuas, incluso del mismo Dios creador, ya que se les decía: no te harás imágenes talladas, ni forma semejante a cosa alguna que esté sobre los cielos arriba, ni que esté debajo en la tierra, ni en la aguas debajo de la tierra.  Tampoco debían intentar comunicarse con los muertos, pues era algo abominable y un engaño. Su vida estaba en manos de su Dios y tras la muerte solo él podía hacerles volver, si era su deseo. Evitaban el contacto cercano con las demás naciones para no contaminar su santidad y cualquiera que quisiera vivir entre ellos lo podía hacer, pero debía conocer y aplicar su religión. 

            El sentido de la vida del israelita, era por tanto, obedecer los preceptos, y como decía un proverbio, posicionarse ante Dios: Se sabio hijo mío, regocija mi corazón, para que pueda dar respuesta al que me está desafiando con escarnio. Este proverbio hacía una clara alusión al que se pinta como adversario del creador Satán. 

            Algunos pretenden encontrar paralelismos, quizá en vez de dioses, se habla de ángeles, en vez de infierno se habla de Seol, en vez de dios rebelde se habla de Satán, o donde otros dicen, seres divinos que bajan a la tierra, los judíos hablan de ángeles rebeldes de los que nacieron los Nefilim, en vez de dios del infierno, se habla de Diablo. En cualquier caso, esas correspondencias, son muy subjetivas, pero son más las diferencias que las similitudes. Queda claro que la religión de los hebreos, aunque se le puedan encontrar paralelismos a otras más antiguas o poderosas, está a años luz de la idea mesopotámica y de todas las ideologías que le rodeaban.

             Sin embargo, ese sentido religioso del judaísmo de antes del siglo VI AC, se vio modificado por otras influencias de las que en el siguiente capítulo trataremos.

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