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ISBN OC : 978-84-9981-705-7
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Origenes de la Romería del Rocío





A partir de ahora vamos a iniciar una serie de artículos relacionados con las peregrinaciones religiosas, sus orígenes, costumbres y leyendas. La primera de las multitudinarias peregrinaciones de la cristiandad en la que nos centraremos es la Romería del Rocío, un acontecimiento que si bien no es de los más conocidos a nivel internacional, si es llamativa por su vistosidad, un fervor inusitado y una contundente asistencia. Almonte es un municipio de Huelva, al sur de España, de larga tradición cristiana, aunque su nombre se lo debe a los árabes, sin embargo sus raíces se encuentran en las antiguas civilizaciones tartesas y fenicias.


Sobre la antigüedad almonteña y de casi toda la provincia de Huelva, se sabe de asentamientos fenicios y tartesos desde los siglo XVIII y VII AC. Las minas de hierro y cobre fenicias dieron lugar a ciudades y asentamientos estables y las marismas sirvieron como una buena manera de comunicación con el interior, desde el mar. En cuanto a religión, se sabe que hubo numerosos santuarios religiosos en honor a Astarté, ya que se atribuía a esta diosa el origen de los tartesos. Entre los restos arqueológicos encontrados en la zona, destaca un famoso bronce con una figura femenina y de la que salen unos protomos a modo de alas de ave y que se relacionan con la Astarté fenicia, diosa de la naturaleza, de la vida y la fertilidad, en el mundo oriental, en ocasiones se la mostraba con alas como paloma, rodeada de naturaleza, de bestias salvajes y otros animales del bosque.
Más tarde los griegos convirtieron a Artemis en Artemisa, la patrona de bosques y selvas, de la flora y la fauna. A esta diosa se la solía pasear en alegres procesiones y era común encontrar en todo el imperio griego, templos, santuarios y monumentos dedicados a ella. Posteriormente, la llegada de los romanos facilita la cristianización posterior de la zona, pues se conocen datos de la instalación del cristianismo ya en el siglo V. 


Por ejemplo, se han encontrado inscripciones de obispos onubenses nombrados desde el siglo V, y hay una famosa lápida en Almonte del año 495, de una niña cristiana llamada Domigratia. Después, con la llegada de los visigodos, cambia en parte el sentido religioso de la zona, sobre todo por el aumento del número de arrianos, opuestos al catolicismo trinitario. Posteriormente, la llegada de los árabes supuso una situación de oscuridad histórica para la zona, salvo por algunas leyendas de cristianos mártires por defender su fe ante el islam, se sabe poco de lo ocurrido allí. En el siglo XIII, la Taifa de Niebla, cae y Almonte y otras ciudades de Huelva, vuelven a formar parte del reino de Castilla, al ser echados los árabes, entonces se restablecen santuarios, iglesias y otros lugares de culto católico.


Existe una leyenda tradicionalmente aceptada,  que nos habla sobre el origen y la razón por la cual se construyó una ermita en aquel lugar tan apartado, en las marismas onubenses. Esta leyenda aparece en el libro de las reglas de la hermandad del Rocío: Entrado el siglo XV un hombre que apacentaba ganado, o había salido a cazar, hallándose en el término de Almonte en una zona que llamaban de la Rocina, una zona por cuyas incultas malezas le hacían impracticable a humanas plantas y sólo era accesible a las aves y silvestres fieras, advirtió por la vehemencia del ladrido de sus perros, que se ocultaba en aquella selva alguna cosa que les llamaba la atención. Encontró ente la maleza y los espinos, una imagen intacta de la Virgen. La sagrada imagen de la Reina de los Ángeles, de tamaño natural, estaba colocada en el tronco de un árbol. Hallazgo tan preciado como no esperado, llenó a aquel hombre de gran gozo y quiso trasladarla a Almonte sobre sus hombros. Como estaba a tres leguas de distancia de dicha villa se paró a descansar y quedó dormido por el esfuerzo realizado. Al despertar comprobó que la imagen había desaparecido. Sintiéndose desdichado, decidió volver al lugar donde la encontró y entonces descubrió que la imagen estaba nuevamente en el tronco del árbol. Contó lo sucedido en Almonte y los habitantes de la villa, poseídos por una gran devoción, decidieron construir una pequeña ermita y un altar para colocar la imagen, adorándose en aquel sitio con el nombre de la “Virgen de Las Rocinas”. (Libro de reglas de la hermandad matriz, año 1757) 


No es la primera leyenda sobre la aparición de la virgen en un bosque, o en un árbol, y lo llamativo fue que un cazador la encontrara. Hay otras leyendas que identifican a aquel hombre con el nombre de Gregorio Medina, natural de Villamarrique de la Condesa. Suponiendo que la leyenda fuese certera, hay una incongruencia en el relato en cuanto a fechas, pues se menciona que fue en el siglo XV, posterior al 1400. En el libro de la montería, un libro de caza escrito por Alfonso XI en el siglo XIV, se describen lugares de la España reconquistada, y ya se menciona una ermita de Sancta María de las Rocinas, por la zona de Almonte, Hueva, y un caño de agua desviada en la zona de Brynes para aprovisionamiento y descanso en el bosque, de monteros, cazadores, pastores y viandantes del camino del condado.  


            Según algunos archivos, la ermita de la Roncinas y el Caño de Braynes fueron mandados a construir por Alfonso X el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII, después se tiene noticias de que en 1335 se determinó su construcción entre Niebla y Almonte. No es posible por tanto compaginar la leyenda con la historia real en cuanto a fechas. Tenemos que tener en cuenta que esta leyenda aparece en un libro realizado para fomentar la devoción hacia un nuevo santuario, reconstruido tras derribarse el antiguo, por el famoso terremoto de Lisboa de 1755. Es muy posible que se desconocieran los documentos que acreditan la orden de Alfonso X, y por eso durante siglos esa leyenda fue tomada como el verdadero origen de la ermita. Es difícil indicar por qué y desde cuando se rinde culto a María en aquel lugar, pero es fácil imaginar, que tal como se solía hacer siempre que el catolicismo llegaba a un lugar, se solían cristianizar sus centros de adoración, o los cultos o tradiciones ancestrales, en este caso las tradiciones tarteso-fenicias relacionadas con Astarté, por eso es interesante notar que la aparición de la virgen casi siempre suele ser en lugares boscosos, entre naturaleza, rodeada de flora y fauna salvaje.   


Por lo que se sabe, no existía aún para ese tiempo una aldea llamada del Rocío y pasaron muchos años en los que la ermita permanecía sola. En el diccionario Geográfico de Tomás López, escrito en 1785 todavía se hace mención del lugar como La Rocina y no parecía ser una zona donde hubiese algún núcleo de población, pues desde el santuario, hasta la siguiente ciudad, Almonte había unos 18 kilómetros de camino boscoso. En 1587 se funda una capellanía militar cercana a la ermita. Al parecer la zona era fronteriza entre el territorio del Duque de Sidonia y los concejos locales de Niebla y Almonte, razón por la cual sus respectivos gobiernos tomaban decisiones distintas sobre lo que se debía hacerse alrededor de aquella ermita y no eran pocos los conflictos que eso provocaba. Se construyeron caminos, uno de los principales fue conocido como Camino de Moguer, y allí se estableció una venta y más adelante algunas chozas para el descanso de arrieros y pastores. 


Desde poco antes del siglo XVII, se inician los traslados regulares de la imagen de la virgen desde la ermita hasta la ciudad de Almonte, esto ocurría a menudo cuando sucedían epidemias, guerras, sequías o hambrunas, y según cuentan las historias, en más de alguna ocasión parecían remitir los daños de dichos infortunios, eso hizo que la devoción hacia esta fuera en aumento, así en 1640 se forma la cofradía de nuestra señora de las Rocinas. El gobernador de Almonte, Juan Manuel Nuñez en 1653 proclama el patronazgo de la virgen del Rocío para todos los almonteños, iniciándose así una romería o peregrinación desde el pueblo hasta la ermita, para la época de finales del verano y principios del otoño, dirigida por la hermandad antes formada. Fue hacía 1669 que se cambia la fecha de la romería al tiempo del pentecostés, que coincide con las últimas semanas del mes de mayo. Curiosa es esta relación, pero se sabe de una liturgia empleada en las misas del pentecostés donde se repite la frase siguiente: Oh Señor, que la infusión del Espíritu Santo purifique y limpie nuestros corazones, y, penetrándolos hasta lo íntimo con su divino rocío, los haga fecundos. 


Esta referencia al espíritu santo se relaciona con el relato de la Biblia en el que el espíritu santo baja del cielo en forma de paloma, cuando Jesús estando en el río Jordán fue bautizado. Así que aquí vemos, agua, rocío, paloma y fecundidad. Con el tiempo se empezó a llamar a la virgen la Blanca Paloma y la señora de las Marismas. No deja de ser esto una aberración interpretativa, adjudicar a María la identificación con el espíritu santo, pues eso significaría atribuirle poderes o posiciones divinas, pero también posiblemente sin intención le otorgaran cualidades de ave, como al ancestral Astarté. 


Posteriormente el duque de Medina sidonia estableció que se celebrara una feria en 1747, para el tiempo de aquella romería. Eso le empezó a dar fama a aquella devoción, y ya en 1677, curiosamente se menciona otra hermandad llamada del Rocío en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Aunque posiblemente no estaba relacionada con la de las Rocinas en Almonte, pero por alguna razón se hermanaron ambas y por ello el cambio de nombre de esta última a Virgen del Rocío, en vez de Roncinas. Pero fue posteriormente a principios del siglo XVIII, cuando se establecen otras hermandades en poblaciones cercanas a la aldea, pocas a decir verdad. Durante el siglo XIX, surgen otras más, casi todas localizadas en las inmediaciones de Almonte. 


No fue hasta el siglo XX, más concretamente desde 1913, cuando la fama de aquella peregrinación cruza las frontera de Cádiz y Huelva y surgen otras en las provincias de Sevilla, Málaga y Córdoba. Y durante la transición democrática en España, y finales del siglo XX surge un nuevo boom de hermandades, en parte debido a los cambios en la manera de entender la religiosidad en España, donde las asociaciones en forma de hermandades de toda clase, y los eventos folclóricos y festivos de carácter religioso florecen, al tiempo que baja la asistencia a las iglesias y la religiosidad individual decae. Así, si a principios de siglo, apenas llegaba a la docena de hermandades, en el siglo XXI, existen más de un centenar y el número de peregrinos asistentes a la ermita supera el millón de devotos. 


Estos inician desde su lugar de origen lo que conoce como “el camino”, por lo general usando carretas adornadas para la ocasión, donde destaca el “Simpecado”, una especie de estandarte con un medallón central donde la figura de la virgen es lo principal, por lo general estos estandartes llevan ornamentos de oro y plata y cada hermandad crea el suyo propio, de tal manera que las identifica. La alegría y el recogimiento van de la mano en esta celebración, pues son comunes las carretas con música folclórica andaluza, acompañada de baile y jolgorio. De hecho, gran parte de la música folclórica andaluza tiene connotaciones en temas relacionadas con el Rocío, el camino y la virgen. 



Hay muchas costumbres y tradiciones ligadas a esta romería que suelen despertar curiosidad, admiración, pero también recelos, protestas y críticas. Por lo general se acostumbra a utilizar bueyes, mulas y caballos para tirar de las carretas o llevar a los romeros para hacer el camino. Muchos animales mueren todos los años, se calcula que un promedio de más de veinte caballos, algunos caen exhaustos en el camino, otros a la llegada a la aldea y otros a su regreso. No siempre existe una buena concienciación del sufrimiento animal y no se les da la alimentación, ni el descanso necesario a los animales. En algunos casos, debido a la inexperiencia, pero las más, por causa de los excesos con el alcohol, que inhiben a los rocieros de preocuparse por sus animales. Por otro lado, al cruzar por zonas de gran valor natural, por el paraje conocido como Parque natural de Doñana, esto ha resultado en un efecto negativo sobre todo por el aumento continuo de feligreses que desean realizar el camino, los cuales producen toneladas de basuras y desperdicios a lo largo del trayecto y muchas especias de aves que anidan por la zona de Doñana sufren debido a los ruidos, fuegos artificiales, y la música fuerte y el canto durante todo el día y noche.


La parte final de la peregrinación, empieza el sábado, vísperas al Pentecostés, entonces cada una de las hermandades participantes se van presentando en orden de antigüedad ante las puertas del Santuario, donde una nutrida representación de la hermandad Matriz de Almonte las van recibiendo. Cada una de estas Hermandades se detiene brevemente con su Simpecado mirando a la puerta principal del Santuario, y entonces el grupo entona algún cántico dedicado a la Virgen. Todos los romeros sea a pie, a caballo o en carretas engalanadas y tiradas por mulos o bueyes van desfilando, culminando así el final del camino. Al día siguiente se realiza el oficio católico, el único dirigido por los representantes eclesiásticos. Y ya en la madrugada del lunes, se realiza una de las costumbres más llamativas del evento, el llamado salto a la reja, que surge a partir de las reformas del santuario en 1969, y al siguiente año, cuando debido a la impaciencia de los feligreses, algunos no esperaron a la apertura y se lanzaron en estampida saltando la valla que les separa de la imagen. Este hecho se repitió en los siguientes años, hasta que se convirtió en costumbre y parte del ritual hasta el día de hoy. Es común ver empujones violentos y golpes entre los miembros más fervorosos, todo por tocar o portar a la virgen; mientras a las hermandades ajenas a la raíz no se les permite entrar, tan sólo se reúnen rodeando a la principal, la de los almonteños. La tensión se palpa en el ambiente, y  en una hora imprevista de cada año, a principios de siglo era al medio día para después pasar a la mañana, la madrugada y actualmente se calcula entre las dos y las tres de la madrugada, se abre la verja y muchos saltan la reja. Se dice que rescatan a la Virgen y así se inicia la procesión; la impetuosidad del desfile asusta al no iniciado, y emociona al más devoto. Los estandartes decorados de plata y oro parecen navegar entre un mar de fervor y la imagen de la patrona se balancea peligrosamente, alguna vez hasta se ha caído. Toda la aldea se echa a la calle, las campanas enloquecidas no dejan de sonar y una algarabía de vivas y más vivas van vitoreándola entre pétalos de rosas y plegarias de flores. Así finaliza una de las festividades religiosas de mayor crecimiento y fervor de los últimos años.




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